Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, solo la trama es mía.


-Capítulo 13-

Junio de 1969

El viernes al mediodía tomé un avión desde Nueva York hasta Biloxi, y las horas que estuve volando las pasé leyendo en un vano intento por olvidar la horrible semana que había tenido. Al final me quedé todas esas noches en casa de Kate porque me aterraba volver a la mía y descubrir que los periodistas no se habían marchado aún. Por eso el martes hice un viaje relámpago a mi piso, me preparé una maleta más grande y regresé al piso de Kate, pidiéndole perdón por ser tan cargante. Pero ella se esforzó por demostrarme que no molestaba, al contrario, y por ese motivo siempre le estaría agradecida.

En la revista todo volvió más o menos a la normalidad, excepto por el hecho de que para mí James ya no existía. Si me hablaba le ignoraba, y si intentaba quedarse a solas conmigo me marchaba casi corriendo porque no quería tener nada que ver con él. Estaba convencida de que había sido él quien había hecho las fotos, y jamás se lo iba a perdonar. Por otra parte, no había vuelto a hablar con Jasper. Casi no había pisado mi casa, y él solo tenía ese número al que llamarme aparte del número de la revista. Y por lo que sabía, no había llamado, tampoco. Intenté no echarle de menos y decirme a mí misma que estaba muy ocupado con la gira como para pasarse los días y las horas preocupándose por mí, pero lo cierto era que me apetecía escuchar su voz diciéndome que todo iba a salir bien. Además, después de cómo le traté la última vez por teléfono le debía una disculpa.

Llegué a Biloxi sobre las seis de la tarde, y mis padres junto con mi hermana Cynthia vinieron a recogerme. Me llenaron de abrazos y besos, y yo me sentí reconfortada al poder devolvérselos tras haber pasado casi siete meses sin verles.

—Qué delgaducha estás, cielo —me dijo mi madre acariciándome las mejillas y dándome un sinfín de besos.

—Estoy bien. Aquí la que más ha crecido es Cynthia —quise desviar la atención de mí y depositarla en mi hermana porque sí, a sus dieciocho años había crecido muchísimo desde la última vez que la vi.

—Porque ya soy mayor de edad.

—Sí, pero sigues siendo una enana —la pinché como solía hacerlo cuando éramos pequeñas, y recibí un pellizco en el brazo por su parte—. ¡Au!

—Vamos, mujeres, no quiero pillar mucho tráfico —nos urgió mi padre a todas, por lo que nos dimos prisa en meter mi maleta en el maletero del coche y subirnos en el vehículo.

Durante el trayecto mi familia me puso al tanto de las novedades de la ciudad, las nuevas tiendas que habían abierto, los vecinos que se habían marchado y los que se había instalado allí... Cynthia me habló del curso de Arte que estaba haciendo porque la universidad le parecía demasiado complicada, mi padre me explicó que tenía un nuevo horario en la fábrica de papel y mi madre continuaba siendo ama de casa, como siempre.

Cuando llegamos al que había sido mi hogar desde que nací me emocioné tanto que se me llenaron los ojos de lágrimas. El olor era el mismo de siempre y los muebles continuaban en su sitio, como si jamás me hubiese marchado.

—Me gusta mucho tu corte de pelo —me comentó Cynthia mientras cenábamos, pues en enero me lo había cortado mucho más corto de lo que ya lo llevaba antes. Estilo pixie.

—A mí me parece demasiado masculino —musitó mi padre metiéndose en la boca grandes cantidades de puré de patata.

Era un hombre de pueblo, acostumbrado a sus tradiciones y normas, y por eso él y yo habíamos tenido más de un encontronazo cuando yo era adolescente. Sobre todo cuando le expliqué mi decisión de mudarme sola a Nueva York.

—Michael, le queda precioso. Realza su bonita cara —me defendió mi madre acariciándome la mejilla, haciéndome sonreír en agradecimiento. Siempre que me veía lo hacía; era como si necesitara asegurarse de que estaba allí con ellos de verdad.

