Si Zelda fuera mío el Zelink sería oficial ewe
¡Disfruten!
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Monarca
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Link se miró al espejo tratando de reconocer su reflejo. Vestido con aquel fino y elegante traje, digno del rey que ahora era, engalanando, peinado y con la pieza de joyería sobre su cabeza, no se sentía él; la corona le pesaba. Por muy erguido que su cuello se mantuviera y la vista estuviera siempre en la misma dirección, hacia adelante, de la misma forma en la que debía de conducir a su reino.
El muchacho ni como príncipe ni ahora como máxima autoridad de Hyrule entero, se sintió alguna vez dueño de algo, creía firmemente en la convicción de que todo cuanto había era parte de cada uno de sus habitantes y estaba en la disposición de cada uno cuidarla y usarla como viera conveniente, mientras él velaba por su protección y los guiaba por la mejor senda.
Aun así, muchas veces se sentía inseguro.
No tenía muy claro desde qué momento comenzó, pero de alguna forma la incomodidad y el sentimiento de estar fuera de lugar siempre estaban presentes, sin importar que su vida siempre se hubiese desarrollado dentro de las paredes del palacio, en aquellos muros fríos en donde fácil era perderse y la soledad atacaba la conciencia.
Link simplemente no estaba hecho para la vida de un rey ni para conducir una nación, o para ser inmensamente juzgado por una sociedad que lo envidiaba, que lo estaba acechando constantemente. Dentro de él existía un ferviente deseo de libertad, por mucho que amara "su" reino, pero de una forma distinta a la de cualquier monarca.
Mas aun, algo había sucedido el mismo día de su coronación.
Era tradición desde hace algunos siglos que alguien entre los plebeyos fuera quien colocara aquel símbolo de compromiso con el pueblo sobre la cabeza del nuevo rey, esta vez no fue la excepción. No tenía idea de quién había escogido a la persona, pero el joven creía que no pudieron haber hecho mejor elección.
Tenía muy bien grabado su rostro.
Verla fue como despertar, no existía mejor forma de definirlo. La muchacha destilaba sabiduría de su ser, poseía los ojos de alguien con grandes conocimientos, el saber estaba presente en ella. Y él con solo mirarla una vez, supo que conocerla era lo único que necesitaba, como si todas las respuestas estuvieran en ella.
Nunca vio a nadie tan bella: piel pálida e impoluta, cabello rubio, sedoso, labios de bonita forma, apetecibles y tentadores, contextura y facciones finas, curvas discretas y un aura que se le hacía conocida, sin importar el hecho de que era la primera vez que la veía, al igual que ella a él.
Se llamaba Zelda y poseía el nombre de las reinas de antaño, aquello fue lo único que supo a boca de la muchacha, antes que a él se lo devorara la multitud y ella se perdiera entre la gente, lejos de su mirada y su curiosidad insaciable por la joven.
El pensamiento estaba adherido a él: Zelda tenía la imagen de una verdadera reina, no como él, quien era demasiado inseguro, en cambio ella se veía tan portentosa, exigía atención con su propia presencia y emanaba fuerza, de la misma forma que alguien que sabía mucho y había conocido el mundo de una forma distinta a todos los reyes y reinas que había tenido Hyrule a lo largo de su historia.
Ella era distinta y aún así se sentía completamente seguro de la sabiduría que emanaba de su persona.
Una vez más miro la corona, pensó en lo bien que se le vería a Zelda.
...
Esto es una probada de un fic que tengo planeado hacer a futuro, espero les haya gustado esta pequeña "innovación".
Como ya viene siendo de forma recurrente, para esta ocasión tenía planeado algo más, pero como el resultado final no me convenció (ni la calidad de este) terminé por escribir ayer el que ahora ven.
Muchas gracias a todos por sus comentarios, no saben cuanto lo agradezco, en serio me suben el animo y me motivan a esforzarme más :)
¡Nos leemos en el siguiente!
