XVII

-¿Roan?, ¿Qué… qué coño haces tú aquí?

La enorme sonrisa que muestra al percatarse de lo nerviosa que me pone su presencia hace que se me hiele la sangre.

-¡Vaya, qué alegría verte otra vez guapa! -grita más de lo normal al decírmelo y le miro extrañada- ¡Ven, cuéntame cómo te ha ido la vida todo este tiempo!

Tira de mi brazo para acercarme a él y empieza a caminar deprisa hacia el callejón que hay al lado del bar mientras mira disimuladamente por encima de su hombro.

-¿Qué estás haciendo? Suéltame -intento zafarme pero aumenta la fuerza de su agarre y me pega aún más contra él haciendo que me sea imposible.

Continúa avanzando pendiente de todo lo que nos rodea menos de mí y cuando parece satisfecho con la distancia a la que estamos de la gente y de la calle me libera el brazo.

-¿Estás loco?, ¿A qué ha venido eso? -sacudo el brazo por el dolor y él vuelve a mirarme sonriente.

-Vaya, vaya, mira a quién tenemos aquí… ¡Lexa Woods! Creo que hoy es mi día suerte.

-Ve al grano, Roan. ¿Qué es lo que quieres? -gruño.

-Veo que sigues tan habladora como siempre, eh -se ríe y mete las manos en los bolsillos-. Solo quiero recordar los viejos tiempos, eso es todo.

-Ya, pues vete a recordarlos con cualquiera de tus amigos yonkis y déjame en paz.

Me giro para volver al bar pero me frena antes de poder dar un solo paso y me empuja hasta que quedo con la espalda en la pared. Agarra mis hombros con fuerza para que no me mueva.

-Tú puedes serme mucho más útil que cualquiera de ellos -dice tajante.

Ha quedado muy próximo a mí y sé que ahora mismo podría darle un rodillazo para librarme de él, pero la forma en que me mira hace que cambie de idea. El Roan que yo recuerdo no hacía nada que no pudiera proporcionarle algo de provecho a cambio y parece decidido con lo que sea que esté pensando.

-¿De qué estás hablando?

Luce una media sonrisa y deja de presionarme contra la pared. Después saca un cigarro y se lo enciende tranquilamente mientras me mira. Fuma de él un par de veces antes de volver a hablar.

-Tu amiguita aún me debe mucha pasta, ¿lo sabías?

Aprieto los dientes. Sabía que tenía algo que ver con eso.

-Hace mucho que no veo a Costia, no puedo ayudarte.

Se ríe a carcajadas y sacude la cabeza.

-Tranquila, ya sé que no estás con ella. Todo el mundo sabe que se fue sin ti. Aunque hay muchas versiones de la historia, ¿sabes? Que si tú te acojonaste, que si se cansó de ti, que si se fue con otra, que si se fue con otro… Incluso escuché a alguien decir que erais como Thelma y Louise pero esta vez Louise se había quedado tirada. Os convertisteis en el tema de conversación favorito de la pandilla.

-Estoy segura de que se alegraron -digo indiferente-. Nadie entendió nunca que estuviera conmigo.

-No te lo tomes a mal, Lex -se toma su tiempo para darle una gran calada a su cigarro antes de continuar-. Costia siempre fue la sensación del barrio y cualquier niño o niña deseaba revolotear cerca de ella, sabía engatusar muy bien a la gente. Y de pronto un día aparece contigo: una niña con la vida casi resuelta, tan callada y siempre mirándonos de esa manera tan seria. La gente te tenía envidia.

-Es estúpido.

-Es lo normal cuando intentas entrar a un grupo al que no perteneces -se acerca y apoya la mano en la pared, cerca de mi cara-. Lo que yo siempre me pregunté era por qué estabas tú con ella.

-No creo que me hayas traído aquí para analizar mi relación con Costia -respondo visiblemente incómoda por su cercanía.

Entrecierra ligeramente los ojos y me mantiene la mirada unos segundos hasta que finalmente se aleja otra vez. Luego vuelve a fumar por última vez y tira el cigarrillo para después meter las manos en los bolsillos.

-Tienes razón. Te he traído hasta aquí porque quiero ofrecerte un trato.

-No -digo rápidamente-. ¿Puedo irme ya?

-No me he explicado bien -se ríe-. Verás… que Costia me deba dinero también es culpa tuya porque tú estabas con ella el día que perdió mi paquete, ¿lo recuerdas?

