Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, solo la trama es mía.


-Capítulo 6-

Mayo de 1969

La mañana del lunes en la revista fue frenética. Gente corriendo de acá para allá, hablando por teléfono, apuntando números y direcciones y contrastando información. Por eso amaba mi trabajo y daba gracias al cielo cada día por él. Sin embargo, una parte de mí estaba mustia desde el sábado por la noche. Continuaba enfadada con Jasper por haberme llamado al trabajo para pedirme que saliéramos, y a causa de eso no me presenté a la cita. Le había dejado plantado después de mucho pensar en si hacerlo o no. Incluso había preparado la ropa que me iba a poner, pero estaba tan mosqueada ante su arrogancia que al final decidí darle plantón. Y como era tan tonta, me sentía mal. Pero era el cantante de un grupo de música famoso, lo superaría con cualquier otro de sus ligues. Seguro que tenía una mujer en cada esquina y que por eso le dio igual que le dejara plantado.

El sonido del teléfono me sacó de mis cavilaciones y durante un instante temí que fuera Jasper, por lo que respondí con temor. Pero no era él, sino una compañera de profesión que necesitaba que le confirmara cierta información sobre una de las manifestaciones que hubo el día anterior en Queens, por lo que respiré hondo, más tranquila, y me dispuse a hacer mi trabajo.

A eso de las doce del mediodía Eleazar me pidió que fuera a fotografiar un asentamiento hippie instalado pacíficamente en Central Park para manifestarse en contra de la guerra del Vietnam, por lo que con el beneplácito de Maggie, la fotógrafa oficial de la revista, quien había vuelto a trabajar la semana pasada totalmente recuperada, recogí mi equipo y salí del edificio. Al poner un pie en la calle pensé que podría tomar el autobús y así contribuiría a no contaminar tanto el medio ambiente, pero el sonido de alguien silbando como un pajarito frente a mí me hizo detenerme. Alcé la cabeza y me encontré cara a cara con Jasper, quien tenía la espalda apoyada en un coche, los brazos cruzados y que llevaba gafas de sol para que, supuse, nadie le reconociera. Pero no era difícil hacerlo; simplemente la gente no se fijaba.

—Hola, Alice.

De repente el trípode que cargaba en la mano derecha empezó a pesarme como si llevara tres toneladas encima, y para colmo sentí que me temblaban un poco las piernas.

— ¿Qué… qué haces aquí? —pregunté de manera estúpida, anonadada por su presencia.

—Si no me falla la memoria, habíamos quedado el sábado.

Me mordí el labio inferior y me ruboricé a causa de la vergüenza y el mal humor.

—Me obligaste.

— ¿Que yo te obligué?

—No me diste opción. Si me hubiese negado te habrías pasado la mañana llamando a la revista y no podía consentirlo. Me pusiste entre la espada y la pared, y eso me mosqueó mucho.

— ¿Por eso me dejaste plantado?

—No me gustó nada tu forma de proceder. El hecho de que seas famoso no te da derecho a tratar a los demás como si fuesen tus súbditos.

—Yo jamás te he considerado mi súbdita, y no trato así a nadie.

—Pusiste en riesgo mi trabajo, y eso no te lo voy a perdonar.

—Solo fue una broma. Una manera de hacerte entender lo mucho que quiero salir contigo.

Respiré hondo cuando sus palabras me pusieron más nerviosa todavía y, desviando la mirada, musité.

—Tengo trabajo, Jasper. No tengo tiempo para ti ni para tus tonterías.

— ¿Adónde vas?

—No es de tu incumbencia.

Resopló y se separó del coche para acercarse a mí. Yo, por mi parte, di un paso hacia atrás, incómoda.

—Dios, Alice, no te voy a atacar. Soy músico, no un violador —se quejó él deteniéndose al instante al ver mi retroceso.

—He de tomar el autobús y por tu culpa lo voy a perder.

—Entonces te llevo, así llegarás antes.

—No es necesario.

—Ya lo sé, pero quiero remediar lo que hice aunque considero que no soy yo el único que debe disculparse.

Rodé los ojos y moví el brazo en el que llevaba el trípode para despertarlo, pues se me estaba entumeciendo a causa del peso.

—Jasper, de verdad, estoy trabajando. ¿No puedes dejarme tranquila?

