Disclaimer: Nurarihyon No Mago y esta historia no me pertenecen.


Capítulo 4.

— ¡Maldita estúpida! —le gritó Isana a Tsurara, mientras la pateaba fuertemente. Acto seguido, decidió congelarla en la pared con ayuda de su hielo, por lo tanto las piernas de la dama de hielo y sus brazos quedaron atrapados—. Permanecerás aquí hasta que decida qué hacer contigo —le dijo, antes de cerrar la puerta.

Tsurara fue encerrada en una pequeña habitación en la cual no había ventanas, todas las paredes estaban hechas de piedra caliza. Esta inclinó su cabeza e intentó retener sus lágrimas.

— ¡Maldición! —gritó Sere, pateando la pared y haciendo una pequeña grieta en ella.

— Cálmate Sere, eso no nos ayudará —comentó Shire, sentándose en el suelo.

— ¡Ya lo sé, pero estoy demasiado molesta! ¡No puedo creer que haya tenido miedo de esa chiquilla! —gritó Sere.

— Bueno, no deberías avergonzarte —comentó Icy, quien apenas iba entrando a la habitación.

— Icy… —habló Shire al verla.

Icy se acercó a ellas y dijo.

— Ella es aproximadamente diez veces mayor que nosotros, o incluso más —comentó—. Además de eso, ella es mucho más fuerte que nosotras —explicó Icy, sentándose en una de las sillas que había allí.

— Eso es verdad, pero no olviden que tengo mucho control sobre ella —siguió Isana. Las Ice Triplets se sorprendieron al ver a su ama entrando en la habitación.

— ¡A-Ama! —gritó Sere antes de inclinarse ante ella.

— El verdadero problema es, ¿qué haremos ahora? —preguntó Isana, observándolas.

— Sí… —respondió Icy sin saber bien qué responder.

— ¡Debemos derrotarlos a todos! —gritó Sere, golpeando el muro.

— ¿Y cómo? —preguntó Shire, viendo a su hermana—. No es como que podemos ir a donde están y eliminarlos así como así —finalizó Shire, haciendo que Sere guardara silencio.

— No, pero podemos hacerlos venir —sugirió Isana, haciendo que las tres mujeres la vieran sorprendidas—. ¡El último ríe mejor, Nurarihyon! —gritó Isana al salir de allí.

Después de un momento, las Ice Triples decidieron seguirla.

— Pero Ama… —comenzó Icy.


— ¿Qué debemos hacer ahora, Supremo Comandante? —preguntó el cuervo, viendo a Nurarihyon desesperadamente.

— No lo sé… —dijo de manera pensativa.

— Parece ser que en realidad ha encontrado a la asesina de los 1000 youkais —respondió Karasu, continuando la conversación.

— La asesina de los 1000 youkais, ¿eh? —comentó Nurarihyon, lo que hizo que todos en la habitación fijaran su vista en él—. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que la vi…? —se preguntó Nurarihyon sin pensar.

Habiendo escuchado eso, los presentes en la habitación lo vieron con sorpresa, pero sólo Kubinashi fue capaz de articular las palabras correctas para preguntar lo que todos pensaban, pero no externaban.

— ¿Ya la conocía, Supremo Comandante? —preguntó Kubinashi en voz alta.

— Sí… —respondió Nurarihyon relajadamente—. Fue hace 600 años atrás si no mal recuerdo… —dijo el Supremo Comandante, comenzando a contar su historia.

Me encontraba visitando a un viejo amigo, el cual se encontraba muy preocupado debido al asesino de los 1000 youkais. Habían pasado apenas unos cuantos años cuando eso había pasado; pero en ese tiempo continuábamos ignorando identidad. Más de algo estábamos seguros, y es que se trataba de un humano, un hombre, claro. Pero lo que vimos esa noche superó por completo nuestras expectativas.

En ese momento nos encontrábamos en el hogar de mi amigo, quien había organizado una celebración para mí. Siempre había sido un fiestero, hasta esa noche. Aquella reunión comenzó muy tarde ya; de pronto, un grupo de youkais vino completamente asustados, y gritando, a nosotros. Gritaban cómo es que sus clanes habían sido asesinados. Yo, por supuesto, me fui de ahí inmediatamente para poder ver la escena con mis propios ojos. Lo que mis ojos vieron superó cualquier imagen que mi cabeza pudo haber producido.

