Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, solo la trama es mía.


-Capítulo 4-

Mayo de 1969

En cuanto llegué a las oficinas de la revista lancé el periódico en mi mesa de malas maneras y me crucé de brazos.

— ¿Habéis visto lo que ha pasado en Dakota del Norte? —pregunté a mis compañeros frunciendo el ceño y más que mosqueada.

— ¿Te refieres a lo de Zap? —inquirió Kate, mi mejor amiga, desde su escritorio dejando de escribir al instante.

—Sí, a lo del festival Zip to Zap*. Es una injusticia.

James, que se acercaba a nosotras con un vaso de café en la mano, se echó a reír.

—No es ninguna injusticia, la Guardia Nacional hizo lo que tenía que hacer.

—Claro que no, James. Detuvieron a todos los espectadores sin ningún motivo.

— ¿Sin ningún motivo? Los espectadores estaban borrachos perdidos, destrozaron bares y alteraron el orden público. ¿En serio crees que no tenían motivos para ser arrestados?

Le dediqué a James una mirada fulminante y bufé. Por ser periodista político se creía el mejor de todos, siempre intentando tener la última palabra y sin importarle pisotear a sus propios compañeros con tal de resultar beneficiado. Y claro, siempre que podía intentaba llevarme a la cama. No iba listo, ni nada.

—Los asistentes se enfadaron porque los comerciantes subieron el precio de los productos para aprovechar el tirón del festival.

—Alice, lo que hicieron esos chavales está mal y merecían esa reprimenda. No me vengas con tus chorradas hippies y me digas que se celebró ese festival para luchar por la paz mundial porque todos aquí sabemos que el único fin de esos conciertos era que esos chavales acabaran borrachos hasta la inconsciencia.

Iba a responderle con cualquier imprecación pero Eleazar, el director de la redacción, apareció detrás de mí, sobresaltándome.

—Me encanta que debatáis sobre estos temas tan interesantes, pero hoy necesito que sustituyas a Maggie, Alice.

Volví a fruncir el ceño y miré a Kate, que se encogió de hombros y después continuó escribiendo en su cuaderno. James, por su parte, me dedicó una mirada de suficiencia y después se marchó a su mesa para tomarse tranquilo su café. Imbécil.

— ¿Sustituirla? ¿Por qué?

—Se ha levantado con gripe y no se encuentra bien, así que le he dado el día libre.

—Vaya. ¿Y qué tengo que fotografiar? —yo era periodista cultural y me ocupaba de redactar los artículos, pero en ocasiones me mandaban a hacer algún reportaje fotográfico, así que también me consideraba fotógrafa.

—Qué no: a quién. Hoy Maggie tenía una cita con Marcus Vulturi, el mánager de Inequals, para hacerles una sesión de fotos a los chicos.

— ¿Qué? —casi exclamé, horrorizada.

— ¿A los Inequals? —gritó Kate levantándose de su silla como si esta tuviera un resorte, emocionada hasta más no poder—. ¡Oh, Dios! ¡Me encantan!

Arrugué la nariz al ver la excitación de mi amiga y después devolví la mirada a Eleazar.

—Jefe, sabes que a pesar de que soy redactora cultural me encanta hacer fotografías, ¿pero en serio tengo que hacerles una sesión a esos cantantes del tres al cuarto?

— ¿DEL TRES AL CUARTO? —continuó exclamando Kate sujetándome por el brazo y casi zarandeándome—. ¡SON DE LO MEJORCITO QUE HAY ÚLTIMAMENTE!

—Esa es tu opinión, Kate, no la mía. Y, ¡AU! ¡Para ya! —le pedí separándome de ella y de sus garras—. A mí no me gustan.

—Lo siento, Alice, pero tienes que hacerlo. La semana pasada Maggie les hizo la entrevista pero ninguna fotografía, y hemos visto que la entrevista a secas es bastante insustancial. Además, las chicas que compran la revista suelen hacerlo para ver las imágenes, así que necesito que lo hagas tú.

— ¿Y por qué yo? Envía a Kate, que está medio loca con ellos.

A mi amiga se le iluminaron los ojos, pero ese brillo apenas duró un instante cuando Eleazar negó con la cabeza.

