V

-¡Lexa! -oigo que grita Anya desde algún punto detrás de mí.

Continúo echándome la copa y no tengo ninguna intención de darme la vuelta hasta que acabe.

-¡Lexa! -vuelve a gritar.

Me giro cuando ya está a menos de un metro de mí. Le falta echar espuma por la boca.

-Relájate un poco, hermanita. Te va a dar un infarto -digo bebiendo el primer trago.

Ella me mira mientras lo hago.

-Deja de beber de una vez -contesta con rabia.

Entonces lentamente y sin dejar de mirarla a los ojos me llevo el vaso a la boca y comienzo a beber hasta terminármelo de un trago. Me giro un instante para coger la botella y vuelvo a rellenar el vaso delante suya.

-¿Querías algo? -pregunto desafiándola con la mirada.

Aprieta la mandíbula con fuerza para contenerse. Por lo menos es lista en eso.

-Quiero que me expliques lo que ha pasado ahí atrás -responde señalando al sitio por el que ha venido-. ¿De qué conoces a la enchufada?

-¿La enchufada? -alzo una ceja.

-Clarke, la rubia. Su madre está liada con el director del departamento de fotografía y ella es su ojito derecho. Así que sí, es la enchufada. ¿De qué os conocéis? -repite.

La observo durante un instante intentando entenderla. No es normal el odio que veo reflejado en su mirada.

-¿Estás celosa?

Ella frunce más el ceño.

-¿Qué? No digas tonterías. ¿Por qué iba a tener celos de esa niña de papá? -responde a la defensiva.

-Oh dios mío, lo estás -me río atónita-. Esto es increíble. ¿Se puede saber qué te ha hecho esa chica para que estés así?

Se cruza de brazos y me mira recelosa antes de decir nada.

-Ya te lo he dicho, es el ojito derecho de Kane y eso me pone enferma. No hay cosa que odie más que los aprovechados.

-No, aquí hay algo más -añado, pero aunque me esfuerzo no soy capaz de averiguar el qué. Nunca había visto a Anya tan molesta con alguien.

Es cierto que yo consigo sacar su peor cara y no hay una sola vez que hablemos y no me acabe gritando por algo, pero con los demás siempre ha tenido otro carácter, uno bastante más suave que el que muestra con la rubia.

La única persona de la que ha hablado de una manera parecida es Cost… Para, Lexa, no sigas por ahí.

Se remueve en el sitio y desvía la mirada.

-No has contestado a mi pregunta -murmura cambiando de tema.

Suspiro. No me va a dejar rascar más así que no insisto, de momento.

-Eso es porque no hay nada que contestar -bebo de mi copa indiferente.

Se le vuelve a encender la cara.

-¿Cómo que no? -replica-. ¿Pretendes que me crea esa chorrada de las fotos? Te conozco, Lexa, y tú no entras en jueguecitos absurdos con nadie. No sé en qué estarás pensando, pero no quiero que tengas nada que ver con esa tía, ¿entendido? -me ordena señalándome con el dedo.

En ese instante siento cómo la rabia se cuela por cada una de mis extremidades hasta llegarme al estómago. Aprieto los dientes y me acerco más a ella para que me oiga bien porque no quiero tener que gritarle en medio de la gente.

-Ni se te ocurra volver a decirme lo que tengo que hacer -digo lentamente reprimiéndome como puedo.

-A lo mejor se te ha olvidado con tanto alcohol -me reprocha-, pero sigo siendo tu hermana mayor y solo quiero lo mejor para ti.

-¡Tú no puedes saber lo que es mejor para mí! -acabo alzando la voz con más intensidad de lo que esperaba.

Retrocede unos pasos y durante unos segundos puedo ver un atisbo de miedo en su cara que rápidamente corrige.

Varias personas se han girado curiosas al oírme pero no me importan.

-No soy tu puta marioneta, Anya - añado y me marcho sin darle la oportunidad de contestar. Necesito andar unos minutos para calmarme.

No soporto que nadie me dé ordenes y menos aún ella. No a estas alturas.

Sigo sin comprender bien en qué momento dejó de confiar en mí y comenzó a tratarme como si fuera una niña pequeña que necesita que le digan por dónde tiene que caminar para no hacerse daño... Que no esté satisfecha con las decisiones que he tomado en mi vida no le da ningún derecho a imponerme las suyas. No se lo permitiría ni a mi propia madre, si la tuviera.

Me detengo cuando llego a una zona más oscura, frente al campo de rugby. Hay menos gente y eso hace que me sienta más cómoda.

Termino de beberme lo que me queda en el vaso de un trago y vuelvo a rellenarlo. Menos mal que he cogido la botella antes de irme porque soy capaz de quitarle la suya a alguien antes que volver a por otra y correr el riesgo de encontrarme con Anya.

