XIV

Lexa conduce rápido de camino a su casa.

Permanece callada todo el tiempo mientras mira concentrada a la carretera y yo me limito a observarla de reojo de vez en cuando porque no creo que sea el momento de forzar una conversación.

El único instante en el que se permite desviar la vista es cuando un semáforo tarda más de la cuenta en volver a ponerse en verde y me ofrece una pequeña sonrisa al notar mi mirada persistente sobre ella.

Es un lapso de tiempo que no dura más de un segundo ya que inmediatamente después vuelve a mirar al frente, pero es el suficiente para que pueda percibir la preocupación que reflejan sus ojos y que intenta ocultar. Con ello demuestra lo mucho que le importa su hermana y siento ganas de preguntarle qué es lo que ocurre entre ellas pero me contengo.

Cuando llegamos y nos montamos en el ascensor para subir a su piso no puedo evitar tensarme, nunca he estado en casa de Lexa y la verdad es que esta no es la manera en que me hubiera gustado que sucediera…

Me coge de la mano mientras mira fijamente a las puertas esperando a que se abran. No tengo muy claro si lo hace como un gesto de cariño, si con ello intenta transmitirme confianza para lo que va a venir o si en realidad lo que quiere es mentalizarse ella misma. Creo que es una mezcla de las tres cosas.

Al abrirse el ascensor dejo que me guíe por el pasillo hasta que llegamos a su puerta y me suelta.

Introduce la llave y se detiene un instante para mirarme de reojo, después creo que suspira ligeramente antes abrirla.

Su apartamento no es muy grande, de hecho, parece más bien el apartamento de alguien soltero adaptado para varias personas. Da la sensación de que los muebles aprovechan cada pequeño espacio que pueden tomar y el ambiente queda algo recargado.

-¿Titus? -pregunta al aire una vez que las dos estamos dentro pero no se oye nada-. Creo que no está.

La sigo cuando camina hacia un pequeño pasillo con varias puertas cerradas y toca con los nudillos en la segunda de ellas.

-Anya, soy yo -intenta mover el pomo pero está bloqueado-. Vamos, quita el pestillo para que pueda entrar.

Pasan unos segundos en los que no oímos ninguna respuesta pero ella continúa mirando a la puerta.

Cuando ya empiezo a pensar que nadie va a contestarle suena el pestillo al girarse y resopla aliviada. Me dirige una última mirada antes de girar el pomo.

Anya está tumbada boca abajo en una cama individual pegada a la pared y no se gira para mirarnos cuando entramos. Permanece abrazada a la almohada rodeada de pañuelos usados.

Lexa suspira.

-Madre mía, mira cómo tienes todo esto… -dice recogiendo los papeles y tirándolos en la basura. Después se sienta a su lado en la cama.

Yo prefiero quedarme en la puerta.

-¿Cómo estás? -le pregunta.

-Mal -gruñe Anya y comienza a sollozar.

-Eso ya lo veo -coloca la mano en su espalda y la acaricia con ternura. Me enternece verla tener ese gesto con ella-. ¿Por qué no me cuentas lo que ha pasado?

-Se ha acabado, Lex… Me ha dicho que no puede más, que está cansado de discutir, que he cambiado, que siente que no avanzamos… -se incorpora y cruza las piernas hundiendo la cabeza en sus manos-. ¿Cómo puede decirme que no avanzamos? Si incluso teníamos planes para irnos a vivir juntos en unos meses… -se le corta la voz y comienza a llorar.

-¿Te ibas a marchar? -pregunta Lexa desconcertada.

-Sí -levanta la cabeza para mirarla-. Te lo quería contar pero no encontraba el momento… Nunca hablamos. ¿Por qué ya no lo hacemos? Dios, Lex, lo siento tanto… -se agarra a su camiseta y hunde la cabeza en ella, llenándola de lágrimas mientras Lexa la acoge en su pecho.

-No pasa nada, no tienes que pedirme disculpas.

-Sí, sí que tengo que hacerlo… Soy una persona horrible… -llora aún más fuerte.

Arrastra las palabras cada vez que habla, como si le costara mucho esfuerzo pronunciarlas.

Al principio creo que solo es una impresión mía y lo atribuyo al llanto, pero cuando Lexa me mira y frunce el ceño sé que ella también se ha dado cuenta de ese detalle.

-¿Has bebido?

Anya continúa llorando en su pecho sin contestar.

