Disclaimer: Ni Nurarihyon No Mago ni esta historia me pertenecen.


Capítulo 3

— ¡Amo Rikuo, espere! —gritó Kurotabo, intentando alcanzar a Rikuo.

— ¿Qué? —preguntó Rikuo sin detenerse.

— Me preguntaba si de verdad creyó lo que esa mujer le dijo —preguntó Kurotabo, llamando la atención de quienes estaban presentes. Observaron a Rikuo, expectantes de su respuesta.

El joven pensó con cuidado lo que Kurotabo le preguntó, tenía que pensar calmadamente para poder dar una respuesta lógica; pero cuando recordó la voz de la joven, y qué tan nostálgica le sonó… le respondió con seguridad.

— Sí, le creo —respondió. Con esa simple respuesta, ya nadie pudo preguntarle algo más—. Además, incluso si es verdad o no, hemos tenido una razón para hablar con él sobre el encuentro.


— ¡Achu!

— ¿Se encuentra bien, amo Zen? —preguntó uno de los subordinados de Zen.

— Sí, estoy bien, alguien ha de estar hablando mal de mí —comentó él, viendo hacia la ventana. Pero en ese instante pudo ver una sombra parada allí.

— ¿Qué sucede, amo? —preguntó el subordinado, viendo hacia la misma dirección que su amo.

— Creí haber visto algo —comentó Zen. El youkai se dirigió a la ventana y vió hacia afuera.

—No veo nada —aseguró el youkai, dándole la espalda a la ventana.

Inmediatamente después de eso, tanto la ventana como la pared fueron derribadas debido a una gran explosión, y tanto Zen como el youkai fueron lanzados hacia la pared. Después, cuatro figuras aparecieron por el hoyo en la pared. Todas eran mujeres.

Zen intentó ponerse de pie, para así poder ver quiénes eran.

— Creo que este es el lugar —dijo una de ellas.

— Tiene que ser —dijo la otra.

— Lo es, miren —comentó la ultima, apuntando hacia Zen. Él se veía molesto al momento en que ellas lo observaron.

— Oh, ya veo —expresó una de ellas, la cual tenía el cabello negro. Comenzó a caminar alrededor de él, y de la nada, alzó a Zen con ambas manos—. Lo siento, líder del Clan Yakishi Zen, pero tienes que morir —explicó la mujer, mientras una gran estaca de hielo comenzaba a formarse en su mano. Zen la vió con horror.

La mujer tomó la estaca de hielo y la sostuvo frente a su rostro.

— ¿Tus últimas palabras? —preguntó la mujer antes de reír.

¡Va a matarme! —pensó para sí Zen.

— Detente, Sere —le dijo la mujer de cabello azul oscuro.

La que sostenía a Zen se giró, aún con él, a quien la había detenido. Su mirada estaba llena de fastidio.

— ¿Por qué? —preguntó Sere.

— Nuestro trabajo no es el de matarlo —explicó la mujer.

En ese instante, Sere la miró unos segundos, confundida, pero después pareció recordar lo que esa persona le decía, y una cruel sonrisa se formó en su rostro al ver a su acompañante, la cual se encontraba lo más lejos posible de ellos.

— Es el tuyo, ¿cierto? —le preguntó complacida, dejando caer a Zen sobre sus piernas.

El líder del clan alzó la mirada hacia la mujer que había detenido a Sere. Ella no era tan alta como Rikuo nocturno, su vestimenta consistía en una capa y una capucha que cubría su rostro.

La fémina se quitó la capucha lentamente. Al hacerlo, Zen tuvo que contener su aliento, la belleza de esa joven lo dejó mudo. Ella era poseedora de una enorme belleza, tez pálida, labios rojos, ojos dorados con un iris con tonalidad negra. Su cabello era azul claro con rayas negras.

Se me hace muy familiar. ¿Dónde la habré visto? —se preguntó Zen internamente. Después de unos segundos se ríe silenciosamente—. Esta mujer va a matarme, y yo sólo estoy aquí admirando su belleza —se reprendió.

Mientras él se regañaba internamente, la mujer se inclinó hacia él, lo que permitió que el líder la viera directamente a los ojos.

— Lo siento Zen, no quería matarte —susurró ella, lo hizo tan quedamente que sólo Zen pudo escucharlo—. Desearía que lo hubiera logrado —volvió a susurrar.

