Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, solo la trama es mía.
-Capítulo 14-
Verano de 2013
—Así que le dedicasteis una canción a la abuela.
—Sí, le cantamos el Cumpleaños feliz porque no pude ni llamarla. No tenía el teléfono de su casa en Biloxi.
—Ah, claro. ¿Y cómo se lo tomó?
—Bueno, yo creo que bien, pero su reacción no fue la que yo esperaba.
— ¿Por qué?
—Es muy tarde, Ben, ya tendrías que estar durmiendo —me reí al verle fruncir el ceño y le acaricié el cabello con mi mano—. Mañana te contaré más, si quieres.
—Sí —se levantó de la silla y estiró sus brazos—. Hoy mamá no me ha llamado.
—Habrá estado ocupada, no te preocupes. Seguro que de mañana no pasa.
—Sí… Buenas noches, abuelo.
—Que descanses.
Ben subió las escaleras y al poco rato lo escuché cerrar la puerta de su habitación, por lo que me puse en pie y me dirigí a la chimenea, a la estantería en la que tenía tantas fotografías. Tomé una que en la que aparecíamos Alice y yo en 1970 con las frentes unidas y las puntas de nuestras narices tocándose mientras nos sonreíamos con los ojos abiertos. Alice llevaba una delicada corona de pequeñas flores en el cabello y rodeaba mi cuello con sus brazos cariñosamente. La había tomado mi hermana Rosalie con la cámara de Alice en un día muy especial, un día que atesoraría para siempre en mi memoria y en mi corazón. Sonreí con tristeza y volví a dejar el marco de fotos en su sitio. Acto seguido recogí la mesa, apagué las luces y me fui a dormir con el recuerdo de la Alice de 1969 bullendo en mi memoria.
Por la mañana Ben y yo salimos a pescar. No era algo que hiciera a menudo, pero al chaval le gustaba y a mí me hacía feliz verle disfrutar. Caminamos hasta unas rocas situadas más o menos a un quilómetro de mi casa y allí plantamos dos sillas de plástico, dispuestos a esperar y esperar hasta que algún pescado incauto picara. Aquel día hacía sol y bastante calor, por lo que también me llevé una sombrilla y protección solar para que ninguno de los dos terminara quemado.
—Venga abuelo, cuéntame más.
—Ben, ¿seguro que no te estoy aburriendo con esa historia?
—No, quiero saber qué más pasó. A ver, sé que al final terminasteis juntos, pero quiero saber cómo.
Me eché a reír sin poder evitarlo y me acomodé en la silla mientras escuchaba el suave oleaje rompiendo contra las rocas.
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Junio de 1969
Aquella gira para mí estaba siendo un verdadero infierno. Llevaba sin saber nada de Alice desde que me colgó el teléfono hacía ya varias semanas y eso me ponía de los nervios. Cada vez que tenía un rato libre la llamaba contando las horas de diferencia que había entre el país en el que me encontraba y Nueva York para no llamarla a una hora intempestiva, pero jamás respondía. También, desesperado, había llamado a la Sunset Magazine, pero el tipo con el que había hablado me había dicho de malas maneras que no se encontraba allí, por lo que terminé llegando a la conclusión de que me evitaba. Y eso solo me cabreó más y me puso más nervioso.
Casi a finales de mes a Edward, a Emmett, a Marcus y a mí nos invitaron a una cena en la mansión del embajador de Estados Unidos en París, el señor Vincent Dulain. Llevábamos todo el mes viajando por Europa y ya estábamos rendidos de tanto viaje, pero aún nos quedaban dos semanas más de gira y teníamos que aguantar. Marcus estuvo encantado con aquella invitación, por lo que casi nos obligó a asistir alegando que haríamos muy feliz al señor embajador y sobre todo a su única hija que adoraba nuestra música.
Al final tuvimos que asistir a la dichosa cena vestidos de etiqueta, y todos los asistentes, entre los que se encontraban escritores, cineastas e incluso periodistas, nos recibieron con mucha cortesía y mucha amabilidad, principalmente la mencionada hija del embajador Dulain, Nettie Dulain. Se trataba de una joven de unos veinticuatro años con el cabello pelirrojo y rizado, de ojos azules y con el rostro salpicado de lunares. No podía negar que era una belleza, pero yo no estaba preparado para tenérmelas con más bellezas por el momento. Ya había tenido bastante.
—Me siento tan halagada de que decidieran aceptar la invitación de mi padre a cenar —me comentó ella, emocionada, mientras bebía delicadamente de su copa de champán.
—Nosotros estamos muy agradecidos por la invitación, señorita —le respondí fingiendo que lo que le decía era cierto.
Emmett y Edward se habían excusado y me habían dejado solo con ella, pues Marcus había insistido bastante en que yo era su integrante favorito del grupo y que debía mostrarme amable y caballeroso con ella. Por eso los muy miserables me habían dejado solo ante el peligro, a pesar de que en el fondo Nettie era una chica muy agradable e inteligente.
