Si Zelda me perteneciera podría pagar una matricula en un lugar con educación de calidad ewe
¡Disfruten!
III
Dibujo
...
Ella dibujaba muy bien, y vaya que lo sabía.
Sentada en la parada del bus las cosas tomaban otra perspectiva. Como que el sol mañanero, la brisa matinal y el aroma característico del inicio de un nuevo día, embellecían aquello que en un momento consideró tan burdo, tan ordinario.
Como en todas las mañanas se dedicaba a bocetear, lo primero que viera, lo que le llamara la atención, ya fueran las personas que pasaban o lo que su mirada captara, mientras ella fingía esperar el bus y dirigirse… ¿A dónde? Ni ella lo sabía, pero si seguir en esa situación le permitía ver a su objetivo, entonces ella seguiría tomando el bus hacia un paradero desconocido y se las arreglaría para volver a casa y ver los dibujos del día.
Fue ahí que lo vio, con su cabello y ropa desarreglada, pero tan galán como siempre y una sonrisa en el rostro que parecía permanente y le robaba el aliento.
Zelda apartó un mechón castaño de su rostro y, como siempre, fingió concentración, mientras el lápiz grafito se deslizaba por la hoja realizando su recorrido y dándole forma a la imagen previa.
El joven se sentó a su lado, tratando de arreglar un poco su cabello, rubio, y ahogando un bostezo. ¿Qué acaso este chico no dormía? Porque siempre que ella lo veía parecía a punto de caerse dormido.
De todas formas, a quién le gustaría verlo con los ojos cerrados, con lo bellos y expresivos que eran.
Sabiendo de lo despistado que era el joven y que con la música tan fuerte (seguro para mantenerse despierto) no notaria que tan largos y detenidos eran los vistazos que la muchacha a su lado le dedicaba, decidió dibujarlo.
Zelda dio la vuelta a la hoja y agarró el lápiz suavemente, dando inicio al nuevo dibujo, observaba con ojo experto las facciones del muchacho, la forma de su cabeza, su nariz respingada y mandíbula. La forma de sus labios, suaves, tentadoramente besables, como sus cejas se enarcaban y sus ojos observaban a un punto desconocido.
A ella le gustaba, le gustaba la forma en la que su cabello rebelde caía sobre su frente y como sus dientes se asomaban cuando sonreía, o su forma de vestir y como se veían las arrancadas en sus orejas hylianas, o simplemente su forma de caminar, de sonreír, de ser él.
La muchacha sonrió, satisfecha, en ese tiempo no se dio cuenta que el bus había pasado al menos dos veces y que él no se levantó para tomarlo.
—¿Qué tenemos por acá? —preguntó el muchacho haciendo el amago de ver el dibujo.
—Oye, eso es mío —intentó inútilmente de ocultarlo con sus manos, pero el joven era rápido y tomó el block limpiamente antes que ella pudiese evitarlo.
—Dibujas muy bien —felicitó—. Aunque, creo que alguien como tú se vería mejor.
—¡Dame eso!—Se lo quitó. Zelda estaba consiente que seguro en ese momento no solo tendría esa expresión de enfado y la forma que sus labios tomaban cuando realmente se disgustaba, sino que el rubor también había aparecido en sus mejillas y aumentaba conforme sus latidos lo hacían.
El chico en su lugar no dijo nada. Sonrió confiado y complacido con la expresión de la muchacha.
Zelda, tratando de evadir el vergonzoso momento, cerró la croquera, se dio la vuelta y optó por la cobardía. Estaba tratando de huir de aquella mirada que la derretía, mientras apretaba el objeto contra su pecho y la gente se extrañaba por su caminar apresurado y torpe.
A la mañana siguiente no estaba segura de ir o no, pero si lo hacía probablemente recuperaría las cosas que dejó el día anterior, aunque aquello significara volver a encontrarse con él. Además, le entregaría el dibujo, así tal vez pensaría que no era tan cobarde como aparentaba… ¿Había sido solo el momento, no?
Cuando llegó no tuvo que esperar, el muchacho de siempre la estaba esperando, un poco más adecentado y sin avistamientos de sueño o su cansancio habitual.
—¿Tú…?
—Aquí está tu estuche y tu pañuelo, por si eso te preguntabas.
—Muchas gracias —hizo una pausa—. Ah, ten —dijo, extendiéndole la hoja con el dibujo.
—¿Por qué me lo das? —Hablando en serio, tampoco lo sabía.
—Dibujo a la gente y luego le entrego sus retratos. Es un pasatiempo —se inventó, era una excusa creíble.
—Ya veo.
Y se marchó, girando sobre sus talones y con una elegante sacudida de su cabello castaño. A mitad de la calle se dio cuenta de un detalle, uno muy extraño, porque...ella ayer no traía puesto ningún pañuelo.
Con el barullo matutino de los vehículos y la brisa haciéndole cosquillas en el cuello, Zelda colocó su estuche bajo su brazo y tomó el pañuelo doblado de forma tan extraña. Era de un violeta muy bonito.
Desenvolviéndolo comenzó a darse cuenta que el pañuelo en su interior traía algo, delicado, casi imperceptible, se obligó a ahogar la exclamación de sorpresa cuando lo vio. Y es que, no era muy común encontrarte con un extraño que te retratase.
Quizá él haya pensado lo mismo…
—Con que Link, ¿eh? Extraño nombre.
Y ella a sabiendas, dejó también su nombre como firma en el retrato del joven, tal vez él también gustara de ella.
¡Espero que les haya gustado!
Confieso que desde hace mucho tiempo tenia ganas de subir éste, de hecho, los tres que están hasta el momento los escribí el mismo día de una forma muy rápida, y como este es el que más me gusta lo deje como el tercero ("lo mejor para el final", aunque aún falta bastante para el final xD)
Como verán, hasta ahora este es el más largo e incluso temí que llegara más allá de las 1000 palabras, sino hubiera tenido que subirlo aparte como one-shot :/
He de decir que no es el primer UA de Zelda que he escrito, actualmente no son tan comunes como cuando llegué a esta paginas, cuando aún era lectora.
Muchas gracias a todos los que se han pasado a dejar sus comentarios, de verdad me alegran mucho que les guste lo que escribo, y como siempre, dar una invitación para que lo sigan haciendo. ¡No tienen idea de cuanto me motiva!
¡Nos leemos en el siguiente!
