Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, solo la trama es mía.


-Capítulo 20-

Julio de 1969

Llegué a mi mesa cinco minutos después ignorando a James y su mirada fulminante. El muy imbécil. Pero aquella mañana tenía varios artículos que corregir y algunos más que redactar, así que no iba a tener tiempo para sus estupideces.

—Buenos días —saludó Kate al llegar a su mesa al lado de la mía, y me miró con una sonrisa extraña.

Tenía tanto que contarle…

—Buenos días. ¿Y esa cara? —le pregunté cuando me di cuenta de que parecía preocupada.

—Ah, nada… Solo me ha parecido ver algo… a alguien abajo cuando he llegado.

— ¿A quién?

—Nada, nada, habrá sido mi imaginación —le quitó hierro al asunto con la mano, sacando varios papeles de su carpeta.

Fruncí el ceño con una sonrisa.

— ¿A quién te ha parecido ver abajo, Kate? No me dejes con la duda.

Se acercó a mi mesa despacio y, tras asegurarse de que nadie nos estaba escuchando, susurró:

—A Jasper.

Solté una risita que la sorprendió y la dejó completamente descolocada.

— ¿De qué te ríes? Ya te he dicho que ha sido mi imaginación.

—No lo ha sido. Jasper estaba abajo. Me ha traído a trabajar.

Kate arrugó la frente y achicó los ojos.

— ¿Cómo?

—Es muy largo de explicar, pero… he pasado la noche en su casa —le expliqué en voz baja y con algo de timidez—. Hemos solucionado las cosas.

— ¿EN SERIO? —exclamó mi amiga tapándose la boca cuando se percató de que había alzado demasiado la voz.

—Shhhh, Kate —le pedí, azorada—. Pero sí, en serio. Después te cuento con detalles.

—Sí, por favor, todos los detalles —me exigió señalándome con un dedo antes de inclinarse para abrazarme, feliz—. Dios, qué contenta estoy. Por eso tienes esas ojeras que te llegan al suelo.

—Podríais dejar de cotorrear como dos gallinas y poneros a trabajar de una vez —masculló James sin alzar la mirada del artículo que fingía leer. Porque desde luego no lo estaba haciendo.

—No estamos cotorreando, James, estamos celebrando —le respondió Kate, petulante.

—Luego, Alice, no te quejes si apareces en todas las revistas del corazón del mundo; no eres nada discreta dejando que tu novio de pacotilla te traiga a trabajar.

—No es asunto tuyo lo que yo haga con mi novio, y no te atrevas a insultarle porque no eres mejor que él —le solté de malas maneras, queriendo dejarle las cosas claras.

— ¿Seguro? Yo te metí en mi cama mucho antes que él —me recordó con saña, queriendo hacerme daño. Pero no lo consiguió.

Aunque Kate ya lo sabía ahogó un jadeo al escucharle, pero yo encontré la respuesta perfecta a su comentario, por lo que sonreí, satisfecha:

—Es cierto, pero al menos no necesito estar borracha para acostarme con él. Y, ¿sabes qué? Jasper sí me hace disfrutar como nunca.

Kate me miró con los ojos muy abiertos y yo me limité a sonreírle a James, que se levantó de su mesa furibundo y salió de la sala, consiguiendo que todos nuestros compañeros le miraran atónitos.

—Dios Santo, Alice…

—No sabes lo a gusto que acabo de quedarme.

Kate se echó a reír con ganas mientras se sentaba en su escritorio y yo la seguí, dispuesta a ponerme a trabajar cuando antes.

.

.

.

Llegué al estudio temprano, pero para mi sorpresa Emmett y Edward ya estaban allí, el primero haciendo algunas pruebas con la batería y el segundo afinando su bajo. Emmett, al verme, me miró con detenimiento y yo le dediqué una sonrisa sincera.

—Tengo algo que contaros —les comenté acercándome a ellos, a pesar de que Emmett ya imaginaba por dónde iba.

