Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, solo la trama es mía.


-Capítulo 1-

Verano del 2013

Me avergonzaba admitirlo, pero apenas conocía a mi nieto. Hacía unos seis años que no le veía y lo cierto era que no había hecho nada por remediarlo, por lo que no me extrañaría que el crío me lo terminara echando en cara. Mi hijo Liam, su padre, hablaba conmigo una vez a la semana, pero jamás me ponía a Ben al teléfono y yo tampoco se lo pedía. Sin embargo, cuando la semana pasada me llamó y me pidió que me quedara con él durante unos días… no pude decirle que no. Se trataba de mi nieto, mi único nieto hasta el momento, y aunque no le conocía demasiado, sentía que era mi deber cuidar de él.

Mi nuera Emmeline iba a pasar esa semana en Texas cuidando a su madre que se encontraba ingresada en el hospital, y mi hijo estaría en Boston por un tema del trabajo. Mi otra hija, Claire, se iba de viaje a Londres con su marido, y el pobre Ben no tenía con quién quedarse, por lo que Liam pensó en dejarle conmigo. Sabía que mi nieto no me molestaría, pero seguramente se le haría extraño pasar unos días con un hombre al que apenas conocía, por mucho que ese hombre fuera su abuelo. Además, tenía que reconocer que Montauk no era el lugar más divertido del mundo, sobre todo después de haber vivido toda tu vida en Nueva York. También lo decía por experiencia, pues cuando Alice y yo nos mudamos desde Nueva York a Montauk notamos mucho el cambio, pero por entonces ya teníamos casi sesenta años los dos y necesitábamos algo de tranquilidad.

Me puse en pie, pues llevaba casi una hora sentado en mi sillón predilecto, y me dirigí a la estantería situada sobre la chimenea apagada donde tenía una gran cantidad de marcos con fotos. En todas ellas estaba Alice; en algunas aparecía sola, en otras conmigo, con los niños e incluso con Ben cuando todavía era un bebé. Tenía muchísimas fotos de mi esposa, pero en esa estantería tenía las más especiales… sin contar las que guardaba en el desván. En el altillo tenía una caja donde atesoraba y atesoraría las fotografías que Alice y yo nos hicimos cuando empezamos a frecuentarnos en 1969, así como las fotos promocionales y todo lo relacionado con el grupo de música del que había sido miembro durante casi nueve años (del 1963 al 1972): Inequals. Hacía años que no revisaba nada de aquello, desde que mi Alice murió siete años atrás, y había pensado hacerlo pronto pero siempre acababa posponiéndolo temiendo no ser capaz de soportar el dolor.

No podía negarlo, los 60 habían sido una buena época a pesar de todas las dificultades que pasé tanto profesional como personalmente. Se podía decir que había vivido plenamente la era dorada de la música y me había incluso aprovechado de ella, además de haber hecho amigos a los que terminé considerando hermanos y de haber conocido al amor de mi vida. Lo cierto era que no podía quejarme, pero en aquel instante en el que me faltaba Alice sentía que una parte de mí muy importante se había desvanecido con ella.

Desvié mis pensamientos de nuevo hacia mi nieto Ben, nervioso y ansioso por tenerlo bajo mi techo. En cinco días iba a pasar con él casi una semana, y ya se me había olvidado cómo tratar con adolescentes. Liam tenía casi cuarenta y tres años, y Claire treinta y ocho… hacía mucho tiempo que habían dejado atrás la pubertad, y cuando ellos la habían pasado yo era un hombre más joven y vital. Con setenta años no es que me hubiera convertido en un abuelo decrépito, pero me cansaba más fácilmente y no tenía tanta energía como antaño.

No obstante, lo que más me preocupaba era toparme con un muchacho que no quisiera saber nada de mí porque apenas había mostrado interés en él. Claro que le quería, ¿cómo no iba a hacerlo? Pero la última vez que le vi tenía seis años… En aquel instante tenía doce. Ya no era un niño, pero tampoco era un adulto. Temía no saber cómo tratarle y conseguir que esos días fueran un infierno para él, pues eso no era lo que quería. Me gustaría poder acabar manteniendo con Ben una relación abuelo-nieto como la de casi todo el mundo, pero era consciente de que sería difícil.

