Sé que ya dije en el anterior capítulo que la cosa se iba a complicar pero en este hay un punto en el que trato un tema muy delicado como es el suicidio y me veo en la obligación de avisar de ello. No es por dramatizar pero sé que es algo complicado que toca de cerca a mucha gente y si alguien se siente especialmente incómodo está en total libertad de no leerlo, no quiero provocarle a nadie un mal rato de manera gratuita y al fin y al cabo esto es solo un fic.
Mientras lo escribía tuve muchas dudas sobre si meterlo o no, pero es lo que me pedía el cuerpo y aseguro que siempre lo trato desde el máximo respeto, sin pretender idealizarlo en absoluto.

Aprovecho para agradeceros a quienes queréis continuar la historia a pesar de todos estos dramas y, de verdad, prometo que haré todo lo posible para que merezca la pena al final, que yo también quiero que nuestras chicas sean felices! :)


XXIII

Llevo varias tardes yendo a la fábrica en cuanto salgo del trabajo. Clarke está centrada en los últimos exámenes y no quiero molestarla a pesar de que me muera de ganas de verla, por lo que cuando llega el momento en el que no tengo nada que hacer, sin poder evitarlo, acabo allí.

Por mucho que me esfuerce en ello no puedo hacer como si nada pasara, como si Costia no estuviera en la misma ciudad que yo y no tuviera la oportunidad de pedirle explicaciones después de tanto tiempo. Ni si quiera sé si las quiero, hablar con ella cada vez me resulta más ridículo pero hay una parte de mí que aún sigue necesitando su versión de la historia aunque solo sea por cerrar el círculo.

A veces me limito a quedarme fuera sentada durante horas y pensar, esperando que la solución a toda esta locura se presente por sí misma. Clarke lo sabe y solo me ha pedido que tenga cuidado cuando lo haga para que no me ocurra nada, todavía no entiendo cómo puede soportar todo esto por mí…

-Ya creía que te habías marchado -la voz de Costia me devuelve a la realidad y la miro sorprendida-. ¿Pensando en tu chica?

Se enciende un cigarro mientras se sienta a mi lado. He tenido que salir a tomar el aire porque me agobiaba solo de estar ahí dentro y sin darme cuenta se me ha pasado el tiempo. Me ofrece uno pero lo rechazo.

-Ya sé que estás con alguien, Lex -continúa al ver que no respondo-, solo hay que ver cómo te cambia la cara cuando miras el teléfono. Me parece bien.

-No me importa lo que a ti te parezca -gruño sin mirarla.

-Vamos, dame una tregua, ¿quieres? -suspira cansada-. Solo digo que me gusta que estés con alguien, quiero que seas feliz.

-¿Esperabas encontrarme llorando por ti? -digo con rabia-. Claro que estoy con alguien y que soy feliz, ella le da mil vueltas a lo que tenía contigo.

-Entonces yo también lo soy, eso es lo único que quiero que sepas. Tenía miedo de que siguieras mal después de… -se calla para mirarme con miedo.

-¿Después de que me abandonaras? -termino su frase-. Sí, Costia, estuve mal durante mucho tiempo, quizás demasiado, pero se me pasó en cuanto me enteré de que lo hiciste solo por egoísmo -escupo cada palabra-. Fui una imbécil por creer que me querías.

Ninguna de las dos ha querido sacar el tema estos días. Hemos hablado de por qué ha vuelto (según ella porque se había quedado sin dinero y estaba cansada de tener que robar para conseguirlo, por lo que decidió volver al único sitio que conocía), de dónde ha estado, de K…

Pero nunca de por qué se fue y yo estoy harta de fingir que no quiero hacerlo de una vez por todas.

-Venga, no seas dramática -se ríe-. Eras mi compañera y mi mejor amiga al mismo tiempo, ¿cómo no te iba a querer? Lo que pasa es que tú siempre lo viste como algo mucho más grande de lo que realmente era: un capricho de adolescentes.

-¿Cómo puedes tener tanta cara? -la miro atónita-. Sabías de sobra que para mí no era ningún puto capricho, estaba convencida de que eras el amor de mi vida. No me extraña que luego no te costara nada hacerle caso a Anya y largarte sin mí.

