Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, solo la trama es mía.


-Capítulo 8-

Verano de 2013

Ben me sonrió mientras le daba vueltas a sus espaguetis con el tenedor y yo intentaba que la alegría, y también la tristeza, que me provocaba esos recuerdos no saliera demasiado a flote.

— ¿Tu primer beso con la abuela fue en un coche?

—Sí, en el mío.

— ¿Entonces empezasteis a salir?

—No. Pasaron varias cosas y algo de tiempo antes de que decidiéramos hacer oficial nuestra relación. No queríamos ir deprisa, y yo sabía que Alice necesitaba algo de espacio para pensar en lo que ella quería y en lo que supondría que saliéramos juntos.

—Pues qué complicado —se quejó Ben frunciendo el ceño, terminándose su comida.

—Sí, bastante —me reí entre dientes—. Así son las cosas a veces.

El sonido de un teléfono que no era el fijo de casa nos sobresaltó, y Ben se puso en pie al darse cuenta de que sonaba su teléfono móvil.

—Es papá —me dijo antes de responder, por lo que yo aproveché para quitar la mesa mientras el chico hablaba con su padre.

Al cabo de unos minutos Ben me pasó el teléfono y yo me sentí contento de volver a escuchar la voz de Liam a pesar de que le había visto el día anterior.

— ¿Cómo va todo por Boston, hijo? —le pregunté tras sentarme en mi sillón mientras Ben veía la televisión tumbado en el sofá.

Muy bien, la verdad. Todo en orden. ¿Cómo te va a ti con Ben?

—De maravilla. Nos lo estamos pasando bien.

¿En serio? —inquirió Liam como si le sorprendiera que mi nieto pudiera divertirse conmigo.

—Sí. ¿Tanto te cuesta creerlo?

No, no es eso, papá. Es que… Ben no estaba convencido de quedarse contigo, y se me hace raro oír que os estáis divirtiendo. Solo eso.

—Pues es así. Ayer fuimos a la playa y esta tarde ya encontraremos algo divertido que hacer.

Claro. No quería hacerte sentir mal.

—No lo has hecho, pero ten algo más de confianza en mí. No soy tan aburrido como piensas.

Papá… no pienso que seas aburrido.

—No te preocupes, Liam. Espero que te vaya bien el trabajo.

Gracias. Mañana volveré a llamar.

—Como quieras. Hasta mañana.

Colgué y le entregué el móvil a Ben, que me había estado mirando detenidamente durante los últimos segundos.

— ¿Has discutido con mi padre?

— ¿Discutir? No.

—Parecía que estabais discutiendo.

—Nada de eso. Solo… le sorprende que tú y yo podamos pasarlo bien. Me ha dicho que le parece raro que nos divirtamos porque tú no estabas convencido de venirte a Montauk conmigo durante unos días.

Vi a mi nieto sonrojarse y desviar la mirada de nuevo hacia la televisión, como si no quisiera enfrentarme.

—No te culpo, Ben. Lo entiendo. Casi no me conoces aunque sea tu abuelo, y creo que te debo una disculpa por no haber existido para ti en estos últimos años. Si yo fuera tú estaría muy enfadado.

—Lo estaba. No sé si aún lo estoy —musitó sin mirarme.

—Lo comprendo. Pero intentaré ponerle remedio en estos días que nos quedan, te lo prometo.

Ben asintió en silencio y después apagó la televisión con el mando a distancia.

— ¿Qué pasó después? —me preguntó colocándose de lado en el sofá.

— ¿Después de qué?

—De que la abuela y tú os besarais en el coche. Me has dicho que no os hicisteis novios hasta tiempo después.

Me reí entre dientes, feliz de que Ben se interesara tanto por esa historia, y me acomodé en mi sillón, rememorando de nuevo aquellos días.

.

.

.

Mayo de 1969

En un momento de descanso, mientras Emmett y Edward salían a fumar, aproveché para llamar por teléfono. En el estudio solo quedaban Marcus y los trabajadores de allí, que estaban hablando sobre cómo grabar cierta canción, por lo que no me iban a prestar casi atención. Además, había escogido una sala pequeña en la que no había más que un sofá y un teléfono, por lo que me venía perfecto para lo que tenía en mente. No me estaba escondiendo, claro; había hablado con mis compañeros sobre la noche del sábado sin entrar en demasiados detalles y ellos sabían que estaba interesado en Alice, pero tampoco me apetecía que escucharan mi conversación con ella.