Cuando Alice murió temí venirme abajo y no ser capaz de continuar solo. Mis hijos ya tenían su vida hecha y yo no quería convertirme en una carga para ninguno de ellos, por lo que preferí mantenerme un tiempo en la que había sido mi casa y la de Alice en Montauk, pero ese tiempo terminó convirtiéndose en años. Mi hija Claire solía venir a visitarme con su marido Elliot, y a pesar de que Liam y Emmeline también habían venido en alguna ocasión, no habían traído con ellos a Ben. Sabía que yo también podría haberme desplazado desde Montauk hasta Nueva York, pues eran menos de tres horas en coche, pero se me hacía difícil. Esa ciudad me traía muchos recuerdos de juventud, sobre todo con Alice pero también con Edward y Emmett, mis compañeros de grupo. No eran recuerdos malos, pero no sabía si estaba preparado para enfrentarme a ellos todavía.

Sujeté en mis manos uno de los marcos de fotos que tenía en la estantería, uno que contenía una fotografía en blanco y negro de mi esposa sentada en una silla al lado de una ventana, observando fijamente el exterior con el semblante pensativo. Recordaba perfectamente el momento en el que le hice esa fotografía; en junio de 1970. Suspiré y, tras acariciar con mis dedos la imagen de una Alice joven, lo volví a dejar donde estaba.

Por lo pronto me contentaría con ser capaz de ganarme la confianza de mi nieto y de terminar de pasar los días con él habiéndome convertido, de verdad, en su abuelo.

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Mamá se había marchado a Texas esa mañana, y papá me llevaba a Montauk en coche para después volver a Nueva York otra vez y tomar por la tarde un avión que le llevaría a Boston. Miré el reloj de mi móvil y vi que ya eran las diez y media, por lo que en menos de treinta minutos estaría en casa de mi abuelo. Puse los ojos en blanco sin que mi padre me viera y me hundí todavía más en el asiento del copiloto, harto de aquella situación que no había hecho más que empezar.

—Ben, sé que no estás muy conforme con tener que pasar estos días con el abuelo, pero así podréis conoceros mejor y… —también estaba harto de esa frasecita, por lo que interrumpí las palabras de mi padre:

—A lo mejor no quiere conocerme.

—Por supuesto que sí. Eres su único nieto.

—Pues no ha sido capaz de venir a vernos en estos últimos años.

Mi padre suspiró sin apartar la mirada de la carretera.

—Lo sé. Pero es un buen hombre, Ben, te lo aseguro. Estoy convencido de que pasaréis unos días geniales.

—Sí, con lo divertido que es Montauk.

—El abuelo encontrará algo para que hagáis juntos.

—Mientras no se ponga a contarme batallitas…

—Oye, pues a mí me encantaba escucharle hablar de su época roquera.

Fingí que me reía y después resoplé.

—Ya ves tú qué clase de roquero sería.

—Vivió en la época de los Rolling Stones y de The Beatles, así que cuidado con lo que dices.

—Bueno… esos grupos están bien —me encogí de hombros—. Pero el abuelo nunca llegó a ser como ellos. Ni siquiera se les acercó.

—No te creas, Inequals tuvo su época de éxito. De mucho éxito.

— ¿Inequals? ¿Así se llamaban?

—Sí. Tengo todos los vinilos en casa, ¿no los has visto?

—No. Tampoco es que me interese, pero…

—Pues debería. Es la historia de tu familia paterna.

Rodé los ojos y jugueteé con el cinturón de seguridad solo para no tener las manos quietas.

— ¿Eran buenos? —me interesé, pues a pesar de todo me gustaba pasar tiempo a solas con mi padre y hablar con él. Era un hombre muy interesante aunque casi siempre estuviera ocupado trabajando.

—Oh, sí. No tanto como los Rolling o los Beatles, claro, pero se puede decir que sí.

— ¿Y la abuela Alice?

— ¿Qué pasa con ella?

