Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, solo la trama es mía.
-Capítulo 11-
Verano de 2013
—Lo que no sabíamos entonces era que a partir de ese momento nos tocaría pasar una gran prueba que a punto estuvo de separarnos para siempre —continuó explicándome mi abuelo.
— ¿Por qué?
—Pues porque…
El sonido del timbre le interrumpió, y él se puso en pie despacio para ir a abrir la puerta. Al hacerlo saludó a alguien con alegría e hizo pasar dentro a la persona que se encontraba fuera. Para mi sorpresa, se trataba de Annie, la chica que había conocido por la mañana en el pueblo.
—Mira quién ha venido, Ben —me dijo mi abuelo indicándole a Annie que pasara al salón.
—Hola —me saludó ella con algo de timidez—. Espero no molestar.
—Hola, no, no molestas. Estábamos hablando —le dije, aunque lo cierto era que el único que había hablado durante las últimas horas había sido mi abuelo, contándome su historia con la abuela.
Por algún motivo ese relato me tenía lleno de curiosidad y me apetecía saber qué más había pasado con ellos a lo largo del tiempo.
— ¿Os apetece merendar algo? —nos preguntó el abuelo al vernos cohibidos—. ¿O preferís ir un rato a la playa?
—Sí, a mí me apetece ir a la playa un rato. ¿Y a ti? —le pregunté a Annie.
—También.
—De acuerdo. Yo me sentaré a leer un rato en el porche, por si me necesitáis —nos comentó mi abuelo, dejándonos claro que no nos quitaría un ojo de encima, por lo que resoplé.
Sin embargo subí a ponerme el bañador y bajé deprisa, sin querer hacer esperar a Annie. Una vez estuve listo, salimos los dos por la puerta de atrás y corrimos hasta la playa, sintiendo la arena ardiente contra nuestros pies y los graznidos de las gaviotas en el horizonte.
—Tu abuelo es muy simpático —me dijo Annie metiéndose poco a poco en el agua fría.
—Sí. Aunque no le conozco mucho.
— ¿Por qué?
—Porque nunca hemos tenido mucho contacto.
— ¿No se lleva bien con la familia?
—No es eso. Le cuesta salir de Montauk y no suele venir a visitarnos a Nueva York.
— ¿Entonces por qué no vienes tú más a menudo?
Me encogí de hombros.
—Me he quedado con él esta semana porque mis padres están ocupados, si no, no habría venido.
—Pues es una pena.
—Ya. ¿Y tú cómo es que vienes cada año?
—Ya te lo he dicho. Me gusta venir aquí; además, me lo paso muy bien con mis tíos.
— ¿Y tus padres?
—Mis padres están en Philadelphia. Mi madre no está demasiado bien.
— ¿Qué le pasa? —le pregunté con el ceño fruncido.
—Está enferma desde hace años. No puede cuidarme tanto como le gustaría, y cuando estoy en el instituto no se tiene que hacer cargo de mí, pero ahora en verano sí y se le hace difícil. Yo siempre le digo que no me importa cuidarla a ella, pero no quiere —se encogió Annie de hombros haciendo figuras abstractas en el agua con sus manos.
—Jo… Por eso te cuidan tus tíos.
—Sí. Pero bueno, ¿tienes hermanos?
—No. ¿Y tú?
—Tampoco.
Una ola enorme nos mojó a los dos por entero y gritamos ante el frío repentino que nos invadió, pero luego nos echamos a reír a carcajadas y comenzamos a mojarnos, a nadar y a bucear sin descanso. Un rato después, cuando el sol comenzó a ocultarse en el horizonte, Annie y yo salimos del agua corriendo y nos cubrimos con las toallas para no coger frío.
—He de irme ya a casa. ¿Nos vemos otro día?
—Claro. ¿Pero te vas a ir mojada?
—La casa de mis tíos no está lejos, no te preocupes. Hasta pronto, Ben.
—Hasta pronto, Annie.
Echó a correr sin dejar de cubrirse con la toalla y yo hice lo mismo en dirección a la casa de mi abuelo. Él se encontraba, tal y como nos había dicho, en el porche leyendo y sonrió al verme llegar.
— ¿Qué tal con tu amiga?
—Bien. Hemos nadado y buceado un rato.
—Qué bien. Parece muy agradable.
—Sí. Me ha contado que su madre está enferma.
—Pobrecita… —el abuelo sacudió la cabeza con pesar y se levantó de la silla—. Bueno, más vale que entres y te duches para quitarte toda la sal y la arena de encima, muchacho. Mientras tanto pondré a lavar la toalla y el bañador.
