Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, solo la trama es mía.


-Capítulo 15-

Julio de 1969

En la última semana de junio leí una noticia que me dejó helada en el sitio y que me hizo preguntarme si en algún momento de mi vida algo podría salirme bien. Desde que la revista SweetHeart publicó las fotografías en las que aparecíamos Jasper y yo había dejado de leer revistas del corazón (tampoco solía hacerlo con frecuencia), pero había acompañado a Kate al dentista y mientras aguardaba en la sala de espera a que saliera de la consulta, no me quedó otro remedio que leer una de ellas. Me llamó la atención percibir el nombre de Jasper en un pequeño artículo situado en la esquina inferior de una página en la que se anunciaban Cotilleos Flash, y se me encogió el corazón al leerlo:

Parece que Jasper Whitlock, vocalista de Inequals, ha vuelto a las andadas. Habíamos llegado a creer que su relación con la periodista Mary Alice Brandon estaba yendo a buen puerto cuando, apenas tres semanas después de que se publicaran sus apasionadas fotografías, el periodista francés Demetri Chardin descubrió un posible romance entre Whitlock y la hija del embajador norteamericano en París, Nettie Dulain. Chardin asistió a la cena de gala que se celebró en la mansión del embajador, a la que también asistió el grupo Inequals, y nos ha contado en primicia que vio al cantante y a la señorita Dulain besándose desenfrenadamente bajo la luz de la luna. Por el momento ninguno de los dos se ha pronunciado al respecto, pero si es cierto que hay amor entre ellos, pronto lo descubriremos.

Al artículo lo acompañaba una pequeña fotografía en blanco y negro de Nettie Dulain, y ver su dulce rostro enmarcado por su hermoso cabello rizado no me hizo sentir mejor. Al contrario. Empezaron a temblarme los labios al instante y cerré la revista de malas maneras, intentando que nadie se percatara de mi repentina tristeza. Kate salió de la consulta diez minutos después, pues era una visita rutinaria, y en cuanto me vio con el rostro colorado y los ojos anegados en lágrimas me sacó casi corriendo de allí.

—Por Dios, ¿qué ha pasado? —me preguntó en la seguridad de su coche.

—Está con otra. Ha besado a otra —comencé a sollozar.

— ¿Qué? ¿Quién?

—Jasper.

—Pero… ¿qué? No entiendo nada, Alice.

—He leído un artículo en el que un periodista afirma que vio a Jasper besándose con la hija del embajador norteamericano en París.

Kate frunció el ceño.

—Pero… ¿había fotos?

—No. Eso no significa nada, Kate.

—Y lo que tú acabas de decirme tampoco. Un periodista afirma haberle visto besándola. ¿Qué base tiene eso? Yo puedo afirmar muchas cosas que no son ciertas, y por unos cuantos cientos de dólares lo haría si no fuera una persona decente.

— ¿Quieres decir que ese periodista solo lo ha hecho para conseguir dinero?

—Es lo más probable.

No me cabía en la cabeza. Como periodista que era me costaba entender que alguien de mi misma profesión pudiera hacer algo así.

—Pero… ¿por qué? Es que no tiene sentido. Algo tiene que haber visto entre ellos para afirmar tal cosa.

—Alice… ¿por qué estás empeñada en creer que Jasper es un mujeriego que se acuesta con una mujer diferente cada semana?

— ¡Yo no creo eso!

— ¿Entonces por qué a la mínima que lees algo así relacionado con él lo condenas como si fuera el mayor cabrón del mundo?

Permanecí en silencio, meditando las palabras de mi amiga. ¿Eso hacía?

—Kate…

—Él te dijo que eras especial, te trató como si fueras una princesa; tú misma me lo dijiste.

—Pero eso no significa que no haga lo mismo con las demás —susurré con la voz temblorosa, sin saber qué pensar—. Y lo peor de todo es que en el fondo le entendería.

— ¿Cómo?

—Es un cantante famoso, tiene dinero, poder e influencia. Todas las mujeres quieren echarse a sus brazos, ¿por qué va a evitarlo si se le ofrecen en bandeja?

—De verdad, Alice, no puedo creer lo que dices.

—Y yo no puedo creer que le defiendas de esa manera, ni siquiera le conoces.

—Pero después de lo bien que me has hablado de él me resulta raro que termine siendo un cerdo mujeriego.