Lo que estaba frente a mi era toda una ciudad cubierta por las llamas, y por donde miraras sólo había sangre y más sangre. La destrucción que venía nada más me iba acercando a la ciudad empeoraba. Cuando finalmente llegué al centro de la ciudad, lo que vi me dejó completamente mudo. Lo que allí había era una gran montaña de cadáveres, y sobre ellos estaba una joven mujer que sostenía la cabeza del líder del clan. A pesar de estar cubierta por sangre, aquella seguía siendo la criatura más hermosa que jamás hubiese visto. Sus dorados ojos, los cuales mostraban nula emoción, su cabello azul cielo, su maravilloso cuerpo, todo en ella era simplemente perfecto.

Mientras la observaba no pude siquiera moverme. De pronto, ella notó mi presencia y lanzó la cabeza que sostenía lejos de ella. En ese momento reaccioné y recordé la situación en la que me encontraba; más antes de poder sacar mi espada, ella ya se encontraba frente a mí, observándome.

No pude ni ayudarme a mí mismo, a pesar de jamás haber sentido miedo por algo, le temía a esto; tan hermosa, pero a la vez peligrosa, pues pude sentir lo fuerte que ella era.

¿Vas a matarme? —no pude evitar preguntar.

¿Quieres que te mate? —me preguntó su fría y vacía voz.

¿Qué clase de pregunta es esa? ¡Tú me matas o no! –le grité, el repentino miedo se había ido.

Es cierto —respondió, de pronto una espada se formó en mano. Se acercó con lentitud a mí para darme muerte sin dudar ni un poco, pero unas repentinas voces la detuvieron, lo que hizo que ambos volteáramos hacia mis espaldas. Mis subordinados se estaban acercando. Yo sabía que ella podía matarlos a todos. Me giré a ella nuevamente y pude ver que había bajado su espada para mirar a mis compañeros.

¿Están preparados para morir por ti? —preguntó de pronto.

Sí —respondí.

Y… ¿Tú estás listo para morir por ellos? —preguntó mientras me observaba con esos dorados ojos, pero esta vez no se encontraban vacios, había tristeza y esperanza en ellos.

Sí —respondí. La mujer sonrió y la espada en su mano desapareció. Se giró por completo y comenzó a caminar para alejarse de mí, pero su andar se detuvo repentinamente.

Qué envidia, desearía tener a alguien como tú para protegerlo, o alguien que me pudiese proteger —dijo ella, volviendo a caminar.

¿Por qué no tienes a alguien así? —le grité; ella volvió a detenerse.

Porque yo no vivo en un mundo así… —fue lo único que me respondió antes de marcharse.

— ¿Alguien que la protegiera? —preguntó Kubinashi repentinamente; así, todos comenzaron a hablar fuertemente.

— ¿Alguien lo suficientemente poderoso como para protegerla? ¿A ella?

— ¿Alguien que la proteja de qué?

— ¿De qué podría ser ella protegida? —preguntó Kurotabo.

— De ella misma —ante aquella respuesta, todo el mundo giró hacia la puerta. Rikuo Nocturno había aparecido.

— ¡Amo Rikuo! —gritaron todos.

— ¡Oh! Estabas despierto Rikuo —dijo Nurarihyon.

— ¿A qué se refiere, Amo Rikuo? —preguntó Kubinashi.

— Alguien que es poderoso siempre tiende a ser usado. Ese tipo de gente jamás están seguras de si las personas a su alrededor son de fiar, si son realmente aceptadas. Con sentir la sensación de proteger a alguien, o de pelear por esa persona, es importante para ellos. O que esa persona trate de protegerlas, independientemente de que no la necesiten. Sólo con sentirse comprendidas y necesitadas les basta. Con no pelear porque tienen qué, ó ser forzadas a, sino hacerlo por voluntad propia —dijo Rikuo viendo al techo.

— Amo Rikuo… —dijo Kurotabo quedamente.

— ¿Cómo…? ¿Cómo sabe todo eso? —preguntó Kubinashi.

