Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephene Meyer, solo la trama es mía.
-Capítulo 3-
Verano de 2013
Ben estuvo mirando la televisión mientras yo preparaba la cena. En un momento dado lo escuché hablar, y me asomé al salón porque no sabía si me estaba hablando a mí, pero no lo hacía. Tenía el móvil en la oreja y por lo visto estaba hablando con su madre. Volví a la cocina para darle intimidad y al cabo de unos minutos el chico entró en la estancia y me tendió su teléfono.
—Mamá quiere hablar contigo —murmuró antes de darse la vuelta y regresar al salón.
Tras ponerme el movil en la oreja y aguantarlo con el hombro, continué cocinando.
—Hola, Emmeline.
—Hola, Jasper, ¿qué tal todo?
—Muy bien, la verdad. ¿Y tu madre cómo está?
—Está algo mal pero va haciendo, gracias por interesarte. ¿Cómo ha ido con Ben?
—Bueno, yo creo que bien. Es un chico algo reservado pero le entiendo, apenas me conoce.
—Espero que no te haya hecho sentir mal ni te haya dicho nada que…
—No, no, tranquila, Emmeline —la interrumpí con suavidad—. Ha sido muy educado. Incluso le he contado alguna de mis batallitas.
— ¿En serio?
—Sí, le he hablado un poco de mi infancia y de los inicios de Inequals. Además hemos estado en la playa esta tarde.
—Qué bien, me alegro de oír que os lleváis bien. Dile que te he dicho que espero que te ayude con las tareas de la casa.
—No te preocupes por eso.
La escuché reírse y después suspirar.
—No sabes cuánto te agradezco que te hayas quedado con él.
—No tienes nada que agradecerme. Es mi nieto y me sabe mal no haber podido disfrutar de él hasta ahora. Pero ha sido culpa mía, claro.
—Jasper… no digas eso. Ahora puedes recuperar el tiempo perdido.
—Intentaré hacerlo, que no te quepa duda.
—Me alegro de oírlo. Bueno, de nuevo gracias por todo, voy a ver si descanso un rato. Dile a Ben que mañana le llamaré de nuevo y que le mando un beso muy fuerte.
—Descuida, se lo diré. Buenas noches.
—Buenas noches, Jasper.
Tras colgar y apagar el fuego salí de la cocina y le devolví el móvil a Ben.
—Me ha dicho tu madre que te llamará mañana y que te manda un beso muy fuerte.
—Pff, ni que fuera un bebé —se quejó.
—Así son las madres, siempre preocupándose por los hijos.
—Mis padres se preocupan demasiado.
—Eso es porque te quieren.
—Son unos pesados sobreprotectores.
Me reí entre dientes y me encogí de hombros.
—Bueno, ¿quieres cenar ya?
—Vale.
Entre los dos pusimos la mesa y mientras cenábamos vimos las noticias deportivas en la televisión. Sin embargo, en un momento en el que hacían publicidad, Ben me preguntó:
— ¿Tus amigos y tú triunfasteis nada más llegar a Nueva York?
Me sorprendió y me alegró tanto esa pregunta que no pude hacer más que sonreír mientras negaba con la cabeza. Era agradable que fuera Ben el que se interesara por mi historia, pues eso me indicaba que no le aburría.
—Ni mucho menos. Seguimos haciendo bolos y compitiendo con otros grupos nuevos que surgían cada día en Nueva York. Marcus era un hombre de recursos y con muchos contactos, pero ninguno de sus conocidos se atrevía a apostar por nosotros. Muchos productores musicales nos escucharon, pero no terminamos de gustar, por lo que Marcus decidió hacerle un lavado de cara al grupo. Así que le cambiamos el nombre, dejamos de ser EJE y nos convertimos en Inequals, y empezamos a componer en serio, dejando de escribir canciones de amor simplonas. Poco a poco comenzamos a parecer un grupo de música formal que realmente buscaba la aprobación del público y de los profesionales de ese mundo, hasta que finalmente en 1963 la discográfica Brunswick Records, que durante un tiempo trabajó con The Who, nos dio una oportunidad y grabamos con ella nuestro primer disco: Give me a choice. Por cierto, los tengo todos arriba, ¿quieres verlos?
—Sí —me respondió Ben con algo parecido al entusiasmo, por lo que ambos recogimos la mesa deprisa y después de apagar la televisión subimos al segundo piso.
