Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, solo la trama es mía.
-Capítulo 19-
Verano de 2013
No había entrado en detalles con Ben, más que nada porque no me parecía adecuado hablarle de aquel tema a mi nieto. Simplemente le comenté que su abuela había venido a mi piso para hablar conmigo y terminamos solucionando las cosas.
— ¿Así que os hicisteis novios al fin? —me preguntó una vez terminamos de comer.
—Sí. Al fin.
— ¿Y entonces os casasteis?
—No aún, tardamos un poco. No tanto como era lo habitual, pero esperamos. Pasaron muchas más cosas en los meses siguientes.
— ¿Cómo qué? —me preguntó mi nieto con el ceño fruncido.
—Pues…
El sonido del teléfono móvil de Ben me interrumpió, y el chico se apresuró ponerse en pie para contestar.
—Hola, mamá. Sí, muy bien.
Mientras él hablaba yo aproveché para quitar la mesa y comencé a fregar los platos sin prisa. A pesar de que me entristecía recordar el pasado simplemente porque Alice ya no estaba conmigo, también me hacía bien. Me llenaba de ganas por seguir viviendo, por todo lo que mi esposa y yo fuimos capaces de superar con el tiempo.
—Abuelo, mamá quiere hablar contigo —me dijo Ben entrando en la cocina y esperando a que me secara las manos con un trapo.
—Hola, Emm —saludé a mi nuera cuando respondí al teléfono.
—Hola, Jasper, ¿cómo vais?
—Muy bien. Nos lo estamos pasando bien.
Ben me dedicó una sonrisa cohibida y salió de la cocina para irse a ver la televisión.
—Eso me ha dicho Ben. Se le nota contento.
—Sí, eso parece. Nos estamos conociendo.
—Eso es una maravilla. Me alegro mucho de que os llevéis tan bien.
—Yo también, hija. ¿Cómo está tu madre?
—Pues va haciendo. Los médicos dicen que está estable, pero tampoco podemos fiarnos demasiado.
—Seguro que se pondrá bien pronto, no te preocupes.
—Gracias, Jasper, y gracias por cuidar de Ben —me agradeció con la voz algo compungida. Supuse que el tema de su madre la estaba afectando, y estar lejos de su hijo y su marido también, con lo buena mujer que era.
—Es mi único nieto. ¿Cómo no iba a hacerlo?
Emm se rio.
— ¿Has hablado con Liam?
—Sí, llamó ayer para ver cómo iban las cosas por aquí.
—Perfecto. Bueno, he de irme de nuevo con mi madre. Gracias por todo otra vez, Jasper.
—No hay de qué. Hasta pronto, Emmeline.
Colgué y dejé el móvil de Ben en la estantería de la cocina mientras terminaba de fregar los platos, pero él vino a buscarlo al cabo de unos minutos.
— ¿Qué te ha dicho mi madre?
—Que tu abuela está estable.
—Eso me ha dicho a mí también. ¿No te ha dicho nada de cuándo vendrán a buscarme?
—Pues no, pero tu padre dijo que vendría el viernes, ¿no?
—Sí.
— ¿Es que ya quieres marcharte? —le pregunté con algo de tristeza, pues aunque Ben no era un niño nervioso ni muy movido, me hacía mucha compañía y me recordaba que no estaba tan solo en la vida.
—No es eso. Es porque quizá no me dará tiempo a escuchar toda tu historia con la abuela.
Me eché a reír entre dientes y lo miré por encima de mi hombro.
—Descuida, Ben. Intentaré contártelo todo antes de que te marches el viernes.
—Vale.
— ¿Quieres escuchar un poco más?
—Sí.
Volví a sonreír mientras intentaba extraer la grasa que había quedado en el plato que tenía en aquel instante entre las manos y escuché que Ben se sentaba en una de las sillas de madera que tenía en la cocina. Cuando estuvo acomodado repasé el momento exacto en el que nos habíamos quedado y musité:
—A ver, por dónde iba…
.
.
.
Julio de 1969
Nos quedamos largos minutos quietos, en silencio, disfrutando del contacto de nuestros cuerpos sobrecalentados. Jasper continuaba sobre mí, rodeando mi cuerpo con sus brazos y con su cabeza apoyada sobre mi pecho, respirando acompasadamente como si estuviera dormido, pero no lo estaba. Poco a poco alzó la cabeza y me miró con una sonrisa lánguida y satisfecha, y yo le devolví el gesto, sintiéndome más feliz que nunca.
—No puedo creer que estés aquí. Durante un segundo he pensado que solo era un sueño.
—Estoy aquí —le aclaré acariciándole el cabello húmedo—. Y no me voy a ir.
