IX
Contesto al teléfono sin ganas mientras sigo observando a Clarke. No sé quién narices me puede estar llamando a estas horas.
-¿Qué?
-Hola, buenas noches -dice una voz femenina-. Le llamamos desde el Hospital General de Ton D.C., ¿es usted Lexa Woods?
Se me hiela la sangre. Una llamada del hospital nunca puede significar algo bueno.
-Sí, soy yo. ¿Qué ocurre? -contengo el aliento.
-Verá, no se alarme, pero acabamos de ingresar de urgencia a un paciente por fractura de tibia y varias contusiones y usted figura como su único contacto en caso de emergencia. Si no me equivoco su nombre de pila es… -hace una pausa como si rebuscara entre papeles- Lincoln. ¿Son ustedes parientes?
Tardo en entender lo que dice.
Hace mucho tiempo que considero a Lincoln como parte de mi familia. Para mí es como mi segundo hermano, por mucho que algo tan fortuito como la sangre diga lo contrario.
-Sí -contesto. Me da igual lo que opinen después los médicos al respecto.
-De acuerdo. Ahora mismo está siendo intervenido pero no puedo ofrecerle más información, para ello tendrá que acercarse hasta aquí o esperar unas horas.
-¿No puede decirme qué es lo que ha pasado? -protesto.
-Ha sufrido un accidente de motocicleta pero ha llegado consciente al hospital. No tengo más datos de momento, lo siento. Los médicos le informarán de su estado cuando termine su intervención.
-Está bien. Iré ahora mismo -cuelgo.
Me quedo en silencio mirando el móvil mientras intento procesar esa llamada.
-¿Qué ocurre? -pregunta Clarke con tono preocupado.
No contesto. Intento imaginarme el accidente. Lincoln trabaja como repartidor para una pizzería de la ciudad en el turno de noche, pero es un buen conductor y siempre tiene cuidado. Es imposible que haya sido culpa suya…
-Lexa -insiste, sacándome de mis pensamientos.
Debo de tener un aspecto horrible porque cuando la miro parece asustarse, aunque rápidamente se recompone y lo disimula.
-Es Lincoln, ha tenido un accidente con la moto y está en el hospital.
-¿Pero está bien?
-No lo sé, no han querido decírmelo. Solo sé que se ha fracturado la tibia y que le están interviniendo. Tengo que ir -me levanto de golpe y comienzo a buscar mis cosas nerviosa.
-Llamaré a mi madre.
-¿Para qué? -me paro para mirarla confundida.
-Es la directora de urgencias, seguro que ella sabe algo.
-No creo que sea conveniente llamar a la directora de urgencias de un hospital cuando está en mitad de un turno -discrepo-. Me enteraré cuando llegue.
Me observa extrañada durante un segundo pero después asiente con la cabeza.
-Aun así llamaré a Octavia para contárselo. Querrá saberlo y en su coche llegaremos antes que con el autobús…
-¿Llegaremos? -la corto antes de que termine.
-Claro. ¿No creerás que te voy a dejar ir sola?
-No lo sé. No veo necesario que te comas un marrón así por Lincoln si apenas le conoces.
-A mí no me parece un marrón -aclara-, y aunque no le conociese iría por Octavia y por ti… -se calla de pronto y parece sorprendida por sus propias palabras. Yo tampoco me las esperaba-. Lo que quiero decir es que si voy contigo puedo facilitar las cosas y conseguir que te den más información. Todos me conocen allí -termina por decir.
La contemplo en silencio mientras pienso en lo que dice y la verdad es que tiene razón, será más fácil que me hagan caso si voy con la hija de la directora de urgencias.
Además, en el fondo, creo que me sentiré más tranquila si estoy con ella. Estaba disfrutando mucho de su compañía hasta que nos han interrumpido.
-Está bien, como quieras -respondo.
A los quince minutos Octavia ya nos está esperando en la puerta con el coche en marcha.
Rechazo la invitación de Clarke a sentarme en el lugar del copiloto y me acomodo en la parte trasera; es donde me siento más a gusto y donde mejor puedo pensar. Una vez que el coche arranca ninguna de las tres dice nada durante un buen rato. Hay una sensación extraña flotando en el ambiente que hace que las palabras sean totalmente innecesarias.
En un momento dado me fijo en que Octavia está agarrada con más fuerza de lo normal a la palanca de cambios. Tanto que tiene los nudillos completamente blancos y todas las venas marcadas. Clarke también lo nota y comienza a acariciarle la mano con suavidad, rodeándole la muñeca. Permanece así unos segundos hasta que su amiga se relaja y entrelaza los dedos con ella como respuesta.