—No has leído el artículo, Kate. Según el periodista, ambos se estaban besando desenfrenadamente bajo la luz de la luna —escupí las palabras cuando estas se me clavaron una por una en el pecho—. ¿Tú crees que alguien se inventaría algo así si no los hubiera visto besándose? ¿Qué sentido tendría inventar una mentira así?

—Quizá solo quiere manchar su nombre. Hay mucha gente envidiosa en el mundo.

—No, Kate… Algo de razón hay en lo que ha dicho ese periodista.

—Lo mejor que puedes hacer es preguntarle a Jasper cuando venga.

—Sí, ¿tú crees que lo primero que va a hacer cuando llegue a Nueva York será venir a buscarme? —me reí sin ganas, de mal humor de repente y sintiendo el corazón roto—. No, Kate. No lo hará.

Y me equivoqué. El día cinco de julio, a eso de las seis de la tarde, me encontraba en mi piso (había regresado una semana atrás porque al final, tal y como predijo Kate, los periodistas se aburrieron de esperarme y se marcharon) leyendo el borrador de un artículo que tenía que entregar en un par de días cuando llamaron al timbre. Kate había insistido en que saliera con ella y con Garrett el día anterior para celebrar el Día de la Independencia, pero no había tenido ganas y había preferido quedarme en casa, así que yo, al menos, no tenía resaca alguna. Estiré mis músculos, deseando que ese calor sofocante de julio desapareciera, y cuando a través del interfono escuché la voz contenida de Jasper se me paró el corazón. ¿Qué diablos…? Abrí la puerta lentamente y, cuando lo tuve frente a mí, sentí que el estómago se me ponía del revés. En realidad pensaba que no vendría a verme, que ni siquiera me llamaría, pero había venido y… Yo no sabía qué hacer. No había pensado en cómo iba a reaccionar, en cómo le iba a tratar. Pero sabía que tenía que pararle los pies antes de que las cosas terminaran desmadrándose más; era lo único que tenía claro.

—Hola —me saludó con las manos en los bolsillos, nervioso—. ¿Puedo pasar?

—Sí.

Abrí más la puerta y dejé que entrara para después dirigirme al salón, sin querer mirarle demasiado. Llevaba una camisa blanca de manga corta desabotonada en el primer botón, por lo que se le veía parte de la clavícula, y unos pantalones largos finos de color arena; además de que estaba algo bronceado. Aquella gira le había sentado muy bien.

— ¿Cómo estás?

—Bien, ¿y tú? —pensé que mostrarme indiferente desde un primer momento iba a ser lo mejor—. ¿Qué tal la gira?

—Genial, pero estamos muy cansados. Acabamos de llegar a Nueva York hace apenas una hora.

—Vaya, ¿por qué no te has ido a descansar?

Frunció el ceño al ver que me cruzaba de brazos. Lo estaba descolocando y ya estaba empezando a sentirme mal por ello, pero me mantuve firme.

—Porque me estaba muriendo por verte —me respondió como si fuera lo más obvio del mundo, y en aquel instante la descolocada fui yo.

—Tendrías que haberte ido a descansar, Jasper.

—Veo que el sentimiento no es mutuo.

Me humedecí los labios resecos y esperé, nerviosa, a que sucediera algo. Cualquier cosa.

—Ya no hay periodistas apostillados en tu puerta —comentó al ver que no le contestaba.

—No. Se marcharon hará una o dos semanas. Se cansaron de no tener nada de donde sacar carnaza.

Jasper asintió en silencio.

—Te llamé muchas veces, pero jamás me respondiste.

—No he estado aquí —le expliqué moviéndome, recogiendo cualquier cosa que me encontrara solo para no tener que enfrentarle. Ya no me sentía tan valiente—. Me fui a casa de mi amiga Kate porque no habría podido dormir teniendo a los periodistas debajo de mi casa.

— ¿Te asustaron?

—El primer día sí. No me los esperaba, no me dejaban andar… Me preguntaban cosas estúpidas y pensé que no me dejarían vivir en paz. Pero al final se han terminado marchando.

—Como siempre. También te llamé a la revista, pero me dijeron que no estabas.

— ¿Que no estaba? —Pregunté con el ceño fruncido—. He ido a trabajar todos los días. ¿Quién te cogió el teléfono?

