XXI
Respiro hondo antes de llamar a la puerta. Dos golpes secos, como la última vez, y espero a que alguien me abra. Esta vez ocurre bastante antes y la misma chica, Stella, me recibe con las mismas ganas: ninguna.
-K no tardará en llegar -su voz es débil y muy baja, como si le costase esfuerzo hablar, pero directa. Me mira hasta que asiento como respuesta y se aleja para entrar desaparecer por un pasillo, o eso es lo que creo ver debido a la poca luz que hay.
Aprovecho su ausencia para dar una vuelta por el edificio y descubrir si es cierto que Costia se esconde en él, que es para lo que he venido, y lo que me encuentro al hacerlo es realmente perturbador.
A lo largo de toda la sala principal me tropiezo con colchones y sacos de dormir repartidos por el suelo, algunos con gente durmiendo -o inconsciente, no sabría diferenciar cuáles-, otros vacíos con mantas, restos de basura, ropa… Y sobre todo suciedad, mucha suciedad.
Cada vez que distingo un cuerpo en algún sitio me fijo a conciencia en él para intentar reconocer algún rasgo que me pueda decir si se trata de ella, y aunque no lo consigo sí que me doy cuenta de algo: nadie parece percatarse de que estoy allí. Es como caminar entre fantasmas.
Al cabo de un rato empiezo a creer que no la voy a encontrar nunca y me convenzo a mí misma de que Roan está equivocado, que Costia no ha vuelto, pero cuando veo que la sala se desdobla en otra un mucho más pequeña me fuerzo a entrar y seguir buscando. Solo por si acaso.
Me quedo boquiabierta cuando veo que dentro hay una tienda de campaña medio rota con un tamaño suficiente para cuatro personas, pero en la que solo veo a una chica enrollada entre mantas tirada bocabajo.
Consigo apreciar que tiene un tatuaje en el tobillo y de manera casi inconsciente me agacho para enfocarlo con la luz del móvil. Estoy a punto de gritar cuando reconozco la media luna que Costia se tatuó cuando aún estábamos juntas. Fue el regalo que le hice cuando cumplió 20 años.
Un ladrido detrás de mí me sorprende en ese momento, haciendo que se me caiga el móvil de las manos.
-¿Kamir…? -pregunta Costia aturdida.
Un pequeño Fox Terrier con el pelo de color tostado y algo sucio pasa por mi lado y se mete en la tienda. Comienza a lamerle la cara a Costia meneando ligeramente la cola para despertarla.
-¿Luna?, ¿Qué ocurre, chica? -se incorpora para mirar hacia atrás mientras la acaricia- ¿Quién está ahí? -pregunta con tono firme.
El nudo que se me ha formado en la garganta al escuchar de nuevo su voz me impide hablar y me convierto en una estatua. Una bola de sentimientos contrarios entre sí me remueve el estómago y siento ganas de vomitar.
No consigo reaccionar tampoco cuando decide asomarse por la puerta de la tienda al no recibir respuesta alguna y queda a escasos centímetros de mí, clavando sus ojos negros en los míos.
-¿Lexa? -dice sorprendida- Dios mío, ¡Lexa! -me abraza con fuerza mientras yo sigo completamente rígida-. Tenía miedo de no volverte a ver.
Mentiría si dijera que en parte ese abrazo no me reconforta, y mentiría aún más si dijera que no he soñado miles de noches con volver a sentirlo.
Por un momento me dejo llevar por los recuerdos y las imágenes de Costia a mi lado pasan por delante de mis ojos, provocándome un intenso dolor en el pecho. Ha sido mucho tiempo intentando averiguar el motivo por el que se fue, creyéndome culpable de algo que no hice, y esa herida aún no está cerrada del todo.
Sin embargo es eso, un momento fugaz, y rápidamente me recompongo volviendo a la realidad para apartarla de mi lado, dejando más espacio entre nosotras.
-¿Qué haces aquí? -pregunta con el ceño fruncido-. No deberías…
-Me dijeron que estabas aquí -hablo con toda la dureza que puedo pero aún así mis palabras hacen que sus labios dibujen una pequeña sonrisa.
-¿Has venido… por mí? -suena más ilusionada de lo que me gustaría.
-Tenía que verlo con mis propios ojos.
-Pues no sabes lo que me alegra que lo hayas hecho -dice lentamente llevando la mano hasta mi rostro para acariciarlo.
-No hagas eso -me levanto de golpe, sorprendiéndola.