—Yo también, pero dilo tú primero, ya que has empezado —dijo Edward, atento.

—Vale. Pues… he vuelto con Alice.

La risotada de Emmett no me sorprendió, y tampoco cuando se acercó a mí para palmearme el hombro con ganas.

— ¡Qué buena noticia! No sabes cuánto me alegro, colega.

—Supongo que tengo que darte las gracias.

— ¿A él? ¿Por qué? —preguntó Edward sin entender nada.

—Ayer fue a casa de Alice y la convenció de que seguía queriéndola. Al final ella vino a mi piso, hablamos y… —me encogí de hombros—. Pasó lo que tenía que pasar.

—Que se pasaron la noche retozando en la cama —apuntó Emmett con sonrisa pícara, haciéndome rodar los ojos.

—Eso no os incumbe.

Edward se acercó también a mí y me colocó su mano en el hombro.

—Yo también me alegro mucho.

—Gracias. No sé cómo vamos a llevarlo, pero… lo conseguiremos.

—Claro que sí. Lo importante es que os queréis.

— ¿Y tú qué tenías que decirnos? —le preguntó Emmet a Edward, expectante.

—Bella se va a venir a vivir conmigo.

— ¿Va a venir a Nueva York al final? —exclamé, sorprendido.

—Sí. El otro día discutimos por teléfono porque decía que no me importaba tenerla lejos, y bueno… Tomé una decisión y le propuse que se viniera a vivir aquí. Yo solo quería alejarla de la vida pública, pero…

—Edward, hay cosas que no se pueden evitar —expliqué—, y esos carroñeros siempre van a estar buscando alguna exclusiva, así que no te tortures. Pero es genial que al final se lo hayas propuesto a Bella.

—Sí. Lo cierto es que echo de menos tenerla cerca.

Emmett resopló y volvió a sentarse de cualquier manera el en el sofá.

—Vaya par de blandos estáis hechos.

— ¿Tú no tienes ninguna buena noticia que contarnos o qué? —lo pinché colocándome a su lado.

—Lo único bueno que os voy a decir es que sigo siendo el miembro más interesante de Inequals porque no he caído en las redes del amor.

—Aún —dije yo.

—Aún —me siguió Edward.

—Eso no va a pasar jamás. Soy demasiado feliz disfrutando de una mujer diferente casi cada semana, o repitiendo con alguna si me apetece. No creo que el amor esté hecho para mí.

Me eché a reír y le arreé un golpe en la pierna que apenas le dolió.

—Eso pensaba yo y mírame ahora.

—Porque eres un cursi, en el fondo. Yo sigo siendo un macho.

Edward puso los ojos en blanco y después comenzamos a carcajearnos sin poder evitarlo. Cinco minutos más tarde Marcus hizo acto de presencia y casi nos exigió que comenzásemos a ensayar, pues las actuaciones que íbamos a ofrecer en agosto estaban a la vuelta de la esquina.

.

.

.

Comí con Kate en un restaurante que se encontraba en la calle de enfrente de la revista, pues aquel día estábamos bastante atareadas y no queríamos tardar mucho en volver al trabajo. Mientras comíamos le expliqué la visita de Emmett y la conversación que tuve con él la tarde anterior, los nervios que pasé mientras nos dirigíamos a casa de Jasper y la angustia por la que me hizo pasar al principio. Pero no pude evitar sonreír al contarle casi todo lo que sucedió después, los abrazos, los besos, las caricias… Y Kate me escuchó embobada y tremendamente feliz por mí.