—Vale.
Hice lo que me pidió y me metí en la ducha para después salir con el pijama ya puesto. El abuelo había preparado sándwiches vegetales para los dos y cenamos viendo la televisión mientras charlábamos de temas banales.
—Abuelo —lo llamé, sintiéndome algo avergonzado con mi insistencia.
—Dime, Ben.
— ¿Qué más pasó? No quiero ser pesado, pero tengo curiosidad por saber qué pasó para que la abuela y tú estuvierais a punto de separaros… Cuando parecía que os empezabais a enamorar.
Mi abuelo se echó a reír y se acomodó en la silla, dispuesto a contarme el resto de la historia.
.
.
.
Junio de 1969
El lunes nueve de junio fue uno de los peores días de mi vida hasta la fecha, y si lo hubiera sabido jamás me habría levantado de la cama. Sin embargo, me levanté como solía hacerlo diariamente, me duché, me vestí, desayuné y me fui a trabajar. Nada más llegar a la revista noté que todos me miraban más de la cuenta, algunos cuchicheaban sin quitarme un ojo de encima y otros soltaban risitas tontas que me crisparon los nervios.
—Qué callado te lo tenías, ¿no? —me comentó uno de mis compañeros al pasar por mi lado, haciéndome fruncir el ceño sin comprender.
Llegué a mi mesa, descorazonada cuando me percaté de que Kate me miraba también asombrada.
— ¿Se puede saber qué le pasa a todo el mundo? —le pregunté, nerviosa, dejando mi bolso y mi carpeta sobre mi escritorio.
— ¿De verdad no lo sabes?
— ¿Qué es lo que tengo que saber?
Kate carraspeó, respiró hondo y sacó de uno de los cajones de su mesa una revista del corazón llamada SweetHeart en la que aparecía, en portada, una fotografía enorme de Jasper y yo besándonos. El corazón comenzó a palpitarme furioso y empezaron a temblarme las manos mientras los ojos se me abrían de par en par.
— ¿Qué…? —musité leyendo el titular en mayúsculas que acompañaba la fotografía. Citaba: "¿La nueva conquista de Jasper Whitlock?"
—Dentro hay más… —musitó Kate azorada al ver mi estado, y lo primero que hice antes de nada fue sentarme, pues no estaba segura de si mis piernas me sostendrían mucho más.
Tras un vano intento de respirar hondo abrí la revista y busqué las otras fotos de las que me había hablado Kate, y a punto estuve de morir de un infarto cuando vi cuatro páginas dedicadas exclusivamente a nosotros. Miré las imágenes una por una y se me llenaron los ojos de lágrimas de impotencia, ira y vergüenza. Reconocí que eran del último día que nos vimos, cuando Jasper me trajo la cámara nueva y vino a despedirse de mí. Había una fotografía en la que aparecía yo quitándole las gafas mientras él sonreía, otra en la que había apoyado mi frente en su cuello y él me rodeaba los hombros, unas cuantas en las que aparecíamos besándonos apasionadamente, abrazados, e incluso una de cuando me besó la frente antes de irse. ¿Qué diantres…?
Mi nombre aparecía repetidas veces en el artículo, por lo que quienquiera que hubiera hecho las fotos me conocía y me había vendido a esa maldita revista centrada en cotilleos.
Entonces me di cuenta. En las imágenes yo no aparecía de cara, sino que la persona que nos había fotografiado lo había hecho captando solo una parte de mi rostro, un poco de perfil. Y así fue como lo comprendí. Nos habían fotografiado desde el edificio de la Sunset Magazine, desde la ventana que, en ese momento, quedaba justo frente a mí. Alcé la mirada, intentando recordar, y solo un nombre me vino a la mente: James.
— ¿Dónde está James? —pregunté con el corazón desbocado y las manos temblorosas.
—Aún no ha llegado. Alice… ¿qué está pasando? —me preguntó Kate, preocupada al ver mis ojos anegados en lágrimas y mi rostro enrojecido por la vergüenza—. Ahí está.
Me di la vuelta al escucharla y me topé de lleno con el individuo que acababa de destrozarme la vida. Me acerqué a él furibunda y, sin detenerme a pensar en nada, le lancé la revista a la cara; a esa cara arrogante que tanto asco me daba.
— ¿¡Cómo has podido!? —Grité, rabiosa, importándome poco que todos mis compañeros estuvieran atentos a la escena—. ¿¡Cómo te has atrevido a hacerme esto!?