Lo recuerdo perfectamente. Se suponía que Costia tenía que hacer una entrega a unos tipos en unas pistas de deporte que habían quedado inutilizadas y la gente las usaba como punto de encuentro para realizar los intercambios. Aquella noche me suplicó que fuera con ella porque no se sentía segura en aquel sitio y cuando llegamos allí no encontramos a nadie. Esperamos durante una hora como nos había indicado Roan pero en el último momento apareció por la zona un coche de policía y salimos corriendo, deshaciéndonos del paquete en la primera papelera que vimos.

Es con diferencia el momento en el que he pasado más miedo en toda mi vida.

-Bueno -continúa- pues ya que te he encontrado aquí, y debido a que tengo algún que otro impedimento para hacer las entregas yo mismo, vas a ser tú quien las haga por mí.

-Ni de coña, Roan. No pienso hacerlo.

-No te estoy preguntando.

-Me da igual. Búscate a otra persona para hacerte el trabajo sucio.

Me muevo para marcharme pero vuelve a agarrarme con rapidez y me empuja de nuevo contra la pared, esta vez con más fuerza.

-Deja de hacer eso -bufo.

-Escúchame bien, bonita, porque no pienso repetirlo más veces -dice desafiante-. Me debes dinero y yo tengo a la policía pisándome los talones a cada esquina que doblo, así que vas a hacer lo que yo te diga sí o sí hasta que me cobre tu deuda. ¿O quieres que por arte de magia les llegue una nota con tu nombre y todos los trapicheos en los que has estado metida con Costia? Porque no tardaría ni un día en hacer que pongan el foco sobre ti y descubran que estás metida en la mierda hasta el cuello. Tú eliges, la policía o yo.

Aprieto los dientes con fuerza y pienso desesperadamente en algo que pueda ayudarme a salir de esta situación pero no consigo encontrar nada. En el fondo sé que tiene todas las cartas a su favor y la mejor opción es no cabrearle de más. Roan en sí no es peligroso, pero es experto en meter en problemas a la gente que le decepciona y cuando te amenaza con ello lo dice en serio.

-¿De cuánto es la deuda?

Sonríe ante mi cambio de tono y vuelve a dejar más espacio entre nosotros.

-No te preocupes por eso, cuando tus encargos la cubran te avisaré -mete la mano en el bolsillo interior de su chaqueta y saca el móvil, ofreciéndomelo-. Apunta tu número y te mandaré un mensaje con el lugar, la fecha y la hora a la que tienes que ir a recoger el paquete. Una vez que lo tengas te diré a dónde tienes que ir. Es importante que después de cada mensaje…

-Lo apunte en un papel y lo borre, lo sé -le interrumpo y le devuelvo el móvil con mi número.

-Veo que te enseñé bien -sonríe orgulloso-. ¡Y quita esa cara larga, mujer! Ya verás lo bien que nos lo vamos a pasar trabajando juntos de nuevo.


Miro el pequeño trozo de papel por segunda vez y luego al cartel que indica la calle para asegurarme que es la dirección correcta. Cuando estoy segura de que no me he equivocado lo aplasto en la mano y lo tiro en una basura cercana. Después me aseguro de que no veo a nadie conocido en la calle y suspiro antes abrir la valla.

El lugar de la entrega es una antigua fábrica de pan que ha quedado completamente abandonada y lo único que se ve alrededor son malas hierbas que han crecido en las grietas del cemento y basura por todas partes.

A pesar de que por fuera no se vea ningún movimiento Roan ya me ha advertido de que hay mucha gente que vive en el interior y no les gusta que entren desconocidos, por lo que tengo que rodear el edificio y golpear dos veces en la puerta trasera para que sepan por qué estoy ahí.

"Dos golpes secos. Ni uno más, Lexa, o aprovecharán para quitarte todo lo que lleves encima" fueron sus palabras exactas. Sigo sus indicaciones y pasan unos diez minutos hasta que una chica increíblemente delgada y con pinta de estar enferma me abre la puerta.

Me analiza de arriba abajo en silencio y cuando parece satisfecha se hace a un lado para dejarme entrar. Después cierra la puerta detrás suya y espero a que me diga algo, pero en lugar de eso se gira y se tumba en un colchón cercano con un gesto pesado.

Miro a mi alrededor pero apenas entra la luz del exterior y no sé a dónde tengo que ir, así que vuelvo a mirarla a ella. Debe de leer la súplica en mis ojos porque antes de girarse y darme la espalda señala con desgana hacia unas escaleras que hay detrás de mí y que llevan hasta una plataforma con una pequeña sala.

A medida que subo las escaleras el olor a basura es cada vez más intenso y tengo que contenerme para no gritar cuando veo que varias ratas se cruzan en mi camino. Cuando llego hasta arriba intento mirar por los cristales pero es imposible distinguir nada en el interior así que decido repetir lo mismo que he hecho en la puerta de la entrada.