Entramos en la otra habitación que había arriba, la que yo usaba como buhardilla sin serlo, donde guardaba todo lo que me quedaba de Inequals, así como cajas y cajas llenas de revistas, recortes de periódicos, instrumentos y, desde luego, los vinilos. Intentaba mantener el cuarto limpio y aseado a pesar de que pocas visitas entraban en él, pero era un lugar especial para mí a pesar de que últimamente no lo visitaba muy a menudo por los recuerdos. No es que fueran tristes; simplemente temía lo que podía llegar a sentir a causa de ellos. Sin embargo, mi nieto Ben se estaba interesando por mi historia y no iba a ser yo quien le parase los pies respecto a ella.
Me dirigí a la primera caja que encontré en la que había escrito con rotulador "vinilos" y la abrí con cuidado, expulsando el polvo que se había generado en esas últimas semanas. Ben se colocó a mi lado y observó atentamente el interior de la caja, abriendo mucho los ojos al ver el contenido.
—Guau —musitó haciéndome sonreír.
Saqué un par de ellos, el primero y el segundo que presentamos de manera oficial, y se los tendí. También tenía los singles, pero supuse que le haría más gracia ver los álbumes.
— ¿Qué te parecen?
Ben los examinó prestando especial atención a las portadas y a los títulos de las canciones, y después clavó sus ojos en los míos.
—Son muy viejos.
Me eché a reír al instante y asentí, sentándome en una de las sillas que había subido a la habitación para cuando me entrara la morriña por el pasado y necesitara pasar largo tiempo en ella hojeando o, simplemente, rememorando los detalles de aquellos años.
—Lo son. Este es de 1963 y este de 1964 —le indiqué señalándole el primer y el segundo álbum que sacamos respectivamente.
— ¿Sois vosotros? —me preguntó indicándome con el dedo la portada de Give me a choice en la que, efectivamente, aparecíamos nosotros tres en una pose que intentaba dar a entender lo interesantes que éramos. O que nos creíamos.
—Sí. Este es Emmett McCarthy, el batería —le expliqué señalando al muchacho moreno y fuerte que se encontraba situado en el medio de los otros dos—. Este es Edward Masen, teclista y bajista —enumeré mostrándole al chico delgado de cabello cobrizo y siempre serio—. Y este soy yo —repasé con una sonrisa melancólica, señalando al joven desgarbado de cabello rubio ondulado que fui a mis veinte años.
—Seguro que ibais de malotes —bromeó Ben mirándome de reojo, sin estar seguro de si me iba a mosquear su comentario. Sin embargo, me reí a carcajada limpia.
—Desde luego, nos creíamos de lo peor, pero en el fondo éramos buenos chavales. Íbamos un poco perdidos, pero en poco tiempo comenzamos a hacernos famosos; en apenas dos años los periodistas empezaron a perseguirnos y a acosarnos, las fans se nos tiraban encima e intentaban colarse en nuestras habitaciones de hotel, y poco a poco dejamos de tener intimidad. Casi todo lo que hacíamos se sabía, si no era por una persona era por otra, e incluso se nos hacía difícil salir de casa.
—Jolín.
—Sí. Fueron unos años difíciles, los primeros. Intentábamos que se nos conociera por nuestra música, pero siempre había alguien que, o bien por envidia o bien por tener simplemente ganas de malmeter, intentaba desacreditarnos. Fuimos grabando discos que tuvieron bastante éxito y que nos permitieron ir viviendo durante años, y cuando empezamos a entender que la fama, los gritos de las fans y los envidiosos iban dentro del pack, dejamos de preocuparnos e intentamos llevar una vida de lo más normal.
Ben asintió, interiorizando toda esa información, y caminó hasta una caja en la que ponía "recortes de revistas". Me pidió permiso para abrirla, y cuando lo tuvo, rebuscó dentro hasta que sacó un fajo de páginas de revistas viejo y ajado. Con cuidado las fue pasando hasta que encontró una en la que había una fotografía enorme en la que aparecía yo de la mano de una mujer rubia.
—Ella no es la abuela Alice, ¿no? —preguntó Ben con el ceño fruncido.
—No. Es Lucy Winter, mi primera novia formal.
— ¿Tu primera novia no fue la abuela?
—No, nada de eso. Me gustaría poder decirte que sí, pero aunque te cueste creerlo y a mí me cueste admitirlo, tu abuelo tuvo sus escarceos con varias mujeres. Y más aprovechando que era una estrella del rock.
Ben se rio y se sentó en el suelo, junto a la caja, mientras leía el artículo que acompañaba la fotografía.
—Aquí dice que rompisteis a finales de 1968.
