Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, solo la trama es mía.
-Capítulo 12-
Junio de 1969
El sonido de la puerta del cuarto de baño al abrirse no me molestó, pues apenas lo escuché a causa de mis sollozos. A continuación, unos nudillos golpearon la puerta del cubículo en el que me encontraba y la suave voz de Kate llenó el silencio:
—Alice, soy Kate. Sal, por favor.
Sorbí por la nariz y, intentando secarme las mejillas húmedas, me puse en pie y descorrí el cerrojo para encontrarme con el rostro preocupado de mi amiga.
—Ay, Alice… —se acercó a mí y me abrazó con fuerza mientras yo descargaba mi pena y mi rabia en forma de llanto, pues en ese instante no podía pensar en otra forma mejor de hacerlo—. Tranquila. Todo saldrá bien.
— ¿Ah, sí? Me he convertido en la comidilla de toda la ciudad —sollocé.
—Bueno, yo creo que te has convertido en la envidia de muchas mujeres de esta ciudad, sinceramente.
—Kate…
Mi amiga se separó de mí y me secó de nuevo las mejillas con un poco de papel de lavabo.
—Yo jamás quise que pasara esto.
—Ya me lo imagino. Pero ha pasado, y lo único que puedes hacer es enfrentarlo.
—Ha sido James, Kate. James hizo las fotos.
—Te creo, pero… ¿qué motivos tendría para hacerlo?
Suspiré y volví a sorber por la nariz.
—El jueves, justo cuando tú te fuiste, me preguntó si quería salir con él, y yo le respondí que no. Insistió y al final le dije que no volvería a salir con él y que se buscase a otra.
—Así que lo ha hecho para vengarse de ti porque está celoso.
—Supongo que sí. Y porque es un cerdo asqueroso.
—El problema es que no tenemos pruebas que lo incriminen.
—Ya… Dios, cuando mis padres vean las fotos —me volví a tapar el rostro e intenté respirar hondo, sin querer pensar en lo que diría mi padre cuando llegara a Biloxi el viernes siguiente.
—Bueno, no estás haciendo nada malo. Solo te estás besando con un chico, no acostándote con él en plena calle.
—Sí, con el vocalista de uno de los grupos musicales más famosos de los últimos años, Kate.
—Menos mal que hace un mes era un grupillo de tres al cuarto—me pinchó ella haciéndome sonreír al fin y al cabo—. ¡OH! —exclamó de repente.
— ¿Qué? —pregunté, preocupada ante esa exclamación.
— ¿Así que aquella llamada tan extraña que recibiste la semana siguiente de hacerles las fotos a Inequals…?
—Sí —confesé, avergonzada—. Era Jasper.
—Dios mío, ¡qué fuerte! Tienes que contármelo todo.
—Sí, pero ahora no, Kate. Tenemos que trabajar.
Mi amiga asintió y me pasó un brazo por los hombros en un gesto de apoyo.
— ¿Estás mejor?
—Sí. Aunque no sé qué voy a hacer.
—Dejar que pase el tiempo. Pronto saldrá una nueva moda estúpida y se olvidarán de ti.
—Tampoco sé qué voy a hacer con Jasper.
—Hablar con él. Seguro que podrá ayudarte con esto mejor que nadie.
—Está en Europa de gira y no volverá hasta el mes que viene.
—Ah… ¿Puedes llamarle? ¿O esperar a que te llame él?
—Sí, supongo que sí —sacudí la cabeza justo antes de recoger la revista del suelo y lanzarla a la basura—. Vamos a trabajar.
El resto del día fue una tortura. Tener a James al lado me asqueaba, y a pesar de que mis compañeros de trabajo eran buenas personas, era consciente de que estaban hablando de mí a mis espaldas. Kate me dedicaba sonrisas tranquilizadoras, y aunque se lo agradecía de corazón, me sentía fatal. No me concentraba en nada de lo que leía ni escribía, y por la tarde empezó a taladrarme la cabeza una migraña horrible, por lo que recogí mis cosas veinte minutos antes de mi hora y me marché de la revista desanimada.
