Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, solo la trama es mía.
-Capítulo 7-
Mayo de 1969
El resto de la semana pasó sin mucho alboroto a pesar de que había tenido que escribir artículos que me habían hecho hervir la sangre. Como el que escribí el 21 de mayo explicando lo que había pasado el día anterior en California, cuando unos cuantos helicópteros de la Guardia Nacional fumigaron con polvo dermicida sobre unos manifestantes que se habían reunido contra la guerra del Vietnam. Era vergonzoso que se tratara a las personas de esa forma, como si fueran animales o algo peor. Aparte de eso había sido una semana algo aburrida aunque había estado la mayor parte de los días nerviosa por mi cena con Jasper a pesar de que intentaba asegurarme a mí misma que no lo estaba.
No sabía dónde íbamos a ir ni lo que debía ponerme, pero al final me decidí por un vestido de tirantes anchos sin escote, de cuello redondo, con un estampado floral en tonos azules y adornado con un cinturón de cuero de hebilla redonda. Al maniquí en el que lo había visto expuesto le quedaba por medio muslo, pero al ser bajita como era a mí me quedaba un poco por encima de las rodillas, así que perfecto. Lo acompañé de unos zapatos color crema con un poco de tacón y me puse unos brazaletes que sonaban cada vez que movía el brazo, después me maquillé un poco y estuve más que lista.
Miré el reloj y vi que eran las ocho y cuarto, por lo que sin prisa me puse una chaqueta de punto de color blanco, quité el tocadiscos en el que había estado sonando el último álbum de Bob Dylan, Nashville Skyline, mientras me arreglaba, cogí el bolso y me marché cerrando la puerta con llave. Caminé por las calles de Nueva York dándome cuenta de que la gente empezaba a animarse a salir más de noche. Era comprensible, pues aunque todavía faltaba un mes para la llegada del verano, la temperatura era más que ideal y apetecía mucho pasear al aire libre. Llegué cinco minutos antes a la avenida en la que había quedado con Jasper y sonreí, sorprendida, cuando lo vi en su coche ya esperándome. Me acerqué por el lado del conductor y golpeé con los nudillos el cristal, sobresaltándole un poco. Sin embargo sonrió y bajó la ventanilla para sacar un poco la cabeza por ella.
—Me alegro de que hayas decidido venir esta noche —fue su saludo.
—Supongo que te lo debía.
—Supongo que sí. Sube —me pidió estirándose en el asiento para abrirme la puerta del copiloto desde dentro, y yo me apresuré a sentarme a su lado.
— ¿Adónde vamos?
—A mi restaurante favorito. Al Daniel's Restaurant.
Se me abrieron mucho los ojos al escucharle, pues conocía ese restaurante y, como no podía ser de otra forma, era de los más caros de la ciudad. Obviamente su chef principal era uno de los mejores del país, pero… Yo no tenía tanto dinero para gastar en una cena. Y en nada, sinceramente.
Jasper desvió su mirada de la carretera un segundo para mirarme y frunció el ceño.
— ¿No te gusta? Te has quedado muda.
—No es que no me guste, nunca he ido porque se sale de mi presupuesto —me daba vergüenza decírselo, pero pensé que era mejor admitirlo en ese momento que no cuando tuviera que pagar mi parte de la cena y no pudiera hacerlo.
—Pues esta noche probarás su comida y, siendo poco modesto, te encantará.
—Jasper… no creo que me llegue el dinero —insistí, apurada y nerviosa.
— ¿Dinero? No tienes que pagar nada, Alice. Yo invito.
— ¿Qué? —Me volteé en el asiento hasta que pude mirarle, aunque solo vi su perfil—. No, por favor. Me sabe mal que…
—Nada —me interrumpió él suavemente—. Fui yo quien insistió en que saliéramos a cenar, así que yo invito. Siéntete libre de tomar lo que te apetezca y no te prives de nada, ¿vale?
—Pero te vas a gastar una fortuna.
