Disclaimer: Nurarihyon No Mago no me pertenece. Esta historia, tampoco.


Capítulo 5.

— Ya vienen —dijo Isana, abriendo inmediatamente sus ojos—. Preparen las tropas — ordenó, mientras que se iba levantado de su silla.

— Sí, mi Ama —respondió Icy, inclinándose ante ella—. ¿Qué hay de ella? —preguntó a su maestra.

Isana escupió al suelo, tenía una disgustada mirada en su rostro.

— Vamos a dejarla encerrada, no quiero usarla hasta que sea realmente necesario. Me gustaría que sufra un poco más —respondió Isana, con una sonrisa cruel formándose en sus labios.

— Sí —respondió Icy, realmente complacida.

— ¿Es aquí? —preguntó Rikuo, mientras observaba el enorme castillo de hielo que se encontraba frente a ellos.

— Sí, esta es la guarida del Clan de Hielo —confirmó Kurotabo.

— ¿Cuál es el plan, Amo? —cuestionó Aotabo.

— El plan es derrotar a Isana; no me importa quién la mate, con que al final lo hagamos. Después pueden eliminar al resto de su clan —dijo el Comandante.

— ¿Y las Ice triplets? —preguntó Kubinashi.

Ante esa pregunta, Rikuo pensó por un momento para sí mismo, tenía que decidir qué hacer con ellas. Después de meditarlo, respondió.

— Pueden matarlas también —contestó Rikuo, abriendo las puertas—. ¡Isana Easly, he respondido a tu llamado! ¡Muéstrate! —gritó.

Ante tal llamado, Isana apareció de pronto frente a ellos, riendo.

— Así que viniste, pequeñito —rió Isana. Rikuo la observó seriamente—. ¿Crees que puedes ganar? —preguntó ella, para después hacer que un ejército gigantesco apareciera delante suyo, incluyendo a las Ice triplets.

— Podemos derrotar fácilmente a alguien como tú —respondió Rikuo, muy confiado.

Dicha afirmación, logró que Isana lo observara con furia.

— ¡Mátenlos! ¡Elimínenlos a todos! —gritó Isana con rabia.

Así, tanto el ejército de Isana como el de Rikuo, comenzaron la batalla.

La pelea que se desató fue brutal, pero el bando de Rikuo demostraba ser mucho más fuerte, ya que ellos no eran superados en lo que a fuerza se refería; pero eran muchísimos menos en número.

Isana, al contrario del de cabellos blancos y negros, no participó en la pelea, ella sólo atinó a sentarse para observar la batalla desde lo alto junto con Icy.

Rikuo continuaba peleando sin cesar junto con sus camaradas, pero en medio de la contienda pudo sentir la presencia de alguien sumamente familiar para él debajo del suelo del castillo.

¿Tsurara? ¿Qué está haciendo ella aquí? —pensó, para después ver a su alrededor. Su ejército era demasiado fuerte, y la batalla lo demostraba.

Habiendo hecho aquella observación, se dirigió a Kurotabo por medio de un salto.

— ¿Qué sucede, Amo? —preguntó él, apuñalando a uno del bando opuesto.

— Tengo que retirarme por un momento —respondió Rikuo, mientras que pateaba a otro de los hombres de Isana al suelo.

— ¿Por qué? —preguntó de nuevo Kurotabo.

— ¿Preguntas por qué? ¿A caso eso significa que no pueden ganar sin mí? —bromeó Rikuo.

— ¡Claro que no! —respondió Kurotabo de inmediato.

— No te preocupes, regresaré pronto —le dijo, justo en el momento en que se alejó por medio de un salto y atravesó la puerta más cercana.


— ¿Ama? —preguntó Icy, al notar que Rikuo se iba.

— Ya lo sé —respondió Isana.

— ¿Qué vamos a hacer? —preguntó Icy de nuevo.

— Nada. Déjalo ir, no puede hacer nada de todas formas. Esa niña ya es mía —dijo Isana, formando en sus labios una sonrisa cruel.


Mientras la batalla continuaba, Rikuo corría por todos los corredores, tratando de localizar a Tsurara.

