Disclaimer: Nurarihyon No Mago no me pertenece. Esta historia tampoco.


Capítulo 6.

— ¿Cómo te atreves? ¿Cómo te atreves? ¡Voy a matarte! —gritó Isana con furia, pero al instante comenzó a toser sangre.

— Haz roto el contrato —dijo Tsurara con una voz muy fría, jalando su espada fuera del cuerpo de la mujer y haciendo que Isana cayera al suelo.

Tsurara sacudió la sangre de su espada y vio a Rikuo. Él aún estaba completamente asombrado.

— Tsurara… tú eras… —quiso decir él, más no pudo terminar la frase.

— Sí —respondió ella, mirando al suelo—. No tengo ninguna excusa —comenzó, aun dejando su mirada pegada al suelo—: Le mentí Amo Rikuo, y no hay nada que yo pueda hacer para cambiar las cosas, así que espero tu veredicto.

Rikuo se sorprendió por la seriedad con la que Tsurara se lo decía, pero antes de siquiera poder contestar, escuchó una fuerte voz viniendo detrás de él; se volteó y vio a su alrededor. Los subordinados de Rikuo se acercaron a él. Pronto lo alcanzaron.

— Amo Rikuo, ¿está bien? —preguntó Kubinashi al detenerse junto a él.

— Sí. ¿Cómo terminó la batalla? —preguntó él a pesar de ya saber la respuesta.

— Ganamos, eliminamos a las Ice Triplets, pero no a todos sus subordinados —respondió Kurotabo.

— Pero… esas tres eran muy fuertes —comentó Aotabo, Rikuo notó cómo es que él sostenía su mano. Quedaron un buen rato en silencio, pero después los demás notaron como es que Tsurara se encontraba a lado del cuerpo de Isana.

— Acaso es… —comenzó Kubinashi.

— Creo que si… —confirmó Aotabo.

— La asesina de los 1000 youkais —finalizó Kurotabo, notando cómo es que Isana se encontraba en el suelo—. ¡Ella asesinó a Isana del norte! —gritó de pronto.

Parecía ser que los demás apenas se habían dado cuenta de que su enemigo estaba en el suelo. Todos se prepararon para atacar, al mismo tiempo que ella sacaba su espada y la sacudía en el aire.

La mujer se volteó a Rikuo y posó su mirada sobre sus ojos.

— Rikuo… —comenzó, más se detuvo de pronto al mismo tiempo en que sus ojos se agrandaba, estaba volviendo a toser sangre.

— ¡No te creas demasiado, maldita! —gritó Isana.

Isana había apuñalado a Tsurara por detrás. Después de haberlo hecho, jaló su espada hacia ella, sacándola del cuerpo de la Yuki Onna. Tsurara cayó al suelo sangrando gravemente. La de cabellos largos tosió sangre mientras que Isana le pateaba el estomago, lo que no le ayudaba mucho a dejar de toser.

— ¡Maldita estúpida! ¿Creías que te podrías librar de mí, después de lo que me hiciste? ¡Podrás ser la asesina de los 1000 youkais, pero no eres el youkai más fuerte! ¡Hace mucho tiempo que te superé! —gritó Isana, todavía pateando a Tsurara. No siendo capaz de soportar tal espectáculo, Rikuo atacó a Isana y la alejó de Tsurara—. ¡Maldito! —gritó ella, cruzando espadas con Rikuo.

Cuando separaron sus espadas por un mero segundo, Isana pateó a Rikuo fuertemente en el estomago, para después apuñalarlo con su espada. El joven cayó al suelo muy herido, justo al lado de Tsurara. Ante aquella escena, Kurotabo y Aotabo atacaron a Isana como locos.

— ¿Se puede levantar, Amo Rikuo? —preguntó Kubinashi, mientras empujaba un poco a Rikuo para que se sentara.

— Estoy bien… —respondió. De un momento a otro, recordó a quién tenía a su lado, a Tsurara, así que se giró hacia ella. Ella no se movía, y seguía sangrando—. ¡Revisen como está! —gritó preocupado.

Kubinashi se sorprendió ante tal actitud, pero no lo cuestionó. Así que se acercó a Tsurara.

— Se encuentra en un estado muy grave, si no detenemos la hemorragia morirá —comentó Kubinashi, tratando de atender sus heridas, pero ella lo detuvo.

— No… es necesario —respondió, intentando levantarse.

— ¡No te muevas! ¡La empeorarás! —gritó Rikuo asustado. Tanto ella como Kubinashi lo vieron sorprendidos. Después Tsurara solamente le sonrió.

— Estoy bien… —le dijo, ya poniéndose de pie. Se veía cómo es que se tambaleaba nada más de haber comenzado a caminar hacia a Isana.

