XVIII

Hacía días que mi madre me estaba insistiendo en que tenía algo importante que decirme y quería que comiéramos juntas en su restaurante favorito para hacerlo, pero entre sus horarios del hospital y los míos de la universidad no hemos podido hasta hoy.

Así que aquí estamos, ella divagando sobre temas banales como las flores que han puesto nuevas este mes para adornar las mesas y poniéndose cada vez más nerviosa porque apenas la miro, y yo removiendo la comida del plato casi intacto mientras me limito a asentir de vez en cuando.

Juro que intento prestar atención a lo que me dice, pero tengo demasiadas cosas en la cabeza que me lo impiden.

Como los exámenes, que sin darme cuenta he ido olvidando y cada vez están más cerca; el dichoso concurso de fotografía al cual todavía no he mandado la mía porque creo que no voy a ser capaz de presentar la que había elegido, o que Lexa me llamó ayer en mitad de la noche sin decir una sola palabra cuando descolgué el teléfono y ni si quiera sé si estar enfadada o preocupada al respecto.

-¿A ti qué te parece? -oigo que me pregunta.

-Bien…

-¿De verdad?

-Sí… supongo.

-No me estás escuchando, ¿verdad?

Alzo la vista del plato confundida y suspiro.

-No, lo siento. ¿De qué estabas hablando?

-Hablaba de que el chico que está dos mesas más allá no deja de mirarte y es bastante guapo -dice señalándole.

Me giro para comprobarlo y , efectivamente, hay un chico con aire de bohemio que aparta la vista avergonzado al verme. Me echo a reír y vuelvo a mirar a mi madre, pero ella no sonríe .

-No hablarás en serio -digo asustada.

-Por supuesto que sí. Se le ve buen chico y hace mucho que no te veo con nadie nuevo; creo que te vendría bien para despejarte un poco.

-No te ofendas, mamá, pero también creías que Finn era perfecto para mí solo por ser el hijo de tu amigo y resultó ser un capullo. Te agradezco la preocupación pero no es algo que necesite ahora mismo de todas formas.

Alza las cejas por mi última frase y me observa con curiosidad.

-¿Estás saliendo con alguien?

-No -digo rápidamente, pero nota la duda en mi voz.

-Bueno, quizás no estéis "saliendo", ¿pero hay alguien?

-¿De verdad quieres hacer esto? -pregunto incómoda.

-Sí -dice seria-. He estado pensando en ello y me he dado cuenta de que no sé nada de lo que ha pasado en tu vida durante este último año… ya casi ni hablamos. Aunque a ti te parezca una tontería que te pregunte sobre tu vida amorosa para mí no lo es. Quiero saberlo.

Suspiro de nuevo y dejo el tenedor en la mesa mientras me apoyo en el respaldo de la silla. Me resulta bastante extraño que se interese de pronto por el tema, pero es verdad que ya no le cuento nada así que decido seguirle la corriente.

-Vale -confieso-. Tienes razón, hay alguien.

-Eso es estupendo -se le ilumina la cara-. ¿Y puedo preguntar quién es?, ¿Le conozco?

Estoy a punto de echarme a reír por la pregunta pero consigo contenerme.

-No, no la conoces.

-¿No? Entonces… -calla de golpe y me mira confundida- Espera un momento, ¿has dicho "la"?

Sonrío divertida y alzo una ceja como respuesta.

-Oh… vaya, eso sí que es una sorpresa. Perdona, como solo te he conocido novios pensaba que eso era lo único que te gustaba.

-No pasa nada -la tranquilizo.

Asiente y se queda unos segundos pensativa.

-¿Es Raven? Siempre te oigo hablar de ella con una sonrisa en la boca y pasáis mucho tiempo juntas, no me extrañaría.

Estallo en carcajadas y ella frunce el ceño.

-No, ya te he dicho que no la conoces. Algún día te la presentaré, tranquila.

Me entristezco al pensar que después de nuestra última conversación puede que eso nunca ocurra, pero no dejo que lo note. No estoy preparada para contarle mis problemas con Lexa.