—No te preocupes por eso, Alice, de verdad. Disfrutemos de la cena —me pidió mirándome fijamente y guiñándome un ojo, gesto que me hizo sonreír y sonrojarme a la vez.
—Está bien —accedí no muy convencida, pues no me gustaba que los hombres se sintieran obligados a invitarme cada vez que salíamos a cenar. Aunque no tuviera mucho dinero me consideraba una mujer independiente, pero en ese instante me sentía bastante vulnerable por el simple hecho que íbamos a ir a cenar a un restaurante que se salía totalmente de mi presupuesto, por lo que no me quedaba otra que dejarme invitar.
Llegamos al Daniel's al cabo de unos minutos, pero Jasper siguió conduciendo y aparcó en la calle de atrás, donde no había tanto movimiento de gente como en la puerta principal.
—Siento tener que hacer esto, pero debemos entrar por detrás.
Asentí, comprendiendo al instante. Había muchas personas en la entrada que lo reconocerían nada más verle y, supuse, no quería que nos relacionaran.
—No te preocupes, lo entiendo.
—Solo quiero que nos dejen cenar en paz.
Asentí de nuevo, intentando que no notara mi decepción, y salí del coche cuando estuve segura de que podía hacerlo. Tras cerrar el vehículo, Jasper se acercó a mí y me miró detenidamente, fijándose en mi ropa. Ya pensé que iba a decirme que no estaba vestida para el Daniel's Restaurant cuando sonrió.
—Estás preciosa; antes no he podido fijarme bien.
—Gracias —le respondí, nerviosa y halagada, después de todo. Él también iba muy guapo con sus pantalones negros, su camisa blanca y su americana. La ausencia de corbata le daba a su estilo un aire informal y, lejos de empeorar su imagen, la mejoraba.
— ¿Vamos allá? —me preguntó tendiéndome el brazo como si fuese un caballero y me reí sin poder evitarlo antes de aceptar el gesto.
—Vamos.
Durante un instante pensé que entraríamos por la cocina, pero Jasper me llevó hasta uno de los laterales del edificio, golpeó sus nudillos contra una puerta de madera que no tenía ni punto de comparación con la lujosa entrada principal y, al cabo de unos segundos, esta se abrió revelando a un hombre bajito y regordete con bigote que nos dedicó una amplia sonrisa.
—Buenas noches, señor Whitlock, señorita. Pasen, por favor —nos pidió haciéndose a un lado para dejarnos entrar, y lo hicimos sin prisa, sintiendo al instante el olor delicioso de la comida recién hecha—. Les hemos reservado una sala especial.
—Gracias.
Miré a Jasper con el ceño fruncido, sin entender qué significaba eso de "sala especial", pero no pregunté, pues mi acompañante me indicó en silencio que no tardaría en descubrirlo. Y así fue. Recorrimos un pasillo en el que se escuchaban sin descanso los sonidos típicos de una cocina (vasos y platos chocando, comida friéndose, cubertería fregándose…) hasta que llegamos al final, encontrándonos frente a dos puertas, una situada a la derecha y otra a la izquierda.
—Por aquí, por favor —nos indicó el hombre que nos había acompañado abriendo la puerta de la izquierda y, cuando Jasper y yo entramos en la sala, la boca se me abrió casi hasta el suelo.
Se trataba de una habitación enorme en la que solo había una mesa redonda para dos adornada con pequeñas velas cuadradas y con un centro de mesa repleto de rosas rojas y amarillas. El mantel era de un color entre el marrón y el dorado, haciendo juego con las paredes del lugar, en algunas de las cuales colgaban espejos verticales mientras que otras eran simplemente paneles de luz. Sin duda aquella sala estaba pensada para un príncipe o un rey, no para mí.
—Vamos —me indicó Jasper, divertido al ver mi rostro de asombro, ayudándome a sentarme en la silla. Él se acomodó frente a mí y continuó mirándome, pues ni siquiera me había dado cuenta de que el hombre bajito había desaparecido—. Bueno, ¿qué te parece el lugar?
—Demasiado —fue lo único que atiné a decir, todavía sorprendida.