Rikuo comenzó a levantarse, pero Tsurara lo detuvo moviendo su mano.

— No, es mi pelea —dijo ella, volteándose hacia él con una mirada seria—. Esta no es la primera vez que ella me usa de esta forma, ¡pero esta vez fue demasiado lejos! —respondió Tsurara; en ese instante, Rikuo pudo ver cómo es que sus ojos se llenaban de rabia. Después, se volteó hacia Isana, ella acababa de terminar con Kurotabo—. ¡Isana! —gritó Tsurara con rabia. Isana volteó, la miró y ahora sus ojos estaban llenos de miedo—. ¡Es hora de pagarte, por todos esos años de sufrimiento! —gritó ella, haciendo que el aire en la habitación se volviese mucho más helado.

Dos espadas se formaron en las manos de Tsurara, mientras que sus ojos se tornaban rojos. El cuarto estaba lleno de rabia y de intensión asesina. Isana comenzó a sonreírle.

— Así que, vas a pelear conmigo con todo tu poder, ¿eh? —dijo—. ¡Bueno, supongo que debo regresar el favor! —gritó Isana moviendo sus manos, al mismo tiempo que sus ojos se tornaban completamente blancos.

Todo el edificio comenzó a desmoronarse. El cuerpo de Isana comenzó a hacerse enorme, y su piel empezó a ponerse azul. Cuando terminó su transformación, esta se había convertido en un enorme dragón azul de hielo.

— ¡Y qué te parece! —gritó Isana mientras reía. Tsurara sólo la observó sin ninguna emoción en sus ojos.

— ¿Qué quieres que te diga? —preguntó ella con voz seria—. No me importa que forma tomes, no cambia el hecho de que voy a matarte —dijo Tsurara, levantando sus dos espadas.

— ¡Jaja! ¡Tú! ¿Tú pequeño insecto? ¿De verdad crees que puedes matarme? —gritó Isana, riendo fuertemente. Mientras ella reía, Tsurara se movió finalmente, logrando que Isana dejara de reír cuando sintió que una de sus piernas había sido cortada—. ¡Pe… Pequeña! —gritó Isana, golpeando a Tsurara con su cola. Tsurara voló directo hacia la pared, y recibió un fuerte impacto.

Habiendo recibido un fuerte golpe, Tsurara volvió a toser mientras caía. Mientras se dirigía hacia el suelo con velocidad, Isana la atrapó con su cola.

— ¡Oh no! ¡Todavía no termino contigo! —comentó Isana, comenzando a mover su cola y lanzarla contra el muro. Tsurara redujo sus espadas, pareciendo perder la conciencia y finalmente cayó al suelo—. ¿Terminamos ya? Entonces te mataré ahora —dijo ella, mientras estacas de hielo comenzaban a formarse en el aire—. Adiós, señorita asesina de los 1000 youkais —comentó, haciendo que las estacas se dirigieran hacia Tsurara, quien no podía ni moverse debido a sus lesiones.

Tsurara escuchó cómo es que algunas de las estacas daban contra el muro, pero de pronto, sangre voló hacia su rostro. Era extraño, ella no había sentido nada, pero pronto se dio cuenta de que aquel líquido no le pertenecía. Abrió sus ojos y vió a Rikuo parado frente a ella.

— ¿A-Amo Rikuo? —preguntó, pues no podía creer lo que sus ojos le mostraban. Después vió las estacas de hielo que habían atravesado su cuerpo—. ¡Rikuo! —gritó con pánico.

— Es-… toy… bien… —respondió Rikuo lentamente, comenzando a caer. Ante eso, Tsurara hizo todo lo posible por atraparlo, lo cual logró.

— ¡Por qué! ¿Por qué hiciste por mi algo como eso? Soy la asesina de los 1000 youkais —gritó Tsurara, con lágrimas comenzando a caer de sus ojos.

Rikuo lentamente abrió sus ojos y la miró.

— No… para mí… tú eres… sólo… Tsurara… —respondió él quedamente, mientras cerraba sus ojos. Tsurara también cerró los suyos, pero las lágrimas no se detenían. Así que lo apretó contra ella con sus brazos.

— ¡Qué idiota! ¡Qué pensaba al hacer eso! —gritó Isana comenzando a reír.

— ¡Amo Rikuo! —gritaron Kurotabo, Kubinashi y Aotabo, comenzando a correr hacia él. Pronto, el suelo debajo de Tsurara comenzó a congelarse, y pringas de hielo comenzaron a formarse en el aire.

— Cómo te atreves… —dijo Tsurara con voz muy baja.

