Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, solo la trama es mía.
-Capítulo 21-
Agosto de 1969
Llamé a la revista SweetHeart el miércoles y me cité con la señorita Victoria Walker el viernes al mediodía, a eso de las doce. Ese día por la noche teníamos una actuación en un programa de televisión que se grababa en Manhattan y teníamos que ensayar, pero le pedí a Marcus un par de horas libres para poder entrevistarme con la periodista. Alice hizo lo propio con su jefe prometiéndole que esa tarde se quedaría más tiempo, y sobre las once y media fui a buscarla al trabajo.
Alice estaba nerviosa por esa entrevista, pero yo estaba dispuesto a llegar al final de aquel asunto para dejarlo cerrado de una vez, por lo que no me iba a quedar de brazos cruzados. Al llegar al edificio donde se llevaba a cabo la redacción de la SweetHeart Alice respiró hondo y frunció los labios mientras se quitaba el cinturón de seguridad.
—Todo irá bien —le aseguré dándole un apretón en la mano con la mía.
—Eso espero.
Salimos del coche, entramos en el edificio de ladrillo que teníamos delante y todas las personas que había allí se detuvieron a mirarme, intentando asegurarse de que realmente el vocalista de Inequals se encontraba allí dentro. Sin embargo las ignoré y caminamos hasta que nos topamos con un mostrador en el cual había una mujer morena tecleando deprisa en una máquina de escribir.
—Buenos días —la saludé, consiguiendo que levantara la cabeza y se sonrojara al percatarse de a quién tenía delante.
—Buenos días. Usted es… Jasper Whitlock, ¿verdad? —preguntó con un indicio de sonrisa coqueta en el rostro.
—Así es. Hemos quedado con la señorita Victoria Walker.
—Sí, les está esperando —asintió indicándonos hacia dónde debíamos ir—. Disculpe, pero… ¿le importaría firmarme un autógrafo? Me encantan las canciones de Inequals.
Sonreí, mirando a Alice de reojo.
—Por supuesto.
La chica me tendió un papel y un bolígrafo y yo estampé una dedicatoria breve y concisa acompañada de mi firma. Se los devolví y ella me miró con una sonrisa deslumbrante.
—Muchísimas gracias. Que tengan un buen día.
—A usted. Buenos días.
Volví a entrelazar mi mano con la de Alice, quien había permanecido en silencio observando la escena y que sonreía divertida.
—Ya he sido testigo de lo buena persona que eres con tus fans —me comentó mientras nos dirigíamos donde la secretaria nos había indicado.
—Hay veces que no puedo serlo, así que cuando sí puedo me gusta ser amable con ellos.
—Eso sí, si yo no hubiera estado delante seguramente te habría dado una notita con su número de teléfono.
Rodé los ojos.
—No todas lo hacen.
—A esta por poco se le cae la baba cuando te ha visto.
Me reí entre dientes y apreté su mano con la mía.
— ¿Pero sabes qué pasa? Que a mí solo se me cae la baba contigo, así que no habría tenido éxito.
Por el rabillo del ojo la vi sonreír, satisfecha, y a continuación llegamos a una puerta en la que había un pequeño cartel de metal que rezaba: Victoria Walker.
—Bueno, vamos allá —musité justo antes de golpear con mis nudillos la puerta. Escuchamos un seco "adelante" proveniente del interior del despacho, por lo que abrí la puerta con lentitud y de la misma manera entramos. Una mujer pelirroja de cabello rizado, delgada y de rostro serio nos recibió sentada desde su escritorio, pero después se puso en pie para tendernos la mano.
—Señor Whitlock y señorita Brandon, ¿cierto?
—Así es —le respondí yo estrechando su mano, y después Alice hizo lo propio.
—Siéntense, por favor —nos pidió señalando las dos sillas que tenía frente a la mesa de madera para después sentarse ella en la que había detrás—. ¿Les apetece tomar algo?
—Yo no, gracias —respondió Alice mientras colgaba su bolso en el respaldo de la silla.
—Para mí tampoco.
—Está bien —la señorita Walker juntó las palmas de sus manos y nos miró a los dos con detenimiento—. Imagino por qué están aquí.
—No estoy tan seguro.
— ¿No han venido por el artículo que escribí sobre ustedes hace un mes?
—Sí y no. Necesitamos que nos dé información sobre la persona que vendió a la revista las fotografías que acompañaron a ese artículo—fui al grano porque no me apetecía andarme por las ramas.
—Me temo, señor Whitlock, que esa información es confidencial.
— ¿El señor Lewitt les hizo firmar un contrato de confidencialidad para asegurar su seguridad?
Las cejas de Victoria se alzaron en un gesto de sorpresa.
—Sabemos que fue él quien tomó las imágenes y quien se las vendió, además de quien les proporcionó información sobre mí —le explicó Alice con seriedad.