—Ella ya tiene trabajo para hoy, y hace tiempo que no publicamos ninguna fotografía tuya, así que te ha tocado.

Sin añadir más, Eleazar se dio la vuelta y se dirigió a su despacho, dejándome con Kate, quien volvió a sentarse en su escritorio haciendo un puchero.

—Qué suerte. Pídeles un autógrafo para mí, ¿vale?

Puse los ojos en blanco y resoplé.

—Yo prefiero hacer fotos de manifestaciones, de encuentros culturales, no de grupillos de música fanfarrones.

—Oye, no les conoces. No sabes cómo son.

—He leído alguna entrevista y algún artículo sobre ellos y qué quieres que te diga. No son ni los Rolling ni los Beatles.

—Claro que no, pero son muy buenos, también.

—En fin. Qué remedio. Espero no tardar demasiado.

Me despedí de Kate y después me dirigí al despacho de Eleazar para que me diera la información que iba a necesitar para reunirme con ellos. Mi jefe me dio la dirección del hotel en el que nos íbamos a encontrar y las indicaciones pertinentes. Como casi nunca salía de mi casa sin mi cámara, no me iba a hacer falta ninguna de repuesto, por lo que en menos de veinte minutos me puse en marcha con todo mi equipo (los focos, el trípode, los carretes…). Iba a encontrarme con Inequals en el hotel Waldorf Astoria, uno de los mejores hoteles de toda la ciudad y uno de los más lujosos. Al parecer los Inequals tenían una comida con algún magnate de la música, o algo por el estilo, en el hotel y habían aprovechado para quedarse allí por la mañana y así descansar. No era como si no pudieran descansar en sus casas, pensé, pero no había nada mejor que tener dinero y derrocharlo en un hotel carísimo mientras millones y millones de niños en África y Asia se morían de hambre cada día. Era vergonzoso.

Llegué al hotel en menos de media hora y le enseñé mi tarjeta de identificación de la revista al portero, pues imaginaba que no me permitiría entrar en un lugar tan exclusivo con mi ropa de calle, pero no me puso ninguna traba. Nada más poner un pie dentro del Astoria me sentí como una indigente, pues su techo alto, sus lámparas de cristal y su suelo recién pulido, además de sus huéspedes casi perfectos me hacían avergonzarme de mi indumentaria. La gente que se hospedaba en ese hotel era más que millonaria, pues sus abrigos de piel y sus zapatos lustrados no dejaban lugar a dudas. Y allí estaba yo, una joven de veinticinco años con el cabello negro estilo pixie, sin apenas maquillar y vestida con unos vaqueros desgastados y viejos, y un jersey de rayas horizontales con una cámara al cuello. No era que no me gustara vestir con ropa bonita, al contrario, pero siempre que iba a trabajar prefería hacerlo cómoda. Por eso me sentí como una marciana, pero lo cierto fue que me dio igual. Estaba trabajando, y eso era lo único importante.

Sin pensar más me dirigí a recepción y, cuando la señorita situada detrás del mostrador me miró de arriba abajo con una mueca de disgusto en su perfecto rostro, le sonreí.

—Buenos días.

—Buenos días, ¿en qué puedo ayudarla?

—Estoy citada con Marcus Vulturi —le expliqué mostrándole mi acreditación y mi carné de identidad.

—Un momento, por favor —la señorita se puso el teléfono en la oreja y habló durante unos segundos con alguien, seguramente con el director del hotel, y cuando colgó me sonrió como no lo había hecho antes—. Puede subir. El señor Vulturi se encuentra en la habitación 232; ya la está esperando.

—Muchas gracias.

Recogí mi equipo y, tras preguntar dónde se encontraba exactamente esa habitación para no equivocarme y perderme, me dirigí al primer ascensor que vi. Resultaba, cómo no, que la 232 no era una habitación cualquiera, sino una de las suites más caras y exclusivas de todo el hotel. Ni siquiera me sorprendió darme cuenta de ello una vez estuve frente a la puerta. Tras respirar hondo golpeé suavemente la madera de la puerta con los nudillos y esperé hasta que escuché el sonido de un cerrojo al descorrerse y una llave girar. Por la puerta apareció un hombre de unos cuarenta y tantos años con el cabello castaño y largo hasta los hombros pero muy bien vestido, con un traje hecho seguramente a medida.

