Disclaimer: Los personajes con propiedad de Stephenie Meyer, solo la trama es mía.


-Capítulo 10-

Mayo de 1969

Era consciente de que estaba aplastando a Alice, pero también era consciente de que no podía moverme. No aún. La sentía acariciando mi cabello distraídamente, relajándome hasta el punto en el que pensé que me iba a quedar dormido sobre ella. Y todavía dentro de ella.

Me moví con dificultad y me apoyé en mis brazos, usando toda mi fuerza de voluntad para separarme de Alice, quien me miraba con una sonrisa divertida en el rostro.

— ¿He acabado contigo solo en una ronda? —bromeó estirando sus músculos y haciendo una mueca de dolor—. Auch.

— ¿Te duele algo?

—Solo algunos músculos que hacía tiempo que no usaba, tranquilo.

Me eché a reír y me levanté de la cama para dirigirme al cuarto de baño a deshacerme del preservativo y echarme agua fría en la cara. Volví a la habitación un par de minutos después y me percaté de que Alice había deshecho la cama y me había dejado un hueco a su lado para que me tumbara.

—No has acabado conmigo en una ronda, solo me has dejado KO temporalmente —le aclaré haciéndola reír. Me acomodé a su lado y respiré hondo, gratamente sorprendido tanto por su reacción como por la mía.

—Me alegro de oírlo —se colocó de lado y me miró con fijeza, tapada con la colcha aunque con los brazos fuera—. Ha sido increíble.

—Sí. Creo que nunca había sentido nada igual.

—Exagerado. Con la de mujeres que se habrán echado a tus brazos a lo largo de estos años.

—Pensé que ya habíamos aclarado que tú eres diferente a ellas —murmuré ladeando la cabeza para mirarla a los ojos, aunque Alice desvió su mirada.

— ¿También en ese sentido?

—En todo, parece.

La vi morderse el labio inferior, aún hinchado por mis besos, y pensé en lo preciosa que era incluso despeinada y con el rostro marcado por el cansancio. No me extrañaría que no pudiera separarme de ella en lo que quedaba de noche y, a ese paso, en lo que quedaba de semana. Entonces recordé algo que no había tenido en mente durante la velada y maldije para mis adentros mi mala suerte.

—Tendríamos que haber esperado —musité de mal humor de repente.

— ¿Cómo? —preguntó Alice con el ceño fruncido.

—Que tendríamos que haber esperado.

— ¿Por qué?

—Porque el sábado que viene los chicos y yo salimos de gira durante un mes.

—Es cierto —murmuró Alice en voz baja, pensativa, entendiendo a qué me refería—. A Europa.

—Después de lo de esta noche no sé si podré pasar un mes sin verte, sin sentirte… Por eso tendríamos que haber esperado.

Alice suspiró, acurrucándose más en la cama y sin atreverse a mirarme.

—Ha surgido así, Jasper. Lo deseábamos y ha pasado. Ahora ya es tarde para lamentarse.

—No me lamento de haber hecho el amor contigo, lo único que pasa es que va a ser un mes muy largo y… —se me encendió una bombilla en el cerebro y una idea descabellada comenzó a tomar forma en él—. Vente conmigo.

En ese instante Alice sí que clavó sus ojos en los míos, estupefacta.

— ¿Me lo estás diciendo en serio?

—Sí. No es un mal plan.

Alice se incorporó en la cama hasta que quedó sentada, flexionó sus rodillas y se las rodeó con los brazos, pegándolas a su pecho; todo eso sin dejar de fruncir el ceño.

—Yo… no puedo. No puedo simplemente coger e irme un mes así como así. No puedo dejar mi trabajo, ni mi vida. Es muy precipitado.

Me humedecí los labios resecos y me senté a su lado, apoyando la espalda en el cabecero de la cama. Comprendía su postura, pues le acababa de proponer algo absurdo y repentino. Mi vida se concentraba en esa gira, la de Alice no tenía nada que ver con ella; no podía pretender que lo dejara todo para seguirme a mí.