¿Dónde estás Tsurara? —pensó para sí, mientras seguía corriendo.

Continuando sin parar, se dirigió hacia una pequeña puerta que seguramente daba hacia el subterráneo; destrozó la puerta, y continuó con su camino.

Más tarde llegó a las mazmorras, las cuales estaban completamente repletas de hielo. Trató de localizar a la dama de hielo lo más rápido posible, hasta que finalmente llegó a la celda que estaba al final de habitación. Con fuerza destrozó la puerta, y lo que vio lo dejó sin aliento.

Ella colgaba de la pared.

La piel de sus muñecas y sus tobillos estaba casi destrozada, lo que indicaba que llevaba colgando de ahí bastante rato. La mayor parte de su ropa estaba desgarrada, y su cuerpo estaba cubierto de heridas y de raspones, demostrando el maltrato que recibió.

La rabia lo invadió por completo nada más la vió. Se acercó a ella rápidamente y la bajó de ahí. Tomó su haori azul que colgaba de sus hombros y la arropó con ella. Acto seguido la abrazó delicadamente contra su pecho.

— ¿Yuki Onna? —susurró, más ella no respondió—. ¿Tsurara? Tsurara… ahora que estoy aquí todo estará bien —le dijo, mientras la tomaba en brazos y comenzaba a caminar.


— Hmm… Interesante —dijo Isana.

— ¿Qué cosa? —preguntó Icy.

— Nuestro pequeño invitado encontró a nuestra chica —respondió Isana, poniéndose de pie—. Icy, toma el mando; me retiraré por un momento —ordenó Isana antes de desaparecer.

Al verla desaparecer, su subordinada asintió con decisión, y se unió a la batalla para ayudar a sus camaradas; estaban perdiendo terriblemente.


Rikuo caminaba lentamente, tratando de no mover mucho a Tsurara, la cual todavía respiraba, pero muy lentamente.

¿Qué? ¿Estoy siendo cargada? ¿Por quién? —pensó ella en lo que abría sus ojos. Al principio le fue difícil reconocer quién era, pero cuando se dio cuenta se quedó en shock—. ¡Amo Rikuo! —gritó, sorprendiendo un poco Rikuo, lo que hace que casi caiga al suelo.

— Tsurara, no me sorprendas de esa manera —le dijo con una sonrisa.

— ¿Por qué está aquí? —preguntó ella, mirándolo.

— Estoy aquí para patear el trasero de esa maldita de Isana —respondió, muy confiado el tercer heredero.

Tsurara estaba en shock, por lo que sujetó sus ropas. Rikuo se sorprendió y miró a Tsurara.

— ¡Qué cree que está diciendo! ¡No puede ganarle! ¡Ella fue quien derrotó a los clanes del norte! ¡Usted…! —quiso continuar con su regaño, pero en ese instante tuvo que detenerse, ya que comenzó a toser fuertemente. Para cuando se dio cuenta estaba tosiendo sangre.

— ¿Te encuentras bien, Tsurara? —le preguntó, realmente preocupado. Se detuvo y la colocó en el suelo. Tsurara siguió tosiendo sangre—. ¿Qué voy a hacer contigo? Tienes heridas por todo tu cuerpo, estás tosiendo sangre, y aun así te sigues preocupando por mí —comentó Rikuo, riendo un poco.

— ¿Herida? —preguntó Tsurara, parecía que apenas se daba cuenta de sus heridas; no pudo evitar sorprenderse al ver sus manos.

Rikuo quedó en shock al ver cómo es que Tsurara estaba tan sorprendida viéndose a sí misma.

— ¿Qué fue lo que te hizo? —preguntó apretando sus dientes. Tsurara miró al suelo y sujetó su brazo, como si estuviera buscando apoyo—. No te preocupes, Tsurara, voy a protegerte —fue lo único que respondió antes de abrazarla suavemente.

— ¡Aww! ¿No es esto adorable? —dijo una voz desde las sombras.

Los dos jóvenes no pudieron evitar sobresaltarse, al percatarse de la presencia de Isana.