—Obviamente esta no es la sala principal. El lugar en el que nos encontramos está pensado para celebraciones de bodas y eventos así, pero el restaurante no tiene una sala privada más pequeña, así que pedí que nos reservaran esta.
Como si no me sintiera ya mal por tener que cenar en ese lugar que ya de por sí era caro, encima iba a hacerlo en una sala privada. Dios Santo.
— ¿Y pediste que quitaran todas las mesas excepto una?
—Sí.
Me rasqué la barbilla, pensativa, y respiré hondo.
— ¿No te gusta el sitio? —me preguntó Jasper al ver mi poca efusividad.
—No es eso. Es solo que…
El sonido de la puerta al abrirse me interrumpió, y de pronto apareció un maître muy repeinado y vestido de punta en blanco que nos entregó los menús y nos preguntó qué íbamos a beber. Le indiqué a Jasper que decidiera él y, algo desencantado, pidió el mejor vino del restaurante. Cuando volvimos a quedarnos solos sentí de nuevo su mirada fija en mí.
— ¿Qué sucede, Alice?
—Es que todo esto es demasiado para mí.
—No entiendo.
Decidí ser sincera con él porque no quería que continuara sintiéndose mal por culpa de mi actitud. Claramente no había reaccionado como él esperaba.
—Puede que esté exagerando, pero yo no soy así. Nunca he ido a cenar a un restaurante como este porque jamás me lo he podido permitir, y la verdad es que tampoco me ha importado no hacerlo. Soy una persona sencilla que disfruta de las cosas sencillas. Y este restaurante es precioso y seguro que la comida es una delicia, pero es carísimo, y encima estamos cenando en una sala privada… —me encogí de hombros, entristecida de repente—. Jamás voy a poder pagártelo.
—Es que no quiero que me lo pagues, ya te lo he dicho antes, Alice. Te estoy invitando, y lo último que quiero es que te pases la noche sintiéndote mal por ello. Te he traído aquí porque quería compartir contigo algo que me encanta, pero jamás pensé que te haría sentir tan mal. Y he reservado esta sala simplemente porque no puedo cenar en la sala principal sin que un centenar de seguidores se me acerquen para pedirme autógrafos o para charlar conmigo, cuando lo único que yo quiero hacer es estar contigo disfrutando tranquilamente de tu compañía.
Me mordí el labio inferior y asentí, entendiéndolo. Claro que comprendía que necesitara asegurar su intimidad, pero aun así…
—Lo siento, no quería ponerme así —me excusé sintiéndome imbécil—. Comprendo que tu vida es diferente a la mía.
—Solo porque soy un personaje público. No siempre vengo a cenar o a comer aquí, a veces voy a cualquier hamburguesería y no me importa estar en público, pero esta noche quería que estuviésemos solos.
—Claro. Gracias por pensar en eso —porque no sabía cómo hubiera reaccionado si a cada minuto un fan nos hubiese interrumpido para pedirle un autógrafo o una fotografía a Jasper.
—Prométeme que vas a dejar de sentirte mal porque te haya traído aquí. Otro día iremos a donde tú…
— ¿Otro día? —bromeé alzando una ceja, fingiendo que me molestaba su afirmación—. ¿Ya das por sentado que voy a querer salir contigo otra vez?
Jasper se rio.
—Cierto, perdona. Si tengo la suerte de que al final de la noche quieres volver a salir conmigo, te prometo que la próxima vez te dejaré escoger a ti.
—Eso me gusta más.
Cuando el camarero nos trajo el vino también aprovechó para anotar nuestros pedidos, y me dejé guiar y aconsejar por Jasper, que sabía más que yo del menú de aquel restaurante. Mientras esperábamos a que nos trajeran la cena, Jasper me preguntó cosas sobre mí:
—Bueno, ¿qué hay de ti?
— ¿De mí?
—Sí. ¿De dónde eres?
—Nací en Biloxi hace casi veintiséis años.
—Vaya, así que tampoco eres de Nueva York. Y tenemos la misma edad.
