Capitulo 1
Candy White Andley
-¡Nunca lo volveras a ver me entiendes!-. Decia mi padre.
-Es que lo amo padre-. Dije agachando la cabeza.
-¡Esto es inaudito!, ¡Mañana mismo te iras de San Pablo y estudiaras en otro internado!-. Dijo.
-No papa, no me hagas esto-. Decia entre sollozos.
-No dire ninguna palabra mas Candice-. Y sin mas se dio la vuelta y se fue.
-Di un grito desgarrador-
Me levante agitada, fue una pesadilla, si, solo una pesadilla que me perseguia cada noche desde hace ocho años. Mi amor imposible, mi amor de la infancia, con quien siempre había compartido mis sueños, mis anhelos, mis secretos y mis esperanzas, de quien fue arrebatado cruel mente por mi padre.
Albert y yo estábamos reunidos en la inmesa sala de la mansión, la casa se sentía tan vacia desde que mama murió que ya era un habito comer solos y estar completamente solos. Desde que mama murió, mi padre se distancio mucho de nosotros, dejando asi los grandes pasillos de la casa, sin risas, sin amor y sin familia.
-Felicidades Candice-. Decia Albert, mi hermano. El era el hijo mayor de mi madre, y en esa ocasión venia acompañado de su novia, Marie.
-Gracias hermano, ha sido una suerte haber conseguido el trabajo en una empresa tan prestigiosa-. Respondi. Y en verdad que lo era. Mi madre trabajaba como enfermera en un hospital y mi hermano manejaba las importantes empresas Andley junto a mi padre. Pero yo quería marcar la diferencia, comenzar por mi misma, forjar mi propio futuro con mi trabajo y esfuerzo. Me mudaría a Chicago, y al parever tendría muy buen sueldo.
Despues de unas semanas me encontraba en Chicago viviendo junto a mi tia Gladis y su hija en su acogedor apartamento. Habia escuchado que el empresario, dueño de la empresa, era hostil y frio con todos sus empleados. Un amigo cercano había trabajado en aquella empresa por algún tiempo. Intentaba imaginarlo, pero en mi mente solo aparecia un señor bastante mayor con cara seria e hipócrita. Tendria que controlar mi temperamento lo mas seguro, si es que quería permanecer en la empresa.
-Me pregunto si el empresario estará tan bueno como dicen…-. Murmuro Marie mi prima, lamiéndose los labios. Escondi una sonrisa. Esa parte le sumaba mas emoción a mi nuevo trabajo. Ya sabia cuantos años tenia mi futuro jefe. Aun asi fingia no saberlo, para ver cuanto informada estaba mi prima.
-¿acaso es muy joven?-. Pregunte. Marie sonrio de lado y asintió levemente con la cabeza.
-Por lo que he visto en revistas podría decir que si, efectivamente, aunque bueno. Ya lo conoceras tu misma- musito Marie antes de tomar un trago de agua. Frunci los labios.
-Pense que iba a ser algo mayor-. Menti extrañada.
-¿Sabes cual es su nombre?-. Pregunto mi tia.
-Terrence Grandchester-. Respondi con recelo. Mi tia asintió y siguió comiendo. Mire de soslayo a mi primo Jeremy que parecía el único que no estaba disfrutando la comida. De hecho mantenía una mueca desagradable.
-¿Por qué tan serio Jeremy?-. Pregunto mi tia frunciendo el ceño. Mi primo se revolvió en su asiento incomodo. Sabia que no le gustaban las reuniones familiares, aunque dudaba que ese fuera el motivo de su actitud.
-Por nada-. Refunfuño Jeremy desviando la vista. Intuí porque estaba asi al recordar que hoy tendría una cita. Mi primo era todo un rompecorazones que podía conquistar a cualquier chica que se propusiera. Y el muy idiota preferia estar saliendo con chicas al por mayor, que conviviendo con su familia.
-¿No te alegra primito?-. Pregunte inocentemente.
-Claro que si enana.- Que bien mentia-. Pero ya sabes por que me pongo asi.- se quejo esbozando una mueca.
