XV

Oigo que alguien llama insistentemente al timbre pero en vez de levantarme me doy la vuelta en el sofá para seguir durmiendo. Sea quien sea me imagino que se largará cuando vea que nadie le hace caso.

A los dos minutos vuelve a sonar el dichoso sonido acompañado de varios golpes en la puerta. Resoplo con fuerza y me quito la manta de golpe.

-¿Es que nunca voy a poder dormir sin que nadie me despierte? -digo entre dientes mientras avanzo con pasos grandes hasta la puerta.

La abro cabreada y me vuelvo de piedra al ver a Clarke esperando en el rellano.

Suspira aliviada y después sonríe divertida al darse cuenta de que me ha despertado.

-Clarke, ¿cómo…

-¿He sabido dónde estabas? -termina mi frase.

-Sí -digo aún aturdida.

Coge aire antes de contestar.

-Eso da igual ahora. ¿Puedo pasar?

La miro dudosa unos segundos pero finalmente me aparto para que pueda entrar. El aroma de su perfume que tanto me gusta me llena los pulmones cuando pasa a mi lado y me percato de lo muchísimo que lo he echado de menos en esta semana.

También me hace recordar que llevo días sin ducharme y debería de plantearme hacerlo antes de quedarme a solas con ella, más que nada por amor propio.

-Vaya, un poco más y me quedo ciega en este sitio -bromea al ver que toda la casa está a oscuras.

-Lo siento, me sentía más cómoda así -abro las persianas del todo para dejar que pase la luz de la calle y aparto la vista molesta cuando me da en los ojos.

-¿Quieres unas gafas de sol? -dice burlona.

-No -me río-. ¿Tienes prisa?, ¿Te importa si me doy una ducha rápida?

Niega con la cabeza y se deja caer en el sofá.

Cuando regreso del baño diez minutos después la encuentro mirando con gesto preocupado la pantalla del ordenador encima de la mesa. Se me olvidó apagarlo anoche y sé exactamente qué es lo que ha encontrado en ella.

Se aleja de él cuando me siento a su lado mientras me seco el pelo con una toalla.

-¿Estás buscando piso? -pregunta sorprendida.

-Sí… No creo que tarde mucho en encontrar uno que me guste, ya he ido a ver varios y seguramente la semana que viene me acabe instalando en alguno. Mientras me quedaré en casa de Lincoln.

-Pero Lexa, ¿no crees que es un poco precipitado? Estoy segura de que tú y Anya lo acabaréis arreglando y…

-No lo hago por eso -la corto-. Llevaba tiempo pensándolo pero nunca me ponía a ello. Paso más tiempo fuera de esa casa que dentro y cuando estoy allí casi no salgo de la habitación, no tiene sentido que siga diciendo que vivo en ella. Si hasta prefiero dormir en el sofá de un almacén, por Dios -bromeo-. Lo que ocurrió el otro día simplemente me hizo darme cuenta de que no quería seguir perdiendo el tiempo.

Me mira con tristeza pero no añade nada más.

-Estás muy guapa -señalo cuando la observo con más detenimiento.

Sonríe ligeramente pero después recupera el gesto serio.

-Tú en cambio pareces cansada -lleva la mano hasta mi rostro y acaricia con el pulgar mis ojeras-. ¿Estás bien? Me tenías preocupada.

-Sí, solo necesitaba alejarme unos días de todo para pensar con claridad.

-Una cosa son unos días y otra una semana entera -replica molesta-. Creía que te había pasado algo grave y he estado varias veces a punto de llamar a la policía. No puedes hacer siempre lo que quieras, Lexa, tus actos también afectan a los demás.

Aparta la vista cuando se le empiezan a humedecer los ojos y rehuye mi contacto cuando me acerco para abrazarla.

Se me hiela la sangre por su reacción.

Realmente no me paré a pensar lo que hacía cuando salí corriendo de su casa y fui a ver a Lincoln para pedirle las llaves de su apartamento… Al despertar aquella mañana me encontré tan vacía, tan descolocada por lo que había pasado, que hice lo primero que se me ocurrió: aislarme. Desconecté el teléfono, me encerré en la casa y me hundí en el sofá con el ordenador de Lincoln mientras buscaba las ofertas de piso más baratas de la ciudad.

Estuve tentada de llamar a Clarke un par de veces pero no me sentía con fuerzas de hablar con nadie y menos aún de dar explicaciones, y sabía que con ella no iba a poder evitarlo. Es la única persona que ahora mismo consigue tener ese efecto en mí y eso hace que a veces me sea tan complicado estar a su lado. Todavía oigo una voz en mi cabeza diciéndome que no es algo bueno.

-Yo… Lo siento, no sé qué decir.

-Me basta con que me prometas que no lo volverás a hacer.

-Te lo prometo.

Me acerco a ella y dudo antes de alzar la mano para acariciarle lentamente la cara. Esta vez no me rechaza pero permanece quieta, sin mirarme. Después le coloco un mechón de pelo detrás de la oreja y me acerco un poco más para besarle suavemente la mejilla. Para mi sorpresa me responde apoyando durante un instante su rostro sobre el mío.

