Disclaimer: Ni Nurarihyon No Mago ni esta historia me pertenecen.
Capítulo 8.
Yo nací hace 600 años atrás, vivía en una pequeña villa al norte. La aldea se había separado por voluntad propia de los demás youkais, por lo que sólo había ayakashis de hielo. Estábamos tan aislados, que no teníamos idea de lo que estaba ocurriendo en el mundo.
Siendo honesta ni siquiera recuerdo cuándo es que nací, o quiénes fueron mis padres; desde que tengo memoria, yo siempre he estado sola.
Siempre viví así, sola, siendo molestada por los demás; pero jamás me quejé, tal vez eso era porque no sabía qué más hacer.
Pero entonces, un día otros youkai atacaron la villa, esperando que hubiera algunos ayakashi fuertes que se unieran a su ejército. Pero nuestros aldeanos eran muy testarudos, por lo que naturalmente se negaron.
Con aquella respuesta los youkai se fueron, pero la tranquilidad no duró mucho, ya que días después esos mismos ayakashi regresaron para ejecutarlos a todos. Mientras eso pasaba, yo intentaba mantenerme oculta de ellos, pero lograron encontrarme por supuesto.
— ¡Jefe! ¡Mire! ¡Encontramos a un cobarde! —gritó uno de los soldados mientras tiraba de mi cabello.
— ¡Pero miren nada más! —el jefe era enorme y tenía una mirada cruel. Me levantó con su mano—. ¡¿Quieres morir, pequeña?! —me preguntó antes de que sus hombres comenzaran a reírse. No dije nada, tan sólo mantuve mi vista en el suelo—. ¿Me estás escuchando? —me gritó al golpearme en el rostro y dejarme caer en el suelo—. Huh, tan sólo mátenla —dijo al comenzar a caminar. Entonces algo golpeó mi cabeza con fuerza.
Después de eso no recuerdo mucho pero, cuando recuperé la conciencia, a mi alrededor pude ver cómo es que todo había sido destruido. De alguna manera me imaginé que había sido dejada atrás, y comencé a temblar de miedo.
Pasado un tiempo, unos youkai viajeros llegaron y me llevaron con su grupo, por lo que estuve viviendo ellos. Jamás me trataron mal, pero mantuvieron su distancia y me trataron como si fuera una forastera. Pero me estaba dando comida y ropa, así que lo demás no me importaba.
Esos youkai venían de una aldea pequeña, pero decían que ellos tenían una alianza con el Clan Nura.
El tiempo que viví con ellos fue más o menos unos seis años, hasta que Isana del Norte llegó. En esa época yo tenía tan sólo 14 años de edad. Esa bruja sólo fue a ese lugar para matarlos a todos, pero yo no entendía el por qué. Pasados algunos minutos me encontraron, y estuvieron dispuestas a matarme, pero en esa ocasión yo estaba preparada y los ataqué primero.
Los derroté en un solo parpadeo, por lo que Isana se dio cuenta de mis poderes, así que se acercó a mí.
— Así que tú eres la niña que destruyó la villa del invierno, en el norte, ¿no es así? —me preguntó. Fue en ese momento en el que me comentó cómo es que se la había pasado buscándome todo ese tiempo. Me dijo que ella también pertenecía al Clan de Hielo, y que quería mis poderes. Era muy joven e ingenua, así que la seguí obedientemente y trabajé para ella.
Pero pronto me di cuenta de su verdadera naturaleza.
Isana comenzó a enseñarme todo tipo de técnicas y movimientos de combate, por lo que muy pronto no hubo nadie que pudiera derrotarme.
Después me envió a misiones peligrosas y también me mandaba matar a todo aquel que se le opusiera. Cuando triunfaba, lo único que ella me daba era una nueva misión, pero cuando fallaba me golpeaba hasta casi matarme, a pesar de que yo era mucho más fuerte que ella, pudiendo matarla con facilidad.
Pero después pensé qué tan bueno podría ser eso, si lo hacía… estaría sola de nuevo. Ella había sido la única que no me había abandonado. Y nada más por eso seguí trabajando para ella sin importarme a quién matara y por qué. Pasado el tiempo me di cuenta de que me estaba volviendo alguien carente emociones.
