Si Zelda fuera mío no estaría aquí.
¡Disfruten!
XIII
Compañía
...
Zelda durante su vida había sido al igual que el viento primaveral: fresca, cálida e irremplazable. No había nadie como ella, nadie que pudiera ocupar su sitio, ni lograra llenar ese hueco en el corazón del hylian, aquel sitio en donde él la tenía presente.
Los primeros años tan solo eran unos niños, quienes jugaban a ser grandes guerreros y reconocidos aventureros que descubrían los misterios de aquella tierra. Niños que crecieron para dejar los juegos de lado y dar paso a las inseguridades y complejos de la adolescencia, donde el cariño se transformó en gusto.
El cambio para Link fue radical y muy significativo, ya no podía ver a su amiga simplemente como eso. Con ella algo similar ocurrió. Al final ambos eran un par de jóvenes atolondrados y enamorados del otro sin saberlo, evitando mirarse a los ojos e ignorando las mariposas en el estómago.
El gusto pasó a ser amor.
Un día simplemente ocurrió, racionalizó todos aquellos pensamientos agolpados en su cabeza y producidos por ella, estaba perdido, con la vista en el cielo y el corazón junto a ella. Desde entonces no se había apartado, encontró su lugar a su lado. La amaba tanto.
Viendo correspondido aquel amor, antes gusto e inicialmente cariño, pasó por otra transformación: ya no se trataba de las palabras que pudieran dedicarse o las promesas de amor eterno, ni las largas charlas o canciones susurradas al oído, sino las demostraciones físicas de su amor.
Transcurrió bastante antes de poder dar con la forma exacta en la que le gustaba que jugara con sus labios y un poco más para acostumbrarse al cuerpo del otro, como dormir juntos sin molestarse o acostumbrarse a la vista de su cuerpo desnudo, conocer cada centímetro de su piel y encontrar cada lunar o cicatriz. La manera como le gustaba que jugara con su cabello y perderse en sus ojos cada vez que la observaba, encontrar la posición indicada al igual que la manera de que reaccionara, de envolver sus cuerpos y hacerla despertar.
Zelda fue la mejor de sus investigaciones, con su cabello dorado; luces que lo hacían perderse en ese mar de destellos y ojos como lagunas, con su comprensión y paciencia absoluta, su sabiduría, la facilidad para sacarle palabras y hacerlo reír hasta las lágrimas o consolarlo, al igual que una madre a su hijo, entregarle palabras dulces, darle el mejor consejo en el momento indicado y darle a saber que quería ser mejor y más capaz solo por ella.
Link no se imaginaba sin Zelda.
Había sido toda una vida juntos.
Actualmente su ausencia lo estaba matando lentamente.
La muerte para Zelda había sido lenta y silenciosa, como una flor que comenzaba a marchitarse, disminuyendo su color mientras sus pétalos se secaban y día a día caían. Una mañana simplemente no pudo abrir sus ojos y aquella brisa primaveral que representaba su vida terminó por extinguirse.
Su cuerpo yacía frío en la cama que compartieron después del matrimonio, tenía el semblante tranquilo, se veían tan hermosa como siempre, parecía dormir. Link solo se dio cuenta hasta que posó su oreja en su pecho y no escuchó los latidos de su corazón. Se quedó así un buen rato, todo este tiempo había dormido acurrucado junto a su pecho.
Hoy se sentía cerca de ella, era un buen día para reunirse.
La brisa primaveral soplaba a la distancia y un hijo visitaba la tumba de sus padres.
...
Espero al menos les haya causado tristeza, estoy intentando con nuevos géneros.
No tengo mucho que decir, además de agradecerles a todos ustedes por sus comentarios de apoyo y también a los que siguen y han dejado en favoritos esta historia, sino fuera por ustedes ya lo habría dejado.
¡Nos leemos en el siguiente!