Quizás nunca lo esté… Antes cuando algo me preocupaba solía pedirle consejo a mi padre, tenía una filosofía de vida muy parecida a la mía y siempre nos entendíamos. Nunca he llegado a tener esa relación con mi madre pero tampoco he sentido que fuera necesario, simplemente son conexiones diferentes.

-¿Y qué tal llevas las clases? -dice después de un rato mientras se lleva el tenedor a la boca.

Hay algo en la forma en que me mira que me llama la atención. Además de que se mueve de manera nerviosa y bebe de su copa cada dos por tres.

Me enfado conmigo misma por no haberme dado cuenta antes.

-¿Qué es lo que ocurre, mamá? No has parado de decirme que querías hablar conmigo en toda la semana y ahora solo me preguntas cosas que me podrías haber preguntado en casa igualmente.

Deja de comer para estudiarme durante unos instantes y sonríe con dulzura.

-No puedo ocultarte nada, está claro -suspira-. En eso eres igual que tu padre, ¿sabes? Tenía la capacidad de leer a las personas como si fueran un libro abierto y sabía el momento exacto en que alguien estaba escurriendo el bulto cuando algo le preocupaba. A veces me sigo sorprendiendo cuando le veo reflejado en ti.

La contemplo en silencio mientras le da un buen trago a su copa de vino y respira hondo antes de volver a hablar.

-Imagino que a estas alturas ya sabes que Marcus y yo… tenemos una relación.

-Ya sé que tenéis una relación, mamá -me río-. ¿Qué ocurre con eso?

-Bueno, quizás esto te pueda parecer precipitado pero… queremos dar un paso más -dice nerviosa.

-¿Vais a casaros?

Se sorprende por mi pregunta pero después asiente con la cabeza.

-Vaya, eso es… es genial, supongo. Me alegro.

Al principio me resultaba muy extraño que mi madre y uno de los antiguos compañeros de mi padre, al que además tengo que ver todos los días en la universidad, comenzaran a pasar tanto tiempo juntos… Incluso me desagradaba teniendo en cuenta que la muerte de mi padre estaba tan reciente. Sin embargo, tengo que reconocer que su relación ha sido un gran apoyo para ella y creo que, en la medida de lo posible, es feliz con él.

-En realidad me lo ha propuesto y le he dicho que sí pero también que deberíamos esperar, así que de momento no hay planes de boda. Pero eso no es lo que quería contarte hoy.

-¿Entonces qué es? -pregunto confundida.

-Queremos vivir juntos.

-Ah…

-Pero lo haremos solo cuando tú quieras -se apresura a decir-. Entiendo que no estés muy a gusto con la idea de ir a vivir con alguien a quien apenas conoces.

-Espera, ¿quieres que vaya contigo?

-Claro, ¿dónde vas a vivir si no?

-Bueno… puedo buscarme otro sitio, no sé. No es que no quiera vivir contigo, mamá, pero no creo que pinte mucho ahí en medio mientras tú rehaces tu vida con Kane. Sería más una carga que otra cosa.

-No digas tonterías, hija, tú no eres ninguna carga -dice ofendida-. Y Marcus está encantado con la idea de que vengas, ya sabes que te tiene mucho cariño.

-Ya pero me sentiría incómoda, lo siento. Además, es la oportunidad perfecta para independizarme de una vez, no es algo tan grave. ¿Qué vas a hacer con nuestro piso?

-Imagino que venderlo o alquilarlo, aún no lo he decidido.

De pronto tengo una idea y se me ilumina la cara solo de pensar en ella.

-¿Y si me lo alquilas a mí?

-¿A ti? -se ríe-. Pero si apenas tienes ingresos, Clarke, ¿cómo vas a poder permitirte pagar un piso?

-Pues ya me buscaré a alguien con quien compartirlo -me encojo de hombros-. Raven estaba deseando irse del suyo porque no aguanta a sus compañeros, puedo decírselo a ella. Y lo del dinero no tiene por qué ser un problema, ya sabes que de vez en cuando me salen trabajos con la cámara. Solo tengo que convertirlo en algo habitual.