Me sorprendo a mí misma apartando la vista incómoda. En realidad lo que me molesta no es tanto el gesto de complicidad, sino que la mano que lo recibe no sea la mía…
Sacudo la cabeza. No es el momento para pensar en eso y no tiene ningún sentido.
-Hay algo que no entiendo -dice Clarke girándose para verme-. ¿Por qué te han llamado a ti?, ¿Y la familia de Lincoln?
Octavia me mira un instante por el retrovisor y después vuelve a fijarse en la carretera. Imagino que él ya se lo habrá contado.
-No tiene -respondo-. Sus padres murieron cuando tenía trece años y no le quedan más familiares.
-Vaya, lo siento. No tenía ni idea -nos mira a las dos.
-No pasa nada, no podías saberlo. Me han llamado a mí porque hace más o menos un año nos pusimos el uno al otro como teléfono de contacto para estos casos, aunque nunca imaginé que tuviera que utilizarlo…
-¿Tú también lo hiciste? -se extraña.
-Sí. Confío más en él que en mi propia familia -digo simplemente.
Me mira con interés durante los siguientes segundos. Creo que intenta entender lo que ocurre pero yo aún no tengo intención de hablarle sobre ello ni sobre mi pasado… Sin embargo, cada vez tengo más curiosidad por el suyo. Siento que quiero conocerla y eso es algo que no me pasaba con nadie desde hace mucho tiempo.
No tardamos mucho más en llegar al hospital. Entramos directamente por urgencias y Clarke se adelanta para preguntarle a una enfermera en el mostrador, que la recibe cariñosamente con un abrazo.
Mientras esperamos a que vuelva Octavia y yo no hablamos. Ella pasea nerviosa de un lado a otro con los brazos cruzados y yo me limito a esperar con las manos en los bolsillos. Ambas estamos igual de tensas.
Cuando Clarke se gira para acercarse corriendo nos miramos nerviosas.
-¿Y bien? -dice Octavia.
-Me han dicho que la operación ha salido bien y que parece que no es algo grave. Ahora está en la sala de recuperación despertándose de la anestesia y cuando le suban a la habitación nos lo dirán.
-Menos mal -se lleva la mano a la frente.
Respiro aliviada.
-Sí… También me han dicho que puede que tarden, así que a lo mejor nos viene bien esperar en la cafetería antes de que la cierren.
-Por mí vale, voy a necesitar una tila… ¿Tú qué dices Lexa?
Ambas me miran.
-Sí, claro… vamos. -contesto.
Ya en la cafetería efectivamente Octavia se pide una tila mientras que Clarke compra una botella de agua mineral. Yo no tengo hambre pero insiste en que tengo que comer y me acabo cogiendo una manzana sin muchas ganas.
Nos sentamos en una de las mesas y dejo que hablen entre ellas, a mí no me apetece y tampoco sé qué decir.
Octavia ya está más animada y ha recuperado algo de color en las mejillas. Clarke intenta animarla todo el tiempo acariciándola dulcemente y asegurándole que no va a pasar nada, que no tiene de qué preocuparse.
Me conmueve la manera en la que lo hace y en cierto modo desearía que también lo hiciera conmigo. Echo de menos tener a alguien que me consuele y me dé cariño cuando más lo necesito.
-¿Estás bien? -me pregunta cuando Octavia nos deja para ir al baño-. No has tocado la manzana.
Bajo la vista hasta la pieza de fruta que tengo delante. Está intacta.
-Ya te avisé de que no tenía hambre.
-Pero aún así tienes que comer algo, Lexa.
-Y lo haré, pero cuando tenga hambre -repito.
Suspira.
-Está bien, te la guardaré para luego -la observo mientras la mete en su bolso resignada. Después se me queda mirando otra vez y, aunque duda un instante, pone la mano sobre la mía y la acaricia suavemente-. Lincoln se pondrá bien, no te preocupes.
La miro perpleja. Es como si hubiera podido leerme el pensamiento y de pronto siento que un escalofrío me sube por la espalda.
Abro la boca para intentar decir algo pero no consigo hablar porque me ha dejado sin palabras. Asiento con la cabeza y le devuelvo el gesto acariciando su pulgar con el mío, evitando que aparte la mano.
Nos quedamos así, cogidas por encima de la mesa, examinándonos en silencio.