—Esa es tu opinión. En mis tiempos las mujeres llevaban el cabello largo, se pasaban el día en casa cuidando a sus hijos y a sus maridos y no salían fotografiadas en revistas de cotilleos besuqueándose con cualquieras.

El corazón se me paró en el pecho al instante y el silencio reinó en el salón. Incluso se dejaron de oír los sonidos de los cubiertos chocando contra los platos.

—Michael… Dejamos claro que no íbamos a tocar ese tema —susurró mi madre, sofocada.

Cerré los ojos con fuerza y apreté los labios.

—Siento no ser así, papá. Siento no ser una hija modelo según tus criterios, pero no creo haber fracasado en la vida por llevar el cabello corto, trabajar como periodista y… salir en una revista besándome con un chico, porque no es un cualquiera.

—Ah, no es un cualquiera.

—Es un cantante. Un músico.

—Un músico al que le importa un pimiento tu reputación, que se besa contigo en medio de la calle y permite que esas imágenes salgan en todas las revistas para que todo el mundo te vea como su nueva fulana.

— ¡Michael! —exclamó mi madre, no menos horrorizada que yo por sus palabras.

—Siento que lo veas así, papá —musité con la voz temblorosa—. No sabes… no sabes cómo lo he pasado yo esta semana, ni siquiera me has preguntado cómo me he sentido por esas fotos; has decidido juzgarme sin más. ¿Acaso crees que yo di mi consentimiento? Sí, sé que es culpa mía por andar haciendo cosas que no debo en la calle, pero han violado mi intimidad y la de ese músico al que, según tú, le importa un pimiento todo lo que tenga que ver conmigo. ¿Pues sabes qué, papá? Tú no eres mejor que él.

Me levanté de la mesa de malas maneras y subí a la que había sido mi habitación y la de Cynthia desde que éramos pequeñas. Siempre la habíamos compartido y nunca me había molestado; al contrario, me había gustado estar con ella. Me desvestí, me puse el pijama y me metí en la que había sido mi cama, tan pequeña en comparación a la que tenía en el piso de Nueva York, y liberé al fin las lágrimas. No quería pasarme el tiempo llorando, pero parecía que no me quedaba otra opción.

Unos minutos después sentí el golpe de unos nudillos contra la madera, y acto seguido la puerta se abrió, revelando el rostro preocupado de mi hermana.

— ¿Puedo pasar?

Me incorporé en la cama hasta que quedé sentada y le dediqué a Cynthia una sonrisa que fue más una mueca que otra cosa, fingiendo que estaba bien.

—Claro, es tu habitación.

—Sigue siendo la tuya también. Aunque ya no vivas aquí, eso no va a cambiar.

Me sequé los ojos con la sábana y respiré hondo.

—Menudo numerito —musité avergonzada.

—Papá se equivoca. En todo —me aclaró ella sentándose a mi lado—. No has hecho nada malo.

—No sé, Cyn…

—Mamá nos hizo prometer que no sacaríamos el tema a colación; nos dijo que seguramente tú ya lo estarías pasando mal con eso de las fotos y que si no nos habías dicho que estabas con ese chico, tus razones tendrías.

—Es que no es así. No se puede decir que esté con él.

— ¿No?

—No. Apenas hace un mes que le conozco, por si no fuera ya lo bastante malo todo.

Mi hermana abrió mucho los ojos y yo respiré hondo, dispuesta a contarle toda la historia.

— ¿Así que el que hizo las fotos es un compañero tuyo de trabajo y lo hizo para vengarse de ti? —preguntó Cynthia intentando ordenar sus pensamientos.

—Sí.

— ¿Y por qué no le denuncias?

—No tengo pruebas contra él. Y de nada serviría —mi hermana se quedó pensativa y yo aproveché para preguntar algo que me torturaba desde que las fotografías vieron la luz—. ¿Cómo os sentisteis al ver las fotos?

—Papá se puso como una fiera. Lo único que quería hacer era llamarte, pero mamá le quitó la idea de la cabeza diciéndole que era tu vida y tus cosas, que él no tenía por qué meterse. Pero sé que a mamá también le afectó… No podía creer que salieses en una revista por un escándalo de ese tipo, y muchas vecinas empezaron a murmurar. Pero ya sabes cómo son aquí.