—No sé, un hombre. No me dijo su nombre.

Cerré los ojos.

—Oh, James… Joder —mascullé frotándome los ojos, cansada. ¿Es que no iba a dejarme nunca en paz?

— ¿James?

—Él fue quien hizo las fotos y las vendió.

—Espera, ¿qué fotos?

—Las nuestras.

— ¿Me estás diciendo que el tipo que hizo y vendió las fotos trabaja contigo? ¿En la revista?

—Sí —me rasqué la frente, nerviosa—. Él y yo salimos una vez, y bueno, pasó algo… Hace años ya de eso. La semana anterior a que se publicaran las fotos se empeñó en que volviéramos a salir y yo le dejé las cosas claras diciéndole que no quería volver a tener nada que ver con él y que se buscase a otra, y justamente ese día nos vio juntos. Se aprovechó, sacó las fotos y las vendió.

—Hijo de… ¿Por qué no le has denunciado, Alice?

—No tengo pruebas contra él. Ninguna. Así que no puedo hacerlo.

—Maldita sea… —Jasper se pasó una mano por el cabello y respiró hondo para después clavar sus ojos en mí—. ¿Qué pasó entre vosotros?

— ¿Y eso qué más da ahora?

— ¿Era tu novio?

—No. Yo tenía veintitrés años y hacía apenas un año que le conocía. Salimos una noche, bebimos demasiado y…

—Te acostaste con él.

—Estaba borracha. Ni siquiera lo recuerdo —y cada día daba gracias al cielo por ello—. Pero eso no tiene que importarte y mucho menos enfadarte. No tienes derecho.

— ¿No? Me he pasado un jodido mes viajando, preocupado porque no sabía nada de ti, porque no respondías a mis llamadas, ¿y me dices que no tengo derecho después de todo lo que pasó entre nosotros?

—Muy preocupado por mí no estarías cuando te estabas divirtiendo con Nettie Dulain —solté, encendida, sin poder evitar aquel arranque de celos, aunque después me hubiera gustado haberme mordido la lengua.

Jasper abrió mucho los ojos, sorprendido, y supe en aquel instante que algo había sucedido. Que no me había equivocado del todo.

— ¿Cómo sabes…?

— ¿Que cómo sé que os besasteis? Solo tuve que leer una noticia en una revista del corazón. Parece que eres un habitual de ese tipo de publicaciones, Jasper.

—Yo no la besé. Fue todo un malentendido.

—Según un periodista francés os besasteis desenfrenadamente bajo la luz de la luna. Qué romántico, ¿verdad? —fui irónica adrede y supe que acababa de hacerle daño.

— ¿Ni siquiera me vas a dar un voto de confianza? Leíste que besé a una mujer y ya das por hecho que así fue.

—Mira, Jasper, eres un cantante famoso y…

— ¿Volvemos a eso? —exclamó sobresaltándome—. Ya hemos tenido esta conversación antes y pensé que te lo había dejado claro.

— ¿El qué?

—Que me importas. Que no hago más que pensar en ti como un imbécil mientras tú te pasas los días creyendo que soy un cabrón.

Tragué saliva cuando el corazón me retumbó con fuerza contra las costillas.

—Jasper, lo que pasó entre nosotros…

— ¿Qué? ¿Me vas a dar las gracias y me vas a echar de tu vida así como así? ¿Eso es lo que tienes pensado hacer? Porque no va a colar.

— ¿De qué hablas?

—Puede que tú no creas lo que siento por ti, pero yo sí sé que tú también sientes algo por mí.

—Te equivocas —afirmé fingiendo una seguridad que no sentía.

— ¿Ah, sí? Veamos si me equivoco —en un par de zancadas llegó hasta mí, me colocó una mano en la nuca, con la otra me rodeó la cintura y me besó sin darme opción a moverme, sin dejar que me alejara. Mis manos se dirigieron a su pecho para apartarlo de un empujón, pero durante un segundo se aferraron con fuerza al cuello de su camisa, ansiosas por tocarle. Sentía sus labios cálidos y fieros contra los míos, pidiendo que reaccionara y que le devolviera el beso, pero en un momento de lucidez conseguí apartarme de él con la respiración agitada y el cuerpo tembloroso.

—No quiero esto, Jasper.

—Y un cuerno que no.