— ¿Quién…? —preguntó Zen repentinamente, pero de pronto la joven se desvaneció.

— ¿Estás bien, Zen? —el mencionado se asombró. Sus ojos se abrieron completamente cuando supo quién era el que estaba ahí.

— ¡Ri-Rikuo! —gritó sorprendido. Rikuo y los demás, habían llegado.

— ¿Estás bien? —preguntó Rikuo nuevamente mientras sostenía su brazo.

— Sí, pero estuvo muy cerca —le respondió al heredero, en lo que él lo ayudaba a ponerse de pie. Después, Rikuo observó a los otros cuatro.

— ¿Quién eres? ¿Y por qué querías matar a Zen? —preguntó rápidamente Rikuo.

— Eso no te incumbe, niño. ¡Sólo vete a casa con tu mamá! —gritó la de cabello obscuro.

— No, ese no es sólo un niño —comentó la mujer del cabello azul obscuro.

— ¿A qué te refieres, Icy? —preguntó la del cabello blanco.

— Él es el siguiente líder del Clan Nura, el siguiente Supremo Comandante de los youkais: Nura Rikuo —explicó Icy.

Las otras dos miraron a Rikuo sorprendidas, jamás se lo hubieran imaginado. De pronto, la mujer de cabellos negros comenzó a reírse.

— ¡Esto es grandioso! ¡Podemos matar a los líderes de dos clanes en una sola noche! —gritó la mujer, alzando su mano para que de ella pudiera irse formando una espada. Todos la observaron sorprendidos—. Mi nombre es Sere, soy miembro de las Ice Triplets —se introdujo.

— Mi nombre es Shire, también formo parte de las Ice Triplets —siguió la mujer de cabellos blancos.

— Yo soy Icy, la mayor de las Ice Triplets —finalizó la mujer de cabellos azul obscuro.

Después de la presentación, todo el mundo se preparó para la batalla que estaba a punto de comenzar. Las Ice Triplets fueron las primeras en atacar, siendo Rikuo su principal objetivo. Más tuvieron que luchar primero con todos los miembros del desfile nocturno que se les atravesaran. Ellas eran muy fuertes, por lo que derrotaron fácilmente a casi todos los subordinados de Rikuo.

Momentos después sólo quedaban Rikuo, Kurotabo, Kubinashi y Aotabo de pie. La cuarta mujer no había participado en la batalla al igual que Rikuo. Él sólo observaba a la mujer, quien intentaba no cruzar mirada con él, con intensidad. El joven Nura la encontraba bastante familiar. Y cuando estuvo a punto de recordar, una de las Ice Triplets lo atacó.

— ¿A dónde estás mirando? —gritó Sere, mientras sus espadas se cruzaban.

Sere era físicamente fuerte, pero Rikuo lo era mucho más, por lo que no tardó mucho en verse derrotada. Por lo que pronto sintió como es que el Nura posicionaba su espada sobre su garganta.

— ¿Y bien? ¿Te dignaras a contestar mi pregunta? —comenzó—. ¿Por qué atacaron a Zen? ¿Para quién trabajan? —preguntó Rikuo.

— Preguntas mucho, niño —respondió Sere mientras tumbaba a Rikuo. Cuando él trató de levantarse, se dio cuenta de que lo había congelado al suelo.

— ¡Maldición! —gritó el heredero para después ver a Sere.

— ¡Jaja! ¡Ahí tienes pequeño arrogante! —gritó Sere, preparándose para matar a Rikuo. Más cuando estaba a punto de matarlo, la cuarta integrante se metió en la batalla. Ella alejó a Sere de Rikuo y lo liberó, para después alzarlo y llevarlo lejos de la Ice Triplets. Icy y Shire se acercaron a su camarada para ayudarla, mientras que Kurotabo y los demás hacían lo mismo con Rikuo.

— ¿Está bien, Amo Rikuo? —preguntó Kubinashi viendo a Rikuo.

— Sí, sólo me descuide —contestó Rikuo al levantarse, mientras seguía viendo a la mujer que se encontraba frente a él, protegiéndolo.

— ¿Qué significa esto? —preguntó Icy, gritándole. La joven ni siquiera movió un musculo y las miró fríamente.

— Me fue ordenado atacar y matar a Zen, pero no se me ordeno matar a nadie más —contestó con una voz fuerte pero suave a la vez, la cual Rikuo reconoció fácilmente.

— Es ella… —susurró.

