VIII

No tenía ni idea de que el tiempo pudiera pasar tan despacio.

Desde que Lexa me ha dicho que quería verme esta noche han pasado varias cosas: primero, he tenido que intentar recordar cómo se respiraba porque he tenido serios problemas para hacerlo; segundo, se me ha hecho un nudo en el estómago que me ha durado toda la tarde; y tercero, e intentado hacer cualquier cosa que se me pasara por la cabeza para que se me hiciera más corta la espera y no me ha servido para nada.

He salido a hacer fotos, me he puesto a estudiar y lo he dejado porque no me concentraba, he intentado ver una película, me he duchado, he salido a correr, me he vuelto a duchar, me he cambiado tres veces de ropa… Y aun así cada vez que miraba el reloj había pasado la mitad del tiempo que me imaginaba, o menos. Hasta que al final he desistido y me he dejado caer sobre la cama a esperar que pasase el tiempo.

No entiendo por qué estoy tan nerviosa… De hecho, creo que no me he puesto así por quedar con nadie en toda mi vida, y eso que solo hemos hablado dos veces. Cuando le mandé el mensaje me conformaba con que no me ignorara o que al menos le apeteciera quedar algún día para tomar algo; ni por asomo me podía imaginar que quisiera verme esta noche. Me ha descolocado por completo y no me suelen gustar las situaciones en las que siento que no tengo el control.

Respiro hondo mientras observo el techo de mi habitación. Cojo el móvil y llamo a Raven, necesito escuchar una voz que no sea la de mi cabeza.

-¿Necesitas ayuda para vestirte? -responde burlándose.

-Eso lo hice hace casi una hora. Ahora solo necesito que me entretengas antes de que me termine de volver loca esperando.

-Madre mía, estás pilladísima por esa tía. Le voy a tener que preguntar su secreto. A lo mejor es el rollo de tía dura, el ceño fruncido, el pelo… O todo junto. Voy a empezar a hacer una lista -sigue bromeando.

-No estoy pillada. Simplemente me ha cogido por sorpresa todo esto, nada más. ¿A ti no te parece raro que quiera quedar así, de golpe? Quizás tenía que haberle dicho que no y haber propuesto otro día…

-Clarke, relájate por Dios. Cuando alguien quiere ver a alguien lo normal es que quede con esa persona. No creo que sea una psicópata por eso…Y si mañana apareces descuartizada entonces sabremos que nos equivocábamos. Te llevaré flores a la tumba todas las semanas, tranquila.

Me echo a reír.

-Conociéndote seguro que me las llevarías de plástico.

-Pues es una opción de lo más respetable -argumenta-. ¿Tú sabes lo caros que son los ramos naturales? Además, así no se estropearían. Es una pena matar a las pobres flores de esa manera…

-No sabía que te preocupasen tanto las plantas.

-Me preocupo por cualquier cosa que me dé menos trabajo -se ríe-. Venga, tranquilízate y ve a por tu novia. No querrás hacerla esperar en vuestra primera cita, ¿verdad?

-Está bien -suspiro-. Pero no es una cita. Y deja de decir que es mi novia. Hablamos luego -cuelgo.

Miro la hora: las 8:05. Vuelvo a respirar hondo antes de levantarme y coger mis cosas para marcharme. Llegaré demasiado pronto, pero por lo menos no me comeré la cabeza entre las cuatro paredes de mi habitación.

Cuando llego a la tienda de discos todavía quedan veinte minutos para las 9, así que decido aprovechar ese tiempo para comprar la bebida en el supermercado más cercano. Antes de hacerlo no puedo resistirme a echar un vistazo a la tienda al pasar por delante de la puerta (desde la acera de en frente, eso sí). Todavía no está cerrada y hay gente dentro.

Busco a Lexa con la mirada y la encuentro hablando con un chico mientras sujeta un CD en cada mano. Parece concentrada mientras habla y él a su vez no deja de mirarla con media sonrisa dibujada en la cara. No sé si estará intentando ligar con ella pero de pronto siento lo más parecido a una arcada y tengo que dejar de mirar y seguir andando para calmarme.