Miré de nuevo el reloj. Las cinco y media de la tarde de un martes. Había esperado dos días y medio para llamarla; no estaba mal teniendo en cuenta que quise hacerlo el domingo, pero me dije que no, que esperara. No sabía si Alice ya habría salido de trabajar, por lo que probé suerte y marqué su número, deseando poder charlar con ella un rato.

¿Diga?

Sonreí al escuchar su voz al tercer tono y me sentí tremendamente afortunado.

—Señorita Brandon, hola.

Así que eres tú —me dijo, y pude notar que sonreía. Otra buena señal.

—Pensaba que no me ibas a conocer.

Tengo buena memoria y recuerdo tu voz.

—Ya veo.

Has cumplido tu palabra y me has llamado.

—Siempre cumplo mi palabra —le aseguré—. ¿Cómo te ha ido el día?

Bien. Mucho ajetreo en la revista, así que estoy algo cansada. ¿Y a ti?

—He pasado el día en el estudio, y todavía me quedan unas cuantas horas más aquí encerrado.

¿Ah, sí? Así que aún estás trabajando.

—Sí. Ahora estamos haciendo un descanso.

Y has aprovechado tu descanso para llamarme. ¿Debo sentirme halagada? —bromeó, y yo me eché a reír.

—Por supuesto; eso no lo hago con cualquiera —confesé—. Bueno, ¿nos vemos el sábado?

Claro.

—Me gustaría que fuera antes, pero va a ser una semana algo complicada para mí y…

Jasper, no te preocupes. Yo también voy a estar ocupada y el sábado me parece bien. Además… prefiero verte el fin de semana.

— ¿Y eso por qué?

Porque me pones nerviosa y me desconcentras. Y no puedo ir a trabajar estando tan descentrada.

Sonreí de nuevo sin poder evitarlo, contento de que lo aceptara con tanta facilidad.

—Bueno, tú también me pones nervioso a mí. Ahora no voy a poder cantar en lo que queda de tarde por tu culpa.

La escuché reír y la acompañé hasta que terminó de reírse con un suspiro.

No te lo creas demasiado, Whitlock; no vaya a ser que se te suba a la cabeza.

—No se preocupe, señorita Brandon. Lo tengo todo controlado.

Sí, ya. En fin, ¿nos vemos el sábado, entonces?

—Sí. ¿Te paso a buscar?

De acuerdo. Esta vez elijo yo el sitio donde cenar.

—Por supuesto. Hasta el sábado, Alice.

Adiós, Jasper.

Colgué con una sonrisa estúpida en el rostro y salí de la sala casi chocándome con Emmett y Edward que estaban, al parecer, esperándome en el pasillo.

— ¿Ya has terminado de hablar con tu nueva conquista? —me preguntó Emmett moviendo las cejas de manera sugerente, a lo que yo rodé los ojos.

—No es de tu incumbencia.

—Venga ya, si me alegro por ti. Cuando nos dijiste que te había dejado plantado la primera vez pensé que ya no querría saber nada más de ti, y fíjate ahora. Parecéis dos adolescentes hablando a escondidas.

—Sí, espero que no intente hundir el grupo —musitó Edward caminando frente a mí en dirección a la sala de grabación.

— ¿Hundir el grupo? ¿De qué diantres hablas?

—Es una periodista, Jasper. Cuidado con lo que le cuentas.

—Alice no va a decir nada —la defendí con el ceño fruncido, cabreado por las palabras de mi amigo.

— ¿Cómo estás tan seguro? Estás idiotizado con ella; incluso le diste tu número de teléfono personal sin pensar en las consecuencias.

—No la conoces.

—Y tú tampoco. No hace ni un mes que nos hizo la sesión de fotos y tú no piensas más que en ella.

—Relajaos un poco, colegas —nos pidió Emmett poniendo paz, previendo que se avecinaba una discusión importante—. Tenemos que terminar de grabar las canciones y no va a haber manera de hacerlo si no zanjáis el asunto aquí.

—Yo confío en Alice, y si estoy idiotizado con ella es cosa mía, no tuya —le respondí a Edward de manera mordaz, obviando la intervención de Emmett, porque no me daba la gana de quedarme con la palabra en la boca.

—Entonces ten más cuidado con lo que haces y sé más cauto.

—Joder, ¿esa es tu palabra favorita o qué? Cauto, cauto, cauto. No quiero ser tan cauto como tú, que ni siquiera te atreves a traer a tu novia a Nueva York por lo que puedan publicar de ella en las revistas.

— ¿Y tú qué sabes de mis motivos? Solo quiero proteger a Bella, no tienes por qué inmiscuirte en mi relación con ella.

—Pues no te inmiscuyas tú en mis asuntos con Alice.