— ¿También era cantante?

Mi padre se rio entre dientes y negó con la cabeza.

—No. Era periodista y fotógrafa.

—Ah.

Me habría gustado seguir hablando con él, pero cuando vi la costa de Montauk al otro lado de la ventanilla del coche se me revolvió un poco el estómago. No sabía qué esperarme de mi abuelo, ni siquiera estaba seguro de cómo era físicamente, pero cuando mi padre aparcó el coche frente a la casa blanca de dos pisos que se encontraba solo a unos doscientos metros de la playa, ni siquiera me importó.

—Bueno, ya estamos aquí —anunció quitándose el cinturón y saliendo del vehículo. Al ver que yo no me había movido de mi asiento rodeó el coche y abrió la puerta del copiloto—. Vamos, Ben.

Tragué saliva y, lentamente, me quité el cinturón de seguridad y salí del coche sintiéndome, sin saber por qué, desprotegido. Me metí las manos en los bolsillos y caminé detrás de mi padre arrastrando los pies, esperando a que sacara del maletero la pequeña maleta que me había llevado. Se me detuvo el corazón en el pecho durante un instante cuando la puerta de la casa se abrió y apareció por ella un hombre alto, más alto de lo que me había esperado, y con el semblante algo serio.

—Hola, papá —lo saludó mi padre sonriendo mientras yo intentaba, inútilmente, intentar que mi abuelo no me viera. No sabía por qué me estaba comportando como un bebé pero sentía que no podía evitarlo.

—Hola, Liam.

La voz grave de mi abuelo me sobresaltó, y cuando lo vi caminando hacia mi padre para fundirse con él en un abrazo di varios pasos hacia atrás, dejándoles espacio. Estuvieron unos largos segundos abrazados mientras se palmeaban la espalda, y yo no saqué mis manos de mis bolsillos en ningún momento.

— ¿Cómo estás? —le preguntó mi padre más feliz de lo que le había visto últimamente, cosa que me sorprendió mucho.

—No me puedo quejar, aquí estoy muy tranquilo.

—Desde luego —me tensé cuando mi padre me miró y, tras cerrar el maletero del coche, se acercó a mí—. Aquí tienes a Ben.

Mi abuelo caminó hasta que estuvo frente a mí y yo aproveché para mirarle con detenimiento. Sí que era alto, y desde luego no aparentaba la edad que yo suponía que debía tener. Parecía lleno de vida aunque en su rostro hubiera arrugas y su cabello fuera blanco, pues caminaba con paso seguro y ni siquiera andaba encorvado como yo me había imaginado. Además daba la sensación de estar bastante en forma, por lo que no era el abuelo decrépito que había creado en mi mente.

—Hola, Ben. Me alegro mucho de verte —me dijo sacándome de aquella ensoñación en la que me había metido—. Has crecido mucho.

—Sí —fue lo único que atiné a decir.

Al ver que no me movía, mi abuelo se limitó a tenderme su mano (agradecí que no hiciera el gesto de abrazarme), por lo que lentamente se la estreché, sintiéndola cálida y fuerte contra la mía.

—Ha pegado el estirón desde que lo viste por última vez —intervino mi padre acariciándome el pelo, pero yo aparté la cabeza. Qué manía tenían todos de hacer ese gesto.

—Ya lo veo. La última vez que te vi eras un renacuajo.

—Pues ya no lo soy —musité volviendo a meterme las manos en los bolsillos.

Mi padre me fulminó con la mirada por esa respuesta tan cortante, pero mi abuelo se limitó a reírse entre dientes.

—Vamos dentro, he comprado refrescos y bollos.

Recogiendo mi maleta del suelo, mi abuelo se dio la vuelta y se encaminó hacia dentro de la casa. Mi padre me dedicó una mirada de advertencia antes de instarme a caminar detrás de mi abuelo, y una vez estuvimos dentro de la casa me tomé mi tiempo para echarle un ojo. Por dentro era más amplia de lo que parecía por fuera, y por lo menos el vestíbulo y el salón eran acogedores aunque, para mí, decorados de manera algo anticuada. La mayoría de los muebles eran de madera, pero estaban limpios y se veían bien cuidados, además de que había mucha iluminación natural. En la estancia había una chimenea apagada y, encima de esta, una estantería llena de fotografías que en un primer momento ignoré. Lo que más me llamó la atención en un principio fue que por lo menos mi abuelo tenía una televisión de plasma en el salón, así que no todo estaba perdido aún.