Lexa estira el brazo para rebuscar en la cama y al mover la almohada a la que estaba abrazada surge ante sus ojos una botella de vodka casi vacía.

-¡Joder, Anya! ¿Estás loca?, ¿Cómo se te ocurre ventilarte una botella así como así?

-Estoy bien…

-Y una mierda. Ven, mírame -la separa de su cuerpo y le agarra la barbilla-. No puedes ni centrar la vista. Ahora mismo te vas a la ducha y luego hablamos, cuando estés más calmada. Clarke, ayúdame a levantarla.

-¿Qué… qué has dicho? -se gira de golpe aturdida y se queda de piedra cuando me ve en la puerta-. No puede ser. ¿¡Qué hace ella en mi casa!?

-Anya, déjate de gilipolleces… -intenta moverla.

-¡No! -se suelta del agarre de Lexa y nos mira a las dos encolerizada-. ¿Te la estás tirando?, ¿Es eso lo que pasa?

-Mira, me estoy empezando a cansar de tanta tontería… Me has llamado para que te ayude y estaba conmigo, no tiene por qué importarte lo que hago o dejo de hacer con ella.

-¡Claro que me importa!, ¿Es que no has aprendido nada de la última vez que no me escuchaste?

Noto que Lexa se tensa al instante y cierra los ojos un segundo, como si hubiera recibido una punzada. Cuando los abre no consigue disimular el dolor que le han causado esas palabras.

-Estás borracha y no sabes lo que dices. Hablaremos después de que te duches, te lo prometo -intenta agarrarla de nuevo pero Anya se levanta antes de que lo haga y se aparta mareada-. ¿Quieres dejar de comportarte como una puta cría?

-No me estoy comportando como una cría, Lexa, simplemente hago lo que me da la gana. Exactamente igual que tú en estos dos últimos años. Entras y sales de casa cuando te apetece, a veces ni si quiera apareces, no hablas con Titus ni conmigo, no estudias… Solo te preocupas por ti misma y estoy harta de que seas una desagradecida con todo el mundo -habla casi sin respirar. Se tambalea ligeramente y tiene que apoyarse en la pared para sujetarse.

-¿Que soy una desagradecida? -Lexa se levanta y se encara con ella-. Se te está olvidando que yo hago más horas que nadie en la tienda. De hecho, prácticamente sobrevive gracias a mí porque Titus se va cada dos por tres y yo le cubro mientras que tú ni si quiera haces los turnos completos los fines de semana. Dejé los estudios, sí, pero a cambio he trabajado sin quejarme y he metido el doble de dinero que tú en esta casa.

-Chicas… -intento calmarlas pero Anya vuelve a alzar la voz, ignorándome a mí e ignorando también las palabras de Lexa.

-Te recuerdo que fui yo la que tuvo que ir a recogerte a la estación y meterte en una bañera con agua caliente porque estabas congelada después de esperar toda la noche a tu novia. Fui yo la que estuvo recogiendo tus pañuelos con lágrimas durante semanas hasta que te quedaste seca y la que insistió en que entraras a trabajar en la tienda después de que lo abandonaras todo.

-¿Y qué es lo que quieres?, ¿Una medalla? -dice incrédula- Eres mi hermana y se supone que eso es lo que hacen las hermanas: ayudarse cuando tienen un problema. Es justo lo que intentaba hacer contigo esta noche pero ya veo que es imposible -comienza a caminar hacia la puerta-. Vámonos de aquí, Clarke.

Anya se ríe irónica.

-No te haces una idea de cuánto te he ayudado, Lexa. Si no hubiese sido por mí seguramente ahora mismo estarías perdida y deshecha en alguna parte del mundo mientras Costia te maneja a su antojo.

Lexa se detiene de golpe y se gira para mirarla.

-¿De qué estás hablando? -dice lentamente.

Anya clava la vista en el suelo y se deja caer resbalando en la pared hasta sentarse. Sonríe con tristeza y se le humedecen de nuevo los ojos.

-Me enteré de vuestro plan y me dije a mí misma que no podía permitirlo. Sabía que si te marchabas con ella no te volvería a ver y me daba miedo que por su culpa echaras a perder tu vida. La noche anterior fui a verla y le di el dinero que habías escondido para el viaje, te conozco mejor que nadie y tenía muy claro los sitios donde podías haberlo guardado -aprieta los ojos con fuerza para contener las lágrimas-. Le dije que lo cogiera, que se largara y que no volviera nunca a por ti. Tardó en hacerlo, pero al final lo acabó aceptando y se marchó sin más. Creo que en el fondo incluso ella misma sabía que eso era lo mejor para ti… -hace una pausa y abre los ojos para mirar a los pies de su hermana- Desde entonces todos los días me he estado preguntando si hice lo correcto o no.