-Tienes razón, lo siento.
La observo entrar de nuevo en la tienda de campaña y coger unas mayas de deporte para ponérselas. Ha estado vestida tan solo con una camiseta ancha y su ropa interior todo este tiempo y ni si quiera me he dado cuenta. Siento un escalofrío cuando me fijo en lo mucho que se le marcan los huesos de las piernas, que están mucho más delgadas que la última vez que las vi.
Se agacha una vez más para ponerse unos pantalones de chándal por encima de las mayas y después también se echa una manta por encima antes de salir.
En la calle el sol calienta con fuerza y dentro del edificio no hace tanto frío como para abrigarse de esa manera, por lo que me lo asocio a un problema de su propia temperatura corporal. Eso, sumado a los restos de papel de plata ennegrecidos que veo en el suelo de la tienda y que intenta esconder sin que me dé cuenta, hace que lo asocie todo rápido: es adicta a la heroína.
Vuelvo a notar una fuerte presión en el pecho y me odio por ello. No es algo que no me esperase pero siempre quise que se alejara de aquello y en el fondo me duele que no lo hiciera. Detesto seguir preocupándome por ella después de tanto tiempo.
-Veo que te han sentado bien los años -me mira con intensidad-. Estás incluso más preciosa que antes.
Ella en cambio ha empeorado, pero se podría decir que sigue conservando parte de su belleza.
Ahora que mis ojos se han adaptado a la luz puedo ver que sus rasgos están mucho más marcados debido a la pérdida de peso y la palidez casi enfermiza de su piel. Se ha cortado el pelo a la altura de los hombros, sospecho que ella misma, pero lo sigue llevando con su moreno natural. Siempre me gustó cómo le quedaba ese color, a juego con sus ojos.
-No se puede decir lo mismo de mí, ¿verdad? -bromea al notar mi mirada estudiándola.
-Las he visto peores -digo casi sin darme cuenta.
Sonríe ante mi comentario y me entran ganas de pegarme a mí misma. No quiero que se lleve la impresión que no es de todo esto, pero ahora mismo soy dos personas en una: la Lexa que la detesta y que ha pasado página gracias a Clarke, y la Lexa que aún busca una explicación por su parte mientras recuerda que en algún momento la quiso con locura.
Mi móvil suena en mi mano haciendo que desvíe la atención a la pantalla, Clarke me ha mandado una dirección y un mensaje:
Clarke: Hola preciosa. Bellamy quiere hacer una barbacoa esta tarde en su casa aprovechando el buen tiempo para despedir nuestra libertad antes de empezar los exámenes y nos deja llevar a quien queramos, y yo a quien quiero es a ti. Estaré por allí a partir de las 7. Intenta no tardar una hora en llegar esta vez ;) y tráete bikini!
Sonrío para dentro al verlo y Costia lo nota.
-¿Alguien especial? -no intenta disimular la decepción en su voz.
-Costia…
-Tú ya has venido por aquí -afirma una voz masculina detrás de mí. Me giro al tiempo que K pasa por mi lado para colocarle un brazo por encima de los hombros a Costia-. Ya veo que os habéis conocido. L, ¿no? -se dirige a mí.
-Sí -miro a Costia confundida pero ella clava la vista en el suelo. Parece abochornada.
Antes al despertar ha dicho 'Kamir', ¿ese es el nombre de K?, ¿Por qué iba a saberlo ella?, ¿Y por qué la abraza de esa manera tan posesiva?
-La verdad es que me alegro de verte de nuevo -continúa- quería comentarte algo sobre Roan… El otro día me quedé pensando en qué sería lo que sabe de ti para tenerte trabajando para él, y llegué a la conclusión de que sea lo que sea puedo ofrecerte una salida; un trato mejor.
Ahora es Costia la que me observa intrigada.
-No me interesan los tratos -gruño, pero él continúa mirándome con calma, provocando justo el efecto contrario en mí.
-Este lo hará.
No tardo mucho en salir de allí para evitar llegar tarde a la barbacoa del hermano de Octavia, y aun así no lo consigo. Resulta que el muchacho vive a las afueras de la ciudad y llego unos cuarenta minutos después de las 7. Al menos Clarke no podrá decir que no lo intento.
Bellamy es quien me recibe sonriente tan solo con un bañador y una vez dentro le sigo cuando camina por un camino de piedras, rodeando la casa.
-Este sitio es enorme -digo alucinada mirando a mi alrededor. Es un chalet de dos plantas con un jardín increíblemente bien cuidado-. ¿A qué se tiene que dedicar una para tener una casa así?