-No sé…

-Míralo de esta manera: alquilándomelo a mí te ahorras el lío de intentar vender la casa, conoces a los inquilinos que metes dentro y de paso sabes que tu hija está en un sitio decente. Es la mejor opción que tienes -digo sonriente.

-Es una locura -replica negando con la cabeza.

-Repito: es la mejor opción.

Me observa en silencio durante un rato y aunque intente ocultarlo sé que la proposición, en el fondo, le interesa. Si me lo alquila a mí las dos saldríamos ganando: ella por ahorrarse complicaciones y quedarse más tranquila y yo por no tener que buscar un sitio nuevo. De esa manera tampoco perderíamos la que ha sido nuestra casa durante todos estos años.

-Lo pensaré -se limita a decir.

Paso la tarde entera en la biblioteca con Octavia y Raven. Ya voy atrasada en varias asignaturas y no puedo permitirme fallar en los exámenes si quiero que me den la beca el año que viene para irme a estudiar fuera. Vivo obsesionada con ello desde que empecé la carrera y aunque últimamente no haya pensado en ello tanto como solía hacer no he cambiado de idea ni si quiera un poco.

Después de unas cuantas horas de repaso sin descanso decidimos comprarnos algo de comer en las máquinas expendedoras y salir a tomar el aire. Fuera nos encontramos con Monty y alguna gente de clase que también se ha pasado por allí para estudiar y nos sentamos con ellos en el césped, pero no les hacemos mucho caso.

-Así que ahora tienes un piso entero a tu disposición… -dice Raven mientras devora su sándwich.

-Dentro de poco, sí.

-¿Y quieres que sea yo la inquilina?

Dejo de comer el mío para mirarla.

-Si no quieres puedo ofrecérselo a otra persona.

-Sería la decisión más sensata -bromea Octavia.

-¿Qué dices? -contesta Raven- No, no, ya me lo has ofrecido a mí y en eso no hay vuelta atrás. Solo lo digo porque me extraña que no hayas pensado en decírselo antes a Lexa; ella andaba buscando un sitio, ¿no?

Suspiro y me concentro de nuevo en mi comida.

-Lo pensé, no te creas, pero no creo que sea una buena idea ahora mismo.

-¿Es por lo que ocurrió en el bar? Aún no nos has contado qué es lo que te dijo -señala Octavia.

-El problema está en lo que no dijo. Apareció ahí una hora después con cara de haber visto un fantasma y no quiso contarme lo que le había pasado. Solo insistió en que todo era muy complicado, que lo sentía y que por favor la entendiera.

-¿Y ya está? Mira que es retorcida esta chica… -suelta Raven y Octavia le da un golpe en la rodilla para que se calle- ¿Qué? Lo siento mucho pero es lo que pienso. Mira, Clarke, yo sé que estás pilladísima por esa chica y creo que la quieres de verdad, pero si sigue con esos secretismos y a ti te afecta tanto no puedes seguir bailándole el agua.

-No le bailo el agua a nadie -contesto a la defensiva-. Le dije que no podíamos seguir juntas si no se aclaraba primero. Básicamente corté con ella aunque era lo último que quería hacer en ese momento, así que no me vengas ahora a decir que le bailo nada.

-Joder, Clarke, pero si llevas unos días que pareces un fantasma. Casi no comes, no te concentras estudiando y no pasas ni cinco minutos sin mirar el móvil, seguro que esperando que ella te escriba.

-¿Y qué quieres? La vi asustada, Raven, asustada de verdad. Si la conocieras sabrías que eso no es normal. Estoy preocupada por ella.

-Y yo estoy preocupada por ti. Al fin y al cabo Lexa ha elegido no hablar y tú no puedes hacer nada al respecto, por lo menos no dejes que te consuma la decisión que ha tomado otra persona.

-¿Me estás diciendo que debería ignorar el hecho de que alguien que me importa tiene un problema?