-Ya tienes veintisiete años Jeremy, deberías pensar en otras cosas y no solo en que chica tirarte mañana.- Dije sin rodeos. Mi tia me reprendio un poco con la mirada pero no dijo nada.
Jeremy me fulmino con la mirada.
-Lo que haga con mi vida, es mi problema ¿De acuerdo?- Replico enojado. Por muy molesto que pareciera en realidad no daba temor alguno, mas bien parecía un niño regañado. Todos soltaron una risita.
-Dejen de verme con esos ojos-. Protesto.
Nadie mas hizo un comentario al respecto y cada quien siguió con su comida. Mi tia siguió platicando con mi prima animadamente pasando completamente de nosotros.
-Annabelle, creo que te tengo un poco de celos… tendras buen sueldo.- Sonrio Marie jugando con su pelo. Rodee los ojos. Era cierto que recibiría un buen sueldo pero aun asi no ganaría las fortunas, claro.
-Creo que tengo que llevar mi camioneta al taller-. Dije.
-Creo que le falta bastante ayuda a esa camioneta-. Indico Jeremy.
-No es por ofender, pero tu suburban pasa como el abuelito de mi coche-. Musito mi prima siguiéndole el juego a mi primo.
-Dejen de criticar a mi camioneta, que bastante ha hecho por transportarme-. Refunfuñe cruzándome de brazos.
De repente un flash me cego l vista por unos segundos. Parpadee enfocando mi vista de nuevo. Mi hermano tenia una sonrisa malévola en el rostro.
-Que linda te vez haciendo pucheros..- Se carcajeo Jeremy. Lo fulmine con la mirada.
-¡Bórrala!-. Exigi a punto de salirme de mis casillas. Me dio una sonrisa burlona.
-Claro que no, la subiré a Facebook para que todos pueda ver…
-¡Oye Marie! Te dire el secreto mas grande de tu hermano, fíjate que hace…
-¡Espera! Esta bien, la voy a borrar ¿Vale?- Suplico mi primo con el nerviosismo planchado en la voz. Al parecer tenia bastantes ventajas saber el secreto mas oscuro de una persona.
-Esta bien, pero en otra ocasión no me contengo.- Le adverti.
-Me vengare-. Dijo Jeremy mirándome seriamente.
-Hijo deja de comportarte de esa manera no propia para tu edad-. Interfirió mi Tia de repente. Jeremy se levanto de la mesa hechando humos por la cabeza.
-Gracias mama-. Mascullo antes de subir las escaleras con las orejas coloradas.
-Es mejor asi-. Dijo mi tia.
-Ya llego mi novio-. Se excuso Marie levantándose y tomando su bolso. Me despedi de ella y le desee buena suerte. Muy dentro de mi, aunque no lo admitiera sentía envidia de la relación que llevaba con su novio. Hace mas de tres años que había tenido mi ultimo novio y la verdad ya empezaba a sentirme mas amargaba que una señora de la tercera edad. Sentia que le faltaba algo a mi vida, mas emoción, se estaba volviendo ridículamente aburrida. Por eso desde mañana me propondría a ser otra persona, basta de ser la chica buena en todo, quería al menos tener algo que contar en una platica de chicas, hace unas semanas había renunciando a escondidas al apellido Andley con solo quedarme con el de mi difunta madre, White.
Cuando Marie se fue, segui pasándole a los canales hasta que encontré una película que llamo un poco mi atención. Entonces oi pasos que bajaban la escalera. Esperaba que ya se le hubiera pasado el enfado, ya que sino, mi primo era insoportable.
Jeremy sin decir nada se recostó en el otro sofá. No le preste demasiada atención y segui con la vista fija en la pantalla, hasta que de pronto una escena de autentico erotismo comenzó a reproducirse. Abri los ojos como platos y mi primo empezó a carcajearse.
-¡Es enserio! No sabia que te gustaba eso primita.- se burlo Jeremy alzando una ceja.
-¡Oh por dios Jeremy! No soy una pervertida como tu-. Reproche con cierto enfado.