Miro a mi alrededor. Hay varios grupos de gente dispersados por el césped pero son todos más pequeños que el nuestro y alguna que otra pareja aprovecha la poca intimidad del lugar para meterse mano.

Me fijo en una chica que está un poco más adelante, apartada de todos. Es rubia. Es esa tal Clarke. Vaya.

Me acerco hasta ella.

-No deberías estar aquí sola -le digo.

Me mira sorprendida y se le escapa una sonrisa que rápidamente intenta disimular apartando la vista.

-Tú tampoco -contesta cuando me siento a su lado.

La observo en silencio hasta que vuelve a mirarme a los ojos.

-Yo no estoy sola.

Frunce el ceño confundida y le muestro mi botella, agitándola en el aire.

Se echa a reír y yo me río con ella. Luego se queda mirándola fijamente, pensativa. Advierto que el vaso que sujeta entre las manos está vacío.

-¿Quieres? -digo ofreciéndosela.

Duda un instante antes de responder.

-Te queda poco. ¿Seguro que no te importa?

-No te preocupes por mí, creo que ya llevo varias como esta.

Sonríe aliviada y se echa una copa. Bebe media de un trago y vuelve a rellenar el vaso antes de devolvérmela. Entonces gira la cabeza para contemplar el horizonte y apoya los codos en las rodillas.

Hay que reconocer que la chica es guapa.

-¿Todo bien? -pregunto.

Asiente débilmente y no dice nada. Aprovecho ese momento para estudiarla.

Su expresión parece preocupada pero sonríe dulcemente. Ya había visto ese contraste en ella antes, cuando la observaba hablar con su amiga en el corro. Es como si intentara apartar sus propios conflictos internos de su cabeza, dejando a la vista únicamente su lado más amable para que sepas que puedes confiar en ella. Es bonito y triste a la vez.

Me fijo en el pequeño lunar que adorna su labio superior. También reparé en él la primera vez que nos vimos y le da un toque increíblemente sexy.

Me sorprendo a mí misma humedeciéndome los labios y bebo de mi vaso para intentar recomponerme.

-Es mi madre -suelta de pronto.

Me mira interrogante y yo asiento para indicarle que puede seguir si quiere. Vuelve a mirar a la nada.

-Estoy preocupada por ella -continúa-. Mi padre murió hace un año y desde entonces no se comporta de la misma manera... Ahora la veo más contenta porque está con alguien pero a veces no la reconozco, hace y dice cosas que antes jamás habría hecho. Me ha llamado hace cinco minutos y he tenido que colgar -baja la vista al móvil que ha dejado en el suelo, entre las piernas-. No sé… quizás estoy siendo demasiado egoísta con ella.

Su tono es tan bajo que creo que habla más bien para ella que para mí.

Juega un instante con el hielo de su bebida y después se la lleva hasta la boca para darle un trago grande.

-No creo que seas egoísta por querer recuperar a tu madre -digo cuando acaba. Ella me mira poco convencida-, pero tienes que entender que no todo el mundo reacciona igual cuando pierde a alguien importante en su vida. Algo así te cambia para siempre.

Me observa intentando procesar mis palabras. Asiente y se termina la copa.

-A veces pienso que soy yo la que ha cambiado para siempre -susurra.

Permanecemos un rato en silencio.

Imagino que ella no quiere añadir nada más sobre el tema y yo no soy nadie para entrometerme en la vida de una desconocida. Además, soy de las que cree que muchas veces es mejor no decir nada. Las palabras al fin y al cabo son solo eso, palabras.

Recuerdo algo que me había dejado pensando antes.

-¿Por qué le has mentido a mi hermana? -pregunto de golpe.

Se sorprende por el cambio de tema y me mira extrañada. Se encoge de hombros cuando se da cuenta de a qué me refiero.

-No lo sé. Me acordé en ese momento de lo que dijiste y creí que era lo correcto.

No tiene sentido. ¿Por qué iba a recordar lo que le dije aquel día?, ¿Y por qué narices iba a mentir después por mí en el interrogatorio de Anya? Cualquier otro ni se habría molestado en creer lo que le dije sobre las fotos.

Sí, evidentemente Anya me habría montado un pollo del quince ahí mismo si se entera de que dejé que esta chica me sacara fotos después de que ella me haya estado suplicando durante años que fuera su modelo, pero eso la rubia no lo sabe y no tenía por qué tener en cuenta mis palabras. Es un detalle tan absurdo que es absurdo en sí mismo el hecho de recordarlo.

Se muestra nerviosa cuando ve que no digo nada.

-Espero no haberte buscado ningún problema con ella -dice-. Os he visto discutiendo cuando venía para acá.