Lexa no reacciona. Se queda quieta en el sitio mirándola, al principio con incredulidad y después de unos segundos con rabia. Aprieta la mandíbula y los puños con tantas ganas que por un momento creo que va a lanzarse sobre Anya pero se limita a quedarse ahí, fulminándola con la mirada.

-Me dejaste creer que había sido culpa mía -el dolor que se desprende de su voz hace que me duela el corazón. Después se vuelve a hacia la puerta y me aparta para salir sin ni siquiera mirarme.

La habitación queda en silencio y gracias a ello podemos oír la puerta de la entrada cuando la cierra con fuerza.

Anya desvía la vista hasta sus manos.

-Ve con ella -abraza sus rodillas y hunde la cabeza en ellas.

Cuando salgo del edificio Lexa está ya en el coche.

No me mira cuando paso por delante de ella para dirigirme a la puerta del copiloto y tampoco lo hace cuando entro. Permanece agarrada al volante con fuerza, como si estuviera pegada a él, con la mirada perdida en algún punto frente a ella.

La observo en silencio durante unos minutos esperando a que diga o haga algo hasta que finalmente habla con un hilo de voz:

-¿Puedo dormir esta noche en tu casa?

-Claro -me apresuro a decir.

Asiente débilmente y arranca.

Ninguna de las dos vuelve a hablar de camino a mi casa. Me percato entonces del vacío tan grande que siento en el pecho y me estremezco al pensar lo que debe de estar sintiendo ella. Es increíble lo que Anya le ha confesado en esa habitación y sin darme cuenta se me humedecen los ojos. Todavía me sorprende que consiga mantener la compostura y no se eche a llorar mientras conduce.

Una vez en casa le presto un pantalón y una camiseta para que duerma más cómoda y dejo que se cambie mientras yo voy al baño. Me lavo la cara con agua fría y respiro hondo varias veces agarrada al lavabo intentando soltar toda la tensión que arrastro desde su casa.

Cuando salgo unos minutos después ella ya está metida en la cama, acurrucada en un extremo mirando a la pared.

Apago la luz para que pueda descansar y me cambio yo también antes tumbarme a su lado. Abrazo su espalda tímidamente porque no estoy segura de si es lo que quiere pero rápidamente agarra mi mano para llevarla hasta su pecho y la aprieta con fuerza.

Después de aguantar un rato en esa postura sin hacer ningún movimiento noto que comienza a tener pequeños espasmos y la oigo gemir.

Sin pensarlo dos veces aumento la fuerza de mi abrazo y acto seguido rompe a llorar hundiendo la cara en la almohada, partiéndome el corazón al mismo tiempo al verla sufrir de esa manera.

Permanece toda la noche así, llorando a ratos, y hasta que no estoy completamente segura de que se queda dormida no lo hago yo también.

Al despertarme por la mañana no la encuentro en la cama. La ropa que le presté está doblada con cuidado encima de su almohada junto con una escueta nota:

Gracias, Clarke. Necesito pensar unos días pero no te preocupes por mí, estaré bien.

Y, efectivamente, los días siguientes pasan sin que tenga noticias de Lexa.

No me escribe, no me contesta a los mensajes y ni si quiera la encuentro en el hospital cuando voy a ver a Lincoln.

Después de una semana en la que creo que me voy a volver loca, y cuando ya empiezo a preocuparme por si le ha ocurrido algo, me armo de valor para ir al único sitio que me queda: la tienda de discos.

Decido ir el sábado por la mañana ya que supuestamente Anya debería trabajar en ese turno, quizás ella sepa algo y no quiero encontrarme con su tío porque ni si quiera le conozco.

Por suerte acierto con mis cálculos y cuando entro Anya está cobrando a un cliente en la caja. Abre los ojos como platos cuando me ve en la puerta y se tensa inmediatamente.

-Espere un momento -le dice a una mujer que se acerca con un vinilo en la mano y sale del mostrador para llegar hasta donde estoy.

-¿Qué haces tú aquí? -susurra molesta.

-Perdona, necesitaba preguntarte si sabías algo de Lexa -digo obviando su tono.

Frunce el ceño.

-¿No estaba contigo?