-No es mi culpa que seas una intensa para todo, Lexa -protesta frunciendo el ceño-, y no digas tonterías, claro que me costó irme de esa manera. Tú tenías aquí una familia que te quería y una vida construida, y cuando vi que tu hermana se implicó tanto en que no destruyeras todo eso me di cuenta de que no merecía la pena que vinieras conmigo. En el fondo siempre esperé que te arrepintieras en el último momento.

-¿Si tenías tan claro que no querías que me fuera contigo por qué no me dejaste antes? -pregunto dolida- ¿Por qué tuviste que hacerme creer que lo nuestro era especial?

-No es algo que yo buscara, ¿sabes? Pensaba que eras capaz de verlo como yo lo veía -se encoge de hombros-. Pero ya veo que me equivocaba y quizás debí de dejarlo claro mientras pude.

-Sí, está claro que debiste -digo entre dientes.

-Sé que no sirve de mucho a estas alturas pero… Lo siento, Lex, nunca fue mi intención hacerte daño.

Dejo de mirarla y cierro los ojos con fuerza para reprimir las lágrimas. No hay nada más doloroso que descubrir que lo entregaste todo por una persona que ni si quiera llegó a quererte. Prefería pensar que se vio forzada a marcharse por mi hermana en contra de su voluntad antes que saber que nunca signifiqué lo mismo en su vida que ella en la mía.

Cuando los abro de nuevo la encuentro fumando tranquila, mirando al horizonte. Me doy cuenta de que, realmente, esa es la única explicación que me puede dar y agradezco que por lo menos no se esfuerce en aparentar otra cosa solo por calmar mi subconsciente… No sé cómo pude estar tan cegada con ella.

Cuando se lleva el cigarro a la boca de nuevo me fijo en las marcas de pinchazos en su brazo. Ella sigue mi mirada y sonríe con tristeza.

-Sabes que estás mal cuando no consigues distinguir cuáles son antiguas y cuáles son recientes -susurra-. Tendría que haberte hecho caso cuando me dijiste que lo dejara mientras aún estaba a tiempo.

-Tendrías que haberme hecho caso en muchas cosas -murmuro y suelta una carcajada.

-A veces pienso en hacer la definitiva -pasa los dedos por su brazo melancólica-. Una última dosis, llena hasta los topes, y pum: la última marca de todas. Incluso he pensado dónde lo haría: en el baño de un centro comercial. Sería irónico, ¿no crees? -habla más bien para ella que para mí- Encontrarte el cadáver de una drogadicta, "la escoria de la civilización moderna", en un sitio donde la gente va a aprovechar la vida, a exprimirla. Es la forma en la que le diría al mundo que la sociedad está bien jodida aunque intenten ignorarlo.

-Deja de hablar así -digo molesta. No sé si está hablando en serio o solo me está tomando el pelo-. ¿Por qué no pides ayuda? Entra en un centro, rehabilítate y comienza una vida nueva. Eres joven, todavía tienes tiempo.

-¿A un centro? -se echa a reír y niega con la cabeza-. He estado en tres; me he escapé de dos de ellos y me echaron del tercero, no me sirve esa opción -suspira y echa la cabeza para atrás, apoyándola en la pared-. Estoy tan casada que hace mucho tiempo que sé que acabaré así y ya me he hecho a la idea. No hay nada en mi vida por lo que quiera luchar, no tengo amigos que conservar, no tengo un hogar, ni familia…

-¿Y qué me dices de K? -es el único cartucho que me queda para convencerla de que no cometa esa locura.

-Solo estoy con él porque me proporciona lo que necesito… Ya sabes que los tíos nunca han sido lo mío -me mira divertida y me guiña un ojo, pero a mí no me hace ninguna gracia.

La puerta a nuestro lado se abre en ese momento y Stella se nos queda mirando desde ella con el ceño fruncido.

-¿Qué hacéis ahí? Subid, K os lleva esperando un rato -dice antes de desaparecer de nuevo.

Cuando entramos al despacho de K le encontramos apoyado en su escritorio fumando mientras charla con un tipo. Es bastante más bajo que él, va vestido con un traje oscuro de marca, leva un corte de pelo cuidado y parece recién afeitado. Desentona por completo con cualquiera de nosotros tres y con este sitio.

-¡Chicas! -se gira animado cuando nos ve pero su acompañante no se inmuta-. Justo a tiempo. Sentaos por favor, quiero presentaros a alguien.