Durante el resto del día ignoré a James a pesar de que él hizo lo propio conmigo, y a eso de las seis Kate se ofreció a llevarme a casa, por lo que no me negué. Allí continué trabajando hasta que el reloj marcó las ocho, y entonces llamé a Jasper para ver si ya estaba en casa. Como me dijo que podía ir a su piso cuando quisiera, me cambié de ropa y me puse un vestido vaporoso de color amarillo claro con un estampado de flores rojas y amarillas oscuro, preparé una maleta pequeña en la que metí ropa, un pijama y un neceser con todo lo necesario. A continuación me marché, me subí a mi coche y conduje en dirección al piso de Jasper. Una vez llegué a su edificio saludé al portero con una sonrisa más segura que la del día anterior y Jasper me recibió con un beso arrebatador que consiguió que me diera vueltas la cabeza.

— ¿Cómo te ha ido el día? —me preguntó tirando de mi mano, instándome a entrar en su casa.

—Bien, como siempre. He estado ocupada, así que no se me ha hecho muy largo. ¿Y el tuyo?

Dejé la maleta en su habitación y después me permití acomodarme en ese sofá del salón que parecía tan mullido después de quitarme las sandalias. Jasper se sentó a mi lado y colocó mis piernas (aprovechando que las había estirado) sobre las suyas.

—También. Los chicos están muy contentos de saber que hemos arreglado las cosas.

— ¿Incluso Edward? —inquirí alzando una ceja, pues recordaba perfectamente que al principio no le parecía demasiado bien que Jasper y yo nos viéramos.

—Incluso él. Ahora está contento porque su novia de toda la vida se va a venir a vivir a Nueva York.

Fruncí el ceño al escucharle.

— ¿Su novia de toda la vida no vive aquí?

—No. Sigue viviendo en Nueva Jersey.

No lo entendía.

—Pero… ¿cómo soportan estar lejos el uno del otro?

—Ni idea; es algo que yo tampoco entiendo, ahora menos que antes —me aseguró él—. Yo no soportaría estar tan lejos de ti.

Sonreí, coqueta, y después me reí.

—Yo tampoco. Pero… ¿no será que Edward…? Ya sabes —me encogí de hombros—. ¿Se ve con otras mujeres?

—Uy, qué va. Para nada. Edward no es así. Le ha sido siempre fiel a Bella y ni siquiera se le ha pasado por la cabeza el hecho de acostarse con otra. Y mira que oportunidades no le han faltado.

—Entonces no lo entiendo.

Jasper se rio y aprovechó el momento para colocar una de sus manos bajo mi vestido, sobre mi muslo, de forma traviesa. Por mi parte le dediqué una mirada de advertencia aderezada con una sonrisa interesante.

—Deje esa mano quieta ahí, señor Whitlock. Esta noche no quiero quedarme sin cenar.

—Entendido, señorita Brandon —me aseguró con una expresión que me dio a entender claramente que no iba a portarse bien—. Pero el caso es que al final Bella se ha cansado de la situación y le ha dado una especie de ultimátum. Por eso Edward le ha pedido que se venga a vivir aquí.

—Eso está muy bien. Ha tardado en darle el ultimátum, eso sí, porque se ha pasado… ¿cuánto? ¿Ocho años en Nueva Jersey sola?

—Sí, más o menos. Fíjate, en estos ocho años yo apenas he visto a mi familia porque casi no hemos podido viajar a Nueva Jersey, imagínate si hubiera dejado allí a mi novia.

Jamás habíamos hablado de los padres de Jasper, por lo que esa mención me hizo tener curiosidad.

—Pero… ¿te llevas bien con ellos?

—Con mi madre y mi hermana sí, solemos hablar a menudo por teléfono. Con mi padre… es diferente.

— ¿Por qué?

—Considera que le defraudé como hijo. Él jamás quiso que me dedicara a la música, y yo lo dejé todo para convertirme en músico. No me lo ha perdonado y no creo que vaya a hacerlo jamás.

Me entristecí al ver la desolación en sus ojos y al sentirla en su voz.

—Pero… ahora eres un cantante famoso; conseguiste lo que te propusiste.

—Sí, pero él lo sigue viendo como una humillación. No cree que dedicarse al mundo del espectáculo sea algo digno, y desde luego no es algo que él hubiera querido para ninguno de sus hijos.