Esta vez me abren antes y quien lo hace es un tipo de pelo rizado oscuro con mucho mejor aspecto. Está casi igual de delgado que la otra chica pero parece que está bien aseado y tiene algo de color en las mejillas.

El lugar también parece mucho más ordenado de lo que pensaba y me fijo en la lámpara sobre un escritorio que la ilumina. Me doy cuenta de que es su despacho.

-Esperaba encontrarme con Roan pero desde luego es mucho mejor verte a ti. Soy K -me tiende la mano-. Seguramente la chica que te ha abierto, Stella, ni si quiera te haya saludado. Perdónala es un poco reservada.

-No… bueno, me ha dicho a donde tenía que ir al menos -digo algo confusa.

-¿Ah, sí? Entonces eso es que está de buen humor, es una buena noticia -sonríe mientras se dirige hasta el escritorio y me señala la silla que está en frente para que me siente. Él hace lo mismo en la suya y cruza las manos encima de la mesa-. Bien, veamos qué es lo que tenemos aquí.

-Claro -rápidamente cojo mi mochila para sacar el paquete y lo dejo delante suya.

-¡Caray! Qué efectividad -se ríe-. En realidad me estaba refiriendo a ti, Roan tiene que tenerte bien agarrada con algo para que aceptes hacer esto. Está claro que es listo porque no creo que alguien pueda sospechar lo que haces.

-No he venido para hablar de mí -contesto.

Vuelve a reírse y niega con la cabeza.

-Es evidente que no. Te pido disculpas, soy demasiado curioso con todo y a veces me paso de la ralla. He tenido suficientes problemas por ello créeme.

Parece demasiado amable y eso me deja descolocada, sin embargo no voy a ser tan tonta de fiarme de él.

-No eres… como esperaba.

-Espero que eso sea algo bueno -abre un cajón del escritorio y saca un paquete de una anchura considerable-. Aquí tienes.

Dudo un instante antes de cogerlo.

-¿No vas a revisar lo que he traído?

-Me fío de ti -dice tranquilo-. Además, tengo la sensación de que no va a ser la única vez que nos veamos.

Guardo el paquete en la mochila todavía algo insegura y me levanto.

-Hasta luego -le tiendo la mano-. ¿K?

-Sí, bueno… es una larga historia -sonríe y me devuelve el gesto-. ¿Cómo tengo que llamarte a ti?

Ni loca le diría mi nombre a un tipo como él, pero tampoco se me ocurre ningún otro así que le digo lo primero que se me viene a la cabeza.

-Puedes llamarme L.

-Pues hasta la próxima, L -dice complacido.

Al salir tardo unos segundos en volver a acostumbrarme a la poca luz y el olor de la fábrica. Bajo las escaleras todavía con una sensación extraña en el cuerpo; no me fío de la gente tan amable de primeras y sobre todo cuando es alguien con quien estoy haciendo un intercambio de este estilo. Además, ha sido todo demasiado fácil.

Cuando llego a la puerta Stella sigue tirada en la misma postura que antes y un escalofrío me recorre entera al verla tan quieta y con un cuerpo tan demacrado. Un ruido al fondo de la sala atrae mi atención en ese momento, pero al ser un sitio tan grande y al estar tan oscuro no consigo ver nada.

Abro la puerta para intentar distinguir algo con la luz que entra de la calle y, esforzándome, identifico la figura de alguien agazapado entre mantas, pero rápidamente se mueve y no puedo verle la cara.

-Si has acabado vete ya -oigo que alguien me increpa cerca y descubro que Stella me está mirando fijamente.

Asiento y salgo de ahí lo más deprisa que puedo. No vuelvo la espalda hasta que he abandonado por completo el recinto y he cruzado por lo menos cinco o seis calles.

Me detengo en el primer parque que veo y me siento en un banco aferrando con fuerza la mochila mientras respiro con dificultad e intento calmar todos los nervios que he estado reprimiendo ahí dentro y que ahora comienzan a aflorarme de golpe.

-Roan… más te vale no hacerme repetir esto demasiadas veces -murmuro pensando en voz alta.


Bueno siento muchísimo haceros esperar tanto con las actualizaciones, creedme, pero ando cortísima de tiempo y no puedo hacer más. Por si alguien tiene dudas aclaro que no voy a abandonar la historia ni muchísimo menos así que tranquilidad en ese tema. Solo espero que no os canséis mucho de mí por el tiempo entre capítulo y capítulo y por mi parte prometo que lo compensaré con cosas interesantes jajaja

Y lo de Roan... ¿quién no se veía venir algo así? xD Ya me diréis lo que os parece en las reviews.

Muchas gracias por seguir leyendo! :D