— ¿Sabe? Hace muchos años que escucho a Inequals y debo decir que me encantan sus canciones. ¿Las compone todas usted?
—No, lo hacemos entre los tres. Algunas son solo mías, pero hay otras que son solo de Emmett y otras que son solo de Edward.
—Pero usted es el vocalista principal.
—Sí, bueno, ellos hacen los coros.
—Le admiro mucho, señor Whitlock, y espero que podamos vernos antes de que se marchen del país.
—Sí… No sé, estamos bastante ocupados últimamente —y no era mentira, pues apenas teníamos tiempo para respirar con tantos conciertos, entrevistas, más conciertos, sesiones de fotos, actuaciones, y más entrevistas.
Durante la cena nos sirvieron una ensalada niçoise proveniente de Niza y magret de canard acompañado de patatas asadas, un plato típico francés que consistía en magro de pato horneado. De postre nos sirvieron Clafoutis, una tarta de cerezas enteras deliciosa, y pensé que jamás había probado nada parecido, por lo que aproveché y comí todo lo que me pusieron por delante. Sin embargo, me sentí un poco incómodo durante toda la cena porque no pude evitar fijarme en que la señorita Dulain no dejaba de mirarme, y eso me costó más de un codazo por parte del idiota de Emmett. Al terminar me sentía cansado y lo único que me apetecía era marcharme al hotel, pero Marcus no nos lo permitió a ninguno de los tres. Decía que teníamos que socializar más. Como si no lo hiciéramos ya lo suficiente.
—Señor Whitlock, ¿le apetece acompañarme al jardín? Hay unas vistas maravillosas de toda la ciudad —me preguntó la señorita Dulain acercándose a nosotros con una sonrisa encantadora en su bello rostro.
—Eh… —miré a Marcus, que con un movimiento de cabeza me indicó que fuera con ella y no pude negarme. A veces me hacía sentir como si fuera un chiquillo malcriado—. Por supuesto.
Nettie rio y enrolló su brazo alrededor de mi codo, tirando de mí para hacerme caminar hacia el jardín. Paseamos durante unos minutos en silencio hasta que llegamos a un banco situado en una especie de balcón desde el que se veía, tal y como ella misma me había dicho, toda la ciudad. Podía ver la Torre Eiffel al fondo, la catedral de Notre Dame, la Basílica del Sagrado Corazón de Montmartre e incluso el Arco del Triunfo. París era una ciudad mágica.
— ¿Qué le parece París? —me preguntó Nettie de repente, sentándose a mi lado, muy cerca de mí.
—Ahora mismo pensaba que es mágica. Pero lo cierto es que no he tenido tiempo de verla como me hubiese gustado. Ni esta ni ninguna otra.
—En ese caso, tendrá que volver a París para recorrerla por entero, ¿no le parece?
—Sí, espero poder venir con algo más de tiempo.
—Me encanta la cultura francesa aunque soy norteamericana y por eso intento empaparme de todo lo que me rodea. Ha sido así desde que era niña. Por ese motivo, si decide regresar, me encantaría ser su guía turística.
La miré de reojo y respiré hondo. Me daba la sensación de que estaba sacando las cosas de contexto y de que se estaba haciendo demasiadas ilusiones, pero tenía que ser amable con ella. Además, por el momento no me había dado ninguna señal inequívoca.
—Sería un honor para mí.
Ella me sonrió, coqueta, y se mordió el labio inferior. De acuerdo, ahí estaba. Por algún motivo desconocido, al verla morderse el labio, recordé a Alice. Ella hacía ese gesto cuando estaba nerviosa o cuando se sentía tímida, no coqueta, como acababa de hacer Nettie. Y quizá por eso me gustaba tanto que lo hiciera Alice, porque no había ningún sentimiento oculto en ese gesto. Era transparente.
—Y… dígame, ¿qué tal está su corazón?
— ¿Cómo? —Fruncí el ceño, sin comprender a qué venía esa pregunta—. Creo que mi corazón funciona bien, gracias a Dios.
Nettie se echó a reír y aprovechó el momento para acercarse más, hasta que pudo colocar su mano en mi pecho. Intenté apartarme de manera disimulada, pero el banco no daba más de sí.
—No, no me refiero a eso. Me refiero a si tu corazón está ocupado en estos momentos —me aclaró acercando su rostro al mío, deslizando su mano hacia arriba, por mi cuello y hasta mi mejilla. Supuse que el hecho de que hubiera empezado a tutearme era una nimiedad en aquellos instantes.
—Pues…
—Dime que no. Dime que esta noche vas a ser solo mío —me pidió en voz baja, seductora, inclinándose hasta que pudo cubrir mis labios con los suyos en un beso apasionado. Casi al instante mis manos se colocaron en sus brazos y con un movimiento seco la aparté de mí, poniéndome en pie con rapidez—. ¿Qué te pasa? —me preguntó, molesta, levantándose también del banco.