—Sí. Parece que tenemos más en común de lo que pensamos.
—Eso parece. ¿Cuánto tiempo llevas aquí?
—Desde los dieciocho. Siempre quise ser periodista, y quería estudiar en una buena universidad, así que con los pocos ahorros que tenía y con la ayuda de becas, pude hacer la carrera de Periodismo aquí, en Nueva York.
—Caray, una chica decidida.
—No lo sabes bien.
Jasper se rio y bebió un sorbo de su copa de vino.
— ¿Y tus padres?
—Mi madre no estaba para nada convencida de dejarme venir a Nueva York sola, y lo cierto es que mi padre tampoco, pero siempre habían sabido que terminaría haciendo lo que quisiera, así que al final se resignaron. Ellos y mi hermana pequeña viven aún en Biloxi, así que si no vienen ellos a verme, voy yo de vez en cuando. Y nos llevamos muy bien; nos queremos mucho.
—Eso es genial.
—Sí. Los primeros meses en la universidad fueron complicados porque aparte de estudiar tenía que trabajar para sobrevivir. Vivía en la residencia del campus, pero una vez terminara la carrera iba a tener que buscarme un piso, o bien compartido o bien sola, así que me puse las pilas desde el principio. Y encontré uno, que es donde vivo ahora, pequeño y algo viejo, pero perfecto para mí. Tardé un año y pico en encontrar trabajo en la Sunset Magazine, pero al final lo conseguí.
—Ya veo que al final has conseguido todo lo que te propusiste.
—Sí, no me puedo quejar. ¿Y tú?
— ¿Yo?
— ¿Has conseguido lo que te propusiste?
—Profesional y musicalmente, sí. Ni Edward, ni Emmett, ni yo éramos nadie al llegar aquí. Vinimos de Nueva Jersey gracias a Marcus, pero nos costó mucho despegar.
—Pero no os está costando mantener la fama.
—La fama viene y va, de eso somos muy conscientes, pero mientras dure la aprovecharemos.
Los entrantes llegaron en ese momento, y pensé en mi próxima pregunta mientras los camareros nos servían la comida que olía de maravilla.
— ¿Puedo preguntar si estáis pensando en sacar otro álbum?
—Tenemos algo pensado para dentro de muy poco, pero no puedo decir mucho más. Lo que sí te puedo adelantar es que el mes que viene saldremos de gira por Europa.
—Guau. Europa —musité, encantada.
—Sí, es como un sueño. Nunca hemos salido de Estados Unidos y nos hace mucha ilusión.
De repente recordé una pregunta que le hice el lunes pasado en su coche y que no respondió, por lo que me armé de valor y dije:
—El otro día te pregunté algo y no me respondiste.
— ¿Ah, sí? —inquirió él achicando los ojos, como si no recordara a qué me refería.
—Te dije que una persona como tú podría tener a todas las mujeres que quisiera. Entonces, ¿por qué te empeñaste en salir conmigo?
Sus ojos verdes clavados en los míos me ponían nerviosa, pero realmente quería escuchar su respuesta.
—Al principio, cuando nos conocimos en el hotel, me pareciste muy interesante. Ahora voy a sonar de nuevo como un arrogante, pero lo que te voy a decir es cierto —me avisó con una sonrisa divertida en el rostro—: Cuando nos hacen entrevistas o sesiones fotográficas y las entrevistadoras o fotógrafas son mujeres, se maquillan como puertas, se ponen sus mejores vestidos y nos besan en las mejillas a modo de saludo, inundándonos con el aroma de sus perfumes. Tú no hiciste nada de eso. Ibas vestida de manera informal, casi no te maquillaste y en ningún momento hiciste ningún gesto coqueto o seductor hacia nosotros.
Sí que se había fijado en mí, sí. Más de lo que me había parecido al principio.
—Así que te gusté porque no intenté llevarte a la cama —resumí su discurso entre risas.
