VII
Me levanto en mitad de la noche al oír un repiqueteo en la ventana. Corro la cortina pero no veo a nadie en la calle así que lo ignoro y me giro para meterme de nuevo en la cama.
Antes de llegar a ella lo oigo otra vez. Es un sonido agudo y seco. Creo que alguien ha cogido las piedrecitas del jardín y las está tirando contra ella.
Vuelvo y esta vez abro la ventana para sacar la cabeza. Distingo una figura entre las sombras, agazapada detrás del coche de Titus, pero todavía estoy medio dormida y no alcanzo a ver quién es.
-¡Psst!, ¡Lexa! -dice susurrando.
Reconocería esa voz en cualquier parte y en cualquier momento. Incluso aunque tuviera a cien personas más gritando a mi alrededor solo oiría la suya.
-¿Costia?
Sale de su escondite y por fin puedo verla gracias a la luz de las farolas que iluminan la calle. Lleva un macuto y un saco de dormir echados a la espalda.
-¿Estás lista? El tren sale en media hora, tenemos que irnos.
-¿Ahora?, ¿Pero no nos íbamos mañana?
-¿Qué dices? Llevamos un mes planeando esto, dime por favor que no se te ha olvidado preparar tus cosas -dice enfadada.
-No, no -aclaro rápidamente-. Tranquila, ya bajo.
-¡Que no se te olvide coger el dinero! -me recuerda antes de apartarme de la ventana.
Qué raro… Juraría que habíamos quedado en salir mañana por la noche y no suelo equivocarme con estas cosas.
Por suerte llevo teniendo la mochila preparada en el armario casi una semana así que solo tengo que vestirme en un momento y cogerla.
Salgo de la habitación en silencio y bajo las escaleras lo más despacio que puedo para evitar que alguien se despierte. Cuando ya estoy llegando al final uno de los viejos escalones de madera cruje haciendo que me pare en seco. Me quedo en esa postura unos segundos.
Oigo el reloj de la cocina y los latidos de mi corazón, que parece que quiera salirse por la boca, pero nada más.
Cuando estoy segura de que nadie más en mi casa se ha enterado vuelvo a moverme y sigo bajando hasta llegar a la entrada. Abro la puerta lentamente y cuando estoy fuera la cierro con el mismo cuidado.
Respiro aliviada.
-¿Costia? -me giro para buscarla pero no la veo.
Voy hasta el coche por si se ha vuelto a esconder; lo rodeo, miro por debajo… No está.
-¿Costia, dónde estás? -repito.
Me empiezo a poner nerviosa.
Busco en cada rincón de mi jardín y hasta en el de los vecinos. Tampoco está ahí.
Salgo a la calle y miro por detrás de cada coche y arbusto pero no la veo por ningún lado. De pronto me veo en mitad de la carretera sin saber a dónde mirar ni a dónde ir.
Una lágrima empieza a caer por mi cara.
-Costia… -tengo un nudo en la garganta que me impide decir otra cosa que no sea su nombre.
¿Se ha marchado?
-¡Lexa! -la voz de Lincoln me despierta de golpe-. Apaga esa maldita alarma de una vez.
Me desoriento y durante un instante no sé dónde estoy, pero cuando consigo fijar la vista veo a Lincoln apoltronado en el sillón mirando atontado a la televisión. Me doy cuenta de que me he quedado dormida en su sofá después de comer.
Miro a mi alrededor buscando algún chisme que apagar y al no ver nada dejo caer la cabeza e intento dormirme otra vez. La alarma sigue sonando.
-Hazlo tú -gruño.
-Lo haría encantado pero es tu móvil y lo tienes debajo del culo. No pienso meter la mano ahí.
Me remuevo en el sofá otra vez intentando encontrarlo. Las mantas que me he echado encima se me han enrollado y tengo que quitármelas como puedo hasta que por fin lo veo.
-Joder, qué paz -dice Lincoln cuando lo apago.
Miro la hora.
-Mierda, mierda, mierda -me levanto rápidamente y busco mis zapatillas-. ¿Dónde coño están mis zapatillas?
-Mira debajo de la mesa.
-Joder, podrías haberme despertado antes.
-¿Y para qué te pones entonces una alarma?
-Pues… Me da igual, ya has visto que no me he enterado y tú estabas despierto, o casi -cojo el móvil y mi mochila.