No es normal que me ponga así por alguien a quien acabo de conocer…

En el supermercado me decanto por coger una caja de seis botellas de cerveza. En realidad con los nervios que tengo creo que necesitaría una entera solo para mí pero tampoco quiero presentarme con demasiada bebida y que piense que soy una alcohólica.

Al pasar por el estante de la comida preparada cojo un sándwich para cenar y dudo un instante sobre si coger otro para ella. No tengo ni idea de si habrá cenado o si tendrá planes para hacerlo, y si los tiene, tampoco sé si me incluye a mí en ellos. Al final decido no hacerlo para ahorrarme complicaciones. Tampoco sabría cuál elegir… Lo mismo es vegana y no tendría manera de saberlo.

Me siento en un banco al final de la calle donde está la tienda para comérmelo mientras espero. Desde ese sitio puedo ver perfectamente la puerta y al poco tiempo veo que las luces de dentro se apagan y el cierre comienza a bajar, parándose a la mitad. Compruebo otra vez la hora: las 9 en punto, pero espero otros cinco minutos antes de levantarme por si acaso.

Cuando llego la tienda se ve completamente a oscuras por dentro, excepto por una luz que sale de una puerta entornada al fondo. Cojo aire y meto la mano como puedo por una de las rendijas del cierre para golpear un par de veces en la puerta, que por suerte está cerca, aunque tengo mis dudas de que lo vaya a oír.

No sé cuánto tiempo paso esperando ahí, pero si son segundos a mí me parecen minutos; y si son minutos, me parecen horas.

Me empiezo a poner más nerviosa y como no veo movimiento en el interior saco el móvil para mandarle un mensaje. Habría sido más fácil hacer eso desde el principio…

En ese momento oigo que se abre la puerta y alzo la vista de golpe. Me está observando apoyada en ella.

-Hola.

-Hola -apenas me sale la voz.

-¿Te vas a quedar ahí toda la noche o prefieres entrar? -dice alzando una ceja.

-¿Qué?, ¡Oh! Sí, claro, entro… -paso por debajo del cierre algo avergonzada.

Solo se aparta hasta la mitad para dejar que entre por la puerta, lo que provoca que tenga que pasar muy cerca de ella. Más de lo que me esperaba. Tanto, que tengo que hacer un esfuerzo por intentar no rozarla y aun así nuestros brazos acaban tocándose.

Me duele el pecho de lo fuerte que me late el corazón.

Le da a un botón para terminar de bajar el cierre y echa la llave en la puerta antes de girarse y comenzar a andar hacia el fondo de la tienda.

-Espero que no te tropieces y me tires algún estante -bromea seria al pasar por mi lado.

-Espero que ninguno se me ponga en medio -respondo.

Se ríe, o eso creo. Por suerte la tienda no es demasiado grande y la poca luz que hay es suficiente para iluminarla y saber por dónde ir.

La sigo en silencio hasta que llegamos a la puerta y cuando la cruzo me quedo boquiabierta.

Lo que veo es un almacén bastante amplio con dos zonas completamente distintas: la primera nada más entrar a la izquierda, donde hay una mesa de escritorio llena de papeles, discos de música y un ordenador; la pared tras ella está ocupada por varias estanterías con cajas etiquetadas con números e iniciales. La segunda, la de la derecha, parece más bien una sala de estar que un almacén.

Hay un sofá oscuro que parece bastante desgastado con un par de cojines y una mesa auxiliar a un lado, con un montón de libros. Encima de él la pared está completamente cubierta por carátulas de vinilos de distintas épocas iluminados por una línea de lámparas chinas de papel que cruza la habitación de un lado a otro, dándole a la escena un toque anaranjado tan especial que quita el aliento.

-Guau... -es lo único que consigo decir.

Ella me contempla con una sonrisa de suficiencia sin apartarse de la puerta.

-¿Te gusta? Lo hicimos Anya y yo hace unos años.

-Es increíble.

Me acerco para verlo mejor. Están todos los grandes juntos: Bob Dylan, The Doors, Ray Charles, Janis Joplin… Hay tantos que tendría que pasarme horas para verlos todos. Sonrío cuando distingo entre ellos Songs in the Key of Life, de Stevie Wonder.