—Exactamente. Eso fue al principio. Cuando me diste calabazas y me dejaste plantado después pensé en que quizá tenías novio y yo me estaba entrometiendo, y cuando me aclaraste que no era así supe que deseaba conocerte más que a nada. Porque te habías convertido en mi nuevo propósito.
De acuerdo. Esas palabras no las había esperado en absoluto.
— ¿Tu nuevo propósito es conocerme?
—Mi nuevo propósito eres tú, simplemente.
Volví a morderme el labio inferior y clavé la mirada en el plato que tenía delante, nerviosa. Se me estaba yendo todo de las manos y ni siquiera lo había visto venir.
—No sé qué decirte, Jasper —confesé en voz baja.
—No tienes que decir nada. Solo… quiero que dejemos que las cosas surjan sin más. Poco a poco.
Asentí en silencio tras respirar hondo y sonreí levemente, sintiéndome emocionada y feliz sin saber exactamente por qué. El resto de la cena pasó entre conversaciones sobre el trabajo, la música y los asuntos sociales que ocurrían diariamente en el mundo. Cuando terminamos, Jasper pagó con su tarjeta de crédito y salimos del restaurante por el mismo lugar por el que habíamos entrado, lejos de miradas entrometidas. Una vez en el coche, Jasper me pidió que le indicara dónde estaba mi piso para así no tener que dejarme en otra calle.
—Puedes dejarme donde me has recogido antes, no hay problema.
—Entonces te acompañaré andando. No quiero que te vayas sola a estas horas, Alice.
Quise decirle que no me iba a pasar nada, pero opté por darle mi dirección para que me llevara directamente en coche.
— ¿Qué tal has cenado? ¿Te ha gustado la comida? —me preguntó una vez arrancó.
—Muchísimo. Creo que nunca había cenado tan bien.
—Me alegro.
—Sí. Gracias por traerme aquí aunque al principio… haya parecido que no estaba conforme.
—No te preocupes. Debería haberte preguntado antes dónde querías cenar.
—La próxima vez decidiré yo, entonces —respondí intuyendo cuál sería su reacción. Y no me equivoqué.
Jasper me miró de reojo hasta que pudo ladear la cabeza aprovechando un semáforo en rojo y clavó sus ojos en mi rostro con fijeza.
— ¿La próxima vez? ¿Quieres que haya próxima vez?
—Bueno, si me vuelves a preguntar si quiero volver a salir contigo te diré que sí.
Su amplia sonrisa me hizo sonreír a mí.
—Te lo volveré a preguntar porque he pasado una gran noche. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto con una mujer sin que hubiera sexo de por medio.
Aquel comentario me hizo reír a carcajadas.
—Pues sí que hablan poco tus acompañantes.
—Por desgracia a la mayoría solo les interesa una cosa de mí. Para mi suerte, tú eres diferente a ellas.
Me di cuenta de que ya habíamos llegado a mi calle y de que nos encontrábamos aparcados delante de mi edificio.
—Soy única en mi especie.
Jasper sonrió y le dio golpecitos al volante con sus dedos.
—Al final parece que hemos congeniado —musitó ladeando la cabeza para mirarme de nuevo.
—Sí, eso parece.
—Quiero conocerte más, Alice. Hoy he descubierto que, aunque te acabe consiguiendo más pronto o más tarde, por ahora no me voy a cansar de ti. Hay tanto de ti que quiero descubrir que me da la sensación de que necesitaría una vida entera para hacerlo.
Tragué saliva con dificultad, pues no estaba preparada para tales palabras. No aún, al menos.
—Jasper, no sabes lo que querrás mañana, ni pasado. Ni mucho menos el mes que viene.
—Ya, pero por ahora me gustaría que confiaras en mí, que me dieras la oportunidad de estar en tu vida. No como cantante, ni como músico, sino como persona. Como amigo al principio y luego… no sé. Ya veremos. Pero solo si tú quieres, claro. Si me dices que no, simplemente desapareceré y no te molestaré más. Ya lo he hecho bastante.
—No me has molestado, solo has sido… insistente.
—Mucho.