-No, hace una semana que no la veo y estoy empezando a preocuparme.

-Pues yo tampoco la he visto, en casa no sabemos nada de ella desde… -se detiene antes de terminar y me mira algo agobiada.

Asiento con la cabeza para indicarle que no hace falta que hable de aquella noche y parece agradecerlo. Creo que es lo más parecido a una mirada de complicidad que tendremos en la vida.

-¿Le has preguntado a Lincoln? -dice después de pensarlo un instante.

-Sí, y dice que él tampoco ha hablado con ella. De hecho, ni si quiera ha ido por el hospital.

Resopla.

-No te lo creas tan deprisa, ese chico es completamente leal a mi hermana y si ella se lo pidiese la encubriría sin pensarlo aunque se hubiera cargado a alguien. Deberías mirar en su casa, ya se ha escondido ahí otras veces.

-De acuerdo. Gracias, Anya -digo con sinceridad.

Asiente seria y se gira para regresar al mostrador pero se detiene de golpe y vuelve a mirarme con el ceño fruncido.

Me recuerda a Lexa al hacerlo. Es increíble la cantidad de gestos que tiene en común con su hermana y me entristezco al pensar en lo deteriorada que ha acabado su relación.

-Oye… ya que estás aquí me gustaría hablar contigo, creo que te debo una explicación -alza el mentón en cuanto esas palabras salen de su boca, como si intentara dejar claro con ello que aún mantiene su orgullo-. Hay una cafetería en la calle de enfrente, si no te importa esperar en quince minutos podría estar ahí.

La proposición me pilla por sorpresa.

Por una parte me pone nerviosa quedarme a solas con Anya después de ver cómo me ha tratado todo este tiempo, pero por otra creo que es una oportunidad única para aclarar las cosas y averiguar de una vez cuál es su problema conmigo, si es que lo tiene. Así que acepto y salgo de la tienda para ir a la cafetería que ha dicho.

Una vez dentro me pido un café y me siento en una mesa del fondo a esperarla.

Mientras llega repaso en mi cabeza la conversación que presencié aquella noche. Todavía se me hiela la sangre al recordar la cara de Lexa cuando le dijo que ella había provocado que Costia la abandonara. ¿Cómo es posible que se lo ocultara durante tanto tiempo?

Sacudo la cabeza para no pensar más en ello y bebo de mi café.

Tras quince minutos exactos Anya se sienta delante de mí. Le indica al camarero que no quiere tomar nada cuando este le pregunta desde la barra y después coloca las manos en la mesa. Me mira seria y respira hondo antes de hablar:

-Antes de nada, quiero que sepas que si hago esto es porque has demostrado que te preocupas de verdad por mi hermana y, después de pensarlo mucho, he llegado a la conclusión de que quizás haces más bien en su vida del que imaginaba. Pero esto no es una invitación para que nos convirtamos en "superamigas", ¿estamos?

Tengo que contener la risa por su comentario, es igual de terca que Lexa. Asiento con la cabeza para que continúe.

-Bien, por dónde empiezo… -baja la vista a sus manos nerviosa y se apoya en el respaldo de la silla-. El otro día estaba en un momento bastante delicado y quizás me pasé con las formas pero lo que dije es cierto: convencí a Costia para que se marchara sin mi hermana. Sé que suena fuerte y soy consciente de cómo se ve desde fuera, pero hay una explicación para que lo hiciera y es necesario que te la cuente. Me da igual si después crees que lo hago solo por justificarme o quitarme un peso de encima.

-Anya, no te preocupes por eso. Simplemente cuéntame lo que sea que pasó.

Me mira y respira de nuevo.

-No sé lo que te habrá contado Lexa sobre su relación con Costia pero esa chica era lo más tóxico con lo que se podía haber cruzado en la vida. Era como una sanguijuela: le chupaba a Lexa toda la vitalidad y la capacidad de actuar por sí misma. Mi hermana eso no lo veía, claro, ella la adoraba… La tenía puesta en un pedestal porque estaba fascinada con lo atrevida que era y el estilo callejero que tenía, y Costia se aprovechó de eso.

-¿Cómo se conocieron?

-En una discoteca, creo. Costia siempre rondaba por ellas y una noche se fijó en Lexa. Nunca me hizo gracia que comenzara a salir con ella, ni a mí ni a nadie. Todo el mundo sabía que coqueteaba con drogas y que eso no era lo único que hacía con los camellos, pero Lexa siempre la defendió diciendo que solo consumía de vez en cuando y que nunca le ofreció probarlo -se comienza a reír-, todo un detalle por su parte supongo… Pero pasó el tiempo y cada vez se metía más en ese mundo arrastrando a mi hermana detrás, hasta el punto de que llegaron a trapichear con pastillas en los locales y más tarde a hacer encargos a domicilio.