—Buenos días —me saludó tendiéndome la mano con una sonrisa cortés que se le borró de la cara al instante—. Usted no es Maggie Preston

—Buenos días. No, soy Alice Brandon, compañera de Maggie —le respondí estrechando su mano—. Maggie se ha puesto enferma y no ha podido venir, así que la sustituyo yo. Espero que eso no suponga ningún inconveniente.

—Desde luego que no, pero le rogaría que me enseñara su acreditación para asegurarme de que trabaja en la Sunset Magazine.

—Cómo no —rebusqué en mi bolso la tarjetita y se la tendí al hombre, que la revisó durante unos segundos en silencio.

—Excelente. Adelante, por favor, los chicos ya están preparados.

Me abrió más la puerta y me permitió entrar dentro de la suite. Los ojos se me abrieron hasta más no poder cuando vi la elegancia que desprendía aquella sala y, aunque intenté que no se me notara, no me salió demasiado bien. Pero es que no era solo una sala, era un apartamento entero, con su cocina y sus habitaciones separadas del vestíbulo y el salón. Este último estaba decorado con una exquisitez absoluta e incluso me daba miedo pisar la alfombra azul floreada por si acaso la manchaba sin querer y me hacían pagarla. Seguramente jamás podría hacerlo, ni con todos los sueldos que había ganado y ganaría en mi vida. Iba a continuar evaluando la suite cuando unas voces acompañadas de unas risas me descentraron, por lo que me di la vuelta justo a tiempo para ver a los chicos de Inequals saliendo de una de las habitaciones.

—Ah, así que ya ha aparecido la tal Maggie Preston… Que no es Maggie Preston —comentó el más alto de los tres, el fortachón de cabello negro. Emmett McCarthy, si no me fallaba la memoria. Los otros dos se colocaron a su lado y me inspeccionaron detenidamente, incomodándome.

—No, chicos ella es Alice Brandon, una compañera de la señorita Preston. Espero que la tratéis como se merece y que dejéis que haga su trabajo en paz.

—Marcus, somos tres angelitos, parece que no nos conozcas —protestó de nuevo Emmett cruzándose de brazos.

—Precisamente porque os conozco demasiado me preocupo. En fin, he de hacer unas llamadas y tengo una reunión con el director de un periódico en cinco minutos, así que os dejo con ella. Señorita Brandon, está en su casa. Espero que las fotografías resulten satisfactorias.

—Gracias, señor Vulturi. Buenos días.

Marcus se marchó dedicándoles una mirada de aviso a los tres chicos y después se hizo el silencio en la habitación. Era consciente de que tres pares de ojos estaban posados en mí, así que sacudí un poco la cabeza y sonreí, dispuesta a terminar cuanto antes con aquello.

—Bueno, sobran las presentaciones, pero soy Alice Brandon y trabajo en la Sunset Magazine —les comenté, recibiendo asentimientos por su parte.

—Emmett McCarthy, el batería y el más interesante de los Inequals —se presentó el moreno acercándose para darme la mano. Su comentario me hizo reír a mí y resoplar a sus compañeros.

—Nada de eso, el más interesante soy yo. Jasper Whitlock —respondió el rubio de cabello ondulado dándole un empujón al grandullón para apartarlo de mí. No me había quitado el ojo de encima desde que entró en el salón—. Y desde luego el más seductor.

Clavé mis ojos en los suyos y estreché su mano con la mía, sintiéndome más nerviosa que antes sin saber por qué. Ni que fuera una fan adolescente del grupo. Ni siquiera era fan.

—Bueno, cuando terminéis de echaros flores cual gallitos podré presentarme y podremos hacernos las fotografías —intervino el último acercándose a mí y dándome la mano—. Edward Masen.

—Un placer. Si les parece podemos…

—Puede tutearnos —me interrumpió Jasper colocándose a mi lado con las manos en la espalda, buscando mi mirada con la suya.