— ¿Eh? No te escuché, ¿podrías repetirlo? —pidió Isana, mientras se volteaba para ver a Tsurara. Al hacerlo se quedó en shock—. ¿Q-Qué estás haciendo? —gritó ella. El frio aire que Tsurara había creado con su mero poder estaba curando las heridas de Rikuo.

Tsurara alzó su rostro de pronto, para así ver directamente a Isana. La veía con rabia. Inconscientemente, la villana dio varios pasos hacia atrás. La Yuki Onna colocó a Rikuo en el suelo y se levantó, comenzando a caminar hacia Isana.

— Cuiden de Rikuo —le dijo a Kurotabo, al pasar a su lado.

— ¡S-Si!—respondió Kurotabo, al tiempo en que los tres se acercaron a Rikuo. Tsurara se detuvo justamente frente a Isana y la miró.

— Querías al monstruo, el cual mató 1000 youkais con una sola piedra, ¿no es así?—dijo Tsurara, al mismo tiempo en que los ojos de Isana se iban llenando de miedo. Tsurara extendió sus manos—. ¡Bien, ahora tienes al monstruo que siempre quisiste! —gritó ella, antes de que un enorme tifón se formara a su alrededor y la cubriera completamente.

El tifón alzó a Tsurara del suelo, y cuando el aire se aclaró, ella se había tornado totalmente blanca, su piel, su cabello, e incluso el color de sus ojos. Estaba rodeada de claras paredes.

— Tú crees… ¡que eso es suficiente para vencerme! — le preguntó con un grito; antes de que Tsurara dijera algo, una enorme bola de fuego azul salió de la boca de Isana y se dirigiera a ella.

La Yuki Onna sólo alzó su mano y la bola de fuego se destruyo, para después mirar a Isana con sus completamente blancos y vacios ojos.

— ¿Es todo lo que tienes? Entonces es mi turno —dijo Tsurara, apuntando a Isana. Una pequeña luz salió de su dedo y se dirigió al estomago de la Easly. Esta cayó al suelo volviendo a su forma humana.

Habiendo concluido con aquello, Tsurara bajó y caminó hacia ella. Mientras tanto, Rikuo abrió lentamente sus ojos y observó a su subordinada.

— Tsurara… —dijo quedamente.

— ¡Amo! ¡El Amo está despierto, dijo algo! —gritó Kurotabo, emocionado.

— Amo, ¿se puede sentar? —preguntó Kubinashi, ayudando a Rikuo a sentarse.

Rikuo no dijo nada, sólo observaba a Tsurara con detenimiento, quien estaba parada justo enseguida de Isana. Kubinashi y los demás la miraron también. La Yuki Onna de pronto alzó a la Easly, tomándola con fuerza por la garganta.

— ¡Isana! —gritó ella, e Isana abrió sus ojos lentamente—. ¿Querías un monstruo? ¡Bien, obtuviste uno! ¡Pero esta vez fuiste demasiado lejos! —gritó.

— ¿Qué… vas… a… ?—preguntó Isana.

— ¡Voy a destruir al clan entero! —respondió Tsurara en un grito, comenzando a brillar.

— Estúpida, si planeas matar a todo el clan, eso significa que tú también morirás —expresó Isana con debilidad.

— No planeo vivir más que esto —respondió Tsurara, comenzando a alzarse en el aire.

Tsurara… —pensó Rikuo mientras la veía.

— ¡Vas a morir, Isana del Norte! —gritó Tsurara, para que después incontables rayos de luz salieron de su cuerpo en diferentes direcciones.

— ¡No! —gritó Isana, mientras uno de los rayos la golpeaba, haciendo que después sólo quedaran sus cenizas.

En algún momento de la batalla, todos los miembros restantes del Clan de Hielo habían sido reducidos a cenizas de igual forma. Tsurara dejó caer sus manos al mirar el techo.

Muy pronto todo regresó a la normalidad, todas sus fuerzas se fueron, y como ya no había nada que la mantuviera de pie, comenzó a caer al suelo. Rikuo ante tal escena se levantó con rapidez y corrió hacia ella para poder atraparla.

Al tenerla en sus brazos la observó con cuidado; estaba llena de heridas, pero por lo menos seguía viva, y eso era algo que lo regocijaba.

— ¿Amo? —preguntó Aotabo, mientras caminaba hacia él. Rikuo se dio la vuelta y los vió a los tres.

— Vámonos a casa —ordenó él, comenzando a alejarse de ahí con Tsurara en sus brazos.


NT Suki: ¡Agh! Finalmente… lo terminé. ¿Creerán? Llevaba una semana queriendo terminarlo pero se me hizo muy pesado xD. Espero que les haya gustado la re-edición de la traducción. Gracias a quienes dejan review pidiendo que continúe. Lo haré. ¡Faltan sólo 4 capítulos para el final! ¡No se lo pueden perder!