—Desde luego que no.
Se incorporó y salió de la cama para, supuse, deshacerse del preservativo en el cuarto de baño contiguo a la habitación y después regresó para tumbarse a mi lado, de costado, y abrazarme como si no quisiera romper el contacto conmigo.
—Ya me había hecho a la idea de que no volveríamos a estar así nunca más.
—Yo también —le respondí volteándome hasta que estuvimos cara a cara. Extendí el brazo y le acaricié el hombro y la barbilla, asegurándome de que todo era real—. Me porté tan mal contigo que…
—Alice, ya está—me interrumpió—. Ya no tiene importancia.
—Sí la tiene. Quiero explicarte por qué me comporté como lo hice. Necesito hacerlo.
—Está bien.
Me mordí el labio inferior y pensé detenidamente en cómo expresarme, en cómo ordenar mis ideas.
—Mis padres… sobre todo mi padre, se tomó muy mal las fotografías. Cuando fui a Biloxi discutimos y empecé a sentirme mal. Más mal de lo que ya me sentía antes. Pero cuando os vi en la televisión y vi que habíais cambiado vuestra lista de canciones para incluir el Cumpleaños feliz…
—Los chicos se mosquearon conmigo, pero yo tenía claro que quería hacerlo —me explicó Jasper con una sonrisa de culpabilidad en el rostro—. Te dije que te felicitaría de alguna forma.
—Sí. Y lo hiciste. Y me hiciste muy feliz. Mis padres no se lo podían creer, y mi hermana, que por cierto es seguidora vuestra, estuvo a punto de morirse de envidia. Entonces comencé a creer que te importaba de verdad, que si me habías cantado el Cumpleaños feliz delante de todas esas personas que os estaban viendo… Algo tenía que significar. Pero semanas después, cuando leí ese dichoso artículo de Demetri Chardin… me vine abajo. Comencé a pensar que era imposible que alguien como tú estuviera realmente enamorado de alguien como yo, todo se hizo una bola enorme de pensamientos negativos… y te condené a la primera sin darte ni un mínimo de confianza.
Jasper me acarició la mejilla suavemente, intentando confortarme porque sabía lo mucho que me afectaba ese tema.
—Ya está solucionado, Alice.
—Sí, pero eso no era todo. Me di cuenta de que, a pesar de lo que había leído, seguía sintiendo algo muy fuerte por ti, así que preferí fingir que no te quería, que no me importabas, para no demostrarte de ninguna forma lo que realmente sentía por ti. Por eso me comporté como una auténtica zorra, y…
—Alice, de verdad, ya está bien.
—Y luego, el día 14 de julio os escuché en la emisora WNYW —proseguí.
— ¿Nos escuchaste?
—Sí. Escuché Miss por primera vez en el coche de mi amiga Kate y me puse a llorar como una magdalena. Te escuché explicando lo que significaba y pensé que… que realmente me querías.
—Sí. Porque así es —me aseguró él de nuevo—. Durante unos días no quise cantarla, no quería que se convirtiera en el single porque me dolía cantar la letra. Pero al final Emmett y Edward me convencieron.
—Es una canción preciosa.
—Gracias, pero lo es por ti. Porque tú me inspiraste mientras estábamos en Europa.
Sonreí, cansada, y me acurruqué más contra su cuerpo, feliz por estar a su lado.
—Si no llega a ser por Emmett…
—Al final tendré que darle las gracias al muy idiota.
Me eché a reír y asentí.
—Sí. Tenía demasiado miedo de venir a buscarte porque estaba convencida de que no querrías volver a saber nada de mí, pero Emmett me aseguró que seguías queriéndome y que estabas siendo tan infeliz como yo. Por eso al final me decidí y pensé que… al menos tenía que intentarlo.
—E intentándolo me has hecho el hombre más feliz del mundo. Porque ahora ya no te voy a dejar escapar, Alice. Nunca más.
—Tranquilo, no me escaparé.
Jasper sonrió pero después se puso serio al instante, inquietándome.
— ¿Qué pasa?
—Tarde o temprano los periodistas sabrán lo nuestro.
—Ya te he dicho antes que no me importa. Estoy dispuesta a vivir con eso y con todo lo demás.
Él asintió y volvió a sonreír, estrechando su abrazo en torno a mi cuerpo.
—En ese caso la prensa estará muy feliz de saber que volvemos a estar juntos. Tendrán algo de lo que hablar en los próximos meses.
Me eché a reír y después suspiré.
—Tendremos que decírselo a nuestros padres. A los tuyos y a los míos.