Costia y yo nos sentamos en las dos sillas que hay libres frente a su escritorio y nos miramos igual de confundidas.

-Este es Frank -le mira con media sonrisa y le pone una mano sobre el hombro-, él es quien nos va a ayudar con Roan, aunque más bien será una ayuda mutua.

Si estos días me han servido de algo ha sido para darme cuenta de que K odia a Roan casi tanto o más que yo.

Resulta que es completamente irregular en las entregas y hace tiempo que K quiere librarse de él para poder controlar la zona en la que él trabaja. Básicamente lo que pretende es ocupar su lugar y hacer lo que hace pero, según él, "mejor".

Cuando le conté a Costia la verdad sobre Roan me convenció para que también se lo contas nos aprovechásemos de la situación. Me costó hacerlo pero insistió en que mientras tuviéramos intereses parecidos K nunca sería un problema, y también en que no me quedaba otra opción más que confiar en él.

-Parece ser que nuestro amigo se ha pasado de listo y ha hecho perder al padre de Frank mucho dinero -continúa-, tanto que han sido tan amables de ofrecernos su ayuda para conseguir que desaparezca. Gracias por venir, te veo luego cuando esté todo preparado -le dice en voz baja y le da la mano.

Frank se despide de él y nos mira con gesto serio antes de salir por la puerta. K deja de sonreír en cuanto lo hace.

-¿Qué le has contado a ese tipo de nosotras? -gruño. Tuvimos que decirle que nos conocíamos de antes y lo que hicimos para que entendiera por qué Roan quería a Costia, así que K sabe más cosas de mí de las que me gustaría.

-Solo lo necesario para que sepan que no vamos de farol -camina pensativo hasta quedar detrás del escritorio y apoya las manos en él mirándonos fijamente-. Ahora prestadme mucha atención, estos tipos no se andan con tonterías y quieren a Roan sí o sí. Me ha costado mucho convencerles de que el trato con nosotros les conviene así que ya no podemos echaros para atrás, ¿entendido?

Costia asiente de inmediato pero yo no. Hay algo que me huele mal en todo esto.

-¿Cómo se supone que nos van a ayudar?

-Bueno, ellos no pueden hacer nada si nosotros no atraemos a Roan primero… y ahí es donde entráis vosotras, las dos -nos señala para remarcarlo.

-¿Atraerle? -pregunta Costia.

-Sí -hace una pausa y la mira con seriedad-. Te utilizaremos como cebo, cielo.

-¿Qué? -decimos a la vez- Estás loco si piensas que voy a hacer algo así -me levanto de la silla y camino de un lado a otro nerviosa.

-¿Prefieres encargarte tú solita de Roan? -pregunta alzando una ceja- Sé que es arriesgado pero te guste o no nosotros no podemos hacer el trabajo sucio. Ellos nos ofrecen cogerlo y marcharse olvidándose después de que existimos, y lo más importante: si algo sale mal tienen los suficientes contactos como para cubrirnos las espaldas.

-Si algo sale… ¿Pero tú te estás escuchando? -digo atónita.

-Tranquilízate -Costia me agarra la mano para que me detenga.

-¿Es que no lo ves? -la miro incrédula y le señalo-. Solo está salvándose el culo a sí mismo, le importa una mierda nuestra opinión en todo esto.

-Claro que me estoy salvando el culo -protesta K-, el mío y el vuestro. Y lo siento mucho pero vuestra opinión no sirve para nada, el trato ya está cerrado y lo haremos esta noche. Solo necesitan saber la dirección así que encárgate de hablar pronto con Roan para que se la podamos dar.

-No me lo puedo creer -resoplo y niego con la cabeza.

-Oye… -relaja el tono y se acerca rodeando el escritorio hasta quedar delante de mí- estos tipos son profesionales y me han asegurado máxima protección para vosotras por colaborar. Será todo tan rápido que no habrá tiempo a que salga nada mal, te lo aseguro.

-El problema es que no me fío ni de ellos, ni de ti -digo encarándole.

-Creo que yo también tengo algo que decir en todo esto, ¿no? -Costia nos interrumpe haciendo que los dos nos fijemos en ella. Mantiene la vista clavada en la mesa, pensativa-. Si esa es la única manera de que Roan por fin desaparezca… lo haré. No me da ningún miedo.