—Yo… no estoy preparada. No quiero llevar la vida que tú llevas, ¿entiendes? —alcé la voz, deseando que creyera mis palabras y se marchara cuanto antes—. Después de lo que sucedió con las fotos entendí que no quiero ser el centro de los periodistas, no quiero que me sigan, no quiero que me acosen como lo hicieron y que todo el mundo hable de mí a mis espaldas. No quiero ese tipo de vida. No quiero… sufrir cada vez que leo un artículo que dice que te has besado con otra mujer; que quizá tienes un romance con ella, no quiero tener que pasar por nada de eso —le dije con la voz entrecortada—. Lo pasamos bien al principio, no te lo voy a negar. Congeniamos cuando nada era demasiado complicado, pero después… me he terminado dando cuenta de que no es eso lo que quiero. Lo siento, Jasper, pero no lo… no te quiero.

Durante un instante, mientras lo tenía frente a mí, pensé que volvería a replicar, pero simplemente permaneció en silencio durante unos segundos que se me hicieron eternos.

—Así que no me quieres —dijo en un hilo de voz.

—No quiero llevar la vida que tú llevas. No está hecha para mí.

—Entonces lo que sentí… lo que sentimos antes de que me marchara… ¿nada de eso importa? ¿O es que me vas a decir que tampoco sentiste nada?

—Ya te lo he dicho, lo pasamos bien, pero nos hicimos ilusiones demasiado rápido. Lo mejor será que lo dejemos todo como está; vuelve a tu música, a lo que realmente amas, que yo haré lo mismo por un camino distinto.

—Como si jamás hubiese pasado nada entre nosotros.

—Será lo mejor.

Respiró hondo y se pasó una mano por el cabello, resignado y abatido.

—No te voy a insistir, Alice. Al poco de conocernos te aseguré que me alejaría de ti si me lo pedías, así que eso es lo que voy a hacer ahora. No te preocupes, no te molestaré más.

Jasper volvió a meterse las manos en los bolsillos y se dio la vuelta para marcharse. Pero entonces recordé algo importante:

— ¡Espera!

Se volteó lentamente, y lo que vi en sus ojos estuvo a punto de destrozarme el corazón. ¿Qué estaba haciendo?

—Espera un segundo —le pedí, insegura, al ver su rostro desencajado. Pero tenía que hacerlo, no podía echarme atrás en aquel instante.

Me dirigí deprisa a mi habitación y cogí la caja de cartón que contenía la cámara que me regaló antes de irse. Una vez en el salón se la entregué.

—No la he usado, así que si quieres puedes devolverla… Seguro que aún pueden reembolsarte el dinero.

—No quiero el dinero. Fue un regalo para ti.

—No puedo aceptarla. No es justo —continué diciéndome a mí misma que a la larga sería lo mejor para los dos.

—Como quieras.

—Ah, y gracias por… lo del Cumpleaños feliz. Vi un trozo de la actuación en las noticias. Me gustó mucho la canción y… ver que te acordaste de mí en ese día.

Jasper sonrió con una tristeza inmensa llenándole los ojos, tan grande que incluso evitó mirarme.

—No te haces una idea de lo mucho que me he acordado de ti este mes, pero supongo que tampoco te importa —masculló en voz baja—. Adiós, Alice.

Se marchó cerrando la puerta a sus espaldas y yo me senté en el sofá cuando, poco a poco, la angustia empezó a invadirme. Jamás había visto tanto dolor en sus ojos, jamás lo había percibido en sus palabras. Y yo acababa de echarle de mi vida como a un perro, casi a patadas. Me pasé las manos por el rostro y fue entonces cuando me percaté de que tenía las mejillas húmedas.

Dios… ¿Qué había hecho?


¡NO MATÉIS A LA AUTORA AÚN! ¡Pido misericordia! Imagino que probablemente a estas alturas del fic me estáis odiando y la única excusa que tengo es que esto tenía que pasar. Algún día escribiré una historia en la que todo sean corazoncitos, romance por doquier y felicidad cursi, pero por ahora, meter más drama me encanta (soy malvada, no lo puedo evitar).

De todas formas espero que os haya gustado el capítulo de hoy y que me lo digáis con vuestros reviews, a ver si podemos hacer alguna tregua xD

¡Hasta el martes! Xo