James me miró entre enfadado y sorprendido, dejando de malas maneras la revista en su escritorio.
— ¿Se puede saber de qué hablas?
—Lo sabes muy bien. ¡Hablo de esas fotos que TÚ hiciste y que TÚ vendiste a esa revista de mierda!
Se echó a reír, molestándome todavía más, y se cruzó de brazos en su típica postura altiva.
—Estás loca.
—Esas fotos están hechas desde aquí. Y tú eras el único que quedaba en la revista el jueves pasado.
—No tienes ninguna prueba contra mí, Alice. Además, si no quieres aparecer en la portada de una revista de mierda, como tú dices, tendrías que tener más cuidado con lo que haces. No creo que besuquearse en medio de la calle, a plena luz del día, con el cantante de un grupillo de música sea lo más correcto para mantener tu identidad en secreto.
Apreté mis manos en puños y sentí cómo una lágrima traicionera descendía por mi mejilla. Noté a Kate detrás de mí, quien colocó sus manos en mis hombros en un gesto de apoyo, pero no me sirvió de nada.
—Eres un bastardo miserable, James. No mereces ni que te mire a la cara.
La revista se sumió en un silencio sepulcral que se rompió cuando Eleazar salió de su despacho y con un movimiento de su mano me indicó que me acercara. Cerré los ojos, sabiéndome despedida, y con la cabeza muy alta a pesar de la vergüenza me dirigí al despacho de mi jefe. Tragué saliva con dificultad cuando estuve sentada frente a él e intenté que no se notara lo mucho que me temblaban las manos.
—Eleazar, yo…
Alzó la mano pidiendo silencio y yo cerré la boca, sin atreverme casi ni a mirarle por la incomodidad que me invadía.
—Sinceramente, no sé qué decirte, Alice.
—Lo siento mucho. Yo… jamás pensé que esto llegaría tan lejos.
— ¿No pensaste que si te besabas en medio de la calle con el vocalista de los Inequals habría alguien que os vería y que tarde o temprano saldría a la luz? Y, desde luego, ha sido más pronto que tarde.
Sí, porque aún no hacía ni un mes que había conocido a Jasper en aquella sesión fotográfica. Dios, ¿en qué estaba pensando?
—Estoy tan avergonzada… —admití, secándome las lágrimas traicioneras que no decidían abandonarme.
—Alice, por mucho que sea tu jefe, no soy quién para decirte qué hacer y con qué persona, pero esto es demasiado porque nos afecta a todos en la Sunset Magazine.
—Lo sé. Ahora todos conocerán esta revista como el sitio en el que trabaja la nueva conquista de Jasper Whitlock —mascullé, enfadada y tremendamente dolida. Y eso que todavía no había leído el artículo.
Eleazar suspiró y entrelazó sus manos en su escritorio.
—La verdad es que jamás esperé que esta revista se hiciera famosa por algo así, pero si tenemos que buscarle el lado bueno a la cosa, quizá ahora tengamos más ventas.
—Lo siento, pero eso no me hace sentir mejor. James ha violado mi intimidad, y…
— ¿James? ¿James Lewitt? —preguntó mi jefe con el ceño fruncido.
—Él hizo esas fotos el jueves pasado.
— ¿Estás segura?
—Sí. Yo me marché a las dos y media para… bueno, para ver a Jasper —admití en voz baja—. Y James se quedó aquí solo. Supongo que se asomó a la ventana y nos vio, y como hacía apenas cinco minutos que le había dado calabazas, quiso vengarse de mí, así que hizo las fotos y las vendió a esa revista dándoles toda la información sobre mí.
¿Por qué tenía que sonar todo a telenovela? Como si no estuviera ya lo bastante avergonzada.
—Sé que tengo casi toda la culpa, yo me puse en su punto de mira, pero él no tenía ningún derecho a hacer esas fotos y venderlas.
—Alice, es una acusación muy grave. ¿Tienes alguna prueba?
Negué con la cabeza en silencio, abatida, y me mordí el labio inferior.
—Tú el jueves no viniste en todo el día, así que no le viste, y Kate se marchó un cuarto de hora antes que yo. Me quedé sola con James, así que no hay testigos que puedan corroborar mi historia.
Así que ese desgraciado nunca recibiría su merecido por lo que me había hecho. Podría ir a la revistucha esa que se había hecho eco de la primicia sobre lo mío con Jasper, pero James era un tipo adinerado y seguramente habría comprado el silencio de los demás periodistas, por lo que no serviría de nada. Y lo cierto era que en ese instante tampoco me apetecía discutir con nadie.