Me subí a mi destartalado Giulia Sprint GT del 64 y conduje sin prisa hasta mi casa, deseando darme una ducha templada, meterme en mi cama y no salir de ella hasta que todos hubiesen olvidado las dichosas fotografías. Pero nada salió como esperé, pues nada más aparcar frente a mi edificio vi a un cúmulo de gente con cámaras y micrófonos esperando algo. A alguien.
En cuanto puse un pie fuera del coche todos corrieron para acercarse a mí, plantándome delante de la boca un montón de micrófonos mientras me hacían preguntas estúpidas y alguna que otra fotografía. Nerviosa, intenté abrirme camino a través de ellos sintiendo las miradas acusadoras de los vecinos que estaban asomados a sus balcones (claro, en ese barrio nunca sucedía nada interesante), y escuchando los gritos y las preguntas incesantes y absurdas de esos parásitos que se hacían llamar periodistas.
— ¿Es cierto que se va a casar con Jasper Whitlock?
— ¿Confirma su embarazo?
— ¿Está preparada para mudarse con él?
— ¿Cuánto hace que están juntos?
— ¿Ha conocido ya a su familia?
— ¿Por qué no se ha marchado de gira con los Inequals?
Saqué como pude las llaves de mi bolso y, corriendo, me dirigí a la puerta de mi edificio, la abrí y me alejé de ellos temblando. Subí a mi casa y cerré la puerta con llave, nerviosa perdida y también algo asustada. Jamás había vivido nada parecido, y no quería volver a vivirlo jamás. Con cautela me asomé de nuevo a la ventana y volví a verles ahí apostillados, esperando sin duda que volviera a salir. Cerré los ojos con fuerza y me senté en el sofá, sin saber qué hacer. No podía vivir así. No quería vivir así. Y eso que solo era el primer día.
Pensé que aquella noche podría irme a dormir a casa de Kate. Podría hablar con ella largo y tendido sobre el tema, y por lo menos estaría más tranquila. Miré mi reloj y me fijé en que, si tenía suerte, aún no habría salido de trabajar. Cogí el teléfono, marqué el número de la revista deseando que fuera ella quien contestara y casi lloré de felicidad cuando así lo hizo.
—Sunset Magazine, ¿dígame?
—Kate, soy Alice.
— ¿Alice? ¿Qué sucede?
—Te va a sonar raro, pero… ¿puedo quedarme a dormir en tu casa esta noche?
—Claro que sí, no tienes ni que preguntar. Pero, ¿qué ha pasado?
—Hay un montón de periodistas apostillados en la puerta de mi edificio.
— ¿Me lo estás diciendo en serio? —preguntó anonadada.
—Sí. Cuando he bajado de mi coche se han casi abalanzado sobre mí, haciéndome preguntas estúpidas.
—Dios mío… Esto va a ser más sonado de lo que había pensado.
—Kate, por favor, no me pongas más nerviosa.
—Lo siento. Escucha, termino de redactar un artículo y paso a recogerte a tu casa, ¿de acuerdo? Dentro de unos veinte minutos.
—De acuerdo. Muchísimas gracias, Kate.
—De nada. Hasta ahora.
—Hasta ahora.
Colgué y fui directamente a mi habitación para prepararme una maleta con todo lo que iba a necesitar para el día siguiente. Estaba intentando ordenar todo lo que iba a llevarme cuando el teléfono empezó a sonar, y durante un segundo temí que fuera otro periodista. Me dirigí al salón y contesté con temor, sin estar segura de si sería capaz de enfrentarme de nuevo a ellos.
— ¿Diga?
— ¿Acepta una llamada desde Alemania?
Fruncí el ceño, sin comprender nada de nada.
—Eh… Sí.
Al cabo de unos segundos escuché una voz familiar que a pesar de todo consiguió tranquilizarme.
— ¿Alice? ¿Alice? —era Jasper, y percatarme de ello solo hizo que las lágrimas acudieran por enésima vez a mis ojos en ese día.
—Sí, estoy aquí.
—Dios, menos mal que he podido contactar contigo al fin. Supongo que ya te habrás enterado.
—Ya he visto las fotos, si es eso a lo que te refieres.
— ¿Cómo estás?