— ¡Maldita! ¿Te atreves a ir en contra nuestra? —gritó Sere.

— Si insisten en atacar a Rikuo y su desfile nocturno, no tendré más opción que derrotarlas —les dijo ella con voz firme.

El aire en la habitación comenzó a enfriarse, y el poder de la joven se incrementó. Ya después no hubo ninguna duda más, no había más dudas sobre quién era la más fuerte de las cuatro. Las otras tres la vieron con miedo y se alejaron.

Rikuo veía a la mujer muy sorprendido.

¿Por qué nos está protegiendo? ¿No estaban juntas? Pero aún así… estoy seguro de que fue ella quien nos advirtió sobre el ataque hacia Zen —pensó el albino para sí mismo, aún observándola.

— Bueno, esto no es una sorpresa —dijo una voz claramente. Al escucharla, todo el mundo giró para ver a quien le pertenecía esa voz.

Una hermosa mujer salió por un agujero en la pared. Ella tenía el cabello completamente blanco y ojos rojos. Vestía de un kimono azul cielo, el cual tenía adornos de unas flores blancas llamadas Camelias. Las Ice Triplets se acercaron a ella, pero la última de ellas la vió con odio.

— ¡Oh, mi dios! Que desastre han hecho ustedes cuatro. Sólo las mandé a matar al líder del Clan Yakishi, Zen, y miren a quien han traído, al siguiente Supremo Comandante de todos los youkais Rikuo Nura. ¡Qué sorpresa! —dijo la mujer muy emocionada, mientras juntaba sus manos. Rikuo la observaba muy cuidadosamente—. ¡Oh, cierto! Aún no me he presentado —dijo, y se acercó a Rikuo—. Mi nombre es Isana Easly, la líder y gobernante del norte —se introdujo propiamente, para después ver a la mujer que se encontraba frente a Rikuo—. ¿Escuché que te rehusaste a seguir mis órdenes? —preguntó Isana, mientras que la mujer la veía sin ninguna expresión en su mirada—. ¿Me estás ignorando? —le preguntó con voz dulce. La susodicha desvió la mirada—. ¡Mírame! —gritó, haciendo que toda la dulzura desapareciera de su voz.

La chica casi cae sobre sus rodillas y voltea a ver a Isana, esta vez la mujer la vió con mucho odio.

— Eso está mejor. Ahora, sobre mis órdenes. Escuché que no las seguiste. Me gustaría saber el por qué —preguntó Isana, viendo a la mujer detenidamente. Ella apretó los dientes, era claro que la odiaba.

— Mis órdenes no eran las de matar a Nura Rikuo, o a sus subordinados —respondió.

— Oh, ya veo… —dijo Isana, quien parecía que comenzaba a darse la vuelta. Pero de pronto se giró de nuevo y le pateó en el rostro, haciendo que la muchacha diera contra la pared—. ¡Maldita! —gritó. Las Ice triplets únicamente rieron, mientras que Rikuo se inclinó hacia ella.

— ¿Estás bien? –le preguntó mientras la veía, se le hacía muy familiar.

— S-sí —respondió a regañadientes, viendo al suelo muy apenada.

— ¡Oh, ya veo! —dijo Isana, la mujer alzó su rostro y la observó confundida—. Es por este chico, ¿no es verdad? Todo es por él, ¿cierto? —preguntó mientras los veía.

El rostro de la joven se aterrorizó y vió preocupadamente a Rikuo. Rápidamente se levantó y se puso frente a él para protegerlo.

— ¡Él no tiene nada que ver en esto! —le gritó a Isana.

— Sí, es verdad —le contestó Isana—. Entonces, déjame ver que lo mates —le ordenó. La chica la vió muy asustada y a la vez rogándole—. Tal vez necesites más coraje para matar a tu antiguo amo —dijo Isana mientras reía.

— ¿Antiguo maestro? —preguntó Rikuo, viendo a la mujer frente a él. La mirada de ella nuevamente estaba llena de odio, por lo que se dispuso a realizar un ataque contra Isana. Ella puso su mano en la garganta de Isana y la alzó hacia arriba.

— ¡Déjame ir! —le gritó Isana, pero la chica no se movió—. ¡Es una orden! —volvió a gritar. La joven comenzó a perder fuerza—. ¡Ahora! —volvió a gritar Isana.