—Te voy a echar mucho de menos en estas semanas.

—Jasper, por favor —me pidió, aunque no entendí exactamente qué me pedía—. Cuando vuelvas seguiré aquí, igual que siempre. Nada habrá cambiado.

Eso esperaba, por lo que inclinándome hacia ella besé su hombro y Alice ladeó la cabeza, dedicándome una sonrisa que no me indicaba si estaba feliz o triste.

—Un mes no es nada —musitó—. Además, yo también estaré fuera unos días, así que si tú hubieras estado aquí tampoco nos habríamos visto.

— ¿Te vas?

—Sí, a Biloxi. Me voy del trece al quince de junio, porque el catorce es mi cumpleaños y quiero celebrarlo con mi familia. Ya he pedido esos días libres en el trabajo.

—Así que en dos semanas es tu cumpleaños…

—Sí.

—Bueno, cuando vuelva en julio lo celebraremos juntos.

—No es necesario. Con que te acuerdes de llamarme ese día tengo suficiente... Aunque tendría que darte el número de casa de mis padres... —reflexionó no muy convencida.

—Te llamaré cada día —le aseguré rodeando su cuerpo con mis brazos, colocándola entre mis piernas, apoyando su espalda en mi pecho y entrelazando nuestras manos.

—Estarás trabajando, Jasper. No quiero que te distraigas por mí —me pidió jugueteando con nuestras manos unidas mientras yo apoyaba la barbilla en su hombro.

—Bueno, entonces cada dos o tres días.

La escuché suspirar y me reí entre dientes mientras la notaba acomodarse contra mi cuerpo.

—No sé qué vamos a hacer con esto —susurró.

—Disfrutar.

—Sí, pero… Si seguimos adelante, tarde o temprano la gente lo sabrá. Los periodistas querrán la primicia y…

—Yo ya he pasado por eso antes y estoy acostumbrado. Comprendo que para ti es nuevo y que puede asustar al principio, pero es cuestión de saber llevarlo.

—No les tengo miedo a los periodistas, soy una de ellos. Lo que me da miedo es no ser capaz de poder con ello. No quiero meter a los Inequals en ningún aprieto.

Me eché a reír de nuevo contra su piel y le besé el lateral del cuello, sintiendo que mi cuerpo volvía a despertarse a causa de su cercanía.

—No te preocupes por eso, Alice. Lo soportaremos juntos, ¿de acuerdo?

Ella asintió, no muy convencida, y noté que su piel se erizaba con mis atenciones, por lo que sonreí, triunfante.

— ¿Ya te has recuperado del primer asalto? —me preguntó ladeando la cabeza, dedicándome una sonrisa maliciosa.

—Estoy al cien por cien.

Aprovechando la postura, Alice se dio la vuelta y se colocó a horcajadas sobre mí, besándome sin darme tiempo a pensar. Pero no lo necesitaba, porque lo único que me apetecía hacer estando con ella era sentir.

Después de un asalto más nos quedamos dormidos escuchando el sonido de la lluvia incesante que caía en el exterior. A pesar de que estaba muy cómodo en la cama de Alice me desperté un par de veces sin motivo, y a la segunda me costó volver a dormirme, por lo que me apoyé en un codo y me aseguré de que Alice sí dormía. Estaba de espaldas a mí y respiraba de forma acompasada, indicándome que estaba dormida, por lo que estiré un poco el brazo y le acaricié el hombro suavemente, intentando comprender lo que nos estaba sucediendo. No necesitaba ser un cerebrito para saberlo, claro, pero me costaba aceptar que hubiese pasado de esa forma tan sencilla.

No podía negar que desde que los Inequals nos hicimos famosos había disfrutado de las atenciones de muchas mujeres y de ir de flor en flor casi cada fin de semana, pero en ese instante todo aquello me parecía lejano y poco apetecible. En aquel momento solo deseaba estar con Alice, conocerla, compartir mi tiempo con ella. Y por el momento parecía que así iba a ser.