—Sí… —ya lo sabía, eran todas una panda de cotillas aburridas—. ¿Y tú qué pensaste?

— ¿Yo? Que tenías mucha suerte. Mis amigas se quedaron asombradas cuando supieron que el vocalista de Inequals era mi cuñado.

—Cyn, no es tu cuñado —le aclaré, mortificada—. Porque no es mi novio.

—Pero en las fotos lo parecéis. Papá dijo que eran vergonzosas, pero a mí me parecieron súper románticas. La forma en que os miráis… Ojalá me mirara así algún chico alguna vez.

Respiré hondo, nerviosa, y apoyé la cabeza en el hombro de mi hermana.

—En menudo lío me he metido.

—Pero te has metido en un lío con el guapísimo cantante de Inequals. Si es que has tenido una suerte…

— ¿Los conoces? —inquirí alzando de nuevo la cabeza y mirándola con una ceja alzada.

— ¡Claro! Mis amigas y yo los escuchamos mucho últimamente. En cuanto te vi besándote con él… Buff, me emocioné un montón. Espero que me consigas un autógrafo y una entrada gratis para…

—Cyn, relájate. No sé cómo van a quedar las cosas entre nosotros, así que…

La puerta de la habitación volvió a abrirse, y en ese momento fue mi madre la que entró.

— ¿Cómo estás, cielo? —me preguntó, nerviosa.

—Bien.

—Perdona a tu padre; no ha querido ponerse así…

—Poco ha tardado en llamarme fulana y en decirme que soy una fracasada.

—No, Alice. No ha querido decir nada de eso… Es solo que las fotos le afectaron mucho. Jamás esperábamos verte en una revista del corazón, cariño.

—Yo tampoco. Y yo también lo pasé muy mal cuando las vi, pero eso nadie lo ha tenido en cuenta.

—Perdona, cariño, pero como no llamaste cuando se publicaron… Pensamos que…

—He estado muy ocupada esta semana, además de que ha sido horrorosa —no les dije nada de los periodistas apostillados en la puerta de mi edificio porque sabía que entonces no me dejarían regresar a Nueva York.

—Ya me imagino. Pero entonces… tú y ese chico… ¿estáis juntos?

—No lo sé —confesé—. No sé qué hay entre nosotros.

—Ay, Alice…

—Pero canta súper bien, mamá —intervino Cynthia, todavía emocionada—. ¿Verdad?

—No lo sé, hija, no le he escuchado.

— ¡Pero si el otro día te puse el álbum! Mira, es este —se puso en pie y empezó a rebuscar algo en su escritorio, hasta que volvió a acercarse a nosotras con un vinilo de Inequals entre las manos—. Este es Jasper —le indicó señalándole al rubio sentado entre sus dos compañeros, que estaban de pie—. Es muy guapo.

Cerré los ojos y respiré hondo, martirizada.

—Guapo sí que es, pero podría cortarse un poco el pelo. Lo lleva más largo que tú, Alice.

Me rasqué la frente cuando, de repente, pensé en lo mucho que me gustaba enredar los dedos en su cabello y acariciarlo, y me mordí el labio inferior con las mejillas sonrojadas.

—Bueno, ya vale —le pedí a Cynthia entregándole de nuevo el vinilo—. Nos ha quedado claro quién es.

—Si te picas es porque realmente te gusta.

Puse los ojos en blanco y mi madre se rio entre dientes antes de inclinarse para darnos un beso en la frente a cada una.

—Buenas noches, mis niñas. Que descanséis.

—Sí, buenas noches, mamá.

—Hasta mañana.

Cuando se marchó volví a meterme en la cama y me acurruqué en ella a pesar de que no hacía mucho frío, pero era normal estando en junio.

—Todo saldrá bien, Alice. Ya lo verás —me aseguró mi hermana tras ponerse el pijama, justo antes de salir de la habitación para ir al cuarto de baño.

—Eso espero —susurré cerrando los ojos, dejando que el cansancio y los nervios de todo el día hicieran efecto hasta que me dormí al cabo de unos minutos.