Tsurara, quien aún era sujetada por Rikuo, entró en pavor cuando ella la miró— Ahora, Tsurara, quiero que mates a Nura Rikuo —ordenó ella.

Los ojos de Tsurara se llenaron de miedo. En ese instante, Rikuo vió primero a Tsurara, confundido; después observó Isana y nuevamente a su subordinada.

— ¿Qué quiere decir con eso, Tsurara? —preguntó él.

— ¡Eso quiere decir que eso que está en tus manos me pertenece! —gritó Isana, apuntando a Tsurara. Rikuo vió aún más confundido a la chica que comenzaba a temblar en sus brazos—. ¡Tsurara! ¡Te lo ordeno! —volvió a gritar, sujetando su mano, lo que hizo que se revelara la marca del contrato en su brazo.

En ese momento, Tsurara comenzó a gritar debido al dolor que sentía, por lo que cayó al suelo. Gritó con fuerza y se retorció de dolor.

— ¡Tsurara! —gritó Rikuo, acercándose a su lado. Es en ese momento en el que pudo notar la marca del contrato en su brazo, estaba brillando—. Tsurara, tú eres… —comenzó, pero no pudo terminar la oración.

— ¡Eso es todo Tsurara! —gritó Isana, riendo.

— ¡Detente!—gritó él, desenvainando su espada.

— ¡No hay nada que puedas hacer, chico Nura! ¡Excepto el de morir aquí, por las manos de tu amada subordinada! ¡Tsurara, es una orden! ¡Cambia a tu verdadera apariencia y mata a Nura Rikuo con todo lo que tengas! —gritó Isana locamente.

— ¿Verdadera apariencia? —dijo Rikuo, viendo a Tsurara. Ella aún se encontraba en el suelo por el dolor, pero aun así viendo a Rikuo.

— ¡Amo Rikuo! ¡Máteme! —rogó con lágrimas en los ojos.

— ¡Te lo ordeno, Tsurara! —volvió a gritar Isana.

— ¡No! —gritaba Tsurara, intentando resistir; pero su cuerpo estaba débil y no pudo resistir más. Después, vió a Rikuo una última vez y se disculpó. Así, un enorme pilar de hielo la atrapo.

Por un segundo, todo estuvo en silencio, hasta que una enorme luz salió del pilar y lo rompió en pedazos. Tsurara salió del pilar, pero había cambiado, su cuerpo había crecido así como su cabello, más seguía siendo del mismo color. Vestía un vestido azul claro, el cual no tenía cubiertos los hombros.

Era muy hermosa.

Cuando tocó tierra abrió los ojos.

— Eso es, Tsurara. Mátalo —dijo Isana. Después, una espada apareció en su mano. Rikuo sabía que tenía que sacar su espada también, pero no pudo, él se encontraba en estado de shock, admirando la belleza que tenía frente a él.

Así que a esto era lo que el abuelo se refería cuando dijo que no se pudo mover. Pero esto es extraño, jamás me había sentido así —pensó para sí, mientras bajaba sus brazos.

— ¡Jaja! ¡Has perdido las ganas de pelear, eh! ¡Qué cobarde! —gritó Isana, riendo con fuerza.

Instantes después, Tsurara se movió y Rikuo cerró sus ojos, pero el golpe jamás llegó— ¡Qué demonios! —gritó Isana, lo que hizo que Rikuo se diera vuelta. Tsurara había apuñalado a Isana—. ¿Por qué? ¡Cómo le puedes hacer esto a tu Amo! —gritó Isana con muchísima rabia.

Mientras ella gritaba con enojo, Tsurara la veía fijamente… Sus orbes estaban vacios, no había vida en ellos; aquellos ojos se venían tan fríos como su viento helado…


NT Suki: ¡Ok, capítulo 5 listo! Sí, como en la publicación original, decidí darles dos capítulos en esta ocasión, pero esta vez en un solo día. Espero que se haya entendido completamente todo, que no haya alguna duda que los persiga. En dado caso, háganmelo saber. Gracias a los que me hayan dejado reviews... ¡En serio es un gran alivio el saber que les gusta cómo va quedando la traducción!

Nos vemos en la próxima entrega… ¡No se lo pueden perder!