— ¿Que cómo estoy? Ha sido un día asqueroso, Jasper. He sido la comidilla de la revista, todos mis compañeros cuchicheaban sobre nosotros y para colmo he llegado a mi casa y me he encontrado con un montón de periodistas esperándome para preguntarme cosas como si estoy embarazada o si me voy a mudar contigo —y entonces caí en la cuenta de algo que se me había pasado por alto—. ¿Tú… también has visto las fotos?
—Están en todas las revistas.
— ¿También en Europa? —casi exclamé, horrorizada.
—Eso me temo.
—Dios mío, es peor de lo que me imaginaba… —musité tapándome la boca con la mano para que no se me escapara un sollozo.
—Alice, no llores. Escucha, mañana tomaré un avión y volveré a Estados Unidos para…
— ¡No! —grité.
— ¿No?
—Que tú no estés aquí lo hace todo un poco más sencillo. Al cabo de un tiempo se olvidarán de nosotros y… —respiré hondo, pues no sabía si lo que le estaba diciendo tenía sentido. Me estaba volviendo loca—. No quiero que vuelvas solo por esto. Estáis de gira, estáis trabajando… No vas a echarlo todo por la borda por mí.
—Lo haría.
— ¡Pero no quiero que lo hagas! ¿No lo entiendes? ¡Eso solo echaría más leña al fuego!
El silencio nos invadió durante unos segundos en los que me permití serenarme.
—Voy a denunciar a la revista que ha publicado esas fotos. No se van a quedar tan tranquilos —me aclaró Jasper.
—No va a servir de nada. El daño ya está hecho, de todas formas.
—Pero esto no puede quedar así.
El sonido de un claxon me hizo asomarme a la ventana, y vi a Kate saludarme desde su vehículo. Le pedí que esperara unos minutos y ella asintió.
—Tengo que colgar, Jasper. Ya hablaremos, ¿de acuerdo?
—Espera, Alice. Alice.
—Ahora no puedo hablar contigo, lo siento.
— ¡Alice!
Colgué sin más miramientos y al instante me sentí fatal, pero me dije que en aquel instante tomar distancia con él era lo mejor para ambos. Tarde o temprano así sería.
.
.
.
— ¡Alice! ¡Alice! —exclamé por cuarta y quinta vez, pero el sonido que me indicaba que me había colgado no dejaba lugar a dudas—. ¡Joder!
Colgué el teléfono con un golpe seco y le arreé un puñetazo a la mesa, enfurecido.
—Por tu reacción diría que no hay buenas noticias —comentó Emmett entrando en la habitación. Nos encontrábamos en uno de los mejores hoteles de Berlín porque esa misma noche teníamos una actuación en un programa de televisión alemán, pero yo no tenía ganas de nada. Por suerte había encontrado un rato libre para poder llamar a Alice contando siempre las horas que nos separaban.
—Un grupo de periodistas se ha apostillado en la puerta de su edificio —le expliqué con la mirada perdida, sin saber qué hacer exactamente con aquella situación.
—No jodas.
—Sí. Y ha sido la comidilla de la revista. Por mi culpa.
—Jasper, tenéis la culpa los dos —le dediqué a mi amigo una mirada fulminante hasta que Emmett alzó los brazos en un gesto conciliador—. No me malinterpretes; esto nos ha pasado muchas veces. A Edward no, por supuesto, pero no es la primera vez para ti.
—Pero sí para ella. Alice no está acostumbrada a la prensa… a ser ella el centro de atención de un puñado de parásitos con ganas de conseguir exclusivas.
Emmett se sentó a mi lado y me palmeó el hombro.
—Todo saldrá bien, ya lo verás.
—Averiguaré quién ha hecho esas fotos y lo hundiré.
—Si te soy sincero, me tienes pasmado.
— ¿Qué? ¿Por qué?
—Nunca te había visto de este modo, preocupándote como un loco por una mujer; ni siquiera con Lucy.
Resoplé y me puse en pie, pasándome una mano por el rostro.
—Todo iba bien entre Alice y yo. Muy bien. Ambos estábamos un poco descolocados, pero… Parecía que iba viento en popa.
— ¿Por qué hablas en pasado? —preguntó Emmett con el ceño fruncido.
—Yo… creo que lo que ha pasado con las fotos va a complicar las cosas entre nosotros. Alice estaba distante, como si no quisiera hablar conmigo. Además, me ha colgado.
