Si Zelda fuera mío haría un juego en donde el villano ganara.
¡Disfruten! ^^
XII
Bestia
...
La muchacha se agachó, colocándose de cuclillas en un movimiento brusco y repentino, ignorando el dolor y el tronido de sus articulaciones ante la acción. Trató de hundirse lentamente entre los arbustos, muy sutilmente, para que el murmullo de las hojas no la delatara ante su perseguidor. Por suerte para ella, el viento parecía estar a su favor, soplaba fuertemente y silbaba con fiereza al rozar con sus oídos, demostrando su fortaleza y ayudándola a camuflarse, ahogando los sonidos y llevándose consigo su aroma característico.
La bestia lo reconocía, lo tenía muy bien grabado, pero las ráfagas lo confundían.
El crujir de una rama disparó nuevamente los latidos de su corazón desbocado. Zelda abrió los ojos como platos, el sudor bajaba desde las sienes, gotas frías que perfilaban su rostro hasta llegar a su mentón y caer finalmente, como suicidándose.
Rogó mentalmente: Diosas, protéjanme. Era inútil, los rezos no calmaban su nerviosismo ni el temor asentado en su pecho, que le recorría hasta el estómago y causaba constantes escalofríos en su espalda.
Una nueva ráfaga cruzó por sus orejas hylianas, la joven alzó la mirada, se había acostumbrado a la oscuridad, las punzadas de miedo habían acrecentado sus sentidos y su vista era mucho más nítida. Sin embargo, no estaba preparada para que la luz de la luna se le fuera negada. Las nubes decidieron ocultarla y así privarla de su escasa claridad. Ahora no podía ver absolutamente nada.
El sutil resonar de unos pasos ligeros, ahogados por el césped, la trajo de nuevo a la realidad. No comprendía cómo podía estar atenta a sonidos que en otra situación hubieran sido invisibles a su audición, pero ahí estaban, claros. A decir verdad, probablemente no sería esto lo que le indicaba el movimiento a su alrededor, sino más bien la sensación de estarse sintiendo observada, acechada, cazada.
Zelda debía actuar rápido, de forma inteligente y efectiva, sino, estaba segura que no saldría viva del sitio. Hasta el momento se las había arreglado para lograr escapar, pero el miedo podía más que su mente, y sin quererlo terminó por arrinconarse. Luchar no era una opción: desarmada y débil no tenía oportunidades contra el lobo, quien la perseguía con notable intención de atacarla.
Anteriormente, escasos minutos antes de la persecución, todo parecía bien y tranquilo, el bosque parecía estar sumido en su parsimonia habitual. La muchacha caminaba distraídamente entre los troncos, con la vista hacia el cielo nocturno y dirigiéndose hasta su hogar.
Fue entonces que la situación dio un vuelco, y antes que pudiera detener sus pasos sintió el tacto de un pelaje mullido, suave incluso, la respiración acompasada, como un gruñido sofocado, seguido de un aliento cálido y el contacto con una figura redonda, fría y húmeda, parecida a la nariz de un perro.
En la actualidad los mismos ojos zarcos la recibían entre la oscuridad, la miraban con hambre y el deseo de tirársele encima, de darle un mordisco.
Zelda ahogó un grito de pánico en su garganta, el corazón se le había paralizado, su respiración era nula, su cuerpo estático, pero preparado para arrancar ante el menor movimiento. Estaba agotada, pero era astuta.
El lobo se agazapó sobre sus patas y antes que la joven pudiese siquiera levantarse, ya se le había lanzado encima, aprisionándola contra su cuerpo, gruñendo, sus garras aprisionando sus hombros, mostrando los dientes y con la mandíbula bien abierta, listo para dar una rápida mordida y acabar con su presa.
La bestia decidida a atacar acercó sus fauces directamente hacia el cuello de Zelda, mas aun éstas fueron recibidas por el puño de la muchacha, seguido de un patada que logró apartarlo levemente, lo suficiente como para liberarse.
El animal retrocedió adolorido, quejándose, las punzadas lo hicieron reaccionar. Zelda pudo verlo claramente, como la conciencia regresaba a sus pupilas. No podía ver casi nada, pero sabía que la bestia ya no estaba tras de ella, un resquicio de lucidez se asomaban por ellos.
Era ahora o nunca.
Un nuevo golpe fue la abertura hacía el escape, dio un último vistazo antes de emprender una nueva carrera y perderse entre los árboles, mientras el lobo continuaba estático y sin lograr reaccionar del todo.
Interiormente Link agradeció haber recobrado la conciencia en aquel último momento, aun así, algo dentro le decía que Zelda pudo haber sido el mejor bocado que haya probado en su vida.
Era una lástima.
...
Pues esto ha sido parte de un nuevo experimento, espero que haya quedado lo suficientemente bien, en mi caso estoy conforme, pero siento que la idea resultó bastante pobre. No he podido escribir como he querido.
Chicos, muchas gracias por todos sus comentarios, ya casi son 50, en serio estoy feliz por esto :)
Espero que la inspiración para el siguiente este un poco más colaborativa.
¡Nos leemos en el siguiente!