Tras respirar hondo le tapé el hombro descubierto con la colcha para que no cogiera frío y, acercándome a ella e intentando no molestarla, rodeé su cintura con mi brazo y pegué mi pecho a su espalda, sintiéndome tranquilo. Cerré los ojos notando la calidez de su cuerpo contra el mío y en menos de cinco minutos volví a quedarme dormido.

.

.

.

Nos despertamos tarde por la mañana y tuvimos que hacerlo todo deprisa. Jasper había quedado con sus compañeros de grupo después de comer, por lo que antes tenía que irse a su piso, ducharse y adecentarse; mientras que yo por la tarde había quedado con Eleazar para entregarle el reportaje. Desayunamos juntos con el tiempo justo y después nos despedimos con un largo beso que pareció que no iba a terminarse nunca.

—Esta semana voy a estar muy liado preparando la gira y todo… —se excusó Jasper, apenado.

—No te preocupes.

—Encontraré un hueco para que nos veamos antes de que me vaya.

—No te quiero hacer ir mal —le dije cuando abrió la puerta de mi piso para marcharse.

—Nada de eso. Quiero verte antes de irme, aunque sean cinco minutos. Lo arreglaré, ¿de acuerdo?

Asentí en silencio antes de ponerme de puntillas para darle otro beso, uno más corto esa vez.

—Gracias por esta noche —susurró contra mis labios cuando nos separamos.

—Anda, vete ya —le pedí dándole un pequeño empujón, tras lo que me despedí de él con la mano y con una sonrisa coqueta.

—Hasta pronto —se despidió él guiñándome un ojo, y yo me apresuré a cerrar la puerta antes de que volviera a liarme.

La semana empezó muy despacio, pero como tuve bastante trabajo y estuve liada la mayoría de los días apenas lo noté. Kate estaba radiante, pues su novio Garrett había vuelto al fin de una expedición a África (era arqueólogo) y no se veían desde hacía dos meses, hecho que me hizo entender que si ellos lo soportaban, Jasper y yo también podríamos hacerlo. Aunque la situación no era la misma, desde luego.

El jueves día cinco por la mañana, justo antes de que me fuera a trabajar, recibí una llamada de Jasper. Me contó que sobre las dos y cuarto tendría cuarenta y cinco minutos libres y que se pasaría por la revista para despedirse de mí. Me aseguró que se quedaría abajo, que no entraría para no alertar a nadie de su presencia, y yo le di las gracias con algo de tristeza por su marcha inminente. Me sentía estúpida, pero no podía hacer más. Se marchaba el sábado día siete, en dos días, y no nos veríamos en un largo mes que se me haría interminable. Me mosqueaba pensar que hacía apenas unas semanas me vanagloriaba de lo a gusto que estaba sola, sin necesitar a ningún hombre a mi lado, pero había aparecido Jasper y de repente lo había puesto todo patas arriba. No tenía ni pies ni cabeza.

Salí hacia la revista contenta porque en unas horas le vería por fin, aunque fuera durante cinco minutos, y no se me borró la sonrisa del rostro en toda la mañana. A eso de las dos y cuarto mis compañeros empezaron a recoger para irse a comer, y como Eleazar ese día tenía una reunión en Manhattan y no acudiría a la revista en todo el día, alargarían un rato su tiempo de comida.

— ¿Comemos juntas? —me preguntó Kate recogiendo sus carpetas y poniéndose en pie.

—Hoy no, quiero terminar de redactar el artículo e iré a comer un poco más tarde —me excusé.

—Como quieras. Nos vemos después, entonces.

—Claro —le sonreí antes de que se marchara, y poco después me percaté de que no me había quedado sola, sino que James todavía pululaba por ahí.

— ¿No te vas a comer? —me preguntó extrañado, saliendo del cuarto de baño.

—Iré un poco más tarde.

—El sábado es tu cumpleaños, ¿verdad?

—Sí —respondí, lacónica. Me asqueaba que se acordara.

— ¿Te apetece que salgamos a celebrarlo? —volvió a probar suerte, apoyando la cadera en mi mesa en una postura que pretendía ser seductora.