—No quiero que terminemos así.

— ¿Terminemos? —me reí—. Ni siquiera hemos comenzado nada.

—Porque no me has dado la oportunidad. Deja que te lleve a donde tengas que ir y te prometo que no te molestaré más si no quieres.

Lo miré con una ceja alzada intentando intuir su expresión, pero con las gafas de sol era difícil. Y las muy miserables le sentaban de maravilla, tenía que admitirlo.

—Está bien. Me llevarás, me dejarás allí y te marcharás, ¿entendido?

—Captado.

Con una sonrisa se dio la vuelta para abrirme el maletero del coche que tenía detrás, un Chevrolet Camaro Yenko azul de ese mismo año que al parecer era suyo, y, una vez acomodado mi equipo, me subí en el asiento del copiloto oliendo el cuero del interior del vehículo.

— ¿Adónde vamos? —me preguntó Jasper cuando estuvo sentado frente al volante.

—A Central Park. He de tomar algunas fotos.

— ¿Ha sucedido algo?

—Nada grave. Unos cuantos hippies se han asentado allí pacíficamente para expresar su disconformidad respecto a la guerra del Vietnam.

—Vaya. Estos hippies no se cansan nunca —comentó arrancando el vehículo.

—Lo hacen por un bien común.

—Así que piensas como ellos.

—No siempre. A veces, sí.

Por el rabillo del ojo lo vi sonreír y, sin saber por qué, volví a sentirme mal.

—Supongo que sí te debo una disculpa por haberte dejado plantado. Lo siento —murmuré mirando con atención el salpicadero del coche—. ¿Me esperaste durante mucho rato?

—Una hora. Fue entonces cuando entendí que no ibas a venir y me mosqueé bastante, por lo que pensé en volver a llamar a la revista, pero luego me di cuenta de que reaccionarías peor si me presentaba personalmente.

— ¿Así que has venido solo a fastidiarme? —pregunté con una pequeña sonrisa.

—Solo a fastidiarte no, también tenía ganas de verte.

Me mordí el labio inferior y me toqueteé las manos, inquieta.

—Jasper, no me conoces. No sabes cómo soy.

—Ya, pero no puedo evitar sentirme así. Ojalá pudiera.

—Seguro que tienes muchas mujeres para elegir. Entonces, ¿por qué yo? —no pude evitar preguntarle, sin saber si quería que el trayecto en coche se alargara o se acortara. Aún no lo había decidido.

—Me da la sensación de que metes a todos los músicos en el mismo saco.

Fruncí el ceño y ladeé la cabeza para mirarle, pero él no me devolvió la mirada porque estaba atento a la carretera. Además, era consciente de que no había respondido a mi pregunta.

— ¿Qué quieres decir?

—Parece que opinas que todos los cantantes nos dedicamos a acostarnos cada noche con una mujer diferente, que no nos importan los sentimientos de nadie salvo los nuestros y que somos unos juerguistas.

Me encogí de hombros, porque sí que era un poco así.

—Yo nunca quise ser músico por el dinero, la fama, el poder ni las mujeres. Yo quería hacer música, simplemente. Que eso me haya traído dinero, fama, poder y todas las mujeres que yo haya querido ha sido un añadido. Pero no me considero un hombre egoísta, y no trato a nadie como si fuera inferior a mí. Que alguien tenga menos dinero que yo no significa que sea peor que yo.

Asentí en silencio, escarmentada.

—Siento haberte hecho sentir de ese modo. Pero ya te he dicho antes que no nos conocemos… Y me dio la sensación de que lo único que querías era llevarme a la cama para poder fanfarronear delante de tus amigos diciendo que te habías acostado con una periodista.

—Pues no es así. Me da rabia dar esa imagen, pero no es así. Claro que me he acostado con mujeres, y claro que he fanfarroneado con mis amigos, pero si insistí tanto contigo es porque de verdad deseo conocerte.

— ¿Entonces, si al final aceptara salir contigo, no te cansarías pronto de mí por haberme conseguido después de todo? —eso también me daba algo de miedo. Quizá Jasper estaba acostumbrado a que todas las mujeres se echaran a sus brazos sin excepción, y como yo se lo estaba poniendo difícil, me encontraba más interesante que a las demás. Y yo no quería ser el juguete de nadie.