Y así fue hasta que conocí a tu abuelo. En su momento no pensaba en ninguna otra cosa más que en matarlo; pero cuando vi a sus subordinados, a su desfile nocturno, lo envidié. Lo pensé un poco y lo dejé vivir y me alejé de ahí, cosa que jamás había hecho antes.
Claro que cuando regresé Isana me gritó y me golpeó severamente.
Harta del dolor y de la tristeza huí de ahí. Corrí hasta donde mi herido cuerpo me permitiera y cambié a mi otra forma, me veía exactamente igual sólo que más joven.
Terminé sentándome en el suelo y comencé a llorar. Pocos minutos después la lluvia se dejó caer sobre mí, lo que provocó que las heridas dolieran mucho más de lo que ya lo hacían.
Pero eso al final no me importó. Me senté ahí durante mucho tiempo, llorando por mi vida sin la intensión de moverme de ahí.
La lluvia caía con mucha fuerza, pero de pronto esta se detuvo, lo que hiso que alzara mi rostro. Era Setsura, sosteniendo un paraguas sobre mi cabeza.
— ¿Por qué estás sentada aquí sola? —me preguntó con una dulce voz—. Ven, te daré algo seco que vestir, si te quedas así pescarás un resfriado —fue lo que me dijo, enseñándome su mano. A regañadientes la tomé y me levantó. Después de eso jamás regresé con Isana.
Setsura fue muy linda conmigo, nunca fue mala… me quería y me protegía. Fui feliz por muchos años a su lado.
Pero eso no duro mucho, ya que en poco tiempo los subordinados de Isana nos encontraron. Y como se esperaba Setsura me protegió, pero a pesar de que ella era muy fuerte… había muchos de ellos y la derrotaron rápidamente. Me atraparon, se prepararon para matarla. Pero a pesar de que ella sabía que iban a asesinarla, ella tan sólo me miró y tomó mi mano.
— ¡Corre! —me dijo y me volví loca. Regresé a mi forma original y los derroté fácilmente, después tomé a Setsura y escapé.
Habiendo pasado eso yo estaba segura de que me odiaría y me abandonaría.
— Ahora ya sabes sobre mí. Y quién soy en realidad —le dije con lágrimas en mis ojos—. No te preocupes, cuando me vaya dejarán de perseguirte y… —comencé a explicarle y estaba segura de pronto se enojaría y me gritaría, pero lo único que sucedió fue que me abrazó.
— ¿Por qué no me dijiste nada todos estos años…? —me dijo tristemente—. Pudiste haberme dejado compartir tu dolor, porque eso es lo que los padres hacen por sus hijos —me dijo y la miré a la cara, me estaba sonriendo. Sin darme cuenta regresé a mi forma de niña y comencé a llorar en sus brazos. Ella sólo me abrazó tiernamente—. Pobrecita, ¿qué clase de mundo te hizo así? —preguntó, pero yo sabía que no me lo preguntaba a mí.
Y nos quedamos ahí sentadas un buen rato sin movernos. Pero las dos sabíamos que Isana vendría por nosotros de nuevo, por lo que Setsura decidió hacerle una visita a su viejo amigo, Nura Nurarihyon.
Cuando llegamos a su casa, la atmosfera era muy extraña, todos se sentían muy incómodos alrededor de Setsura. Pero Nurarihyon sólo vió a Setsura embobado.
— Así que, ¿regresaste?—preguntó Nurarihyon.
— No realmente, sólo quiero que me hagas un favor —comentó Setsura con una voz muy fría.
— Bien, dime —respondió Nurarihyon, pero cuando estaba por darse la vuelta me vió. La sorpresa en sus ojos no tardó en mostrarse, me miró fijamente, para después ver a Setsura de nuevo—. ¿Es tuya? —le preguntó de verdad sorprendido. La observé también, Setsura asintió orgullosamente y dijo.
— Sí, es mía —le dijo, yo sólo sentí como es que apretó mi mano con suavidad.
— Muy bien —respondió antes de comenzar a caminar hacia adentro.
