Si Zelda fuera mío ser el elegido dejaría de significar ser huérfano (?)

¡Disfruten!


Para Verónica, mi madre.

XV

"Madre"

Aquella que diera a luz a la princesa del destino no sería más que la reina de turno en la época que se viera necesario. Distinto era para quien engendrara al héroe elegido, muy distinto.

Ella era una mujer normal, una hyliana cualquiera, joven y bella, casada desde no hace mucho, esperaba a su primer hijo y sabía muy bien que aquella criatura que le concedieron las Diosas no era como las otras, sino alguien especial, así se lo habían revelado. Pero a ella no le interesaba que tan importante fuera su bebé para las deidades, en especial para Farore, porque siéndolo o no para ella siempre lo sería.

La pequeña criatura en su vientre era fuerte y muy inquieta, había soportado todo tipo de complicaciones, desde sus desmayos hasta las bajas de energía y resfriados, pero ésta seguía ahí y ella lo valoraba como nunca hubiera esperado. Un amor totalmente distinto al que hubiera sentido hacia cualquier otra cosa o persona, incluyendo su esposo.

No creyó ser capaz de amar tanto.

El día del nacimiento llegó una semana por adelantado y dio a luz sin muchas dificultades, con la ayuda de una curandera de la zona. Era un varón fuerte y escandaloso, lloraba con fuerza y había sido capaz de causar malestar al tomar uno de los dedos de su padre entre sus minúsculas manitas. Unos mechoncitos rubios se asomaban escasos por su cabecita calva y al abrir los ojos la madre pudo vislumbrar dos brillantes zafiros, tan azules como el cielo mismo.

Pero el pequeño estaba marcado por la Diosas, el símbolo de la trifuerza era un manchón oscuro en el dorso de su mano izquierda.

Un miedo repentino la invadió, las palabras de Farore escarbaron profundo en su conciencia y ella supo que tan importante era su hijo para el mundo entero, no solo para ella.

Su única preocupación desde ese entonces fue protegerlo, ¿De qué? No lo sabía, pero aterrada por las advertencias de sus deidades se mudó junto a su familia a una pequeña localidad al sur de Hyrule, en donde el muchacho cumplió un año protegido por la soledad que aportaban los bosques y sus escasos habitantes.

Hasta que sucedió lo inevitable.

El ataque se llevó a cabo de forma rápida y efectiva. El enemigo, aquel hombre de cabello rojo como las llamas y ojos ambarinos, no tardó en acabar con su esposo, un guerrero experimentado en el arte de la espada. Menos tardaría con ella, quien durante toda su vida solo había agarrado un cuchillo de cocina y una daga que nunca tuvo necesidad de ocupar, y esperaba nunca darle uso, hasta ahora.

Montada en el corcel negro emprendía su huida, mientras rogaba a las Diosas por la seguridad de su pequeño, ya no le importaba su propia vida, solamente que él estuviera a salvo de las atrocidades que pudiese cometer aquel hombre. Estaba herida, pero su niño continuaba intacto, y así seguiría, mientras ella estuviera con vida.

—No pasa nada Link. Mientras yo esté aquí no te pondrá un dedo encima —aseguró la madre, acariciando el bulto contra su pecho.

Así fue.


Espero les haya gustado :)

Me da mucha nostalgia pensar que a partir de aquí tan solo quedan diez capítulos para finalizar, aunque probablemente lo extienda un poco, ya lo veré dependiendo de cómo vaya avanzando personalmente, pues, como les he comentado a varios, los drabbles son un gran experimento para retarme como escritora.

Muchas gracias por todos sus comentarios y por seguir esta historia, siempre me alegra leerlos ^^

¡Nos leemos en el siguiente, se cuidan!