—Sinceramente, no lo sé. Eso es lo que me gustaría averiguar.

Su franqueza me gustó y me hizo ver que en el fondo no era una persona sin escrúpulos como había pensado al principio. Pero aun así…

— ¿Significa eso que vas a salir conmigo? —volvió a insistir Jasper con una sonrisa.

Me pasé una mano por el cabello y respiré hondo.

—Deja que me lo piense.

—Solo es una cena. Te recojo donde quieras, cenamos y te llevo de vuelta a casa. Sin compromisos. No te tocaré si no quieres y no intentaré propasarme, te lo prometo.

Me di cuenta de que ya habíamos llegado a Central Park y de que Jasper estaba buscando un lugar donde aparcar.

—Temo que si te digo que no volverás a llamar a la revista —bromeé para aligerar un poco el ambiente, y aunque Jasper sonrió me di cuenta de que no fue una sonrisa sincera.

—Me gustaría que me dijeras que sí porque de verdad quieres salir conmigo, no porque estoy siendo un pesado —aparcó el coche frente a la entrada del parque y, quitándose el cinturón de seguridad, se dio la vuelta en el asiento hasta que pudo mirarme de frente—. No había pensado en que quizá ya tienes novio y es por eso que siempre te niegas a salir conmigo y por lo que me dejaste plantado.

—No tengo novio —le aclaré sintiendo que me ardían las mejillas—. Te lo habría dicho de ser así.

—Vale. ¿Crees que soy un pesado egoísta que solo busca llevarte a la cama?

—Al principio, sí —respondí sinceramente.

— ¿Y ahora?

—Ahora no… tanto.

Jasper se rio entre dientes al escuchar esa respuesta y se encogió de hombros.

—Al menos es un paso adelante. Ahora en serio, ¿te apetece salir conmigo este sábado? Solo te robaré unas cuantas horas, y si no congeniamos te prometo que no te molestaré más. Tú por tu lado y yo por el mío.

No era no congeniar con él lo que me daba miedo; lo que realmente me aterraba era hacerlo.

— ¿Y… si congeniamos? —pregunté con un hilo de voz, nerviosa por lo que estaba a punto de decirle.

—Entonces ya veremos lo que hacemos. Vayamos paso a paso; lo demás vendrá solo.

Tragué saliva y asentí lentamente.

—Vale.

— ¿Vale? ¿Eso es un sí?

—Sí.

Jasper sonrió, esa vez de verdad, y volvió a colocarse cara al volante.

—Espero que no me dejes plantado esta vez.

—No lo haré —le aseguré—. Pero a veces me llaman de la revista por la noche porque necesitan que escriba algún artículo o que vaya a cubrir algún evento, así que si esta semana sucede algo…

—Avísame, por favor. Te daré el número de teléfono de mi casa —me dijo mientras sacaba un papel y un bolígrafo del salpicadero del coche y garabateaba deprisa.

— ¿No tienes miedo de que lo publique en la revista? —bromeé cuando me guardé el papel en el bolso.

—Para que veas que confío en ti. Si esta noche empiezan a llamarme fans histéricas te echaré la culpa de todo.

Me reí sin poder evitarlo y me desabroché el cinturón de seguridad.

—Gracias por traerme.

—No hay de qué. ¿Quedamos donde la otra vez y a la misma hora?

—Sí.

—Muy bien. ¿Te ayudo a sacar las cosas del maletero?

—No hace falta, puedo sola. Gracias de nuevo —me despedí dedicándole una última mirada antes de bajarme del coche deprisa, sintiendo cómo me retumbaba el corazón en el pecho.

Cuando saqué todo mi equipo de la parte trasera del vehículo me despedí de nuevo de Jasper con la mano y esperé hasta que vi su coche desaparecer entre la multitud de automóviles, sin estar segura de haber hecho lo correcto. El sábado lo sabría.

Llegué a la revista dos horas más tarde, con un carrete de fotografías gastado y con el brazo derecho cansado por cargar con el trípode y todo el equipo durante tanto rato.

— ¿Cómo ha ido? —me preguntó Kate tras saludarme.

—Muy bien. Muy interesante.

— ¿Hay mucho movimiento en Central Park?