Al final me dejaron en una habitación aparte, lejos de dónde ellos habían ido a conversar. La espera fue realmente corta, pues Setsura regresó de inmediato. Al verla sólo atiné a correr hacia sus brazos. Alcé mi rostro y no pude evitar preocuparme, ella tenía una mirada muy triste.
— ¿Qué sucede? —le pregunté. Ella tan sólo me sonrió y me dio un beso en la frente.
— No es nada —respondió.
En ese entonces no tenía idea de lo que estaba planeando hacer, pero lo entendí mucho más pronto de lo que me imaginaba.
Después de haber estado viviendo por lo menos unos dos meses en la Casa Nura, ella vino. Setsura y yo dormíamos en nuestra habitación, cuando escuchamos una fuerte explosión.
— Escúchame, no salgas de aquí de ninguna manera hasta que regrese —besó mi frente y se alejó. No pude mover mi cuerpo, estaba como congelado; tan sólo me recosté de nuevo, me escondí y cerré mis ojos.
No sé cuánto tiempo me estuve escondiendo pero de pronto Setsura regresó y tocó mi espalda. Me levanté y la miré, sus ojos estaban llenos de lágrimas. Traté de limpiarlas, pero ella me detuvo y me abrazó cálidamente.
— Desearía que hubiéramos tenido más tiempo —me dijo, intenté verla a los ojos pero me abrazó mucho más fuerte.
— ¿Qué quieres decir con eso? —le pregunté, ella sobó mi espalda de arriba abajo.
— Quiero que sepas que a pesar de todo, te amo —me dijo con voz triste. Después me empujó y me vió directo a los ojos. Su mirada era seria—. Tienes que prometerme algo —me dijo y yo asentí.
— Lo que sea —le dije, esperando poder hacerla feliz.
— No le digas nunca a nadie quién eres en realidad y jamás vuelvas a cambiar de forma nuevamente, no importa qué, ¿me entiendes? —me dijo mientras me tomaba con sus manos fuertemente, no me dejó ir hasta que asentí. Así me liberó y me volvió a abrazar de nuevo de forma gentil—.Te amo, Yuki Onna —me susurró y volvió a besar mi frente. Entonces se levantó y caminó hacia la puerta.
— ¡Espera! —le grité levantándome, pero ella me detuvo, impidiéndome ir con ella.
— No, no me sigas, regresaré —fue lo que me respondió sin mirarme. Pero noté que me estaba mintiendo—. Sólo mantén tu promesa, ¿me entiendes? —dijo ya una vez estando fuera de la habitación.
— Te amo, mamá —dije con lágrimas en mis ojos. Ella tan sólo salió y cerró la puerta. Después de que se fuera caí sobre mis rodillas. Fue la primera y última vez que la llamé madre.
A pesar de estar en mi forma de niña, yo ya había vivido alrededor de 500 años, así que comprendí que ella me mintió.
No sé cuánto tiempo estuve esperándola, unas seis horas, creo. De pronto alguien tocó la puerta. Alcé mi rostro pensando que era Setsura, pero era tu abuelo. Entró a la habitación y se sentó frente a mí. Su mirada estaba vacía.
— ¿Qué pasa? —le pregunté tratando de retener mis lágrimas.
— Tu madre… está muerta —fue lo único que dijo. Me quedé completamente congelada, no me podía mover. A pesar de que ya me había hecho a la idea, aún era algo sorprendente de escuchar y mi cuerpo entero comenzó a temblar. Nurarihyon lo notó y situó su mano sobre mi hombro—. Pequeña, está bien llorar —me dijo y así ya no pude contener mis lágrimas. Lloré toda la noche, sabiendo que había perdido de nuevo el lugar en donde pertenecía…
NT Suki: ¡Wah! Finalmente he podido terminar de editar este capítulo; creo que fue más la flojera la que me lo impedía que otra cosa. Tsurara nos contó su pasado… ¿Qué es lo que dirá Rikuo con respecto a esto? ¡No se pueden perder el siguiente capítulo! Faltan dos nada más.
Bueno, lo último que tengo que decir es: ¡Feliz navidad atrasada y espero que tengan un prospero año nuevo chicos!
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Suki90, presentó.