— ¡Tíos, ya vale, joder!—alzó la voz Emmett, consiguiendo que Marcus se percatara de nuestra disputa y se acercara a nosotros con un aviso en su rostro.

— ¿Se puede saber qué está pasando? —preguntó mirándonos a todos estupefacto.

—Nada, Marcus —le respondió Edward—. Nada.

—Pues a grabar, se ha terminado el descanso.

Le dediqué a Edward una mirada fulminante que fue ignorada y me dirigí a beber un vaso de agua antes de entrar en la sala de grabación. Las siguientes dos horas fueron un cúmulo de tensión casi inaguantable, no solo para Edward y para mí, sino también para Emmett y Marcus, que se percataron de que las cosas no iban del todo bien.

— ¿Podemos hacer otro descanso? —pedí pasándome la mano por el pelo, nervioso e incómodo. No había acertado a la primera ningún tono y tampoco ningún acorde desde el descanso anterior, y todo por culpa de la discusión con Edward.

—Veinte minutos, muchachos. Como mínimo tenemos que grabar dos canciones más hoy, así que ya podéis poneros las pilas —nos avisó Marcus, mosqueado.

Me fui de la sala de grabación agobiado y me dirigí fuera del edificio, al callejón trasero, para fumarme un cigarro. No llevaba en la calle ni dos minutos cuando la puerta se volvió a abrir y por ella apareció Edward. Me miró receloso durante unos segundos y después respiró hondo. Se acercó a mí, que estaba apoyado en la pared de ladrillo, y se colocó a mi lado.

—Lo siento. No tendría que haberme puesto así. Es tu vida, puedes hacer con ella lo que quieras —comenzó a hablar apoyándose también en el muro.

—Comprendo que casi toda mi vida gira en torno a Inequals, y el grupo es muy importante para mí aunque no lo parezca. Pero ha aparecido Alice de repente y… ha sido como un vendaval. Me lo ha puesto todo patas arriba.

Edward asintió en silencio.

—Apenas nos conocemos, pero tiene algo especial; algo que me llama y que me hace querer pasar tiempo con ella —proseguí—. No me había pasado nunca, ni siquiera con Lucy, así que supongo que sí estoy idiotizado.

—Solo quiero que tengas cuidado. Ya no lo digo por la imagen del grupo, sino por la tuya propia.

—Sé que Alice no va a vender lo que sea que pase entre nosotros a ninguna revista. Estoy seguro.

—Espero que tengas razón.

Respiré hondo.

—Siento haber metido a Bella en la discusión —murmuré—. Tienes tus motivos para no querer que venga a Nueva York.

—No es que no quiera que venga, es que si viene se verá envuelta en periodistas, entrevistas y gente entrometida, y no quiero eso para ella. La conozco, y lo pasaría muy mal siendo el foco de atención de todo el mundo. Por eso prefiero que se mantenga al margen de momento.

—Sí. Siento haber sido tan cabrón.

—Lo mismo digo.

Le di un puñetazo juguetón a mi amigo en el brazo y sonreí cuando se echó a reír.

—Vamos, anda, que si no grabamos esas dos canciones esta tarde a Marcus le va a dar un infarto.

—Vamos.

Tras desechar lo que quedaba de mi cigarro ambos entramos de nuevo en el edificio y en la sala de grabación, más despejados y más tranquilos después de esa conversación. Emmett y Marcus también lo notaron, por lo que se relajaron al instante en el que vieron que nuestra afinidad volvía a estar intacta.

Mis compañeros de grupo eran un pilar fundamental en mi vida aparte de mi familia, que continuaba viviendo en Nueva Jersey, y sin embargo algo me decía que Alice, tarde o temprano, también se terminaría convirtiendo en uno.

.

.

.

La tarde del sábado fue frenética para mí. Eleazar me llamó a las siete a casa y me recordó que debía terminar de escribir y corregir un reportaje que necesitaba sin falta el domingo, por lo que me horroricé al darme cuenta de que se me había olvidado por completo hacerlo. Lo había dejado en mi bolso y no había vuelto a echar cuenta de él, así que me iba a pasar lo que quedaba de tarde y, seguro, de noche, despierta escribiendo. Adiós a mi cita con Jasper.

Sin embargo, con las prisas y los nervios se me olvidó llamarle para avisarle de que tenía que cancelar nuestro encuentro, por lo que a las ocho y media, justo cuando estaba a punto de terminar de escribir el reportaje, sonó el timbre de mi piso. Corrí para ver quién podía ser y, al escuchar la voz de Jasper por el interfono, se me disparó el corazón. Le abrí la puerta para que subiera, sintiéndome fatal a causa de lo que tenía que hacer, y cuando llegó a mi piso le dediqué una mirada apesadumbrada.