—Estará nerviosa y confundida, Jasper. Todo ha sido muy repentino.
—Espero que solo sea eso… Hay algo que no me huele bien.
Algo le sucedía a Alice y me reventaba no poder estar a su lado en esos momentos, pero no podía hacer otra cosa. Además, ella misma me había dicho que el hecho de que yo no estuviera en Nueva York hacía las cosas más sencillas… Pero no lo comprendía. Por lo pronto, lo único que podía hacer era esperar aunque terminara volviéndome loco en el intento.
.
.
.
Antes de bajar para reunirme con Kate me puse una chaqueta con capucha y unas gafas de sol. Me sentía ridícula y estúpida, y más con el calor que empezaba a hacer, pero quizá de esa manera podría burlar a los periodistas y no tendría que volver a pasar ese mal trago. Pero no funcionó, porque cuando puse un pie en la calle volvieron a abalanzarse sobre mí con las mismas preguntas absurdas de antes y al final tuve que correr para refugiarme en el coche de mi amiga.
—Arranca, Kate —le pedí hundiéndome todo lo posible en el asiento.
—Dios mío, y yo que pensaba que jamás viviría nada de esto.
Kate arrancó y aceleró casi al máximo durante unos minutos, hasta que estuvimos seguras en medio de las calles de Nueva York.
—Muchas gracias por venir a rescatarme. No creo que hubiera podido dormir sabiendo que tenía a toda esa gente esperándome abajo.
—No hay por qué darlas. Para eso están las amigas.
Sonreí a pesar de la tristeza que me invadía y asentí en silencio. Llegamos al piso de Kate en unos veinte minutos, y una vez dentro me sentí como en mi casa, pues a lo largo de esos años había pasado muchos buenos momentos allí.
— ¿Qué te apetece cenar? —me preguntó ella tras quitarse la chaqueta y colgarla en el perchero.
—Lo cierto es que no tengo mucha hambre. Tengo el estómago revuelto.
—Alice, tienes que comer. No puedes dejar que esas fotos te hundan.
—Ya no son solo las fotos, es todo lo que traen consigo. Los periodistas no me van a dejar en paz, buscarán carnaza como perros hambrientos y la sacarán de donde haga falta si yo no les doy lo que quieren. Empezarán rumores estúpidos que se irán haciendo más y más grandes… y yo no podré hacer nada.
Me senté en el sofá y me tapé el rostro con las manos, sintiéndome abatida a pesar de lo mucho que odiaba sentirme así. Kate se sentó a mi lado y me abrazó, reconfortándome.
—Escucha, ahora todo parece horrible, y sí que lo es, claro, pero con el paso de los días las cosas se irán relajando, y si no entras en el juego de los periodistas, se acabarán aburriendo.
—Supongo que ahora que Jasper está de gira también aprovecharán para preguntarle sobre ese tema. Y eso también me duele. Inequals está de gira promocionando su música, no nuestra supuesta relación, Kate. Y en este mes solo les preguntarán por mí. Dios.
Mi amiga me acarició la espalda y suspiró.
—Ya verás como no llegará a tanto. Será cuestión de días. Luego los periodistas se cansarán y se irán a perseguir a otro.
—Ojalá tengas razón.
—Pero bueno, aun a riesgo de que me envíes al cuerno, creo que me debes una pequeña explicación. Porque si no llega a pasar lo de las fotos tu mejor amiga no se entera de nada —fingió enfurruñarse, y yo me eché a reír mientras me acomodaba en el sofá.
—Es que ha ido todo muy deprisa.
—Tú dirás, aún no hace ni un mes que fuiste a hacerles la sesión de fotos.
—Han pasado muchas cosas en estas semanas. Cosas que no me esperaba en absoluto.
—Pues empieza a cantar, bonita. Al menos, lo que puedas contarme, claro.
—No sé… supongo que nos gustamos a primera vista. Jasper me miraba mucho y yo no hacía más que notar su mirada. Me invitó a cenar y le dije que no, que no iba a lanzarme a sus brazos por el simple hecho de que fuera famoso.
—Vaya con Alice, la guerrera.
Volví a reírme y asentí.
