Si Zelda fuera mío no se habría atrasado el Zelda U...de nuevo.
¡Disfruten!
XVII
"Destino"
Había sido un largo camino hasta el castillo.
Hasta hace apenas unos días (eso creía él) las cosas iban tal y como siempre las había pensado, vivido: los días transcurrían perezosos, largos y deliciosos, cual ocaso al atardecer, con la misma parsimonia. Tenía una vida muy tranquila, sin grandes emociones, más que de vez en cuando cazar alguna buena presa para la cena, pasar un buen momento, compartir algún recuerdo o conversación, placeres pequeños que a él lo llenaban.
Luego todo acabó.
Sucedió un día como cualquiera, Link se vio envuelto en situaciones que escapaban de su imaginación, de un instante a otro observó como destrozaban todo lo que conocía, todo lo que para él tenía significado. No habrían más noches frente a las estrellas en la paz del bosque, ni largas horas de pesca, o simples jornadas de silencio o diversión en largo tiempo.
No tuvo más opción que huir.
No tenía idea de quién o qué precisamente, solo que alguien lo buscaba y quería muerto, y gracias a ello el caos se había desatado.
Desde entonces había estado escapando, bajo la encomienda del único ente que en ese entonces pudo protegerlo para salir vivo del ataque, Farone, el espíritu de luz que residía en el manantial del bosque.
—"Ve por la Princesa Zelda, ella te explicará todo" —su voz se apagó después de eso. Link emprendió rápidamente el viaje, sabiendo que quedarse quieto en un sitio traería más destrucción, lo que menos deseaba.
Actualmente se encontraba en la sala del trono, una oscura capucha ocultaba su rostro, sus cabellos rubios y mirada azulina, el guante en su mano izquierda cubría la marca de las Diosas, y aún así, la doncella frente a él supo quién era.
Nadie podía engañarla.
Zelda le explicó la situación, un nuevo mal estaba acechando a la nación y él era el responsable de acabar con éste, él traería de vuelta la luz a aquellas tierras, quien volvería a sembrar la esperanza en los corazones de las personas y llevaría a Hyrule a una nueva mañana, mejor y duradera, pero tan efímera a la vez, como todo en aquel ciclo.
Link se sentía confundido, ¿cómo podría con tal encargo, cómo sería capaz de un destino tan inmenso, si hasta hace poco su mayor preocupación eran un par de rupias perdidas?
—Debe haber un error…—Murmuró.
—No lo hay, la Trifuerza en el dorso de tu mano lo demuestra, tu imagen, tu alma, tu ser entero, eres el elegido y debes cumplir con tu encomienda —respondió ella.
Meditó un rato, la princesa era paciente. Estaba muy contrariado, la carga era demasiada, pero lo que perdería a cambio sería mayor. Tenía toda una nación dependiendo de su decisión, no podía dejarlos a su merced, no después de conocer las entrañas de aquella tierra y ver como eran destruidas; la forma en que la gente caía por aquel mal.
No podía.
Link se dejó caer de rodillas, la oleada de coraje e indecisión llegó a él en forma de sudor frío resbalando por su frente, de la misma forma que lo habían hecho las gotas de sangre en batallas anteriores y amigos caídos hasta llegar al sitio.
—Lo haré —dictó, la voz firme, el símbolo de la Trifuerza brillando levemente.
No había error.
Zelda se levantó de su trono dirigiéndose al elegido, mirándolo con aquellos ojos que desnudaban el alma, entregó la espada al joven, una que en un principio había intentado renegar, pero ahora tenía un propósito.
La hoja brilló en cuanto sus dedos hicieron contacto con la empuñadura.
Espero les haya gustado :D
Quiero agradecer especialmente a Erika por haberme apoyado y transmitirme confianza, además de ayudarme con mis escritos, gracias ella estoy con un nuevo drabble para ustedes.
Estoy atrasada con algunos pedidos, pero en breve los iré escribiendo y publicando dentro de los que quedan ;)
Como siempre muchas gracias por sus comentarios, siempre es una alegría tenerlos.
¡Nos leemos en el siguiente!
