III
Tengo que apretar el ritmo si no quiero llegar tarde.
Solo me faltaba tener que aguantar una vez más a Anya gritándome que soy una irresponsable, que no pienso las cosas, bla, bla, bla… Cada vez que me echa la bronca por algo luego me duele la cabeza durante una semana entera.
Es peor que la mayor de las resacas que haya podido soportar, y no han sido pocas.
Esquivo a una señora que pasea con su caniche y que me mira mal. También a unos niños jugando con la pelota que casi me dan. Me salto un par de pasos de peatones sin mirar y, cuando ya creo que se me va a salir un pulmón por la boca, veo la puerta de la tienda.
Anya, cómo no, ya me está esperando desde dentro con los brazos cruzados y su característica cara de perro enfadado. Me pregunto si esta chica alguna vez se relaja…
-Llegas tarde -suelta en cuanto entro.
-Cállate -gruño.
-No. Me da igual que tú no quieras hacer nada de provecho con tu vida, Lexa, pero yo tengo cosas más importantes que hacer que esperarte todo el día.
-Claro, porque escaparte para ver a Nyko un minuto es algo fundamental para tu vida -replico sarcástica mientras cojo las llaves de la estantería y me dirijo al almacén.
Al no oír ninguna respuesta por su parte me detengo y me doy la vuelta para observarla. Sigue en la misma postura que cuando entré, pero su mirada ahora más que enfado refleja una mezcla entre decepción y dolor que me hace sentir culpable.
-Anya… -comienzo a decir, pero levanta una mano para evitar que siga.
-Eres increíble. Si te interesaras por algo más que por ti misma sabrías que si veo a Nyko después de cerrar la tienda es porque él estudia en el turno de tarde y yo en el de mañana, por lo que entre semana nunca nos podemos ver -hace una pausa en la que coloca los brazos en jarra y vuelve a endurecer la mirada-. Así que perdona si te estoy exigiendo demasiado al pedirte que dejes de vaguear y vengas antes de cerrar para hacerle un favor a tu hermana.
Si sentía algo de culpabilidad por mis palabras de antes ha conseguido que se esfume en tan solo tres segundos.
-A lo mejor si dejaras de ser una arrogante de mierda me esforzaría un poco más por escucharte -le recrimino antes de darme la vuelta con la intención continuar mi camino y perderla así de vista.
-¡Ja! -se ríe irónica- Tú nunca escuchas a nadie que no seas tú Lexa, al menos no desde que se largó Costia...
Su última frase hace que me pare en seco. Aprieto los puños con fuerza y cierro los ojos intentando respirar para calmarme.
-Lexa, lo siento -se disculpa rápidamente-. No era mi intención, no sé ni por qué he dicho eso.
Su voz suena sincera y no hace falta que me dé la vuelta para saber que su expresión refleja lo mismo. Es consciente del daño que me han hecho sus palabras, pero no es suficiente.
-Echa el cierre cuando salgas -es lo único que consigo decir y entro en el almacén cerrando de un portazo dando por zanjada la conversación.
Una vez dentro empiezo a rebuscar entre los CDs que hay sueltos por el escritorio. Me decanto por Sleeping Operator de The Barr Brothers y después de introducirlo en el reproductor y darle al play me tiro sobre el desgastado sofá. Hice muy bien en convencer a Titus de que me dejara meterlo aquí porque se ha convertido en uno de mis sitios preferidos donde matar el tiempo.
Muchas noches, cuando me toca cerrar la tienda y no me apetece ir a casa, me quedo a dormir aquí con la excusa de no querer volver patinando de noche. Creo que nadie en mi familia se cree ese cuento pero tampoco insisten en convencerme de lo contrario. Saben que sería un gasto de energía inútil discutir conmigo y, además, sé de sobra que la casa está más tranquila cuando no estoy por allí.