-Te he echado de menos -susurro en su piel y noto que se estremece ligeramente.

Cuando me separo de ella la encuentro con los ojos cerrados y los labios apretados pero no pregunto qué es lo que le ocurre, prefiero que salga de ella la decisión de hablar. En cambio lo que hago es bajar mi mano por su pelo y continuar las caricias en su espalda mientras la observo en silencio.

-He hablado con Anya -dice en voz baja después de un rato.

Noto que me tenso de inmediato, aunque no dejo de acariciarla.

-¿Y sigues viva? -bromeo.

Me mira al fin, pero no sonríe.

-Me ha explicado por qué lo hizo, cómo era tu relación con Costia y lo que hacíais.

-Imagino que no te esperabas algo así de mí -me separo de ella y vuelvo a mi sitio en el sofá.

-No te estoy juzgando -dice seria.

La contemplo durante un instante, queriendo creerla.

-No te lo voy a negar -suspiro-. Costia era un terremoto de los grandes, de esos que luego traen un tsunami detrás… Y yo me lo comí de lleno.

-Aún la quieres, ¿verdad?

-¿Eso es lo que crees? -pregunto extrañada.

-Bueno… yo no me aislaría del mundo durante una semana por alguien a quien no quiero.

Dibuja una media sonrisa con los labios y sin embargo la tristeza que me transmite ese pequeño gesto me vuelve a dejar congelada. Intenta sonar neutral cuando habla, pero puedo leer en sus ojos la decepción que le produce pensar que aún sigo queriendo a otra persona.

Me fuerzo a mí misma a reflexionar sobre lo que dice antes de hablar. Cree que me he alejado estos días porque sigo sintiendo lo mismo por Costia y no puede estar más equivocada. Si salí corriendo tanto de mi casa como de la suya es porque descubrí de repente que todo lo que había creído sobre Anya y lo que ocurrió aquella noche es mentira.

Lo que me ha estado persiguiendo todo este tiempo era el no saber qué es lo que había pasado ni por qué se había marchado sin darme ninguna explicación, y la respuesta ha resultado ser mi propia hermana. La misma que me ha dejado creer durante años que yo era la razón por la que se fue, que había algo malo en mí. Eso es lo que me duele y lo que ha hecho que me sienta traicionada.

Evidentemente al conocer la verdad me asaltaron las dudas, pero se disiparon en cuanto me percaté de que ni si quiera he pensado en Costia de la misma manera estas últimas semanas, y eso se lo debo a lo que me hace sentir la rubia que me mira con ojos tristes desde el otro lado del sofá.

-Clarke, eso no es…

-Da igual, no necesito que me lo expliques. Lo entiendo -se levanta y camina decidida hasta la puerta. Se gira para mirarme antes de abrirla-. Cambiando de tema, esta noche vamos a tomar algo porque el lunes es el cumpleaños de Raven y me ha dicho que te invite. No habrá mucha gente y los conoces a todos… Háblame luego si te apetece pasarte.

No me da tiempo a responderle porque en cuanto termina de hablar sale del apartamento y vuelvo a quedarme sola.

Esa misma tarde voy hasta el hospital para recoger a Lincoln porque por fin le han dicho que las contusiones que le quedaban repartidas por el cuerpo se han curado y le dejan volver a casa hasta que le quiten la escayola de la pierna.

-Gracias otra vez por dejar que me quede aquí, y por lo del coche… Al final voy a perder la cuenta de los favores que te debo -le digo cuando estamos otra vez en su salón con un par de cervezas.

-No tienes por qué darlas, tú siempre has estado ahí cuando yo lo he necesitado y esto es lo menos que podía hacer... Además, así puedo tener una asistenta que me cuide mientras estoy inválido -dice sonriente.

-Aún estoy a tiempo de mandarte de vuelta al hospital con otra fractura -le advierto.

Se echa a reír y bebe un trago grande de su botella. Suspira satisfecho cuando acaba y se acomoda aún más en el sillón.

-Mi amiga amenazándome con pegarme y yo con una cerveza fría en la mano… Joder, qué bien sienta estar otra vez en casa.

Después de contarme lo muchísimo que se ha aburrido en el hospital durante esta semana y de restregarme lo estupenda que es su novia porque ella sí que iba a verle puntualmente todos los días y le llevaba sus películas favoritas para que se entretuviera, me pregunta el motivo por el que le pedí que me dejara esconderme en su casa.

-Sabía que había algo que no terminaba de encajar pero nunca me imaginé que fuera eso… -dice mirando pensativo a la botella-. ¿Crees que iba a contártelo pronto?

-Lo dudo mucho. Con el orgullo tan grande que tiene seguramente me habría dejado creer toda la vida que ella no tuvo nada que ver antes que asumir las consecuencias de lo que hizo.