Me pierdo en el azul de sus ojos… Me gustan. Me gusta la calidez con la que siempre me reciben y me gusta la manera en que me miran; me gusta ver valentía en ellos y tristeza a partes iguales. Creo que nunca me había sentido tan identificada con unos ojos como lo hago con los suyos.
Solo rompe nuestro contacto cuando aparece Octavia de nuevo pero aun así yo continúo observándola. Si hay otra cosa que me gusta de sus ojos es ver cómo los aparta avergonzada. Tengo que conseguir conocer más a esta chica, lo estoy empezando a necesitar…
Subimos hasta la habitación 308 cuando nos avisan de que ahí es donde han llevado a Lincoln.
En cuanto entramos Octavia se abalanza sobre él y empieza a darle besos mientras llora por la emoción y él se echa a reír devolviéndoselos. Clarke y yo nos miramos al verlo y sonreímos instintivamente.
Me acerco al otro lado de la cama y me quedo mirándole hasta que terminan. Cuando lo hacen Lincoln se gira hacia mí y me tiende los brazos divertido.
-Venga, que sé que tú también quieres -dice moviendo las manos.
Intento hacerme la ofendida pero se me escapa la risa y me acerco para abrazarle. Quiero preguntarle por el accidente y saber qué es lo que ha pasado, pero me contengo.
-Imbécil, casi me provocas un infarto.
-Ya será para menos -cuando me aparto se fija en que Clarke está detrás de Octavia y me mira algo sorprendido, pero no dice nada y yo se lo agradezco con media sonrisa.
-Veo que ya has despertado -dice alguien desde la puerta. Una mujer rubia, de estatura media, con el pelo recogido en una coleta nos observa desde ella con las manos metidas en los bolsillos de su bata blanca.
-Hola mamá -Clarke se acerca para darle un beso.
-Hola cielo. He cogido un descanso en cuanto me han dicho que estabas aquí porque habían ingresado a un amigo tuyo… -se dirige hasta los pies de la cama-. Lincoln, ¿verdad?, ¿Cómo te encuentras? -dice estudiando la carpeta que cuelga con sus datos.
-Estupendamente.
-Me alegro. Eres un tipo duro eso está claro… Es increíble que no te hayas roto ninguna costilla y solo tengas varias contusiones leves. Por lo de la pierna puedes estar tranquilo, la fractura no es abierta y con la férula que te hemos puesto seguramente en unas semanas ya te daremos el alta.
-Eso suena muy bien.
-¿Sigues sin poder mover bien la otra pierna?
Lincoln intenta flexionar la pierna que tiene libre pero al poco de levantarla se le comienza a torcer hacia un lado y vuelve a dejarla caer soltando el aire frustrado, arrancándonos a todas una pequeña carcajada.
-Está bien, es por la anestesia -le tranquiliza sonriendo- .Te mantendremos en observación esta noche de todas formas -nos mira a Octavia y a mí y después se gira hacia Clarke-. Bueno, ¿me vas a presentar a tus amigos o no?
-Sí, perdona -contesta un poco azorada-. Chicos, esta es mi madre, Abby. Mamá, ellas son Octavia, la novia de Lincoln, y Lexa. Ella es… -intenta buscar las palabras correctas pero veo que le cuesta.
-Soy amiga de Lincoln -contesto tendiéndole la mano-. Encantada.
-Igualmente -la estrecha algo sorprendida por la seriedad de mi gesto-. Bien, yo me tengo que marchar ahora pero dentro de poco se pasará una enfermera para revisar que todo esté bien. Ahora os toca a vosotras elegir quién se queda a pasar la noche con él, pero por favor tened en cuenta que solo puede ser una persona -dice antes de salir de la habitación.
Octavia y yo nos miramos inmediatamente. Desde que he llegado al hospital he asumido que iba a quedarme a dormir en la habitación y no he caído en que quizás ella también quiera hacerlo. Ni si quiera lo había pensado.
Entiendo su postura pero por mucho que sea su novia desde hace unos meses no creo que eso sea comparable con nuestra relación. Por lo menos la primera noche en el hospital debería de pasarla con su familia y eso, en el caso de Lincoln, se traduce en mí.
Él se da cuenta y rápidamente interviene:
-Octavia, mañana tienes que madrugar para ir a clase…
-¿Y crees que me importa ir a clase mañana? -le corta molesta.
-A mí sí me importa que la pierdas por quedarte aquí toda la noche. Ya has oído a Abby, no hay de qué preocuparse. Podrás venir por la tarde.