No tardo mucho en quedarme dormida. La carrera hasta aquí desde la plaza ha conseguido dejarme agotada y la música hace su efecto relajante.
La plaza… Me acuerdo del día estupendo que hacía ahora que por fin la lluvia nos ha dado una tregua. Me iba a morir del asco encerrada todos los días en ese cuchitril al que Lincoln llama "casa".
También me acuerdo de la rubia sacándome fotos como loca cual paparazzi. Casi me da un infarto cuando la he visto agazapada entre la gente mientras se acercaba cada vez más con la cámara. Desde luego a discreción no creo que le gane nadie…
No puedo evitar reírme al recordar lo nerviosa que se ha puesto cuando me he acercado a ella. He de reconocer que estaba mona intentando disimular el miedo a que le hiciera algo. Y los botones de su escote… casi me desarmo por completo al verlos abiertos de esa manera.
¿No ha dicho que va a clase de Anya? Sí, algo así ha dicho. Quizás haga una visita a la universidad de Anya un día de estos…
Me despierto al notar una fuerte vibración en el bolsillo. Cojo el teléfono sin tan siquiera fijarme en quién llama:
-Qué.
-¿Estás muy ocupada viendo videos guarros por internet o te puedes pasar por casa a cenar? -distingo la voz de Lincoln al otro lado.
-¿Eres tú? Me has despertado, gilipollas.
-No es mi culpa que duermas más que un oso hibernando. Bueno, ¿qué me dices?
Me giro en el sofá y vuelvo a cerrar los ojos.
-¿Sobre qué?
-Sobre venir a casa.
-Lincoln, voy a decirte esto de la manera más clara que pueda sin herir tu delicada sensibilidad: no tienes casa, tienes un cuartucho mal hecho con forma de casa. Te han estafado colega, lo siento. Hasta un maletero me parecería mejor opción.
Se ríe.
-Venga ya, si los dos sabemos que te encanta. Además, así tienes una excusa para estar pegada a mí de vez en cuando…
-Esa es otra de las razones por las que odio ir allí -aclaro.
-Vaya, y yo que pensaba que solo te estabas haciendo la dura…
No puedo evitar reírme con él.
-Bueno, venga -continúa animado-: ¿te vienes o no?
-¿Por qué dices que levantarme de este sofá, que tiene mi nombre tatuado, e ir hasta esa leonera en la que vives me tiene que interesar?
-Porque tengo una sorpresa para ti.
-No me gustan las sorpresas.
-Esta es diferente -insiste-. Quiero que conozcas a alguien.
-Ya conozco a demasiada gente, gracias. Ahora déjame dormir.
-Lexa… -suspira-. Es alguien especial para mí. Levanta el culo y ven.
-¿Y por qué tiene que ser ahora? ¿No puede ser… no sé, el mes que viene cuando me despierte?
-No, si he dado el paso de decidir presentártela es por algo. No me hagas esto más difícil de lo que ya es, por favor.
Resoplo.
-Está bien, iré. Pero júrame que no voy a tener que ver al Lincoln empalagoso otra vez porque entonces me largo, pero antes de eso te tiro a ti por la ventana. Y... cerveza. Quiero cerveza gratis.
-Trato hecho -remata triunfante.
Cuando llego a su casa me recibe en la puerta con una enorme sonrisa de satisfacción en la cara.
-Borra esa sonrisa ahora mismo -le digo mientras entro y finjo una arcada.
Se echa a reír y me pasa el brazo por encima de los hombros pegándome contra él.
-Eres insufrible… Lexa, te presento a Octavia -señala hacia la chica morena que se encuentra de pie sonriente en medio de la sala.
No había notado su presencia hasta ese momento. Es guapa y transmite carácter. Parece inteligente, algo que no he visto hasta ahora en ninguna de las conquistas de Lincoln, claro que tampoco ha llegado a prepararme una presentación de este estilo con ninguna de ellas…
Se acerca hasta mí decidida y me tiende la mano.