—Lo siento mucho, Alice, pero sin pruebas que lo condenen…
—Lo sé —me encogí de hombros, resignada—. Recogeré mis cosas ahora mismo.
— ¿Cómo?
—Estoy despedida, ¿no?
—Alice, por favor. Te conozco desde hace unos cuantos años y te aprecio mucho como periodista; jamás te despediría por algo así —abrí mucho los ojos, sorprendida y agradecida a la vez—. Pero debes saber que no pienso tolerar que se manche el buen nombre de la Sunset Magazine por noticias como esa.
—Lo entiendo, Eleazar, y estoy de acuerdo contigo. A partir de ahora tendré mucho más cuidado, te lo prometo.
—Eso espero. Si es cierto que el tal Whitlock y tú estáis juntos, intentad ser más discretos; te lo pido como un favor.
—Por supuesto. Descuida, Eleazar.
—Puedes marcharte.
—Sí. Gracias por todo.
Salí del despacho sin mirar a nadie, y cuando pasé por el escritorio de James cogí la revista sin mirarle y me dirigí al cuarto de baño. Me encerré en uno de los cubículos y, sentándome sobre la tapa bajada del váter, abrí la revista, dispuesta a leer el artículo completo para saber a qué tendría que enfrentarme:
"Cuando ya pensábamos que el vocalista del grupo Inequals, Jasper Whitlock (26), había decidido abrazar la soltería y dedicarse de manera exclusiva a su música, nos hemos topado con unas imágenes que dan una gran vuelta de tuerca a su vida amorosa. Tras su ruptura a finales del año pasado con Lucy Winter (25), hija del célebre productor de cine Alan Winter (49), después de casi dos años de relación, habíamos dado por sentado que el corazón del músico permanecería desocupado durante un largo tiempo a pesar de que por todos es sabida su afición por las mujeres hermosas. Al parecer, y para la desgracia de sus admiradoras, su época de escarceos de fin de semana ha llegado a su desenlace de la mano de Mary Alice Brandon (25), redactora y fotógrafa de la revista Sunset Magazine.
¿Qué sabemos de ella? Poco, pero al parecer está tan enamorada de él como lo está él de ella; las fotografías hablan por sí mismas. Tiernas miradas, delicadas caricias, dulces abrazos y apasionados besos fue lo que se dedicó la pareja el jueves día 5 de junio tras entregarle Jasper un costoso regalo a su nueva compañera: nada más y nada menos que una cámara fotográfica sin estrenar. Bonito, ¿verdad?
Jasper y Alice se conocieron hace menos de un mes en una sesión fotográfica del grupo Inequals organizada por la Sunset Magazine y, visto lo visto, saltaron chispas entre nuestros protagonistas, quienes no dudaron en apostar por su amor sin pensárselo siquiera. Intuimos que se han estado viendo durante las últimas semanas, y podemos entrever que esta relación va para largo; solo hay que ver el amor que destilan las fotografías que les adjuntamos en nuestras páginas. Pero, ¿quién sabe? La relación entre la señorita Winter y Jasper parecía idílica: románticos paseos a la luz de la luna, asistencias a fiestas que se alargaban hasta el amanecer, manos entrelazadas y amplias sonrisas era todo lo que nos mostraban cada vez que aparecían en público, pero no duró mucho.
¿Tendrá Mary Alice Brandon la fórmula mágica para domar al imprevisible Jasper Whitlock? ¿Habrá encontrado al fin el músico la horma de su zapato? El tiempo lo dirá. Por lo pronto, nosotros continuaremos ojo avizor dispuestos a traerles las más frescas noticias del corazón.
Victoria Walker"
Cerré la revista de malas maneras y la lancé al suelo, temblorosa y enfadada. Me tapé el rostro con las manos y, al final, les di rienda suelta a las lágrimas que llevaban largo rato pugnando por salir y que me quemaban la garganta.
¡Holaaaa! Ya os dije yo que iban a empezar los líos y que la cosa se iba a poner buena; y aunque me encantaría, por desgracia las cosas no siempre son de color de rosa, y a mí me parece que algún que otro conflicto de vez en cuando es necesario para que la historia avance, ¿o no?
Espero que os haya gustado el capítulo de hoy, que odiéis tanto a James como lo hago yo y que me lo contéis en vuestros reviews. ¡Ah! Y antes de irme os notifico que estoy escribiendo un OS (bastante largo) que posiblemente publique mañana o, seguramente, el lunes. Ya veréis ;)
¡Nos leemos el martes en esta historia! Xo