Por la mañana me desperté a eso de las ocho, pues ya estaba acostumbrada a madrugar. Di varias vueltas en la cama, pero como no pude volver a dormirme me levanté sigilosamente para no molestar a Cynthia y bajé al primer piso. Mi madre estaba ya en la cocina, y se dio la vuelta con una amplia sonrisa cuando me vio.

— ¡Feliz cumpleaños, tesoro! —exclamó acercándose a mí para rodearme en un gran abrazo que me hizo sonreír de verdad.

—Gracias, mamá.

—Tenía la esperanza de que dormirías un poco más y no me pillarías haciéndote el pastel, pero me equivoqué.

—No te preocupes, fingiré que no lo he visto —bromeé cuando me dio un sonoro beso en la mejilla.

—Así me gusta. ¿Qué quieres desayunar?

—Yo me lo preparo, tranquila.

—No, no, déjame mimarte un poco, anda. No sabes lo mucho que te echo de menos, cariño.

—Está bien. Un café, por favor. Y yo también os echo de menos a vosotros —le respondí sentándome a la mesa, bostezando—. Pero estoy muy bien en Nueva York.

El sonido de pasos en la escalera me tensó, pues aún reconocía los sonidos que hacía mi padre al caminar, y cuando entró en la cocina apreté las manos en puños, nerviosa. No estaba preparada para volver a enfrentarme a él, y menos después de cómo terminamos la noche anterior.

—Buenos días.

—Buenos días, Michael —lo saludó mi madre.

—Buenos días, papá —susurré sin mirarle, temerosa por lo que pudiera decirme.

Sin embargo, noté sus cálidas manos en mis hombros y sus labios en mi coronilla, justo antes de que me rodeara con sus brazos desde atrás.

—Felicidades, hija.

Mi padre no era un hombre sentimental, y mucho menos le gustaba mostrar sus sentimientos frente a nadie, ni siquiera su propia familia, por lo que aquel gesto me embargó de una felicidad inmensa y me llenó los ojos de lágrimas.

—Gracias, papá.

Se sentó a mi lado, algo cohibido, y esperó a que mi madre le sirviera el café para después servirme el mío.

—Alice se nos hace mayor, Michael. Hace nada que gateaba por esta cocina y ahora mírala, toda una mujer.

—Mamá, no te pongas sentimental —le pedí entre risas.

—No puedo evitarlo. Por mucho que crezcas siempre serás mi niña, y lo mismo pasará con Cynthia.

—Entonces le advertiré de lo que va a tener que aguantar en cada cumpleaños a partir de ahora —bromeé.

—Tranquila, ya lo sé —comentó ella entrando en la cocina desperezándose—. Cuando cumplí los dieciocho también se puso así.

Me eché a reír cuando mi madre le arreó un golpe juguetón en el trasero a mi hermana mientras mi padre observaba la escena con una pequeña sonrisa en los labios. Cuánto había echado de menos a mi familia.

Al mediodía salimos a comer a un restaurante al que solíamos acudir cuando Cynthia y yo éramos pequeñas, para recordar viejos tiempos, y por la tarde fuimos a pasear por la ciudad. Me sentó muy bien hacerlo porque me sentí despejada de Nueva York y de todo lo que había sucedido en los últimos días. Antes de cenar me di una ducha, y cuando salí escuché que todos estaban viendo la televisión en el salón, por lo que me acerqué con el cabello húmedo y me quedé paralizada al ver a los Inequals en la pantalla.

—Están hablando de Inequals —me explicó mi hermana sin apartar los ojos de la televisión, y noté la mirada acusadora de mi padre.

—Y… ¿qué dicen?

—Escucha.

—…a pesar de que están de gira por Europa, anoche un enviado especial de esta cadena tuvo la oportunidad de hablar con los tres integrantes del grupo norteamericano. Esto fue lo que dijeron.

Me tensé al verlos a los tres en pantalla, sentados frente a un entrevistador.

¿Qué les parecen las fans de Europa? ¿Son diferentes a las de Estados Unidos?