-Encantada. Lincoln no paraba de hablar de ti y ya iba siendo hora de ponerte cara -dice afectuosa.
-Igualmente -contesto estrechando su mano.
Miro a Lincoln de reojo. Por lo visto esta chica ya me conoce mientras que yo es la primera vez que oigo de su existencia.
Me lee el pensamiento y sonríe con cara de situación mientras siento ganas de estrangularle. Sabe de sobra que odio estas situaciones.
-¡Venga, que la comida se enfría! -da una palmada antes de girarse hacia el sofá.
Después de cenar pasamos un par de horas bebiendo y hablando. Más bien, ellos dos hablan mientras yo me limito a ir eligiendo la música y a coger una cerveza cuando se me acaba la otra.
De vez en cuando hago como que les escucho y así es como me entero de que llevan quedando a escondidas varios meses y de que esta chica, Octavia, es en realidad amiga de Anya y estudia con ella en la universidad, aunque su primera opción era la interpretación.
Es una chica agradable y creo que me puede caer bien pero me juro a mi misma que esta es la última vez que me quedo a solas con una pareja…
-¿Tú qué dices, Lexa? ¿Te apuntas? -la voz de Octavia me hace volver a la realidad.
-¿Cómo dices?
-Dice que si te vienes con nosotros el jueves a una fiesta en el campus de ARCA -aclara Lincoln.
-Habrá cerveza -dice ella sonriente mirando la botella que me estaba llevando a la boca justo en ese momento.
Me lo pienso unos segundos.
-¿Irá mi hermana?
Octavia frunce el ceño ligeramente y mira a Lincoln algo confundida para después volver a mirarme a mí.
-Sí… Creo que sí.
-Entonces no -contesto rápidamente, centrándome de nuevo en mi cerveza.
-¡Lexa! -me reprende Lincoln.
-¿Qué? -protesto-. No pienso salir de fiesta con mi hermana si eso es lo que me estáis pidiendo. Siempre se pone como loca a controlar lo que bebo, lo que digo o lo que hago. Ni de coña.
-Tienes que dejar de ser tan dura con ella.
-No lo entiendo, ¿ocurre algo? -pregunta Octavia inquieta pero Lincoln la tranquiliza con un gesto indicando que no es el momento que no me pasa desapercibido.
-Lexa, por favor -continúa-, si sigues así vas a acabar sola y yo no voy a poder hacer nada por impedirlo.
-¿Por no querer ir a una fiesta con mi hermana ya me convierto en la peor persona del mundo? -pregunto incrédula.
-No es eso -responde-. Pero no puedes seguir apartando de esa manera a la gente que te quiere y menos aún a tu familia. Anya solo se preocupa por ti y lo sabes. Todos lo hacemos.
-No creo que la mejor manera de demostrar que me quiere sea intentando controlar cada paso que doy -le reprocho.
-Cada uno demuestra el afecto como sabe, Lexa. Al menos lo está intentando.
Enmudezco porque sé que lleva razón en eso y solo me queda mirarle abatida.
Hay algo nuevo en él que no había conseguido encajar hasta ahora. Su forma de hablar en estos últimos meses, la misma que ahora, me hacía pensar que por fin había comenzado a madurar y centrar la cabeza pero no entendía cuál había sido el detonante.
Examino a su acompañante, que nos observa en silencio sin poder decidirse sobre cuál de los dos centrar la vista.
Lincoln me sigue contemplando suplicante.
-Dejad al menos que me lo piense.
Ambos asienten y reanudan la conversación entre ellos sobre algo pero no les presto más atención.
La relación con Anya está en un punto muerto y sé que tengo mi parte de culpa en ello, pero echo de menos a mi hermana mayor.
Echo de menos a la hermana que me enseñó a defenderme y a luchar por lo que sintiera sin importarme la opinión de los demás, no la que ahora toma decisiones en mi nombre y cree que ya no tengo solución.