—Sí. La conocí en 1966 en una fiesta privada en un bar de Nueva York. Lucy era la hija de un productor de cine y nos presentaron unos amigos comunes. Lo cierto es que me pareció preciosa desde que la vi por primera vez y congeniamos casi sin darnos cuenta. Empezamos a vernos, a salir solos los dos hasta que los periodistas del corazón dieron por hecho que éramos pareja, y finalmente lo formalizamos. Los reporteros siempre nos preguntaban lo mismo durante las entrevistas: si me iba a casar con Lucy, si era cierto que estaba embarazada, si teníamos pensado irnos a vivir juntos… Y nos mosqueaba que solo les interesara nuestra vida privada y no nuestra música. Como a Emmett le encantaba flirtear con las chicas y divertirse con ellas no le importaba responder que estaba soltero, pero Edward llevaba saliendo desde los diecisiete años con una compañera de clase de Nueva Jersey, Bella Swan, y odiaba que le preguntaran por ella. Era comprensible, claro.
Ben frunció todavía más el ceño y me miró.
— ¿Entonces saliste con Lucy durante dos años?
—Menos. Nuestra relación se rompió del todo a mediados de 1968, pero las revistas alargaron el tema unos cuantos meses más, hasta finales de ese año.
— ¿Y por qué rompisteis? ¿Porque conociste a la abuela?
—No, a Alice la conocí a mediados de 1969. Ella no tuvo nada que ver en mi relación con Lucy. Como ya te he dicho, por aquel entonces yo era algo mujeriego y no me importaba demasiado… pasar la noche con una chica a pesar de que ya tenía novia.
No me parecía muy adecuado hablar de esas cosas con mi nieto, pero ya que se interesaba…
—Así que le eras infiel.
—Sí —murmuré angustiado—. Era un muchacho de veinticuatro, veinticinco años por aquel entonces. Tenía dinero, fama y posibilidades para hacer lo que me diera la gana. No quería asistir a reuniones aburridas con la familia de Lucy ni encadenarme a ninguna mujer para toda la vida. Ella se hartó de aquella situación, me llamó inmaduro y me dejó en verano de 1968.
—Jo…
—No me gusta admitirlo, pero me sentí liberado. Pero supongo que el problema fue precisamente ese, que en el fondo jamás me sentí atado a Lucy por mucho que me gustara. Nos lo pasábamos bien juntos, pero jamás deseé pedirle que se mudara a mi casa, ni mucho menos me apetecía imaginarme un futuro con ella.
— ¿Y qué pasó con ella?
—Un par o tres años después se casó con un colega de su padre y tuvieron unos cuantos niños. Se mudaron a Portland y después le perdí el rastro.
Ben asintió y continuó mirando los recortes de revista que tenía en las manos hasta que dio con uno que me hizo sonreír. Era de una entrevista acompañada de una sesión de fotos muy especial para mí.
—Esas fotos son geniales —musitó Ben mirando nuestra vestimenta sesentera.
—Sí. Mira el pie de foto, a ver si te sorprende.
Mi nieto me hizo caso y abrió mucho los ojos cuando se percató.
— ¿Alice Brandon? ¿La abuela?
—Sí. Tu abuela nos fotografió ese día de mayo de 1969.
— ¿Ese día os conocisteis?
—Exacto. Y fue cosa del destino, al parecer, porque no era ella quien tenía que fotografiarnos, sino una amiga suya que se puso enferma justo ese día.
—Guau. Era una gran fotógrafa.
—Sí. Sabía mucho del tema y le gustaba captar momentos especiales. O simplemente le gustaba captar momentos espontáneos y hacerlos especiales.
Ben sonrió al escucharme hablar de aquella manera y respiró hondo.
— ¿Cómo era la abuela?
Esa pregunta me hizo sonreír a mí.
—Tu abuela era una inconformista.
¡Holiii! Como os dije, en el siguiente capítulo empezará lo que viene siendo la historia de juventud de Alice y Jazz, por lo que nos meteremos de lleno en los locos años 60 ;) Ahora bien, os adelanto que el próximo capítulo (y muchos de los que componen el fic) estará explicado desde el punto de vista de Alice, y con eso tuve un conflicto porque se supone que "no podemos saber su opinión" porque no está viva, pero sabéis que a mí me encanta escribir siempre las opiniones de ambos bandos y me di este pequeño gustazo en el fic, espero que eso no sea un problema.
Y nada, espero que hayáis disfrutado de este capítulo. ¿Nos leemos el martes? Xo