-Te estoy diciendo que no debes obsesionarte con ello. Te conozco de sobra, Clarke, y sé que no vas a parar hasta averiguar qué es lo que ocurre e intentar solucionarlo.

-No quiero seguir hablando de esto, es estúpido -digo cansada.

-Pero es la verdad.

-Chicas, basta -nos corta Octavia-. Discutir de esta manera no lleva a ninguna parte. Os entiendo a las dos, pero Raven, creo que Clarke es mayorcita para saber lo que se hace.

Raven contesta con un bufido y vuelve a guardar lo que le queda del sándwich en el envoltorio de plástico. Luego lo aparta a un lado con desgana y se cruza de brazos mirando al horizonte.

No me gusta nada discutir con ella pero no he podido evitar enfadarme al ver que hablaba así de Lexa. Agradezco que se preocupe por mí y sé que solo quiere ayudarme, pero siento que realmente no tiene ni idea de lo que está hablando.

-¿No te lo vas a terminar? -pregunto con suavidad-. Es tu favorito.

-Se me ha quitado el hambre -refunfuña.

Me mira de reojo y luego baja la vista hasta mis manos.

-Aunque a lo mejor la recupero si me das la mitad del tuyo.

Me río y le ofrezco la mitad aún intacta del mío.

Me observa recelosa y tarda unos segundos en descruzar los brazos para acercarse a cogerlo lentamente. Luego lo agarra de un manotazo y se lo acerca a la boca con una sonrisa de satisfacción.

-Como una niña pequeña, lo mismo.

-Igualita que mi hermano -bromea Octavia-. Por cierto, ¿cómo te va con él? Bueno, en realidad no sé si quiero saberlo…

-Pues ya que lo preguntas, bastante bien. Tu hermano es… hábil -dice sonriendo con picardía.

-Vale, recuérdame que no vuelva a hacerlo -finge tener una arcada y las tres nos echamos a reír-. ¡Oye! ¿Sabéis lo que estuve pensando el otro día?

-¿En cómo tu novio puede tener tantos músculos si solo bebe cerveza y come pizzas? -se burla Raven.

-¡Eh! Lincoln hace ejercicio todas las noches, te lo aseguro -esta vez es ella la que sonríe traviesa.

-Oh, por favor -pongo los ojos en blanco.

-Bueno, callaos que me liáis. Lo que estuve pensando es que si ahora mismo las tres nos quedásemos embarazadas, estando con quien estamos, nuestros hijos serían todos primos. Literalmente nos hemos convertido en una familia enorme.

Raven y yo nos miramos y al instante empezamos a reírnos a carcajadas.

-Madre mía, Octavia, deja de estudiar porque te está afectando a la cabeza -dice Raven intentando controlar la risa.

-¿Y me explicas por qué mi hijo sería primo de los vuestros? -pregunto riéndome igual.

-Bueno… Lincoln y Lexa son básicamente hermanos, por eso lo digo. Venga ya, no os burléis de mí -se cruza de brazos-. Al menos he conseguido que se os pase el enfado.

Vuelvo a observar a Raven y me sonríe con complicidad. Octavia tiene razón, no merece la pena que nos peleemos.

Después de un rato nos damos por satisfechas con el descanso que hemos hecho y recogemos nuestras cosas para volver a la biblioteca, las tres coincidimos en que tenemos que aprovechar antes de que la cierren para avanzar en nuestros respectivos temarios.

Antes de llegar noto que alguien me da un par de golpecitos en la espalda y cuando me giro para ver quién es me encuentro a Monty con una sonrisa dulce pero con ojos preocupados y a Jasper justo detrás de él, con la vista fija en el suelo y las manos en los bolsillos.

-Clarke, ¿tienes un momento para hablar?

-Esto… sí… claro.

-Nosotras vamos entrando entonces -me avisa Octavia.

Asiento y les sigo cuando caminan hasta uno de los bancos más alejados de donde estamos, justo en el que menos gente hay alrededor.

-¿Qué ocurre chicos? -pregunto algo incómoda por su silencio.