—Sí. Con los míos no habrá problema, en parte estarán contentos de que asiente la cabeza —me dijo con una sonrisa algo triste.
—Los míos… no sé. El mayor problema será mi padre.
— ¿Aún está molesto por las fotos?
—Supongo. Y… no creo que te tenga en mucha estima. Cree que arruinaste mi reputación y que soy solo un juguete para ti.
No dije la palabra "fulana" porque no me apetecía que Jasper se enfadara y que él y mi padre empezaran con mal pie.
—En ese caso lo mejor que puedo hacer es demostrarle a tu padre lo mucho que te quiero.
—Eso mismo.
Me acerqué y le di un beso suave en los labios, pero Jasper se apartó bruscamente.
—Acabo de recordar algo —apuntó levantándose casi corriendo de la cama para ir a buscar algo en el armario.
No me había fijado demasiado, pero su habitación era casi más grande que mi piso entero. Con las paredes en un tono crema, también, la enorme cama de matrimonio ocupaba el centro de la espaciosa estancia y a cada lado tenía una mesita de noche de madera. A la derecha del lecho había una puerta que conducía al cuarto de baño donde antes había ido Jasper, el armario empotrado quedaba justo enfrente de la cama, y en ese momento me di cuenta de que en el centro del mueble había una televisión. A la izquierda, como no podía ser de otra forma, había un ventanal desde el que se divisaba una vista preciosa de Nueva York que hizo que me diera un vuelco el corazón.
—Me encanta tu piso. Y tu habitación. Y tu cama —le dije a Jasper sentándome, cubriéndome un poco con la sábana.
—Siendo poco modesto, a mí también. Y también me encanta la señorita que está ahora mismo en ella.
Sonreí, juguetona, y le pedí con unos golpecitos en el colchón que volviera conmigo. Lo hizo segundos más tarde con una caja de cartón en las manos que ya había visto antes.
—No la pude devolver —me aclaró entregándome de nuevo la cámara que me regaló por mi cumpleaños—. Siempre ha sido tuya.
Me mordí el labio inferior y la saqué de la caja, admirándola.
—Lo siento —repetí en voz baja, estremeciéndome cuando sentí la mano de Jasper acariciándome la espalda desnuda.
—Ya no tienes que disculparte por nada. La cámara es tuya. Y yo también.
Sonreí dejando la cámara de nuevo en su caja y me incliné para besar otra vez a Jasper, sintiéndome muy, muy feliz. El resto vino solo. Continuamos besándonos hasta que él me rodeó con los brazos y, colocándome sobre su cuerpo, me indicó que aquello era todo lo que tenía planeado durante el resto de la noche.
.
.
.
Me sentí algo desorientado por la mañana, pero cuando vi que Alice dormía parcialmente sobre mí con la mejilla apoyada en mi hombro sonreí recordando todo lo sucedido la tarde y noche anterior. Había vuelto conmigo gracias a Emmett y jamás podría agradecérselo suficiente. Se había acabado el sufrimiento y el mal humor, y a partir de ese día iba a disfrutar de mi novia y de mi grupo de música como jamás lo había hecho. Por desgracia yo tenía que ir al estudio y ella a trabajar, así que la desperté con suavidad y me reí al ver su cara de sueño y su puchero porque quería seguir durmiendo. La convencí de salir de la cama prometiéndole una ducha fresquita los dos juntos y un desayuno a base de bollitos con mantequilla, zumo y un café bien cargado para recuperar energías.
La ducha se nos fue de las manos, como no podía ser de otra manera, y el desayuno nos sentó de maravilla, pues ni siquiera habíamos cenado nada la noche anterior. Alice entraba en la revista a las nueve y yo a las diez, por lo que la llevaría a su casa para que se cambiara de ropa y recogiera lo que necesitara para trabajar y la llevaría al trabajo. Total, éramos conscientes de que tarde o temprano alguien descubriría nuestra relación, por lo que habíamos acordado no esconderla en ningún momento. Cuanto antes pasásemos por aquel trago, mejor.
Cuando ambos estuvimos listos salimos de mi edificio tomados de la mano (Will, el portero, me guiñó un ojo y yo le devolví el gesto con una sonrisa) y nos subimos a mi coche. Alice tardó apenas quince minutos en cambiarse de ropa en su piso y después nos dirigimos a la revista.
— ¿Quieres quedarte esta noche en mi casa otra vez? —le pregunté, esperanzado, pues era consciente de que ya no querría volver a pasar las noches solo.
—Me gustaría mucho. Pero tendré que trabajar, seguramente, y no sé si podré hacerlo contigo a mi alrededor.
Sonreí al escuchar esa frase aunque no aparté la mirada de la carretera.