-Nuestro padre dirige una imprenta -se encoge de hombros riendo-. Deberías esperar a ver el interior, mi madre es una loca de la decoración.
Me quedo boquiabierta en cuanto llegamos a la parte de atrás. Tiene una piscina bastante grande rodeada por un suelo de madera que se extiende hasta un cenador de piedra donde hay varios sofás, una mesa grande, un equipo de música e incluso una barra con una nevera para las bebidas.
La gente está repartida entre ambas zonas y reconozco las caras de casi todo el mundo, pero solo me fijo en una; la que me sonríe de la manera más encantadora al verme llegar.
-Bueno, parece vas mejorando -bromea echándole un vistazo a su reloj.
La abrazo con fuerza en cuanto la alcanzo, queriendo fundirme con ella. Todavía siento el cuerpo agarrotado por la tensión que he pasado antes y sentirla cerca es lo único que me puede ayudar ahora mismo.
Ella se sorprende ligeramente por mi intensidad, pero pronto se relaja devolviéndomela.
-¿Todo bien? -me susurra al oído.
-Ahora sí -digo robándole un beso.
-¡Lexa al final has podido venir! -grita Octavia desde la piscina. Lincoln también está con ella, ya sin escayola, y me dedica una sonrisa mientras la empuja para hundirla de nuevo en el agua.
Raven, que está tomando el sol tumbada en una toalla en la madera, se quita las gafas de sol un segundo para mirarnos y después vuelve a ponérselas con desgana.
-¿Qué le pasa a Raven? -pregunto con el ceño fruncido.
-Está enfadada contigo… o algo así.
-¿Conmigo?
-Sí, por lo de no dar señales de vida y luego lo del bar… ya sabes -se muerde el labio-. Se le pasará, tranquila. Solo está haciendo su papel de amiga protectora.
Y en el fondo no la culpo. Raven tiene razones de sobra para estar enfadada conmigo por haber mareado a su amiga, incluso yo lo estoy, y me gusta saber que se preocupa por ella.
Rápidamente Clarke me pone una cerveza en la mano y nos sentamos en los sofás, donde algunos de su clase están jugando a las cartas.
Rechazo unirme a la partida cuando me lo ofrecen pero ella acepta animada, asegurando que no hay nadie que pueda ganarla en ese juego. Sonríe como una niña pequeña con cada punto que gana y yo no puedo hacer otra cosa más que mirarla, adorándola; dándome cuenta de lo mucho que la necesito en mi vida. Costia a su lado se queda en nada.
De vez en cuando me mira de reojo y sonríe nerviosa ante mi incesante mirada, pero continúo haciéndolo divertida mientras acaricio con suavidad su espalda. A veces también cierra los ojos durante una milésima de segundo para sentir mis caricias y eso me llena el alma.
Todo el mundo comienza a aplaudir cuando Bellamy anuncia que la comida está lista y aparece con una bandeja enorme de hamburguesas con una pinta estupenda.
-Esta carne sabe rara -murmuro cuando llevo ya comida la mitad de una. Tiene un sabor dulce y suave que no me encaja con la típica carne de cerdo, pero me gusta.
-Eso es porque son de seitán -contesta Bellamy-. Octavia es vegana y las ha preparado ella.
-¿En serio? -digo perpleja y todos miramos de manera automática a nuestras respectivas hamburguesas-. Pues está buenísima.
-¿Lo ves? -Octavia le da un golpe en el brazo a Lincoln que la mira divertido-. Te dije que les iba a gustar. Gracias, Lexa -me guiña un ojo.
-Pensaba que los veganos solo chupabais raíces para alimentaros -bromea Murphy haciendo que todos nos echemos a reír.
Todos menos Anya, que me mira con tristeza apoyada en la columna del cenador. No me había percatado de su presencia hasta ese momento y aparto la vista molesta volviendo a centrar mi atención en Clarke, aunque no me sirve de mucho ya que se ha dado cuenta y también me mira de la misma manera.
Después de un par de rondas de cerveza y de un intento fallido de jugar al yo nunca algunos se animan a bañarse en la piscina, incluida Clarke. Me quedo de piedra cuando se quita la ropa delante de mí dejando a la vista un bikini color burdeos que le sienta de maravilla.
Bebo de mi cerveza para intentar aclararme la garganta, que se me ha secado de golpe, y sonríe viendo mi reacción.