—He tenido que llamar a dos pisos aleatorios hasta que algún buen vecino me ha dicho cuál era el tuyo —me comentó con una sonrisa que se le borró al ver mi cara—. ¿Qué pasa?

—Lo siento tantísimo… —me pasé una mano por el rostro, agobiada y cansada, sin pensar que llevaba los pantalones de pijama, una camiseta de manga corta blanca que me quedaba una talla grande y el cabello sin peinar—. Me ha surgido algo de repente y se me ha olvidado llamarte para decírtelo.

— ¿Tienes trabajo?

—Sí. Tengo que terminar de escribir y de corregir un reportaje para mañana, y suerte que me ha llamado mi jefe para recordármelo; si no, no lo habría podido entregar.

—Vaya.

—Siento mucho haberte hecho venir, pero…

—Estás ocupada, lo entiendo.

—Solo me queda corregirlo… No creo que tarde más de una hora. Si no te importa esperar, podemos salir más tarde —se me ocurrió. Al fin y al cabo lo más difícil ya lo había hecho.

—Por mí no hay problema.

—Genial —sonreí haciéndome a un lado para que entrara en mi piso. Ni siquiera lo había adecentado un poco, qué vergüenza—. No te horrorices con mi desorden.

—No te preocupes, yo también soy muy desordenado —me comentó entre risas.

—Puedes ver la televisión un rato mientras termino de corregir.

—Vale.

Jasper se sentó en mi sofá recubierto con una funda multicolor que había tejido yo misma años atrás y encendió la tele, bajando el volumen para que yo pudiera trabajar tranquila. Como mi piso solo tenía una habitación, que era donde yo dormía, aparte de la cocina y el cuarto de baño, tenía que trabajar en la mesa del salón, al lado de la televisión, pero no me molestaba. Era capaz de concentrarme con bastante facilidad, así que en menos de cinco segundos estuve enfrascada en el reportaje. O eso creí, porque al cabo de unos diez minutos fui capaz de notar la mirada de Jasper clavada en mí, observándome detenidamente, al detalle, aprovechando mi supuesta concentración.

—Para —le pedí sonriendo sin poder evitarlo, sin apartar los ojos del reportaje que tenía delante.

— ¿Qué?

—Que pares de mirarme.

— ¿No estás trabajando?

—Sí, pero noto cómo me miras y me pones nerviosa.

Lo escuché reírse entre dientes y, en silencio, devolvió la mirada a la televisión. Continué trabajando siendo muy consciente de su presencia a escasos metros de mí, y durante unos minutos pensé que tenía a un cantante de un grupo famoso sentado en mi sofá y viendo la televisión. No mucha gente podía añadir eso a los anales de su historia.

Treinta minutos después tuve el reportaje escrito y corregido, por lo que solté el lápiz y estiré mis brazos, contenta. Aún podíamos ir a cenar.

—Bueno, ya he terminado —le dije a Jasper poniéndome en pie—. ¿Te parece si…?

El sonido de un trueno me calló al instante, y en menos de diez segundos comenzó a diluviar como si no hubiera un mañana, dejándonos a Jasper y a mí estupefactos.

—Dios mío —musité yendo hacia la ventana, sorprendida por la fuerza de la naturaleza—. Si hace un minuto estaba todo tranquilo.

—Pues sí. Parece que el mundo no quiere que salgamos a cenar hoy —comentó Jasper colocándose a mi lado.

—Bueno… pues podemos no salir. No se me da mal del todo cocinar.

— ¿Me estás invitando a cenar aquí? —me preguntó achicando los ojos.

—Sí. No creo que tengamos muchas más opciones, sinceramente.

Jasper volvió a mirar la calle mojada y las gotas de lluvia cayendo furiosamente sobre el asfalto y sobre su coche aparcado frente a mi edificio, y dijo:

—Creo que no.


¡Holaaa! La cosa va viento en popa, y en el siguiente capítulo irán incluso a mejor (ya os dije yo que estos dos van directos como flechas ;P). Espero que os haya gustado mucho el cap de hoy y que me lo digáis en vuestros reviews. Me alegra muchísimo que os esté gustando el fic; he de confesar que me daba algo de miedo lanzarme con él por el tema de que está basado en una historia de hace 50 años y tal, pero por lo que veo está teniendo buena acogida, así que GRACIAS.

¿Nos leemos el sábado? Espero que sí. Xo