— Lo vi en sus ojos… Ellos que estaban llenos de rabia, tristeza, miedo, dolor, pero sobre todas las demás de soledad, y de la gran necesidad de tener a alguien que la entendiera. Todos vieron cómo la trataba esa mujer, ella está siendo forzada a quedarse a su lado, a pelear por ella —respondió Rikuo, sus palabras estaban llenas de rabia.

— Sí, estoy sorprendido de que ella sea capaz de controlarla. ¿Pero cómo? —pensó Kurotabo en voz alta.

— Un contrato ancestral —dijo Nurarihyon.

— ¿Contrato? —preguntó Rikuo.

— Sí, también es una maldición. Está prohibido usarlo. En él, ambos hacen el contrato, cada uno de ellos deja en claro sus términos y después forman el pacto dibujando un símbolo en sus brazos. Este se anula si uno de ellos rompe las reglas —explicó Nurarihyon.

— ¿Es posible hacer el contrato de esa forma, que sólo la otra persona pueda romper el contrato, y no ambos? —preguntó Rikuo de pronto, haciendo que los demás lo mirasen.

— ¿Así que tú también lo notaste? —preguntó Nurarihyon viendo a su nieto, Rikuo asintió.

— ¿Notar qué? —preguntó Kubinashi viendo a ambos.

— Parece ser que Isana hizo el contrato de esa forma, lo que significa que sólo ella es capaz de anularlo —respondió Nurarihyon.

— ¡Pero eso es…! —Karasu gritó.

— Sí, es el mayor tabú que puede haber a la hora de hace un contrato. Pero tengo que admitir que Isana ha sido muy inteligente, ya que de esa manera puede controlarla de la manera que ella quiera sin temor a que esta mujer la traicione —respondió Nurarihyon.

Rikuo se levantó y salió de allí, el sol estaba a punto de aparecer y esa forma desaparecería pronto. El último pensamiento que tuvo antes de cambiar de identidad relacionaba a Tsurara y a la misteriosa mujer, y en cómo es que ambas se parecían.

El Nura fue a la escuela como siempre, haciendo de cuenta que no pasaba nada, pero estuvo muy callado y perdido en sí mismo, no platico con nadie, ni siquiera con Kana.

Después de la escuela fue directo a casa sin dirigirle la palabra a nadie. En su hogar había una gran conmoción, y todo el mundo corría de un lado hacia otro.

— ¡Oh, Amo Rikuo! —dijo Kubinashi deteniéndose.

— ¿Qué está pasando? –preguntó Rikuo realmente cansado.

— ¡Recibimos una carta de desafío! —gritó Kurotabo acercándose a Rikuo.

— ¿Qué es una carta de desafío? —preguntó Rikuo. Kurotabo y Kubinashi lo miraron, realmente parecía un cabeza hueca.

— ¿Habla en serio? —preguntó Kurotabo.

— ¡Si, lo hago! —gritó Rikuo frustrado.

— Es una carta de otro clan, en la cual se le hace una invitación al otro para ir y pelear contra ellos, más o menos eso —explicó Kubinashi.

— Ah… Está bien… —dijo Rikuo comenzando a caminar, pero después paró repentinamente—. Cuando dijiste "recibimos", ¿a qué te referías? –preguntó Rikuo.

— Sí, me refería a usted y a su desfile nocturno, lo que significa nosotros —dijo Kubinashi asintiendo a la vez.

Rikuo suspiró.

— ¿Y el retador es? —preguntó el heredero, aunque ya sabía bien la respuesta.

— El Clan de Hielo —respondió Kubinashi.

Rikuo se dio la vuelta y comenzó a dirigirse hacia la habitación de su abuelo.

— ¡Esto es absurdo! —gritó el cuervo muy molesto.

— Cálmate, Karasu —dijo Nurarihyon sorbiendo su té.

— ¡Abuelo! —gritó Rikuo entrando a la habitación.

— Oh, Rikuo ya estás en casa —dijo Nurarihyon.

— ¡Escuché sobre el desafío!—le gritó Rikuo a su abuelo.

— Y ahora me dices que pelearás contra ella —dijo Nurarihyon sorbiendo su té.