Son algo más impulsivas que las norteamericanas —respondió Emmett.

¿Por qué dice eso?

Gritan más.

Tanto él como sus compañeros, e incluso el entrevistador, se echaron a reír.

¿Qué ciudades han visitado en esta semana?

Hemos estado en Berlín, en Düsseldorf y en Hamburgo. Después volamos hacia Inglaterra y estuvimos en Londres y en Liverpool. Anoche llegamos a Dublín y mañana actuaremos en Edimburgo —recitó Edward.

Esas son muchas horas de trayecto.

Y lo que nos queda —intervino Emmett de nuevo.

Sí, porque no regresarán a Estados Unidos hasta principios de julio, ¿cierto?

Así es —respondió entonces Jasper, y a mí se me disparó el corazón en el pecho al verle. Maldita sea.

Cynthia me miró de reojo y me sonrió, pero yo estaba tan nerviosa que no pude devolverle el gesto.

¿Echan de menos su país?

Yo diría que más que echarlo de menos es que estamos cansados de viajar. Pero son los gajes del oficio, el precio a pagar por hacer lo que nos gusta y nos llena —explicó él.

Desde luego. Aparte de eso, sus fans estarán deseando escuchar sus respuestas a la siguiente pregunta: ¿tienen alguna novia esperándoles en Norteamérica?

No —respondió Emmett tranquilamente.

—murmuró Edward, cohibido.

Prefiero no responder —comentó Jasper entrelazando sus manos, y yo no pude hacer más que morderme los labios por los nervios. ¿Por qué siempre tenía que caer esa dichosa pregunta?

Al inicio de esta semana se publicaron unas fotografías suyas con una señorita en actitud más que cariñosa. ¿Puede que ella sea una chica especial?

Estamos de gira para promocionar nuestra música, no nuestra vida privada —respondió educadamente, y yo en parte le agradecí el gesto. No estaba preparada para más emociones negativas y sentía que la cabeza me iba a explotar por la tensión.

Por supuesto, disculpe. Para terminar, en la actuación de anoche cambiaron la lista de canciones que tenían prevista y finalizaron la velada cantando una versión más roquera del Cumpleaños feliz. ¿A qué se debió ese cambio?

Una persona que conocemos cumple años y quisimos deseárselo de esa forma, nada más —contestó Jasper mirando a cámara, y a mí se me detuvo el corazón durante unos segundos. No podía ser.

Sin duda es una persona afortunada. Muchísimas gracias a los Inequals por su tiempo, y a ustedes, señores espectadores, les dejamos con un trocito de ese roquero Cumpleaños feliz. Que pasen una buena noche.

La imagen cambió y aparecieron los Inequals en un pequeño escenario interpretando el Cumpleaños feliz en un tono más animado y también más fuerte. Y era para mí. Solo para mí.

Tanto mis padres como mi hermana me miraron fijamente en silencio, anonadados, y, a pesar de la incomodidad por el momento que estábamos viviendo, no pude evitar sentirme estúpidamente feliz. Jasper se había acordado de mí aunque estábamos a miles y miles de quilómetros de distancia…

— ¿Vamos a cenar o qué? —preguntó mi padre poniéndose en pie de mal humor, y mi madre se apresuró a ir con él a la cocina.

—Qué suerte tienes, Alice —comentó mi hermana pasando por mi lado y guiñándome un ojo.

Y tenía razón.


Vamos, yo también quiero que Jazz me cante para desearme un feliz cumpleaños (¿y quién no? jajajaja). Estamos en esa etapa en la que muchas de vosotras empezáis a "enfadaros" o "molestaros" con los personajes (con Alice en concreto) y eso me encanta porque me entretiene mucho ver las luchas internas que os causa, jajaja. Pero no lo digo a malas, sino que me parece interesante ver como un mismo personaje hace sentir de manera diferente a varias personas, así que espero que me deis vuestra opinión respecto a nuestra Alice en este capítulo ;)

Y de nuevo os agradezco infinitamente por todos vuestros comentarios, favoritos y alertas. Sois un amor :3 ¡Nos leemos el martes! Xo