—Me voy a Biloxi con mis padres, así que no va a poder ser —le respondí sin dejar de escribir; cualquier cosa con tal de no tener que mirarle.

—Podemos dejarlo para la próxima semana. Me debes una noche, Alice —me aclaró estirando la mano para acariciarme el cabello, pero yo me aparté al instante, molesta por su insistencia.

—No te debo nada.

—Venga ya, lo pasamos muy bien aquella noche.

—Tú lo pasaste bien, yo estaba borracha.

—Pero disfrutaste como nunca, admítelo.

Por el rabillo del ojo vi que ya eran las dos y media, por lo que me puse en pie deprisa y me eché mi bolso de tela al hombro.

—Mira, James, siento tener que decírtelo así, pero no voy a volver a salir contigo. Búscate a otra, ¿de acuerdo?

Sin dejar que me respondiera pasé por su lado con rapidez y me apresuré a salir de la revista, nerviosa por la conversación que acababa de mantener y emocionada porque iba a ver a Jasper. Nada más poner un pie en la calle lo vi apoyado en su Chevrolet azul con sus ojos cubiertos por las gafas de sol, igual que aquel lunes que vino a buscarme por sorpresa a la revista. El día en que empezó todo.

Me acerqué a Jasper con una sonrisa, asegurándome de que no había mucha gente en la calle que pudiera reconocerle, y me coloqué delante de él, ansiosa.

—Señorita Brandon, qué guapa está hoy —me saludó con una sonrisa que me encantó, y después me puso las manos en la cintura para acercarme a él. Iba a protestar, pero el tacto de sus manos me tranquilizaba y me atontaba sin que pudiera remediarlo.

—Gracias. Podrías haber aparcado un poco más abajo.

—No tengo mucho tiempo. ¿Cómo estás?

—Bien, muy bien. ¿Y tú? ¿Ya lo tenéis todo preparado? —pregunté pasando mis manos por sus antebrazos con suavidad.

—Casi. Marcus está estresadísimo y nos estresa a nosotros, pero eso tampoco es novedad.

Me eché a reír y le acaricié la barbilla con un dedo. Después le quité las gafas para verle los ojos y le sonreí con timidez.

—Tú también estás muy guapo hoy.

Se rio entre dientes justo antes de darme un beso muy suave en los labios.

—Te he echado de menos en estos días. Y te voy a echar mucho de menos en los siguientes —confesó acariciándome la espalda de arriba abajo, haciéndome suspirar.

—Estarás ocupado y el tiempo pasará volando, ya lo verás.

—Eso espero. Por cierto, que no se me olvide; te he traído un regalo.

Fruncí el ceño.

— ¿Un regalo? ¿Por qué?

—Mi regalo de cumpleaños para ti. Te lo tengo que dar por adelantado.

—Pero Jasper… no hacía falta que…

—Ya es tarde para que me reproches nada porque ya lo he comprado —me interrumpió. Se separó un momento de mí para abrir el coche y coger una caja que había en el asiento del copiloto. Me la entregó con una sonrisa de emoción, como si fuese un niño pequeño, que me hizo reír sin poder evitarlo.

—Te lo agradezco, pero de verdad que no hacía falta que te gastaras el dinero en mí.

—Bueno, ya está hecho, así que ábrelo, a ver qué te parece.

Mordiéndome el labio inferior llena de curiosidad comencé a romper el papel que envolvía aquella caja que pesaba considerablemente, sin tener ni idea de qué podría ser. Los ojos se me abrieron a más no poder cuando vi la cámara nueva que había dentro de la caja de cartón que tenía en las manos.

—Jasper… esto es…

—Una Hasselblad 500 EL/70 nueva.

No me di cuenta de que se me había abierto también la boca hasta que intenté que saliera de ella alguna palabra coherente.

—Pero… son carísimas. Y encima nueva, ¡Jasper!

— ¿Qué?

—Dios, no puedo aceptarla. Es demasiado.