—Más de lo que me esperaba, en realidad. Hay mucha gente, y también policías. Pero parece que no va a haber ningún altercado, al menos por el momento.

— ¿Y las fotos qué tal?

—Creo que bien; en un rato veremos cómo han salido. ¿Y por aquí cómo ha ido todo?

—Bien, bien. Mucho jaleo y mucha gente estresada, pero no es novedad.

—Lo cierto es que no.

— ¿Te apetece que vayamos a comer o has comido por el camino? —me preguntó Kate poniéndose en pie y estirando sus músculos.

—No lo he hecho; vamos, si quieres. Por la tarde revelaré las fotos.

—Genial.

—Alice —me llamó James, que salió del despacho de Eleazar con una sonrisa arrogante en el rostro. Daba la sensación de que la tenía incrustada en la cara.

—Dime.

— ¿Podemos hablar un momento?

—Claro.

—Yo voy un momento al cuarto de baño —se excusó Kate antes de darse la vuelta para dirigirse al lavabo a paso ligero.

Asentí para después devolver mi mirada a James, que continuaba con sus ojos fijos en mí.

— ¿Tienes planes para este fin de semana? —Parpadeé seguidamente, sorprendida por esa pregunta.

— ¿Por qué?

—Había pensado que podríamos ir al teatro el sábado por la tarde, a cenar y después terminar la noche en mi casa. ¿Te apetece? —me preguntó acercándose más a mí mientras yo retrocedía un paso.

Había cometido un error con James en el pasado y estaba casi segura de que por culpa de eso jamás podría quitármelo de encima. Y me arrepentía muchísimo.

—Lo siento, ya tengo planes.

— ¿Sí?

—Sí —le aseguré viendo en mi mente el rostro sonriente de Jasper, cosa que no me ayudaba nada en ese momento.

—Qué lástima. Aunque podemos ir el viernes, también.

—James, no creo que sea buena idea.

—La última vez que salimos juntos lo pasamos muy bien, ¿o no?

Apreté los dientes y respiré hondo.

—De eso hace ya más de dos años.

—Tendríamos que ponerle remedio cuanto antes, entonces.

—Ya estoy aquí —anunció Kate con una sonrisa, y yo estuve a punto de darle un beso a mi amiga por esa magnífica interrupción—. ¿Nos vamos?

—Sí. Lo siento, James. Ya nos veremos —me despedí de él antes de enroscar mi brazo alrededor del codo de Kate y empujarla suavemente para que captara que quería largarme de allí cuanto antes.

—Hasta luego —se despidió ella de James, recibiendo una mirada mosqueada por su parte—. ¿Y a este qué le pasa? —me susurró ella.

—Que tiene el ego demasiado subido; eso le pasa. Vamos a comer, anda.


¡Hola! Jijijiji, como veis al final Alice no ha podido escapar de nuestro Jasper aunque ha podido cantarle las cuarenta al fin, ajajajaja. Hoy tengo dos cositas que deciros, aunque la primera es más una pregunta.

Mi amiga Ali-Lu Kuran Hale me comentó en un review que podría poner antes de cada nuevo punto de vista de quién es el POV, de manera aclaratoria. Sí que podría hacerlo, pero a mí me parece que una vez se empieza a leer ya se sabe de quién es y por eso decidí dejarlo como está. Sin embargo, vuestros deseos son órdenes para mí (más o menos xD), así que ¿preferís que lo ponga a partir de ahora o ya vais bien leyendo sin ningún titulo que ponga "TAL POV"?

Y otra cosita es que en mi página de Tumblr he puesto un post dedicado de alguna manera a este fic, en el que añadí las canciones que nombro en la historia además de unas cuantas más de los años 60-70 (mis favoritas, personalmente) para que así entréis en modo sesentero/setentero, jejejeje. Os dejo el link en mi perfil por si os apetece daros una vuelta a chafardear ;)

Y nada más, espero que os haya gustado el capítulo de hoy y que me lo digáis con muuuchos revews :3 ¡Hasta el sábado! Xo

EDITO: no funciona el link, no hay manera de que aparezca, así que si queréis ver la lista de canciones, mi Tumbrl está en mi perfil. Veré si lo arreglo de alguna manera y os diré algo el sábado ;)