— ¿Qué os apetece tomar?

—A mí un refresco me vendrá muy bien, tengo mucha sed —le respondió mi padre sentándose en el sofá de tres plazas cubierto con una funda de color amarillo cálido—. ¿Quieres algo, Ben?

—Un refresco, también.

—Ahora os lo traigo, pues —nos dijo mi abuelo yendo, supuse, hacia la cocina.

Me senté pesadamente al lado de mi padre y resoplé.

—Aquí vas a estar muy bien, ya lo verás —me dijo él dándome un golpecito en el brazo con su hombro.

—Ya estoy echando de menos Nueva York.

—Intenta poner de tu parte, Ben. No quiero que hagas sentir mal al abuelo así que, por favor, sé amable con él.

—Lo intentaré.

El aludido volvió al salón con tres refrescos y un plato con tres bollos cubiertos de mantequilla por si se nos abría el apetito. Y lo cierto era que yo estaba hambriento, por lo que cuando dejó el plato en la mesita que había frente al sofá, no pude evitar coger uno.

—Me alegro mucho de que hayáis venido, tenía muchas ganas de veros —comentó tras sentarse en el único sillón que había en el salón.

—Nosotros también. Hacía mucho que no nos veíamos, papá.

—Casi un año.

—Sí. Siento haber tardado tanto, pero…

—No te preocupes, hijo. Tú tienes tu vida en Nueva York, tu trabajo, tu familia… Yo aquí estoy muy bien —le aseguró el abuelo a mi padre, y yo me alegré en silencio de que no pareciera guardarle rencor por no visitarle. Pero él tampoco nos visitaba a nosotros nunca.

—Me alegro de oírlo. Parece que te las apañas bien solo.

—La verdad es que sí. Tu madre se encargó de no ser nunca una ama de casa, así que ambos tuvimos que poner de nuestra parte para que esta estuviera en condiciones. Y parece que lo terminamos consiguiendo.

Mi padre se rio entre dientes aunque con una sonrisa triste en el rostro ante el recuerdo de su madre. Escuché en silencio la conversación amigable que mantuvieron durante unos cuantos minutos mi padre y mi abuelo sin pensar demasiado en los días que tenía por delante… Porque sentía que terminaría amargándome si lo hacía.


Buenoooo, ya se han vuelto a ver, y ya véis que Ben es un hueso duro de roer, jajajaja. En el siguiente capítulo veremos un poco más de su relación y sabremos algo del pasado de Jasper. Además, en el próximo cap os explicaré algo sobre cómo decidí escribir esta historia, porque quizá hay cositas que desentonan un poco, pero lo sabréis el martes ;) ¡Ah! Y que muchas gracias por los primeros reviews, alertas y favoritos a esta historia, sabéis que me hacéis muuuuuuy feliz.

Y antes de marcharme quería decir una cosa que no tiene nada que ver con este fic. Ayer recibí un review en el primer capítulo de mi fic Something de una usuaria llamada yuukychan que me dijo que había leído esa misma historia antes con Edward y Bella como protagonistas. No sé si me lee a menudo, me parece que no, pero como no puedo responderle de otro modo que no sea así porque no estaba registrada, desde aquí le digo que no creo que sea posible porque Something es una invención mía, que no la copié ni plagié de nadie, y si lo hubiera hecho habría dado el crédito pertinente. De todas maneras, si es verdad que hay una historia similar o igual que la mía me gustaría saberlo para así comparar y ver qué sucede. Perdonadme por este parrafón pero no veo otro modo de ponerme en contacto con esta chica.

¡Espero que os haya gustado mucho el capítulo de hoy! ¡Nos leemos el martes! Xo