— ¿Y si lo saben por qué están aquí?
—Porque no tenemos ninguna prueba contra él y estamos decididos a denunciarle.
—Señor Whitlock, como personaje público que es usted debe estar acostumbrado a que publiquen fotografías suyas constantemente.
—Sí, pero no lo hago por mí, a mí me da igual. Lo hago por Alice, porque el señor Lewitt tomó esas fotografías para hundir a Alice en venganza, y eso no lo pienso consentir.
Victoria se humedeció los labios y clavó sus ojos claros en mí.
—No voy a testificar contra el señor Lewitt.
—Muy bien, entonces me ocuparé personalmente de que esta revista acabe cesada.
Alice me miró con los ojos muy abiertos mientras que Victoria me fulminó con la mirada.
—No tiene ningún derecho.
—James tampoco tenía derecho a venderles la intimidad de Alice.
— ¿Qué intimidad? Estaban en medio de la calle.
Apreté los puños, nervioso y de mal humor, pero me dije que no estaba todo perdido, que hablando se entendía la gente.
—Señorita Walker, no quiero que haya ninguna disputa entre nosotros, solo quiero que el señor Lewitt pague por lo que hizo. Nada más.
—No puedo hacer nada por ustedes.
—Nosotros podemos hacer algo por esta revista —le aclaré.
— ¿Algo como qué? —preguntó ella alzando una ceja.
Miré a Alice para asegurarme de que nuestra idea seguía estando en pie y cuando me dedicó un asentimiento de cabeza volví a tomarla de la mano.
—Estamos dispuestos a darle la primicia sobre nuestra relación a SweetHeart.
El rostro de Victoria cambió, pasó de escéptico a sorprendido y después volvió a ser receloso.
— ¿A cambio de que les dé pruebas contra el señor Lewitt?
—Sí.
—Eso es chantaje, señor Whitlock.
—Yo lo veo más como un intercambio.
Victoria cruzó los brazos sobre la mesa.
—Supongo que saben que puedo dar la primicia de su relación en cuanto salgan de aquí, ¿no?
—Sí, pero tenga en cuenta que si lo hace recibirá una denuncia, no solo la revista, sino también usted personalmente por calumnias y difamación. Haga lo que le convenga, señorita Walker.
Victoria suspiró y se pasó una mano por el cabello.
— ¿Qué sucedió con el señor Lewitt? ¿Por qué dicen que vendió las fotos en venganza? Necesito conocer la historia completa para poder decidir, ¿o tampoco puedo?
—Claro que puede, pero debe ser Alice quien se decida a contárselo.
La vi morderse el labio inferior, pensativa, y después clavó sus ojos en Victoria.
—Estaba celoso —comenzó Alice, y yo noté cómo apretaba el agarre que tenía sobre mi mano—. Salimos juntos una noche hace casi tres años y desde entonces insistía en que volviéramos a salir, pero yo siempre le decía que no. Pasó lo mismo el día que nos fotografió. Yo había quedado con Jasper al mediodía, y justo antes James me propuso salir y evidentemente me negué. Luego supongo que debió de asomarse por la ventana, nos vio a mí y a Jasper y... tomó las fotos.
—Ahora entiendo a qué se refería con lo de vengarse de usted. Pero no pueden negar que ustedes tampoco fueron los más discretos del mundo.
—No lo fuimos, y si esas imágenes hubieran sido tomadas por cualquier otro periodista que estuviera haciendo su trabajo quizá no habríamos armado tanto revuelo. Pero no pienso consentir que Lewitt se vaya de rositas, y menos cuando lo hizo con toda su mala intención —aclaré yo.
Victoria volvió a suspirar y después se levantó de su escritorio. Se dirigió a un armario y de allí sacó unos papeles. Nos los mostró y vimos una especie de contrato firmado por ella y por James el día seis de junio en el que Victoria aseguraba no revelar jamás la identidad de quien le había vendido las fotos a la revista.
—Aparte de la primicia de su relación quiero algo más —nos dijo sin mirarnos apenas—. Necesito que me aseguren que ni yo ni la revista sufriremos ninguna denuncia. Quiero estar protegida de James y de su ira.
Durante un instante me dio la sensación de que hablaba de James como si le conociera de algo más, como si tuviera miedo de él por algún motivo.
—Si rompo el contrato con él vendrá a buscarme y se ocupará de hundirme también—prosiguió, nerviosa.
—Señorita Walker, si nos entrega ese contrato le aseguro que me ocuparé personalmente de que esté protegida contra él, usted y esta revista. Sabe que puedo hacerlo —le aseguré mirándola con fijeza, queriendo que creyera en mis palabras.
—Me estoy arriesgando mucho al hacer esto. Y no solo yo, sino todo lo que me importa.
Fruncí el ceño, sin entenderla.