—Por eso me llamó a la revista y no me quedó más remedio que decirle que sí. Pero le dejé plantado.
Kate abrió mucho los ojos, estupefacta.
— ¿Me estás diciendo que dejaste plantado al vocalista de Inequals?
—Sí. Por una parte me sentí mal, pero por otra no me había gustado su método. No tenía derecho a inmiscuirse en mi trabajo para pedirme una cita.
—Bueno, si no tenía tu número de casa, de alguna manera tenía que contactar contigo.
—Tenía la esperanza de que captaría la indirecta de que, supuestamente, no quería nada con él, pero volvió a insistir y, el día que tuve que ir a Central Park a hacerle las fotos al asentamiento hippie, vino a buscarme a la revista. Estaba esperándome abajo.
— ¿En serio? Dios, estuvo tan cerca de mí y yo sin saberlo —intervino Kate haciendo un puchero.
—Me llevó en su coche a Central Park después de discutir, hablamos como personas civilizadas y al final acepté salir con él. Quedamos ese sábado y me llevo a cenar al Daniel's Restaurant.
— ¡DIOS MÍO! ¡Pero si sueño con celebrar el banquete de mi boda ahí cuando Garrett me pida matrimonio! ¡SUEÑO! Porque jamás podré permitírmelo, por Dios, Alice.
Las intervenciones de Kate me hacían partirme de risa, y sabía que era eso justamente lo que necesitaba.
—Pues sí, y reservó una de las salas privadas del restaurante para que pudiéramos tener intimidad.
—Cállate ya, me muero de envidia. Pero me alegro por ti, también —me aseguró ella entre risas tomando mi mano entre la suya.
—Luego me llevó a casa en su coche y… nos besamos. Y empecé a comprender que si no me alejaba pronto de él las cosas se desmadrarían, pero no lo hice. Al contrario. Volvimos a quedar para cenar el sábado siguiente, pero entre una cosa y otra terminamos cenando en mi casa y…
— ¿Y?
—Ya te puedes imaginar lo que sucedió.
—Me lo puedo imaginar. Y también me imagino que fue una pasada.
Me reí con algo de timidez y asentí.
—Lo fue. Fue muy tierno y muy apasionado. Le daba miedo que fuésemos tan deprisa por lo que podía pensar de él, pero lo cierto era que le deseaba muchísimo y no me arrepentí de lo que pasó. E jueves pasado vino a despedirse de mí y me regaló una cámara fotográfica nueva… Aunque eso ya lo has visto por las fotos. Y ahora estoy hecha un lío.
— ¿Pero estás enamorada de él?
Sacudí la cabeza, intentando ordenar mis pensamientos.
—No lo sé, Kate. Enamorada me parece una palabra demasiado fuerte para el poco tiempo que llevamos viéndonos.
—Ya, pero no tiene nada que ver una cosa con la otra.
—Lo sé, pero no creo que llegue a tanto. Me sentía muy bien con él, me hacía sentir muy especial, pero también me da miedo que lo haga con todas.
Kate asintió, comprendiendo al instante.
— ¿Y qué crees que siente él por ti?
—No lo sé. Dice que soy especial, que nunca se ha sentido con ninguna otra mujer de la manera que se siente conmigo. Y tenía pensado seguir viéndole, pero ahora…
— ¿Ahora qué?
—No sé qué voy a hacer.
—Si estabais bien y a gusto el uno con el otro no tenéis por qué dejar de veros.
El dolor de cabeza volvió a hacer acto de presencia y cerré los ojos con fuerza, necesitando relajarme.
—No sé, Kate. El tiempo lo dirá.
El tiempo lo dirá, sí. ¡Hola! ¿Cómo vamos? ¿Asesinamos ya a James o lo dejamos un poco más? Jajajaja. Espero que os haya gustado este capítulo, y os diré que en los siguientes iremos viendo cómo sobrellevan la separación y el tema de las fotos. Esperaré ansiosamente vuestros reviews al respecto :3
Por si os apetece, ayer subí un nuevo one-shot titulado She Wolf (está en mi perfil) que espero que también os guste mucho mucho si os decidís a leerlo :D
Así que nada, ¡nos leemos el sábado! Xo