-¿Vienes? -me la quita de las manos y le da un trago mientras me mira fijamente.
Niego con la cabeza y continúo repasando su cuerpo con los ojos, deseando poder hacerlo con besos.
-¿No te apetece? -dice divertida.
-No tengo bikini -la miro al fin y alzo una ceja-. ¿Quieres que me bañe en ropa interior con toda esta gente aquí?
-Si luego me dejas quitártela… -se encoge de hombros provocándome una carcajada-. Puedes pedirle uno a O -se aleja y me dirige una última mirada cómplice antes de lanzarse al agua.
La verdad es que me vendría muy bien un baño de agua fría así que le hago caso y sigo a Octavia cuando me lleva dentro de la casa para prestarme un bañador.
Bellamy tenía razón y es veinte veces más bonita por dentro, de nuevo con el suelo de madera, las paredes de un color mostaza envejecido, con un amplio salón y llena de pequeños detalles de decoración que la hacen parecer de revista.
Octavia me ofrece hasta cinco modelos distintos de bikini. Me decanto por uno negro sencillo y voy al baño para cambiarme pero está ocupado y tengo que esperar en la puerta a que abran. Me tenso de inmediato cuando veo que quien lo hace es Anya.
-Lexa -dice sorprendida-, yo… Me gustaría hablar contigo.
-Yo no -contesto fría.
-Lexa, por favor -suplica.
-Ni lo intentes -sentencio cerrándole la puerta en la cara.
Cuando salgo busco a Clarke inmediatamente y sonrío como una idiota al verla con los codos apoyados en el bordillo mientras charla animada con Lincoln, que se marcha antes de que yo llegue. Me mira con descaro de arriba abajo cuando me paro frente a ella.
-Bonito bañador, ¿es nuevo? -bromea.
-No sé, pregúntaselo a tu amiga que es la que me lo ha dejado.
-Ah… -finge estar decepcionada- Qué pena que no sea tuyo para poder arrancártelo -susurra para que solo la oiga yo y me echo a reír. Clarke desinhibida por el alcohol es con toda probabilidad lo mejor que me ha pasado en la vida-. Ven, acércate.
-¿Para que me tires? Ni de coña -me río.
-Yo no haría eso -dice ofendida-. Ven, por favor.
Me agacho algo dudosa al tiempo que ella se impulsa con los brazos para arriba hasta casi rozar mis labios. Justo antes de besarlos se aleja unos centímetros y me sonríe con malicia.
-Lo siento -se sumerge de golpe en el agua y alguien me empuja por detrás con fuerza haciendo que caiga a la piscina.
Cuando saco la cabeza se pueden escuchar las carcajadas de Lincoln por toda la parcela y me entran ganas de matarlo.
-¡Lincoln! -al ver a Clarke riendo debajo suya lo termino de entender-. ¿Lo habíais planeado? La madre que os parió -protesto salpicándoles con el agua.
-Venga, gruñona, que lo estabas deseando -se burla.
-Tú te vuelves muy graciosa con un par de copas de más, ¿no? -me acerco a ella y la atrapo contra la pared de la piscina antes de que se pueda escapar.
Comienzo a besarla con ganas y ella me contesta con la misma intensidad. Luego bajo a su cuello dejando pequeños mordiscos a mi paso y cuando noto que se relaja entre algún que otro jadeo hundo su cabeza en el agua, pillándola desprevenida.
-Eso por vacilarme -le digo cuando sale y me atrae hacia ella para volver a besarme entre risas.
Luego se abraza a mi cuello con fuerza y yo me agarro al bordillo con una mano para sujetarnos a ambas mientras la rodeo con la otra y cierro los ojos. Permanecemos así unos segundos, disfrutando del momento, completándonos la una a la otra.
-Te quiero, Lex -susurra entonces de manera casi inaudible.
¿Me quiere?
Me quedo inmóvil, intentando adivinar si lo ha dicho de verdad o si solo ha sido mi imaginación jugándome una mala pasada. Entre la música, las voces de la gente y el sonido del agua no me extrañaría que fuera así.
Por si acaso decido simplemente dejarle un suave beso en el cuello y apretarla con más fuerza contra mí. Hace mucho tiempo que siento que esas palabras ya no tienen valor para mí y no estoy segura de que yo pueda volver a pronunciarlas de nuevo, aunque sea lo que siento.
Espero que el cap calme un poquito el bajón colectivo que tenemos todos después del 3x16, que hace falta.
Muchas gracias por leer!