Alza la vista y me observa preocupado.

-No creo que se trate de eso…

-¿Cómo que no? Se tomó la libertad de decidir por mí y después no ha sido capaz de atreverse a decírmelo porque sabía perfectamente que la odiaría por ello.

-Lexa, estabas dispuesta a abandonar tu vida por irte con Costia... Hasta yo habría hecho lo mismo que tu hermana si no fuera porque no tenía ni idea de que te querías ir. No puede ser fácil contar una cosa así.

-¡Joder, Lincoln, que se ha tirado más de dos años callada! No niego que pudiera ser difícil pero digo yo que ha tenido tiempo de sobra para encontrar el momento adecuado, ¿no crees?

-No sé… supongo que la mentira se acabó haciendo más gorda poco a poco hasta que ya no supo cómo salir de ella. A todos nos ha pasado alguna vez.

-Sí, claro que yo también me he visto envuelta en mi propia mentira… Cuando tenía que fingir que estaba mala para no ir al colegio, o cuando de pequeña le descolocaba los discos a mi tío en la tienda y le decía que era un cliente que se había enfadado con él, pero desde luego no cuando le cambio la vida por completo a mi propia hermana. No me puedo creer que la estés defendiendo -digo atónita.

-Pues claro que lo hago -contesta enfadado-. Anya hizo lo que cualquier persona en su sano juicio habría hecho por alguien que le importa. El hecho de que no seas capaz de verlo me demuestra que en el fondo sigues idealizando a la misma persona que te estaba destruyendo, reconócelo.

-No lo hago -digo entre dientes-. Sé que Costia no era perfecta pero…

-¿Pero qué, Lexa?, ¿Pero estaba buena?, ¿Te echaba buenos polvos? Porque sigo sin entender que estuvieras tan cegada si esa no era la razón… Esa chica era veneno y nunca te quiso. Jamás.

-¿Puede dejar todo el mundo de repetirme lo mismo? -digo levantándome de golpe-. ¡Por el amor de Dios, ya sé que nunca me quiso! Me di cuenta el mismo día en que me dejó tirada en la estación de tren, y esa idea se reafirmó cuando después mi hermana me dijo que prefirió aceptar el dinero antes que luchar por mí. ¿Sabes lo que es vivir con eso, Lincoln?, ¿Te puedes hacer acaso la mínima idea de lo que es?

Comienzo a caminar hacia la puerta para marcharme de ahí porque no aguanto la conversación.

-Entonces deja de comportarte como una idiota y no seas tan dura con tu hermana. A ver si entiendes de una vez que tanto ella como los demás solo hemos intentado ayudarte desde entonces como hemos podido. ¡Y por favor, no dejes escapar a alguien tan maravilloso como Clarke por tu estúpida cabezonería! -oigo que me grita antes de que cierre con un portazo.

Me detengo cuando ya estoy fuera del edificio y me doy cuenta de que se ha hecho de noche y no sé a dónde ir. Con la tensión del momento no he pensado lo que hacía, simplemente quería dejar de discutir y siento que esa última frase se me ha grabado en el cerebro.

Antes de ser consciente de ello cojo el teléfono para mandarle un mensaje a Clarke. Contesta a los pocos minutos y me alegro al saber que el bar en el que han quedado queda cerca, por lo que puedo ir caminando sin problemas hasta allí.

En el camino solo puedo pensar en ella y en la razón que tiene Lincoln al decirme que no puedo permitirme perderla. Me asusta demasiado la sola idea de que pueda ocurrir.

La verdad es que aún no me puedo creer la suerte que he tenido al conocerla y agradezco profundamente que aquel día me apeteciera ir a decirle cuatro cosas por hacerme fotografías en vez de darme media vuelta y desaparecer de allí. Quiero dejarle claro que ya no es Costia la que ocupa la mayor parte de mis pensamientos cada día, sino ella.

Cuando llego me sorprendo por la buena pinta que tiene el lugar. Es un pub irlandés cuidado al detalle del que ya me habían hablado muy bien anteriormente. Me paro en la puerta antes de entrar y miro por los cristales intentando encontrarla a ella o alguno de sus amigos entre la gente, pero no consigo distinguir a nadie.

Una mano agarrándome el brazo con fuerza hace que me gire molesta en ese momento y siento cómo se me va la sangre de la cara y me quedo pálida cuando veo de quién se trata.

-¿Roan?, ¿Qué… qué coño haces tú aquí?


Siento mucho haber tardado tanto esta vez pero por motivos personales necesitaba un parón y ni si quiera me he metido por aquí estos días... Aún así he leído todos vuestros comentarios y os agradezco un montón cada uno de ellos, de verdad. Me alegra que la mayoría hayáis podido empatizar un poquito más con Anya, que en el fondo no está tan loca ni es tan mala.

Aprovecho para avisar de que os agarréis porque vienen curvas xd

Espero que os siga gustando cómo va la historia y no dejéis de hacérmelo saber y de leer! Muchas gracias! ;)