Le acaricié la mano y entrelacé sus dedos con los míos, intentando animarle.

— ¿Y tu hermana? ¿Cuántos años tiene? Nunca me has hablado de ella —quise cambiar de tema porque no quería que se terminara sintiendo mal.

—Es cierto. Tiene mi misma edad porque somos mellizos, y se llama Rosalie.

—Así que es una versión femenina de ti.

—Eso mismo. Nos parecemos bastante, solo que ella tiene más mal humor que yo. Pero nos queremos mucho y nos echamos mucho de menos.

—Eso es genial. Con mi hermana nos pasa lo mismo. Ojalá estuviéramos más cerca.

—Podríamos invitarles un fin de semana.

— ¿A quiénes?

—Pues un fin de semana invitamos a tu familia, y otro fin de semana a la mía. Y dentro de un tiempo a las dos juntas para que se vayan conociendo.

Me eché a reír ante aquella idea y asentí.

—Me parece genial. Pero de todas maneras sería mejor avisarles por teléfono de que estamos saliendo antes de que terminen enterándose por las revistas.

—Tienes razón. Y eso me recuerda algo que tengo que contarte —apuntó acariciándome el muslo por debajo del vestido con la punta de sus dedos, desconcentrándome un poco.

— ¿Sí? ¿Sobre qué? —pregunté deteniéndole antes de que fuera demasiado tarde.

—Sobre lo que tengo pensado para hundir a James.

Me mordí el labio inferior y suspiré.

—Tal vez deberíamos dejarle estar.

—Alice, te hizo daño, y a tu familia también. No pienso dejar que se quede tan tranquilo.

Asentí en silencio, queriendo pensar pero siendo incapaz porque la mano de Jasper no dejaba de juguetear bajo mi vestido.

—Estate quieto ya —le pedí riéndome sin poder evitarlo.

— ¿O si no qué? —me retó moviéndose hasta que quedamos los dos tendidos en el sofá entre risas, con Jasper sobre mí.

—O si no, no vas a poder moverte de lo cansado que te voy a dejar —me habría gustado que sonara a amenaza, pero la diversión en mi voz me delataba.

Movió sus cejas de manera sugerente, haciéndome reír a carcajadas, mientras sus manos deslizaban hacia arriba la tela de mi vestido.

—Estoy dispuesto a correr ese riesgo, señorita Brandon.

Una hora más tarde nos levantamos del sofá, saciados, volvimos a vestirnos y comenzamos a hacer la cena sin dejar de juguetear. Me encantaba estar de esa forma con Jasper, tan relajada, tan feliz y tan… enamorada. Me daba algo de miedo aceptarlo tan deprisa, pero había sufrido mucho en esas últimas semanas y consideraba que ya estaba bien de negarme cosas que me hicieran feliz. Cenamos en la mesita del café que había frente al sofá, sentados en el suelo, pues no nos apetecía preparar la mesa grande.

—Bueno, ¿me vas a contar lo de James o no?

—Iba a contártelo antes pero no me has dejado —me respondió Jasper mojando un trozo de pan en la salsa picante que había preparado mientras intentaba evitar una sonrisa traviesa.

— ¿Que no te he dejado? Si has sido tú el pervertido que no me ha quitado las manos de encima —le reproché riéndome.

—Pero porque tú me lo has permitido.

Rodé los ojos sin poder creer lo que oía y después suspiré.

—Bueno, cuéntamelo ya.

—Está bien. He pensado que podemos ir a la revista que publicó primero las fotos. La revista a la que James vendió las imágenes, vaya.

— ¿A la SweetHeart?

—Sí.

— ¿Para qué?

—Para hablar personalmente con la persona que escribió el artículo. Seguro que fue ella quien habló con James y podremos… coaccionarla para que nos lo confirme y nos dé pruebas de ello.