Monty mira a su amigo, que sigue sin alzar la vista, y le da un toque en el brazo.

-Tienes que contarle lo que me contaste ayer -dice en voz baja.

Jasper se hunde aún más en su chaqueta y niega frenéticamente con la cabeza.

-¿Contarme el qué?

-Venga, díselo. Tiene que saberlo.

-¿Saber el qué? -insisto nerviosa.

Al ver que Jasper no contesta Monty suspira abatido y vuelve a mirarme.

-Escucha, Clarke, no es por meternos donde no nos llaman pero antes en el césped te hemos oído hablar sobre la hermana de Anya y… bueno… hay algo que deberías de saber.

-¿Sobre Lexa? -digo confundida.

Asiente lentamente y noto que se me tensan todos los músculos del cuerpo a la vez.

-¿Qué ha pasado, Monty?, ¿Qué es lo que debería de saber?

-Verás -observa otra vez a su amigo con un gesto de duda antes de hablar-. El otro día Jasper vio a Lexa en un sitio en el que no debería de estar… uno bastante conflictivo.

-¿Conflictivo? Monty, por favor, déjate de rodeos y dime dónde coño la vio.

-En la antigua fábrica que hay siguiendo el puente, justo antes de llegar al río -contesta Jasper con la mirada perdida.

-¿Y?

-Clarke, ese sitio es… -hace una pausa como si buscara las palabras adecuadas- está lleno de drogadictos. La mayoría de ellos lo utiliza como refugio cuando les echan de sus casas, hay un tipo que les deja quedarse allí si le pagan cierto dinero cada semana.

-¿Qué? Pero eso no tiene ningún sentido -digo pensando en voz alta- Jasper, ¿pudiste hablar con ella?, ¿Te dijo por qué estaba allí?

Jasper continúa en silencio mientras mueve la pierna nervioso.

-Contéstame -le exijo.

-Ella no me vio, ¿vale? -responde alzando la voz-. Pasó todo muy deprisa… yo me estaba despertando en ese momento y me pareció ver a alguien conocido en la puerta. Luego caí en que era ella y me escondí bajo la manta cuando se giró -me mira por primera vez en todo este rato-. Oye, yo no sé para qué fue tu novia a ese sitio, pero puedo asegurarte que quien va allí si no es para quedarse a pasar la noche es para pillar la mercancía del día.

Se me hiela la sangre son sus palabras.

Debe de haber alguna explicación para que Lexa estuviera allí y no puede ser esa, me niego. Anya me contó que Costia consumía pero nunca dijo que ella también lo hiciera, no me creo que ahora le hayan entrado ganas de probarlo después de tanto tiempo. La respuesta tiene que ser mucho más compleja que esa y estoy dispuesta a averiguarla.

Me levanto de golpe del banco y siento que me mareo. Monty me agarra rápido al percatarse de ello.

-¿Estás bien? Clarke, tranquila, seguro que no es ese el caso de Lexa.

-Lo sé -digo soltándome suavemente de su agarre- ¿Habéis hablado con Anya?

-No la hemos visto aún. Y, sinceramente, no sé si sería capaz de contarle algo así de su hermana…

-Tranquilo, me encargaré yo. Gracias por contarme esto, chicos -me giro para marcharme pero me detengo y vuelvo a mirarles-. Jasper, ¿puedo preguntarte por qué estabas tú allí?

Inmediatamente aparta la vista y la fija en el suelo, pero me da tiempo a leer la vergüenza escrita en sus ojos.

-Está bien, no tienes que darme explicaciones. Gracias de nuevo.

De camino a la puerta intento trazar un plan en mi cabeza para conocer la verdad detrás de todo esto. No tengo claro si primero debería contarle a Anya lo que acaba de pasar o si debería ir a buscar a Lexa y decírselo a ella para entender por qué fue a ese lugar.

Lo único que sé es que algo oscuro está ocurriendo y que no pienso quedarme a mirar cómo se mete de nuevo en un mundo que la va a consumir de una manera o de otra, acabando con todo lo bueno que hay en ella.