Se cruza de brazos y nos mira a los dos en silencio.
-Vale -acaba diciendo-. Pero me avisas si pasa cualquier cosa -me apunta con el dedo-. ¿De acuerdo?
Disimulo una sonrisa por su intento de sonar imponente y asiento con la cabeza.
-Vendré en cuanto salga de la universidad -le da un beso en la frente antes de girarse hacia la puerta-. Clarke, te espero fuera.
Los tres la observamos mientras sale y luego Clarke ocupa el sitio que ha dejado libre al lado de Lincoln.
-Mejórate, ¿vale? -le da un apretón cariñoso en la rodilla y se vuelve para marcharse pero se detiene antes de llegar a la puerta y comienza a rebuscar en su bolso. Saca la manzana que me había guardado y la deja en la mesita que hay enfrente del pequeño sofá, justo delante de la cama-. Para cuando te entre el hambre -dice mirándome, y acto seguido desaparece por la puerta.
Sonrío ante ese detalle tan tonto.
-Me cae bien tu novia -bromea Lincoln-. ¿Me vas a explicar ahora cómo ha aparecido aquí con vosotras?
-No la llames así -gruño-. Estaba conmigo cuando me llamaron del hospital.
Abre los ojos como platos.
-¿En serio?, ¿Has quedado con ella hoy?
-Fuiste tú el que le dio mi número, no sé de qué te sorprendes -miro a mi alrededor. La habitación no es especialmente grande pero tampoco es pequeña y es bastante agradable para ser un hospital.
Aparte del sofá y la mesita hay un pequeño armario al lado de la puerta. Me acerco para abrirlo y encuentro varias perchas vacías, una bolsa con lo que imagino será la ropa de Lincoln y varias mantas. Cojo una y me dirijo al sofá.
-Ya, pero aún así no me imaginaba que te dieras tanta prisa… Quizás es porque ya no estoy acostumbrado a verte ligar -se ríe-. ¿Y qué es lo que habéis hecho?
-¿Y a ti qué te importa? -digo extendiendo la manta y colocando un cojín a modo de almohada.
-Venga, dame un respiro... Que acabo de tener un accidente.
-Y puede que tengas otro si sigues siendo tan pesado -le amenazo.
-Porfa… -pone cara de pena.
Suspiro.
-La invité a venir a la tienda y tomamos unas cervezas en el almacén, nada más.
-¿La invitaste a tu almacén? Vaya, si es casi como tu santuario. No recuerdo que hicieras algo así desde lo de Cost…
-Lincoln -le corto con gesto cansado-, ¿podemos dejar el tema?
-Sí, perdona. Me he pasado.
A los pocos minutos una enfermera entra en la habitación y comienza a revisarle el pulso y las vías. Me avisa de que tendrá que volver cada hora esta noche para asegurarse de que todo va bien y le indico que no me importa, que no se preocupe de si me despierta.
Me acomodo en el sofá y cojo la manzana de la mesa para comérmela. Saco el móvil mientras la enfermera le hace unas preguntas a Lincoln y examina el monitor que marca sus constantes, tengo otro mensaje:
Clarke: Octavia me ha insistido en que te pase su número para que le avises de cualquier cosa. Por cierto, no creas que me he olvidado de que estabas a punto de contarme algo cuando te han llamado esta noche. La próxima vez no te me escapas.
Me río por lo sorprendentemente bien que suena esa última frase. Decido hacerla sufrir un poco.
Yo: ¿La próxima vez?
Clarke: Sí… bueno, si tú también quieres que haya una próxima claro.
Yo: No sé. Es evidente que quedar hoy no nos ha dado muy buena suerte, pero a lo mejor me apetece tentarla un poco más…
Clarke: ¿Eso es un sí?
Yo: Eso es un quizás. Gracias por la manzana de todas formas, estaba muy buena.
Dejo el móvil en la mesa todavía con una sonrisa en la cara.
Cuando nos han interrumpido antes estaba a punto de decirle que me siento extrañamente a gusto cuando estoy con ella; que hacía mucho tiempo que no me pasaba algo así con nadie y que no entendía lo que estaba ocurriendo, pero que me gustaba. Sin embargo, me he mordido la lengua porque tengo miedo de decirle más de la cuenta y acabar espantándola antes si quiera de llegar a conocerla.
Miro a Lincoln, que está peleándose con la almohada para colocársela bien. Odio pensarlo, pero en realidad agradezco que me llamaran para avisarme de su accidente.