Después, una extraña marca comenzó a brillar en el brazo de la joven. La chica cayó al suelo gritando de dolor. Isana sólo la vió complacida mientras ella sufría del dolor. Rikuo quiso dirigirse hacia ella y ordenarle a Isana que se detuviera, pero antes de que pudiera hacer algo la gobernante del norte se giró hacia él.

— Ahora, ¡Te ordeno que lo mates! —ordenó Isana, mientras apuntaba hacia Rikuo.

Al oír eso, la joven que estaba en el suelo se levantó del suelo y se dirigió al Nura; ella sufría mucho, y eso era obvio. Después, Kubinashi y los demás se acercaron a él para poder protegerlo, pero Rikuo sabía que ninguno de ellos podría detenerla. Si ella hubiera querido, todos ellos ya estarían muertos. Ese era el Miedo que Rikuo podía sentir con tan sólo verla.

— ¡Detente ahí, Isana! —gritó una fuerte voz, lo que hizo que todos miraran hacia donde provenía la voz. Allí, pudieron ver al viejo Nurarihyon y a Karasu-Tengu, este último con sus hijos detrás de ellos.

Isana, quien también había girado su rostro hacia ellos, los vió con aburrimiento.

— Nurarihyon… —dijo, con una voz silenciosa.

— Ha pasado tiempo… Isana —dijo Nurarihyon, viéndola con la misma expresión.

Isana, sin decir mucho, lo vio con cuidado, después giró su rostro a Rikuo por unos instantes; para después volver a ver al Nurarihyon.

— Ya veo… él realmente es tu nieto —comentó Isana, sonriendo.

— ¿Por qué estás haciendo esto? —preguntó Nurarihyon.

— ¿Hacer qué? –preguntó ella, desviando la mirada.

— ¡No te hagas la tonta! —gritó él.

Isana giró de nuevo su rostro hacia el Nurarihyon, pero esta vez… su expresión estaba llena de ferocidad, de odio. Y su voz no discrepaba con su mirar.

— ¡Cómo se siente saber que no puedes hacer nada para detenerme! —preguntó Isana—. ¡Sabes que no tienes el suficiente poder para detener al asesino de los 1000 youkais! –le gritó Isana.

— Tú sabes que ese poder murió hacer 600 años atrás —le contestó Nurarihyon. Isana sólo comenzó a reír.

— ¡Viejo tonto! No sabes nada, ese poder ha estado frente a ti todo el tiempo… ¡Y tú jamás te diste cuenta! —gritó nuevamente Isana, para después mirar a la cuarta mujer. Todos los demás hicieron lo mismo.

— No habrás… —comenzó Nurarihyon, para después volver su vista a Isana.

— ¡Si, lo hice! ¡Traje de nuevo al asesino de los 1000 youkais! —gritó nuevamente. Todos vieron horrorizados a la cuarta mujer, quien parecía no tener emoción en su mirada.

Ella es la asesina de los 1000 youkais… —pensó Rikuo viéndola, no se lo había imaginado.

— Supongo que, debido a que el Supremo Comandante ha llegado, debemos hacer estratégica retirada —dijo Isana, para lo que las Ice Triplets asintieron.

Así, las cuatro mujeres que tenían la misma mirada llena de odio y maldad se esfumaron del lugar. Sólo una quedó atrás, la joven que estaba frente a Rikuo; quien lo veía con ojos tristes. El joven Nura quiso decir algo, pero así como las demás, ella también desapareció.

— ¡Esperen! —les gritó Nurarihyon.

Mientras que el Nurarihyon se renegaba el no poder haberlas detenido, el joven Nura no pudo más que quedarse callado, sin moverse, en el sitio donde la muchacha había estado parada.

¿Quién será ella?

Continuará…


NTSuki: Y bueno, aquí finaliza el capítulo 3. Espero que les haya gustado, principalmente espero que se entendiera toda la traducción. Si no es así comuníquenmelo por medio de un review, así intentaré explicarles lo que no entendieron y volver a editar el capitulo para que quede de una manera mucho más sencilla.

Para aquellos que se quedan con la duda: Si, este fic ya había sido publicado antes. Y si, yo fui quien lo tradujo en ese entonces. Soy la única que tiene el permiso de su autora original, Qwaser, para publicar este fic en español. Ahora sólo lo estoy re-editando para que tenga una mejor calidad, sin salirme mucho de lo que es lo original. Nos vemos en la siguiente entrega. ¡No se lo pueden perder!