—Mucho —admití con una sonrisa—. Pero también me lo he pasado muy bien esta noche y… me gustaría repetir. No quiero que simplemente desaparezcas.
—Entonces no lo haré.
Asentí en silencio, agradecida, y me desabroché el cinturón de seguridad.
—Gracias por todo, de verdad. Ha sido una noche magnífica.
—No hay de qué —hizo el gesto de decir algo más, pero se calló en el último segundo.
— ¿Qué? ¿Qué ibas a decir? —pregunté cuando lo vi dudar.
—Nada, solo que… Solo me apetecía besarte, pero no quiero que vuelvas a malpensar de mí.
Se me entrecortó la respiración al escucharle y decidí armarme de valor.
—No hubiera… malpensado de ti.
Cuando Jasper se volteó en el asiento hasta que quedamos cara a cara se me detuvo el corazón en el pecho.
— ¿No?
—No.
En aquel instante solo era capaz de escuchar el frenético retumbar de mi corazón contra mis costillas y de ver los ojos verdes de Jasper clavados intensamente en los míos.
— ¿Me estás pidiendo que te bese?
—Supongo que sí.
Sentí que me ardían las mejillas cuando lo vi sonreír y se me encogió el estómago al ver cómo se acercaba lentamente a mí tras quitarse el cinturón de seguridad. Colocando una mano en mi mejilla me instó a aproximarme hasta que nuestros labios se encontraron y fui capaz de notar el sabor a chocolate y menta del helado que Jasper se había pedido de postre. Dejé que fuera él quien llevara el beso al principio, sintiendo sus labios cálidos contra los míos, hasta que decidí besarlo de la misma forma aunque con algo más de intensidad. Hacía tanto tiempo que nadie me besaba de esa manera que sentí que me mareaba, aunque también lo asocié al vino que había bebido, que me obnubilaba un poco la mente. Pero Jasper besaba muy bien, pidiendo y dando a cambio, recorriendo mi boca con la suya hasta que finalmente mis pulmones se quejaron demandando aire y nos separamos con la respiración entrecortada y los ojos brillantes.
Fue entonces cuando me di cuenta de que una de mis manos se había dirigido a su americana y que la aferraba con fuerza, como si no quisiera que se separara de mí. Por otro lado, su mano, la que había colocado antes en mi mejilla, se había deslizado hasta mi cintura, de modo que nos encontrábamos ambos semi tumbados en los asientos delanteros del coche.
—Buenas noches, Jasper —susurré antes de incorporarme en el asiento y arreglarme un poco el vestido arrugado. Y eso que solo nos habíamos besado.
—Buenas noches, Alice —se despidió de mí con una sonrisa—. ¿Te llamo la semana que viene?
—Sí. Te doy mi número.
Tras entregarle un papel con mi número de teléfono apuntado y dedicarle una última sonrisa, me bajé del coche y me apresuré a entrar en mi edificio, sintiendo cómo me temblaban las piernas y me golpeaba con fuerza el corazón en el pecho. Tenía la sensación de que me estaba metiendo en un terreno pantanoso del que me sería muy difícil salir si continuaba adentrándome en él pero, sinceramente, en ese instante, nada podía importarme menos.
¡Holaaaa! Como veis hoy os he traído un capítulo largo y sustancial, muy sustancial, jajajaja. Antes de nada os diré que este par no se anda con rodeos en esta historia (al menos al principio), solo para que lo tengáis claro ;) Pero bueno, ya veis que la cosa se está poniendo buena y por el momento no hará más que mejorar. Después ya vendrán los líos, jojojojo.
Por cierto, tras batallar muchísimo con el tema del link de Tumblr y demás, decidí hacer otra cosa. Así que si vais a mi perfil encontraréis un link que os llevará a una lista de reproducción de YouTube donde encontraréis todas las canciones que puse en mi lista de Tumblr para que podáis escucharlas si os apetece :D
Espero que os haya gustado muuuuuuuucho el cap y que me lo digáis en vuestros reviews. ¡Nos leemos el martes! Xo