— Yo… Yo quise decir que… —intentó decir Rikuo.

— ¡Amo Rikuo! ¡Usted no tiene por qué decir que sí a esa ruda y arrogante mujer! —exclamó el cuervo, volando frente a él.

— Karasu-Tengu…—dijo Rikuo.

— Si alguien es así de rudo para mandar un desafío al nieto del Supremo Comandante, entonces ella debe ser ejecutada inmediatamente —dijo el cuervo aún gritando—. ¿No es así, Supremo Comandante? —preguntó aún gritando a Nurarihyon.

— Yo pienso que…—comenzó mientras sorbía un poco de su té nuevamente. Rikuo y el cuervo lo miraron expectantes—. ¡Rikuo! ¡Tú eres el que decide que es lo que tiene que hacer! —gritó de pronto Nurarihyon, haciendo que su nieto casi se cayera por la sorpresa.

— ¡Pe-Pero, Supremo Comandante!—gritó Karasu.

— Entonces Rikuo, ¿qué es lo que vas a hacer? —preguntó Nurarihyon viendo a Rikuo. Él pensó por un momento antes de responder.

— Creo que tengo que hablar con los demás antes de tomar alguna decisión —dijo Rikuo.

— Muy bien —respondió su abuelo y Rikuo asintió. Después, el nieto dejó la habitación, dejando a un Karasu-Tengu un poco preocupado.

— Pero… —comenzó el cuervo.

— Él ya es un adulto, tiene su propio desfile nocturno y ya debe ser capaz de lidiar con este tipo de problemas por si solo —expresó Nurarihyon, de nueva cuenta, sorbiendo su té.

— Pero, ¿qué hay de esa mujer?—preguntó el cuervo.

— Sí… —respondió Nurarihyon dejando su taza de té en el suelo—. Eso puede ser un problema —expresó viendo al techo—. Pero confío en que Rikuo tomará la mejor decisión.


—… por eso les pido su opinión —finalizó, y su desfile nocturno lo vió mirada calmada—. Este asunto los involucra tanto a ustedes como a mí, por lo que pienso que debo preguntarles de igual manera que hacer —dijo Rikuo.

Todos guardaron silencio hasta que Kurotabo habló.

—Amo, ¿qué es lo que planea hacer?—preguntó Kurotabo, mientras los demás lo veían con paciencia.

— ¿Yo? –preguntó y los demás asintieron. Rikuo pensó por un momento y cruzo sus brazos— ¿Qué debo hacer de todas formas? A fin de cuentas tengo que pelear porque tengo que defender el orgullo del Clan Nura. Pero, ¿desde cuándo me importa tanto eso? Más aún así… creo que quiero ayudar a esa mujer, además de que deseo verla de nuevo, así que… —pensó un momento para sí—. ¡Iré! —anunció Rikuo, ante lo cual el rostro de sus seguidores se vieron complacidos—. No forzaré a ninguno de ustedes a ir, pero yo pelearé y los guiaré —finalizó.

— Entonces… —comenzó Kurotabo, levantándose junto con los demás.

— Nosotros… —siguió Kubinashi.

— ¡Lo seguiremos, Amo!—dijo Aotabo, haciendo que los demás gritaran lo mismo a Rikuo.

— Gracias chicos —agradeció Rikuo.

Entonces supongo, que me tengo que hacer cargo —dijo una voz dentro de la cabeza de Rikuo. En el pasado, el joven pudo haberse sorprendido, pero ya no más.

Si, por favor hazlo, y… —pensó Rikuo.

¿Qué?

Gana, por nosotros y… por ella —dijo Rikuo.

Por supuesto —respondió la voz, y entonces el Rikuo nocturno apareció. Así, se posicionó frente a los demás—. ¡Vámonos!—gritó Rikuo a su desfile.

— ¡Sí! —respondieron los demás. Y así, se marcharon para ir a combatir contra el Clan de Hielo.


N/T Suki: Bueno, aquí está la re-edición del capítulo 4. Espero que haya sido de su agrado y que se haya entendido a la perfección todo; cualquier cosa por favor díganmelo en un review, haré lo posible por despejar esa duda. Nos vemos en el siguiente capítulo… ¡No se lo pueden perder!