—De acuerdo, entonces si os parece podemos hacer las fotos aquí mismo. Hay buena luz natural y quizá no hará falta que ponga los focos.

—Bien.

Comencé a prepararlo todo, me aseguré de que quedaran fotos en el carrete de la cámara y después coloqué el trípode en un lugar adecuado. Desde que entré en el gran salón mi mente había empezado a crear encuadres y mi ojo fotógrafo se había puesto en marcha, por lo que ya tenía algunos planos pensados para llevar a cabo la sesión.

—Me gustaría haceros algunas en grupo y algunas en solitario, si os parece bien —comenté mientras me ponía de rodillas tras el trípode y colocaba la cámara en un buen ángulo.

—Que nos hagan fotos es nuestro pan de cada día, así que tú misma —me respondió Emmett repantigándose en el sofá.

—Vale. No quiero que sean muy profesionales, me gustaría… acercaros a las personas.

—Eso lo han intentado muchos fotógrafos, señorita Brandon, pero cuando las personas ven que no hay manera posible de acercarse a nosotros se desencantan —intervino Jasper poniéndose a mi lado y agachándose hasta quedar a mi altura.

Me ponía nerviosa que estuviera todo el rato a mi alrededor, siempre buscando mis ojos con los suyos como si quisiera asegurarse de que le veía; de que sabía que estaba ahí, frente a mí. Y lo sabía.

—Ya… pero por intentarlo de nuevo que no quede.

Jasper me sonrió y yo fingí arreglar otra vez el trípode solo para que no viera que se me acababa de encender el rostro. ¿Qué puñetas…?

—Bueno, comencemos. Sentaos en el sofá los tres, como os sentaríais si yo no estuviera aquí.

Emmett no lo dudó un instante y se acomodó más, deslizándose por el asiento hasta que su trasero estuvo casi fuera de él y sus rodillas quedaron flexionadas en una postura de lo más relajada. Edward se acomodó a su lado de forma no tan exagerada como su compañero y colocó sus manos tras su cabeza. Jasper, por su parte, se sentó a la derecha de Emmett y estiró las piernas todo lo que pudo para después cruzar los pies, dejando sus manos entrelazadas sobre estómago. Sonreí sin poder evitarlo al ver sus poses y disparé la fotografía, deseando que hubiera quedado bien.

Los cuarenta y cinco minutos siguientes los pasé con ellos haciendo decenas de fotografías a pesar de que en la entrevista solo se usarían cuatro o cinco como máximo. Tenía que admitir que los chicos eran fotogénicos y que me hacían fácil el trabajo porque no se oponían a nada ni se quejaban, así que trabajé tranquila y a gusto a pesar de que no dejaba de notar la mirada de Jasper en mi persona. ¿Qué le pasaba?

El señor Vulturi hizo acto de presencia de nuevo y me sonrió otra vez con cortesía antes de decirme:

—La hora prevista para la sesión fotográfica ha terminado, señorita Brandon.

—Sí, ya he acabado. Mañana por la tarde tendrá copias de las imágenes para que les dé su visto bueno antes de que las publiquemos.

— ¿Cuándo está previsto que se publique la entrevista?

—En el número de la semana que viene.

—Perfecto. Tendrá mi visto bueno en un par de días, entonces.

—Gracias —empecé a recoger mis cosas para marcharme, pero la voz del señor Vulturi me hizo detenerme.

—Antes de que se marche, señorita Brandon, necesito que me firme este contrato de confidencialidad.

Fruncí el ceño, sin entender.

— ¿Puedo preguntar por qué?

—Es solo un proceso rutinario que tienen que pasar todos los periodistas y reporteros que entrevistan y fotografían a los Inequals.

Comprendía que era un grupo famoso y que cualquier periodista ávido de morbosidad pudiera querer manchar el nombre de la banda, pero ese contrato me parecía excesivo. Sin embargo, no me negué a hacerlo.

—Por supuesto.

Firmé el papel que el señor Vulturi me tendía y, cuando lo tuve todo recogido, me despedí de él y de los chicos estrechando sus manos y dándoles las gracias por todo.