— ¿La quieres chantajear? —pregunté con los ojos muy abiertos, sin saber exactamente cómo me hacía sentir eso.

—No, quiero amenazarla, y si no es suficiente con eso, podríamos llegar a un acuerdo con ella.

— ¿Qué especie de acuerdo?

—Aquí es donde entras tú. ¿Qué es lo que buscan, básicamente, las revistas del corazón?

Fruncí el ceño, sin estar segura de adónde quería llegar.

— ¿Noticias suculentas?

—Primicias. Y nosotros podemos darles una, si nos ayudan.

— ¿Me estás diciendo que quieres darles la primicia de lo nuestro a cambio de pruebas contra James?

—No es que quiera, es que no veo otro modo de proceder. Por mucho que envíe a mis abogados, sin pruebas no haremos nada. Pero si la idea no te parece bien, lo dejaremos estar. No voy a actuar a tus espaldas de ninguna manera, Alice, y mucho menos te voy a poner de nuevo en el punto de mira de los periodistas. Y menos sin tu consentimiento.

Tragué saliva lentamente, pensando en todo lo que Jasper me acababa de proponer. Visto de otra forma, tarde o temprano se descubriría nuestra relación, así que adelantar un poco los acontecimientos no iba a suponer ningún cambio, pero… Aun así no estaba segura.

—Es que no sé… James no actuó bien haciendo y vendiendo las fotos, pero no sé si nosotros vamos a actuar bien amenazando a la revista.

—Es la única opción que tenemos, Alice. Yo no quiero que ese desgraciado se salga con la suya, porque por su culpa estuve a punto de perderte. Y no se lo voy a perdonar jamás.

Me mordí el labio inferior y jugueteé con el tenedor en mi plato.

—No me parece mala idea, pero si no sale bien podrían tener la exclusiva de que estamos juntos igual. Quiero decir, si vamos a la revista los dos ya darán por sentado que hay algo entre nosotros.

—Si nuestro plan no sale bien y dan la exclusiva sin nuestro consentimiento tendré un motivo para denunciarles de verdad. Es como el pez que se muerde la cola.

—Lo tienes todo pensado, ¿eh?

—No tienes ni idea.

Resoplé y me froté los ojos con la mano.

—Está bien. Vayamos —acepté finalmente.

— ¿Seguro? No quiero que te sientas obligada a nada.

—No me siento obligada, yo en su día también quise que James recibiera su merecido. Y lo cierto es que aún lo deseo. Solo espero que nadie más salga perjudicado.

Jasper sonrió con algo parecido a la ternura y gateó por el suelo hasta que estuvo a mi lado, rodeándome con uno de sus brazos.

—Esa enorme bondad que te caracteriza solo hace que me enamore más de ti.

Apoyé mi cabeza en su hombro, dejándome mimar, y me reí en voz baja.

—A mí me enamora que me digas que estás enamorado de mí.

—Entonces conseguiré que estés loca por mí porque te lo diré cada día.

Sonreí ampliamente y volví a alzar la cabeza para darle un beso corto en los labios.

—Eso espero, señor Whitlock.


Ñaaaaaa, qué bonitos son cuando son felices, ¿verdad? (No es que no lo sean cuando están tristes, pero son más bonitos ahora, jajajaja). He de deciros que con el tema de James no os tenéis que preocupar; me refiero a que no se van a enfrentar a él con espadas y pistolas, sino de manera legal, pero porque simplemente no quise darle "más importancia" y porque había muchas más cosas que quería explicar en el fic y que no se hiciera interminable. Me entenderéis mejor más adelante, en los próximos caps ;)

Y respecto a Emmett y sus aventuras amorosas no os diré demasiado, solo que él también encontrará la horma de su zapato aunque tardará un poquito más ;P Espero que os haya gustado mucho el capítulo de hoy y que me lo digáis con esos reviews que me ponen tan contenta.

¡Hasta el sábado! Xo