—No puedo hacerlo. Lo siento, pero no.
— ¿Por qué no?
—Mi corazón está ocupado, Nettie —le expliqué sencillamente, y fue en ese instante cuando comprendí que era cierto. Pero en el fondo ya lo había sabido.
— ¿Por la periodista de Nueva York?
Al parecer ella también había visto las fotos de la revista. Ya ni siquiera me sorprendía, en realidad.
—Sí.
— ¿Es tu novia?
—No. No estoy seguro.
— ¿Entonces?
—No lo sé. Simplemente sé que no quiero estar con otra mujer que no sea ella. No llego a entender claramente por qué, pero… Espero que puedas entenderlo.
Se quedó pensativa durante unos segundos y después apretó los labios.
—Estás enamorado de ella.
—Tal vez. No lo sé con seguridad. Lo único que sé es que no hago más que pensar en ella y que deseo que termine pronto esta gira para volver a Nueva York.
—Para estar con ella.
—Sí —admití.
—Lo siento. Pensé que… tendría alguna oportunidad contigo, pero veo que no va a poder ser.
—No. Lo siento.
Nettie movió la cabeza y suspiró, algo avergonzada.
—De todas formas… ¿me acompañas dentro otra vez?
—Por supuesto —le tendí caballerosamente el brazo y ella lo tomó, algo más contenta, para dirigirnos juntos dentro de la mansión de nuevo. Me despedí de ella con un beso en la mejilla y una sonrisa.
—Aunque no haya nada entre nosotros, espero que si decides volver a París me permitas ser tu guía.
—Eso ni lo dudes. Gracias por todo, Nettie.
Mientras volvíamos al hotel en la limusina, me percaté de que Emmett me miraba demasiado y con una sonrisita interesante en su rostro petulante, y al final me harté.
— ¿Qué te pasa?
—Nada. Solo estaba pensando en la señorita Dulain y tú.
— ¿Y?
—Me ha dado la sensación de que se ha abalanzado sobre ti en el jardín.
— ¿Nos estabas espiando?
—No, pero yo estaba hablando con un tal Demetri Chardin, un periodista francés, al lado de la puerta del jardín y la he visto en actitud cariñosa contigo.
— ¿En serio, Jasper? Toda la puñetera gira molestando con Alice, ¿y ahora me vas a decir que te has rendido a los encantos de la hija del embajador? —me acusó Edward, molesto, e iba a soltarle alguna grosería cuando Emmett se me adelantó:
—Espera, Ed, que no te lo he contado todo. Me he dejado lo mejor para el final.
—Di lo que tengas que decir, Emmett, y déjate de chorradas —le pidió Marcus, quien al parecer también estaba escuchando la conversación a pesar de que parecía ajeno a nosotros.
—Nuestro Jazz se la ha quitado de encima como un caballero.
— ¿Has rechazado a la hija del embajador? —preguntó Marcus estupefacto.
— ¿Qué tiene de malo? —mascullé cruzándome de brazos, cabreado con esa panda de cotillas.
—Nada, no es malo, solo es raro —comentó Emmett, divertido—. Antes te gustaba divertirte con las mujeres.
—Yo creo que ahora Jasper solo quiere divertirse con una —apostilló Marcus.
— ¿Queréis dejar de hablar de mí como si no estuviera presente?
—Así que al final has caído en las redes del amor —afirmó Edward, más que contento por, al parecer, no ser el único.
—Mirad, no tengo ni idea, ¿de acuerdo? Pero mientras estaba con Nettie en lo único en lo que pensaba era en Alice. En que no sé nada de ella. En que la echo de menos. Y en que era a ella a quien quería estar besando, no a Nettie.
— ¿Pues sabes qué tienes que hacer, muchacho? Decírselo —me aclaró Marcus cruzando las piernas.
—Lo haría si me contestara a las llamadas. Hace semanas que no hablamos. No sé cómo estará, no sé si los periodistas seguirán acosándola… No sé nada.
—Bueno, solo tienes que aguantar un par de semanas más. Dos semanas y estaremos en Nueva York otra vez.
—Sí, pues se me va a hacer muy largo.
—Lo único que te voy a pedir, Jasper, es que seas más discreto.
Puse los ojos en blanco escuchando las risas de Emmett y me hundí en el asiento de cuero pensando en lo poco que faltaba para que se terminara esa gira y lo largo que se me estaba haciendo.
¡Holaaa! Como veis Jasper ha decidido dejar atrás su etapa de mujeriego por Alice... y eso no lo hace cualquiera, ¿eh? ;) Lo único que os puedo adelantar del capítulo siguiente es que por fin vuelve Jasper a NY y tendremos al fin el reencuentro de nuestra parejita... Muahahahaha.
En fin, espero que os haya gustado mucho el capítulo de hoy y que me lo comentéis en los reviews, que ya sabéis que me animáis los días. ¡Nos leemos el sábado! Xo