-No puede ser. Ese era el disco favorito de mi padre -digo señalándolo-. Lo ponía tantas veces que se le terminó rallando y tuvo que comprar otro. Creo que me sé todas las canciones de memoria.

Se me humedecen los ojos al recordarlo y pierdo la sonrisa. Me aclaro la garganta cuando me doy cuenta pero no puedo apartar la vista del mural.

-Espera, has dicho que lo hiciste con Anya. ¿También trabaja aquí?

-A veces -se coloca a mi lado-. La tienda es de nuestro tío y cuando tuvimos edad de trabajar decidió contratarnos a nosotras en vez de a desconocidos. Desde que no estudio suelo llevarla con él entre semana y Anya los sábados y domingos.

-¿No estudias? -pregunto, aunque ya conozco la respuesta.

Me giro para encontrarme con su mirada. Niega con la cabeza y se aleja para coger un CD de la mesa. Interpreto con eso que no tiene intención de hablar del tema. Vuelve a donde estaba y se agacha cerca del sofá.

-Esas cervezas se van a calentar -dice mientras lo mete en una minicadena y comienza a sonar una música tranquila.

Miro la bolsa que todavía sujeto en la mano.

-Cierto -saco dos botellas pero me doy cuenta de que no tengo nada para abrirlas-. Mierda, ¿tienes un abridor?

-¿Has comprado botellas y no te has asegurado de tener uno? -se echa a reír-. Trae -se acerca hasta mí, saca las llaves del bolsillo y quita las chapas haciendo palanca con una de ellas. Me quedo alucinada por la rapidez con la que lo hace.

-¿Cómo has hecho eso? Yo llevo años intentándolo y nunca me sale.

Se encoge de hombros y me da la mía.

-Paso demasiado tiempo con Lincoln. O él conmigo… Creo que la novia no sabe dónde se ha metido saliendo con él -bromea-. Pero explícame eso de que venías aquí de pequeña. ¿Es verdad? -se lleva la cerveza a la boca y bebe un trago mientras me observa de cerca.

Recuerdo que se lo conté en el mensaje.

-Sí… Cuando hacíamos algún viaje siempre comprábamos varios CDs para no repetirnos y veníamos a esta tienda porque a mi padre le gustaba. Me encantaba trastear entre los discos y encontrar alguno muy antiguo, para mí era como ir a un museo.

Frunce el ceño.

-¿Qué pasa?

-Que me parece raro que no te viera. Yo solía pasar los veranos aquí jugando a que atendía a los clientes y ayudando a mi tío a reponer los estantes.

-A lo mejor lo hicimos y no nos acordamos.

-Lo dudo -contesta tan rápido que me descoloca. Otra vez.

Habla siempre con un tono tan serio que no soy capaz de distinguir cuándo está de broma y cuándo no.

La sigo con la mirada mientras se acomoda en el sofá, apoyando un brazo sobre el respaldo.

-Bueno, cuéntame tu día. ¿Ya te ha pillado alguien más sacándole fotografías? -se burla.

Definitivamente esta chica debería hacerse ver lo de la bipolaridad.

-¿Vas a dejar de recordármelo algún día? -suspiro y me siento en el lado que ha dejado libre mirándola de frente.

-Nunca -sonríe-. Todavía me río sola cuando me acuerdo de tu cara de susto. Tendría que haberte sacado yo la foto a ti.

-Ya, pues yo todavía sufro cuando me acuerdo de tu cara de asesina… Creía que me tirarías la cámara o te pondrías a gritar en mitad de la plaza. No sabía lo que me harías.

Entonces alza la barbilla y, de la misma manera que hizo el día de las fotografías, baja la vista hasta mis labios. Sin embargo esta vez tarda menos tiempo en volver a fijarla en mis ojos y la forma en la que me mira al hacerlo hace que se me seque la garganta.

Bebo para intentar disimularlo pero parece que se da cuenta y hace una pequeña mueca divertida.

-¿Por qué la fotografía? -pregunta seria después de unos segundos.

-¿Te refieres a por qué me gusta?

-Me refiero a que podías haber elegido estudiar audiovisuales o algo por el estilo que la incluye en el programa y tiene más salidas. ¿Por qué decidiste estudiar exclusivamente fotografía?