-Eso no es problema mío.
-¿Y mi chaqueta? -digo mirando a todos lados.
-En la entrada, ¿también necesitas que te diga dónde está?
-Vete a la mierda -salgo corriendo.
Cuando llego a la tienda Titus está atendiendo a un cliente y me libro del sermón de turno pero aun así me gano una de sus penetrantes miradas de desaprobación mientras paso por delante del mostrador y me dirijo al almacén.
En realidad llego justo a tiempo para mi turno pero tanto él como Anya parece que tengan una apuesta interna de "a ver quién le hace la vida más imposible a Lexa".
Dejo mis cosas y me tiro sobre el sofá con desgana. Saco el móvil para hacer algo de tiempo hasta que se marche Titus y me toque atender a mí. Tengo un mensaje de un número que no conozco:
Número Desconocido: ¿Lexa? Soy Clarke, sé que esto te va a parecer raro pero el otro día en la fiesta me pareció que fuiste muy amable conmigo y… bueno, me gustaría agradecértelo de alguna manera, si te apetece. Le he pedido tu numero a Lincoln, por cierto, espero que no te importe.
Me empiezo a reír sola mientras guardo su número.
¿En serio esa es su excusa?
Abro la conversación de Lincoln:
Yo: Idiota, ¿le has dado mi número a Clarke?
Lincoln: Sí. Pensé que te alegrarías.
Yo: ¿Y no se te ocurrió avisarme? A lo mejor no me gusta que una desconocida tenga mi número, no sé…
Lincoln: Vete con ese cuento a otra parte que vi como la mirabas el otro día… Y ahora déjame dormir en paz, pesada.
Yo: Que te jodan.
Lincoln: A por ella, tigre ;)
Tiro el móvil al sofá deseando que fuera su cabeza y me levanto para andar un poco antes de decidir qué hacer. Empiezo a dar vueltas por el almacén mientras me rasco la cabeza. En ese momento entra Titus.
-Me marcho -dice con tono serio.
Se pone el abrigo y se me queda mirando antes de salir.
-Espero que cambies esa cara. No hemos vendido mucho esta mañana y no podemos permitirnos espantar a más clientes.
Me muerdo la lengua para no contestarle una burrada y asiento con la cabeza.
Me analiza de arriba abajo con gesto preocupado y abre la boca como si quisiera añadir algo más, pero finalmente no lo hace y se limita a darse la vuelta y alejarse. Le observo hasta que sale de la tienda. No recuerdo la última vez que tuvimos una conversación de más de dos frases.
Entonces se me ocurre algo y voy hasta el sofá para coger el móvil. Abro la conversación de Clarke:
Yo: Tendría que haberte pedido el número la otra noche para evitarnos los intermediarios. Claro que me apetece y ya se me ha ocurrido cómo me lo puedes agradecer. ¿Tienes algo que hacer esta noche?
Oigo que alguien entra en la tienda pero me espero hasta que contesta. Por suerte lo hace pronto:
Clarke: Vaya. ¿Debería preocuparme?, ¿Me vas a obligar a hacer algo en contra de mi voluntad? Esta noche estoy libre.
Me río por su respuesta.
Yo: Espero que no haga falta. ¿Conoces Polaris?
Clarke: ¿La tienda de discos? Sí, solía ir allí con mi padre de pequeña… ¿Por?
Yo: Genial. Te espero ahí a partir de las 9. Toca un par de veces en la puerta cuando llegues.
Clarke: ¿Y no me vas a decir qué es lo que vamos a hacer?
Yo: No. Ya lo descubrirás entonces. Trae cerveza.
Dejo el móvil donde estaba y salgo del almacén.
Hay un niño asomado al mostrador que sujeta un CD de canciones infantiles y una señora mayor a su lado que me mira extrañada mientras me da el dinero para que le cobre. Me doy cuenta de que es porque estoy sonriendo como una idiota.
Este turno se me va a hacer más largo de lo que pensaba.
Tranquilidad que el siguiente no tardará en llegar.
Os veo un poco relajadas en el tema reviews y me gustaría ver más movimiento... más que nada porque es la única manera que tengo de saber si os va gustando o no el desarrollo de la historia. Asi que venga, ánimo jaja
De todas formas mil gracias por leer y por todos los comentarios, favs y follows que he recibido hasta ahora! :)