-Tienes veintidós años Candy, deberían de gustarte esas películas-. Sonrio Jeremy reluciendo su perfecto juego de dientes. Rodee los ojos irritada.
-No todos tienen tu mente pervertida primito-. Sonrei con burla.
-En realidad todos la tienen, tall vez tu mas que yo, ya sabes que dicen de los…
-Deja de decir tonterías Jeremy-. Lo interrumpi sacudiendo la cabeza con desaprobación.
-Venga admitelo-. Dijo.
-Ya te dije que no soy como tu Jeremy-. Me defendí exasperada.
Seguimos viendo la película pero simplemente era completamente de sexo, sexo y mas sexo.
-¿Candy eres virgen?-. Pregunto de repente Jeremy. Entrecerré los ojos sorprendida. Si ya estaba totalmente roja, ahora debería parecer un completo tomate. Mi primo era un experto en hacerme preguntas incomodas. Ya no era virgen, pero no se lo pensaba decir a mi hermano.
-¿Qué te importa?-. Pregunte enojada.
Despues de discutir un poco junto a mi primo, me dirigi a mi alcoba. Me sentía muy nerviosa, tal vez, demasiado. Me recordó a mis días en el instituto, los primeros días de clases.
Mañana sere una Candy distinta. Social, divertida y atrevida.
La chica amargada quedara enterrada para siempre.
Pensé antes de caer en el sueño.
A la mañana siguiente desperté con el corazón desbocado en mi pecho y es que había tenido un sueño bastante malo. Me levante de la cama bostezando un poco para comenzar a arreglarme lo mas rápido posible. No quería llegar tarde a mi primer dia de trabajo.
Para ese dia había escogido una falda tableada negra, una camisa blanca de manga larga y unos zapatos negros de piso. Me recogi mi largo cabello rubio en una coleta alta que me hacia sentir un poco sexy.
Sin perder mas tiempo baje rápidamente las escaleras, mi primo ya estaba temprano pegado a la computadora que se encontraba en la sala. Lo mire con desaprobación cuando volvió la vista hacia mi.
-¡Ya me voy Jeremy!, y por favor vete a trabajar- Le sugerí antes de salir de casa.
-¡Lo que tu digas!_. alcance a oir su voz.
Despues de manejar por las calles de Chicago, llegue al estacionamiento de la empresa y estacione la suburban que contrarrestaba con los lujosos coches que habían ahí. Debia confesar que sentí un poco de vergüenza, aunque eso no afecto mi seguridad.
Sali del coche con paso firme dirigiéndome hacia la entrada. Tome el elevador, la puerta se abrió en el decimo piso, donde me habían indicado. Camine por un largo pasillo y llegue a la recepción.
-Buenos días, son Candice White-. Me presente alzando los hombros.
La muchacha morena asintió y cogio el teléfono rápidamente. Hablo con alguien en menos de diez segundos.
-Encantada señorita Candice, el señor Grandchester la espera en su oficina-. Murmuro la joven con una sonrisa señalándome el pasillo por donde debía caminar. Asenti y trague saliva, ahora era el momento cuando los nervios me empezaban a traicionar.
Avance despacio hacia la puerta donde me esperaba el empresario Grandchester. Tome una gran bocanada de aire antes de abrir la puerta y encontrarme con un par de ojos azul zafiro totalmente hipnotizadores.
El aire se quedo atorado en mi pecho y solte un jadeo.
Ante mi estaba el hombre mas impresionante y atractivo que había visto jamás. Sus ojos me recorrieron de arriba abajo estudiándome seriamente. Me ruborice un poco y camine hasta quedar enfrente de el, aunque separados por su escritorio.
Trate que al hablar mi voz sonara fuerte y segura, no lo conseguí.
-Soy Candice White, Señor Grandchester.
Sus ojos me penetraron a través de sus largas y espesas pestañas. Mis piernas me temblaban, no lograba comprender porque este tio estaba teniendo ese efecto en mi tan brusco. Una sonrisa traviesa apareció en su rostro haciéndome derretir ahí mismo.
-Terrence Grandchester, encantado de conocerle señorita White.