—Deje que la acompañe hasta el vestíbulo —me pidió Jasper abriéndome la puerta de la suite, sorprendiéndome.

Emmett fingió que tosía a pesar de que se estaba riendo y Edward puso los ojos en blanco antes de desaparecer en una de las habitaciones.

—Jasper, en diez minutos tenéis una reunión importantísima —le advirtió el señor Vulturi con una ceja alzada.

—Genial, solo necesito cinco —le respondió él a su mánager saliendo de la habitación detrás de mí.

—No es necesario que me acompañes, de verdad —insistí cuando comenzamos a caminar por el pasillo.

—No es molestia. Estoy cansado de estar encerrado.

Quise decirle que ya me gustaría a mí estar encerrada en un sitio como esa suite, pero me callé. Entramos en el ascensor en silencio y respiré hondo, nerviosa.

— ¿Le llevo el trípode? —se ofreció él—. Tiene pinta de pesar bastante.

—No es necesario, gracias.

—Como quiera. ¿Puedo preguntar de qué marca es su cámara?

— ¿Sabes algo de cámaras fotográficas? —inquirí con una ceja alzada, sin atreverme a mirarle demasiado. No sabía qué diantres me estaba pasando.

—Debido a mi profesión tengo muchos momentos muertos al día, muchos momentos de espera y llenos de aburrimiento. A veces lo único que puedo leer son los panfletos publicitarios de algunas de las tiendas de la ciudad, y me entretengo leyendo sobre cámaras. Es solo curiosidad, señorita Brandon.

—La mía es una Nikon F Photomic de segunda mano. La compré en 1963 —por desgracia con mi sueldo no podía permitirme ninguna mejor, pero estaba muy satisfecha con la que tenía.

—Entonces ya es vieja.

—Pero me funciona de maravilla.

Las puertas del ascensor se abrieron justo cuando Jasper se rio entre dientes y me acompañó hasta el vestíbulo intentando que la gente no le prestara demasiada atención.

— ¿Quiere venir a cenar conmigo el sábado?

Aquella pregunta me descolocó tanto que me detuve en seco en medio de la entrada del hotel, anonadada.

— ¿Cómo?

—Que si le apetece cenar conmigo el sábado.

— ¿Por qué tendría que hacerlo?

En aquel instante fue Jasper el sorprendido. Seguro que pocas mujeres se le resistían, y ese hecho consiguió molestarme más.

—Bueno, le estoy pidiendo una cita.

— ¿Simplemente porque eres un cantante medianamente famoso crees que te voy a decir que sí?

—Solo he preguntado —se explicó él con una sonrisa de suficiencia en el rostro que me enervó todavía más—. Y creo que soy algo más que un cantante medianamente famoso.

— ¿Pues sabes qué? No me interesan los hombres como tú, cantantes de tres al cuarto que creen que pueden llevarse a una mujer a la cama con solo una sonrisa por el mero hecho de ser famosos. Así que adiós, señor Whitlock.

Enrabiada, sin saber exactamente por qué, salí del hotel sin dejarle que me contestara, decidida a olvidar cuanto antes aquel episodio que acababa de vivir.


*Festival musical celebrado en Zap (Dakota del Norte) considerado un ensayo del concierto de Woodstock.


Bueno, bueno, bueno, ya se han conocido, y parece ser que no de la mejor manera ;) Os he de confesar que he disfrutado mucho escribiendo esta historia (hace apenas 2 días la terminé al fin, yuhuu!), sobre todo buscando información sobre la ropa que se llevaba en esa época; lo que aprende una si busca bien, jajaja.

En fin, lo que os decía, que ya se han conocido y parece que, por el momento, no van a llevarse muy bien que digamos, jijiij. Espero que os haya gustado mucho este capítulo y que me lo digáis en vuestros reviews (que en los últimos capítulos han bajado notablemente, y no sé si es porque no os está gustando la historia (si es así me lo podéis decir tranquilamente, ¿eh?)).

¿Nos leemos el sábado? Xo.

EDITO: no me había dado cuenta de que el 7 de marzo hizo 7 años que estoy en esta página. Cómo pasa el tiempo... espero que sean muchos años más :D