Me extraño por la pregunta porque hasta ahora nadie me la había hecho. Normalmente todo el mundo asume que haces lo que más te gusta si no te quejas sobre ello.

-En ese tipo de carreras solo se da una fotografía muy básica y cuando exploran algo más se centran en la artística para poder usarla en películas, vídeos o en la publicidad. Lo que yo quiero hacer es fotoperiodismo. Es a lo que se dedicaba mi padre y desde pequeña he querido seguir sus pasos, aunque mi madre no esté de acuerdo -bajo la vista hasta la botella que sujeto entre las manos y juego con la etiqueta-. Murió al pisar una mina cubriendo un conflicto -se me vuelven a humedecer los ojos y sonrío nerviosa sin poder evitarlo.

-Eh, tranquila -se acerca en un gesto rápido y apoya la mano en mi rodilla, acariciándola suavemente con el pulgar. Me pilla completamente por sorpresa pero lo disimulo porque me reconforta que lo haga-. No tienes por qué hablar de ello si no quieres.

Suelto una carajada irónica.

-Debería ser capaz de explicar a qué me quiero dedicar sin tener ganas de llorar, ¿no crees? -digo alzando la vista por fin.

Sonríe y me mira con una dulzura sobrecogedora. Está muy cerca y puedo apreciar de nuevo el verde intenso de sus ojos, aunque las pupilas dilatadas no le dejen mucho margen. Su mano ha dejado de moverse en mi rodilla y casi puedo notar su respiración en mi cara.

Ahora soy yo la que baja la vista hasta sus labios y observo su sonrisa. Ya la vi sonreír de esa manera cuando se sentó a mi lado en la fiesta y escuchó atenta mis palabras. Me gusta que lo haga. Quizás, demasiado.

Vuelvo a sus ojos y le sostengo la mirada porque estoy segura de que es lo único que puedo hacer ahora mismo. Tengo el cuerpo demasiado paralizado como para moverme y todo el mundo sabe que no puedes hablar si te has quedado sin voz.

Después de unos segundos en los que creo que ella tampoco respira aparta la vista y vuelve a alejarse apoyando la espalda en el sofá. Aunque esté más cerca que al principio agradezco que lo haga y vuelva a haber oxígeno entre nosotras, que yo acojo encantada. Descansa la cabeza sobre el respaldo con gesto cansado y cierra los ojos. Al principio aprovecho para observarla, pero después me vuelvo a fijar en mi botella y la muevo entre las manos inquieta.

Permanecemos así durante unos minutos. No es un silencio incómodo, ni mucho menos... Simplemente surge y las dos lo aceptamos. La música de fondo también hace su parte en ello.

-¿Qué es lo que suena? -pregunto en un momento dado.

-Sea Creatures, de SOAK -abre los ojos y gira la cabeza para mirarme-. ¿Te gusta?

-Sí. Me parece preciosa.

Me observa en silencio. Parece preocupada por algo y decido hablar cuando veo que al rato sigue sin decir nada.

-¿Pasa algo?

-Clarke… -murmura. Es la segunda vez que la oigo pronunciar mi nombre y siento que un escalofrío me recorre todo el cuerpo erizándome el vello y se me acelera otra vez el pulso. Suena demasiado bien en sus labios.

Su móvil empieza a sonar antes de que pueda continuar, sorprendiéndonos a las dos. Gruñe mientras lo saca del bolsillo.

-¿Qué? -contesta sin dejar de mirarme.

A los pocos segundos su ceño fruncido da paso a una cara de terror absoluto y sus ojos se tiñen de gris, quedándose rígida como una estatua.


La verdad es que este capitulo me ha costado bastante sacarlo adelante así que espero que al final no haya decepcionado a nadie. Sigue siendo mi primer fic y a veces me estanco...

Me siento mucho más cómoda escribiendo una historia que se cuece poco a poco antes que una frenética, creo que además eso al final se agradece como lector, así que si alguien se esperaba sexo desenfrenado en ese sofá siento decir que se equivoca de historia xD

Muchas gracias por todos los comentarios que he recibido hasta ahora, así me gusta veros! :D jajaja