—Si quieres, quedamos a una hora en concreto… sobre las ocho y media o las nueve, así tendrás un rato para trabajar tranquila en tu piso.
—Me parece bien.
—Podrías traerte una maleta con ropa, así no tendrás que preocuparte de volver mañana a tu piso a cambiarte.
Alice sonrió, entendiendo el trasfondo de mis palabras, y respiró hondo.
—Es una buena idea.
—Todas mis ideas son buenas.
La vi poner los ojos en blanco y me eché a reír. Llegamos a la revista cinco minutos antes de lo previsto y, cuando aparqué, me incliné hacia Alice para darle un beso largo e intenso en los labios.
—Entonces luego te espero en casa, ¿sí?
—Sí. Oh, mierda —musitó mirando hacia la calle, y yo seguí su mirada para toparme con el rostro serio de un hombre alto y de cabello castaño que caminaba hacia la revista y que no se molestó en dejar de observarnos.
— ¿Es tu jefe?
—No, es James.
— ¿James? ¿El de las fotos?
—Sí.
Sin pensármelo dos veces me quité el cinturón de seguridad deprisa y abrí la puerta de mi vehículo para, a continuación, salir de él.
—Jasper, espera.
Alice me siguió, nerviosa, y se colocó a mi lado cuando intercepté al desgraciado.
— ¿Es usted James?
—Sí. No voy a preguntar quién me busca porque tengo la mala suerte de conocerle —me soltó de malas maneras mirándonos a mí y a Alice con asco.
—No creo que me conozca lo suficiente, pues si lo hiciera no se habría arriesgado a tomar aquellas fotos.
—No sé de qué me habla —me aclaró James intentando caminar, pero yo no se lo permití.
—Lo sabe muy bien. Y espero que también sepa que puede ir despidiéndose de su trabajo como periodista porque pronto recibirá noticias de mis abogados.
—No tiene ninguna prueba contra mí, ni usted ni ella —masculló señalando a Alice—. Además, no sé qué clase de hombre es usted que tiene que amenazarme escudándose tras sus abogados.
—Si quiere le demuestro ahora mismo qué clase de hombre soy.
—Jasper, por favor —me pidió Alice tomándome de la mano, exigiéndome en silencio que me apartara de James—. No vale la pena.
—Hágale caso a su noviecita y déjeme en paz.
Le dediqué a James una mirada fulminante.
—Esto no va a quedar así. Pronto se dará cuenta de ello.
El aludido entró en la revista sin decir nada más y yo respiré hondo, intentando calmar mi repentino mal humor.
—No tendrías que haberte enfrentado a él —me dijo Alice.
—Si realmente lo hubiera hecho ahora tendría un par de dientes menos —le aclaré apretando su mano con la mía—. Pero esto solo acaba de empezar, Alice. No me voy a quedar de brazos cruzados.
— ¿Y qué vas a hacer?
—Te lo cuento luego, vas a llegar tarde —la acerqué a mi cuerpo y volví a besarla, intentando entregarle en ese beso todo lo que sentía por ella. Me sentí muy afortunado cuando me correspondió enredando la mano que le quedaba libre en mi cabello y nos separamos segundos después con la respiración entrecortada—. Si seguimos así volveremos a ser portada de otra revista del corazón en menos que canta un gallo.
Alice se rio y asintió en silencio justo antes de ponerse de puntillas para besarme la mejilla.
—Gracias por traerme, señor Whitlock. Luego nos vemos.
—Desde luego, señorita Brandon.
Le guiñé un ojo cuando se volteó para despedirse de mí con la mano y respiré hondo, satisfecho, cuando la vi entrar en la revista. Por mi parte volví a subirme a mi coche y puse rumbo hacia el estudio de grabación con una muy buena noticia que explicarles a mis compañeros.
¡Hola! De nuevo os traigo otro cap de esta historia que espero que os esté gustando mucho. Ya se nos han puesto tiernos y ya estamos todos contentos, o eso espero, al menos jajajaja). Por el momento no se volverán a enfadar, si no me falla la memoria, pero seguirán teniendo algún que otro conflicto que resolver (como todas las parejas normales, vaya).
Antes de irme quiero responder a algunos reviews que me preguntaron si se sabe de qué murió Alice. Sí se sabe y se explica más adelante, así que tranquilos, por ese tema no os preocupéis. Además de eso, quiero hacer una mención especial a Elianna Cullen quien se ha graduado recientemente de la universidad. ¡Muchísimas felicidades, nena!
Ahora sí, deseando que os haya encantado este capítuo me marcho. ¡Nos leemos el martes! Xo