—Alice, por favor. Quería regalarte algo que te gustara, y como me dijiste que tu Nikon ya tenía unos años y que encima era de segunda mano, pensé que te vendría bien renovar tu cámara. Además, me fijé en tu casa que tienes enmarcadas varias fotografías hechas por ti… Con esta podrás hacer más y mejores fotos, y podremos crear nuevos recuerdos juntos cuando vuelva de gira.

Me mordí el labio inferior, conmovida y emocionada por aquel regalo tan magnífico pero que me estaba costando tanto aceptar. Amaba la fotografía y todo lo que tuviera que ver con ella, y sí, mi habitación estaba empapelada con pósteres de fotografías hechas por célebres fotógrafos como Henri Cartier-Bresson o Susan Sontag además de algunas hechas por mí, pero esa cámara era…

—Me encanta, de verdad, pero… Te has pasado.

—Solo es un regalo. Acéptalo, por favor —me pidió en voz baja, algo desilusionado.

Sin embargo le dediqué una sonrisa de oreja a oreja y, dejando la cámara en el techo del coche, rodeé su cuello con mis brazos y lo besé. Él me abrazó por la cintura y correspondió a mi beso con ganas, contento de que hubiera aceptado su regalo.

—Muchas gracias, de verdad. Me encanta —repetí cuando nos separamos, azorada y animada.

— ¿Sí? Si quieres puedes cambiarla por otro modelo si no te gusta esta.

—Nada de eso, es perfecta. Gracias.

Jasper respiró hondo, tranquilo, y me acarició suavemente las mejillas con sus manos.

—Tengo que irme ya. Aún nos queda mucho por hacer antes de irnos a Europa.

Fruncí los labios y asentí en silencio, comprendiéndole, aunque eso no significaba que mi tristeza fuera menor. Di un paso hacia él y apoyé la frente en su cuello, envolviendo después su cintura con mis brazos. Jasper hizo lo propio, rodeando mis hombros y estrechándome contra su cuerpo.

—Te llamaré, ¿de acuerdo?

—Sí. Pasáoslo bien y disfrutad mucho.

—Lo haremos. Y tú cuídate y haz muchas fotos con la cámara nueva.

—Desde luego. Cuando vuelvas te las enseñaré todas.

—Te tomo la palabra.

Me separé un poco de él para mirarle a los ojos y volví a ponerme de puntillas para besarle de nuevo. Esta vez el beso se alargó bastante más que el anterior porque iba a ser el último que nos daríamos hasta dentro de un mes. Quería que el sabor de Jasper permaneciera en mis labios durante esas semanas, por lo que prolongué el beso hasta que mis pulmones no dieron más de sí, y después nos separamos con la respiración agitada. Volvió a acariciarme las mejillas y me besó en la frente antes de decirme:

—Hasta pronto, preciosa.

—Hasta pronto, Jasper.

Se separó de mi cuerpo con reticencia y, volviendo a ponerse las gafas de sol, se subió a su coche y arrancó esperando a que yo quitara la cámara del techo. Me sonrió y me dijo adiós con la mano, por lo que lo imité, intentando que la tristeza que comenzaba a invadirme no se notara. Cuando el Chevrolet se perdió en la lejanía respiré hondo, deseando que el tiempo pasara deprisa y, con mi nueva cámara entre las manos, me fui a comer.


¡Hellooo! Bueno, ya podemos arremangarnos porque a partir del siguiente capítulo la cosa se va a poner movida. Y a modo aclaratorio (aunque es algo que explico unos cuantos capítulos más adelante), el abuelo Jasper no le cuenta a Ben con todo lujo de detalles sus aventuras sexuales con la abuela Alice, claro que no, digamos que le dice que en resumen pasaron una noche muy interesante. Pero yo sí lo explico con detalles porque así es más especial que simplemente decir: "se acostaron". ¿O no?

En fin, espero que os haya gustado mucho este capítulo tan tierno (la escena del regalo me tiene enamoradita, modestia aparte xD) y que me lo contéis en vuestros reviews.

¡Hasta el sábado! Xo