Me río para dentro ante su tono de preocupación.

-Tranquila, eso es algo que hace muy a menudo -bromeo para relajar la situación-. Mi hermana es más de ladrar que de morder.

Se ríe. Tiene una sonrisa dulce que se contagia con facilidad.

La verdad es que creo que no entiendo a Anya...

-Por cierto, ¿qué hiciste con las fotos?, ¿No las borrarías, no?

Alza una ceja y me mira con curiosidad.

-No… las tengo guardadas en un disco duro, como te dije.

-¿Y ya las has usado para tu disfrute personal? -pregunto con sorna reproduciendo las palabras que utilizó.

Noto que se sonroja, aunque no sé si es por el efecto del alcohol o por mis palabras. Se lleva la mano a la frente y se muerde el labio inferior mientras me mira cortada.

-Dios, qué vergüenza. Tenía la esperanza de que no te acordaras de aquello.

-¿Cómo iba a olvidarme? No todos los días se oye una frase así…

Se ríe de nuevo.

-A lo mejor te las puedo enseñar cuando las haya retocado.

-A lo mejor me apetece verlas -replico y su sonrisa se hace aún más grande.

Estoy segura de que lo único que me une a Anya ahora mismo es la sangre.

-¡Joder, por fin te encuentro! -grita alguien detrás nuestro.

Ella se gira sobresaltada.

Yo tardo un poco más porque, sin saber por qué, prefiero mirarla.

-¿Raven?, ¿Qué pasa?

Su amiga nos mira con las manos en la cadera mientras recupera el aliento.

-Vaya, no sabía que estabas tan bien acompañada -bromea al verme.

-Raven… -gruñe ella.

-Vale, vale -dice su amiga levantando las manos-. Venía a buscarte. Todos se han ido ya.

-¿Cómo que todos? -pregunto de golpe-. ¿Y Anya?

-Fue de las primeras en irse con Nylan, Nathan…

-Nyko -la corto rechinando los dientes.

-Eso.

-La voy a matar -me levanto de golpe y saco el móvil del bolsillo.

Marco el número de Lincoln mientras comienzo a andar de un lado a otro. No contesta.

-Genial -murmuro.

-¿Qué pasa? -pregunta Clarke.

Vuelvo a llamarle. Sigue sin contestar.

-¡Lexa! -repite.

Me paro y la miro mal por gritarme. Luego guardo el móvil e intento respirar para calmarme.

-Se supone que volvía a casa con Anya y se ha largado -consigo decir-, y Lincoln no coge el teléfono.

-A Lincoln hace rato que le vi desaparecer con Octavia -contesta su amiga-. Pero tranquila, nosotras podemos llevarte -dice con una sonrisa tan grande que no sé si debería preocuparme.

Miro a Clarke. Ella mira a su amiga.

-No -contesto rápidamente. Ambas me miran-. No quiero complicaros. Cogeré un autobús.

-El siguiente no pasa hasta dentro de una hora.

Miro el reloj con la esperanza de que se equivoque. No lo hace.

-Te acercamos nosotras -vuelve a insistir.

Me encantaría poder evitar esta situación pero soy consciente de que es la única alternativa que me queda si no quiero andar durante horas.

-Está bien -suspiro.

Resulta que tienen el coche aparcado a unos veinte minutos de donde estamos, lo que me deja tiempo más que de sobra para planear la forma en la que mataré a Anya. No me puedo creer que se haya marchado sin avisarme, yo jamás la dejaría tirada por muy enfadada que estuviera con ella.

No pienso en otra cosa durante todo el trayecto y no hablo con ellas más que para indicarles por dónde se llega a mi casa. Les pido que paren en un cruce un par de calles antes para andar un rato y llegar despejada y me bajo del coche. Me acerco a la ventanilla del copiloto para despedirme.

-Gracias por… -me quedo muda cuando veo a Clarke.

Se ha quitado el abrigo y lleva un top ajustadísimo que resalta todas sus curvas de una manera exquisita. Y otra vez está ahí el dichoso escote…

Siento que se me suben de golpe a la cabeza todas las botellas de alcohol que me he tomado esta noche y me mareo. Ya no sé ni por qué estaba enfadada.

Un carraspeo me devuelve a la tierra. Su amiga me está mirando con las cejas levantadas.

-Gracias -digo tajante y me doy la vuelta lo más rápido que puedo.

Me alejo sin volver a mirarlas.

¿Qué coño haces, Lexa?


He intentado ser rápida actualizando porque ahora tengo unos días un poco liados y quería al menos dejar cerrado el tema de la fiesta. Intentaré no tardar mucho con el siguiente.

Mil gracias por los comentarios otra vez!