— ¿Se refiere a la revista? —le preguntó Alice, tan o más confundida que yo.
—No solo a ella —respiró entrecortadamente—. También a mi hija.
Tanto Alice como yo parpadeamos sin entender nada de lo que estaba sucediendo.
—No solo usted ha recibido el desprecio y la humillación por parte de James, señorita Brandon —musitó Victoria con los ojos clavados en su escritorio.
—Quiere decir que… ¿lo conoce? —preguntó Alice.
—Más de lo que me gustaría, sí.
—Disculpe, pero ¿por qué ha nombrado a su hija? —inquirí yo sin querer perderme en la conversación.
—Porque también es hija de James.
Se me heló la sangre al escucharla y supe que a Alice le sucedió lo mismo cuando se puso rígida a mi lado.
—James… ¿tiene una hija?
—Una hija a la que repudió desde que supo de su existencia y por la que jamás se ha preocupado, sí —Victoria nos tendió un marco de fotos en el que aparecía la imagen de una niña de no más de cuatro años sentada sobre la hierba de un parque. Su cabello era pelirrojo y rizado como el de su madre y, desde luego, en el rostro compartía las facciones de su padre—. Se llama Eliza.
— ¿James y usted fueron pareja? —pregunté anonadado.
—No. Nos conocimos en un congreso de periodismo en Philadelphia y dio la casualidad de que ambos vivíamos aquí. Fue cosa de una noche, pero me quedé en estado… y aunque sabía que era muy probable que James no quisiera responsabilizarse de su hija, jamás pensé que me trataría como lo hizo. Me trató de mentirosa, me dijo que esa niña sería de cualquier fulano muerto de hambre y que había encontrado la oportunidad de mi vida al intentar encasquetarle la paternidad. Me hizo sentir como una golfa.
—Qué miserable desgraciado —susurró Alice casi en estado de shock.
—Pero… ¿por qué aceptó publicar nuestras imágenes después de que la trató tan mal? —eso no encajaba demasiado en la historia.
—No le había vuelto a ver desde ese día, y cuando lo vi aparecer por aquí… tuve la estúpida idea de que había cambiado de opinión y de que querría conocer a Eliza. Pero nada más lejos de la realidad. James es un hombre astuto y sabe cómo jugar sus cartas. Me obligó a comprar las fotos, escribir el artículo y publicarlas a menos que quisiera verme en la calle con mi hija.
— ¿La amenazó?
—Sí.
—Ahora puede darle su merecido —la animó Alice—. No puede permitir que tenga esa influencia sobre usted.
—No me importa lo que me pase a mí, pero no pienso tolerar que le suceda nada malo a Eliza.
—Señorita Walker, eso es lo que yo mismo quiero. Usted vela por la seguridad de su hija y yo por la de Alice —apunté—. Por ese motivo estamos aquí, y si nos da ese contrato le aseguro que hundiremos a James y no volverá a ejercer como periodista en su vida. Le juro que no le sucederá nada ni a usted ni a su hija. Le doy mi palabra.
Victoria se mordió el labio inferior y, suspirando temblorosamente, nos tendió el papel.
—Espero que así sea.
Alice lo tomó y se lo guardó en el bolso, también nerviosa.
—Muchísimas gracias, nos ha ayudado mucho.
Victoria asintió en silencio y con el rostro lívido. Quedamos con ella la semana próxima para que pudiera preparar la entrevista que nos iba a hacer dando la primicia de nuestra relación, y poco después Alice y yo estuvimos de nuevo en mi coche.
—Ha sido muy valiente —murmuró ella leyendo detenidamente el contrato que tenía en las manos.
—Sí. Y James es un cabrón con todas las letras.
—Lo es. ¿Qué vamos a hacer ahora?
—Por lo pronto haremos copias de ese contrato. Le entregaré una a Marcus y tú otra a tu jefe. Después todo vendrá solo.
Alice asintió en silencio.
—Espero que hayamos hecho lo correcto.
—James no volverá a molestarnos, ya lo verás. Se le van a quitar las ganas de amenazar a la gente y de creerse superior a todo el mundo.
Llegamos a la Sunset Magazine y Alice me miró antes de respirar hondo.
—Que os vaya muy bien en la actuación de hoy. Os veré por la televisión.
—Gracias —me incliné para besarla en los labios—. Te voy a echar de menos esta noche.
—Solo será una noche. Además, me vendrá bien volver a mi piso aunque sea por un día.
—Sí. Nos vemos mañana.
Alice asintió y, tras darme otro beso más corto, salió del coche. Se despidió de mí con la mano antes de entrar en la revista y yo le sonreí hasta que la perdí de vista.
Uhhh, James y su vida oculta. Lo único que os diré es que os podéis ir relajando con el tema ;) Espero que os haya gustado el capítulo de hoy y que me lo digáis en vuestros reviews.
¡Hasta el martes! Xo