-¿Vendían droga? -pregunto atónita.

-Sí. La cosa se puso seria y la policía comenzó a investigarlas, incluso estuvieron a punto de cazar a Lexa una noche que tuvo que entregar un paquete porque Costia la convenció de que les vendría bien el dinero -aprieta los puños sobre la mesa y cierra los ojos un segundo-. Aquello la aterrorizó y cortó con ella pero Costia volvió a engatusarla al poco tiempo, tal y como hacía una y otra vez.

-Dios mío…

Jamás me habría imaginado a Lexa dejándose arrastrar por alguien de esa manera, aunque supongo que ahora entiendo por qué es tan reticente a la hora de confiar en los demás.

Anya suspira.

-Podría contarte la miles de veces que discutí con mi hermana porque no se estaba dando cuenta de lo que ocurría, o los desplantes que Costia le hacía constantemente delante de la gente. Para mí era insoportable ver que se estaba olvidando de quién era al dejarse llevar por alguien que ni si quiera la quería. No te haces una idea de lo que mi hermana cambió a raíz de conocer a esa chica: comía menos, trasnochaba continuamente, dejó de ir a clase, de hablar con nosotros, de tener amigos… Todo su mundo era Costia.

-Por eso quisiste que se fuera sin ella… -digo pensando en voz alta.

-Simplemente quería que desapareciera y dejara de arruinarle la vida. Cuando supe lo que habían planeado me di cuenta de que era la última oportunidad que tenía para hacer algo y lo hice.

-¿Y cómo te enteraste?

-Un día vi una mochila llena de ropa mal escondida en su armario y lo asocié rápidamente -se encoge de hombros-. No me sorprendió, la verdad, era algo de esperar después de todo… Luego solo tuve que espiar un poco sus conversaciones cuando hablaban por teléfono para enterarme de cuándo lo harían.

Nos quedamos en silencio, yo con la vista fija en mi taza intentando procesar toda la información que me ha dado y ella jugueteando nerviosa con los dedos mientras se mira las manos.

-Te va a odiar por no habérselo dicho antes -digo después de un rato, provocando que alce la vista hasta mí de nuevo.

Intenta disimularlo pero puedo notar en sus ojos que ese tema le preocupa especialmente.

-Lo sé y no la culpo por ello… Hasta yo lo hago -se ríe-, pero supongo que nunca he encontrado el momento adecuado para hacerlo. Es probable que nunca se lo hubiese dicho si tú no hubieras aparecido haciendo que lo recuerde todo.

Me mira seria y no sé cómo interpretar sus palabras.

-Anya tu hermana me importa de verdad.

-No era un reproche, tranquila -suspira y se inclina hacia delante apoyando los codos en la mesa-. Sé que no me he comportado bien contigo y te pido disculpas. No es algo personal, solo intentaba evitar que mi hermana pudiera sufrir de nuevo pero es evidente que esta vez ha sabido elegir mejor y no me meteré más -hace una pausa en la que vuelve a bajar la vista-. Desde que nuestros padres murieron cuando éramos pequeñas he sentido siempre la necesidad de protegerla porque no quería perderla a ella también, era lo único que me quedaba… Titus se portó muy bien acogiéndonos en su casa pero aunque fuera el hermano de mi madre no teníamos mucha relación y nunca hemos conectado del todo con él.

-No pasa nada, supongo que puedo llegar a entenderlo.

Me mira con el ceño fruncido otra vez.

-Pero sigues sin caerme bien -aclara.

Esta vez no puedo controlarme y me echo a reír con ganas.

Se extraña al principio, pero después se une a mi risa. Luego se levanta y se gira para hablarme una última vez antes de marcharse:

-Cuídala bien, ¿vale? Y aunque ya lo sepa… dile que la quiero.


No sé si me habré pasado un poco con la extensión pero considero que estas dos escenas tenían que ir necesariamente juntas en este capítulo para que todo se entendiera mejor.

Ahora que conocéis un poco más sobre Anya y lo que pasó con Costia más os vale decirme lo que os parece porque tengo muchas ganas de saberlo! jajaja

Como siempre, mil gracias! :)