Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, solo la trama es mía.


-Capítulo 23-

Agosto 1969

Jasper y yo viajamos a Biloxi la última semana de agosto. Mi familia ya sabía que estaba manteniendo una relación con él porque se lo había notificado por teléfono, pero a ambos nos parecía adecuado que se presentara en persona, sobre todo a mi padre, por lo que nos escapamos un fin de semana para hacerles una visita. Solo íbamos a estar fuera una noche porque Jasper tenía que terminar la gira con Inequals, así que nos subimos en el avión el sábado por la mañana y regresamos a Nueva York el domingo al mediodía.

Tanto mis padres como mi hermana vinieron a buscarnos al aeropuerto, tan nerviosos como yo por aquel encuentro, mientras que Jasper se mostró fresco y sereno. El reencuentro fue algo extraño, pues mi padre no dejó de lanzarle miradas fulminantes a Jasper por mucho que este se comportó como todo un caballero. Mi madre fue amable con él aunque cauta, y mi hermana se comportó como toda una fan emocionada. De camino a casa, en el coche, le contó que tenía casi todos los álbumes que había sacado con Inequals y le preguntó si sería mucha molestia que se los firmara.

—Cyn, por favor —le pedí yo dedicándole una mirada significativa con las cejas alzadas.

Jasper, que estaba sentado entre ambas, se echó a reír.

—No te preocupes. Te los firmaré, Cynthia.

— ¡Oh, gracias! Ya sabía yo que eras muy simpático.

Puse los ojos en blanco y noté cómo la mano de Jasper me acariciaba los dedos de forma muy sutil para infundirme ánimos. Se lo agradecí devolviéndole la caricia y dedicándole una sonrisa cariñosa cuando le miré.

La hora de la comida fue bastante tensa, al menos para mí, pues mi padre apenas abrió la boca solo para responder con monosílabos mientras continuaba mirando a Jasper como si fuera un insecto. Mi madre desistió de intentar incluirle en la conversación y yo me sentí mal por hacerles sentir de ese modo, pero consideraba que no estaba haciendo nada malo y que no tenía por qué lamentarme.

—…Y ahora la semana siguiente nos vamos a la costa oeste, ya para terminar la gira —estaba explicándole Jasper a Cynthia, la única que lo trataba de forma adecuada.

— ¿Y mientras tú te vas de gira dejas a mi hija sola? —preguntó mordazmente mi padre, haciéndome apretar los puños alrededor de los cubiertos que tenía en las manos.

—Pues… ella se queda en su piso —le contó Jasper con tranquilidad.

—Papá, yo sigo trabajando en la revista y sigo manteniendo mi piso —intervine para aclarar las cosas.

— ¿Así que pasáis mucho tiempo separados?

—Solo cuando tengo giras. Si no, estamos casi siempre juntos.

—Pues menuda relación. ¿Ni siquiera tenéis pensado casaros?

—De momento, no —respondí yo, y noté la mirada preocupada de mi madre.

No iba a mentirle a mi padre, y era consciente de que no le gustaba mi relación con Jasper porque simplemente, para él, no teníamos una relación formal. Seguramente creía que nos acostábamos con otras personas mientras tanto y por eso nos censuraba de esa forma.

— ¿Entonces qué planes de vida tenéis?

Jasper me miró de reojo, sin estar seguro de qué responder a eso.

—No hemos planeado nada, papá.

— ¿Y así sois felices?

—Sí.

—Qué vergüenza. En mis tiempos un hombre se comportaba de otra forma; antes de acercarse a una mujer hablaba con su padre para pedirle permiso para cortejarla.

—Dios Santo, papá, ni que hubieras nacido en el siglo pasado —me quejé con el ceño fruncido, empezando a mosquearme.

—Michael, las cosas ahora son diferentes —quiso poner paz mi madre.

—Ahora las cosas son vergonzosas. Decís que estáis juntos, pero pasáis la mayoría del tiempo separados. No tenéis planes de futuro, no planeáis casaros… ¿qué tenéis en la cabeza? —nos sermoneó mi padre.

—Papá, es cosa de Jasper y mía, ¿de acuerdo? Somos nosotros los que estamos juntos y nos queremos, y eso es lo único que nos importa.

—Así que os queréis.

—Sí.

—Pues menuda forma de quereros. Seguro que ni siquiera sabéis lo que eso significa—apreté los labios y cerré los ojos sin querer ser grosera con mi padre, pero no me estaba poniendo las cosas nada fáciles—. Ahora las parejas se juntan y se separan en cuestión de semanas, se quieren durante unos días y después se odian. Es lo más ridículo que…

— ¡Ya basta! —Exclamé golpeando la mesa con uno de mis puños—. No sabes nada de nosotros. No sabes lo que sentimos ni lo que supone para nosotros estar juntos.

—Alice, por favor —me pidió mi madre en voz baja.

—Ni por favor ni nada, mamá. Puede que a ti, papá, no te guste mi relación con Jasper, pero es mía, es nuestra, y no tienes por qué inmiscuirte. Yo le quiero y él me quiere, y eso debería bastarte.

Mi padre me miró en silencio con los ojos llenos de incomprensión para, a continuación, ponerse en pie y salir del comedor.

—Michael —lo llamó mi madre yendo tras él.

Respiré hondo e intenté sonreír cuando noté la mano de Jasper en mi espalda, intentando confortarme.

—Ya se le pasará, Ali —me aseguró Chyntia, que se encontraba justo frente a mí en la mesa.

— ¿Tú crees? Parece que no hago más que decepcionarle.

—Ya sabes que papá es un hombre muy chapado a la antigua. Pero en el fondo lo hace con buena intención.

Asentí en silencio y después miré a Jasper.

—Lo siento. Siento que hayas tenido que presenciar una escenita de las nuestras.

Sonriendo de forma sincera me acarició la mejilla con los nudillos antes de sacudir la cabeza.

—No te preocupes. Cuando vayamos a Nueva Jersey a conocer a mi familia, la comida será más o menos igual.

Sonreí con algo de tristeza y continuamos comiendo en silencio, intentando olvidar la tensión que se había generado en los últimos minutos.

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.

.

Después de comer Alice quiso enseñarme su barrio, y salimos a pasear junto con Cynthia mientras me explicaban anécdotas de cuando eran pequeñas y también algunos cotilleos que tuvieran que ver con algún vecino. No tardamos más de una hora, por lo que cuando llegamos de nuevo a su casa, nos encontramos a sus padres sentados en el salón viendo la televisión. Su padre se marchó en cuanto hicimos acto de presencia, consiguiendo que Alice respirara hondo y se entristeciera, y después ella y su hermana se sentaron en el otro sofá, al lado de su madre.

Me fijé en que el señor Brandon estaba en el porche fumando, por lo que me excusé con las mujeres y salí de la casa dispuesto a intentar poner remedio entre él y su hija mayor. Una vez estuve fuera, Michael me dedicó una mirada sombría pero no me dijo nada. Estaba sentado en un pequeño banco de madera empotrado contra la valla del porche y le señalé el lugar vacío que había a su lado.

— ¿Puedo sentarme? —pregunté con una sonrisa, deseando que no me enviara al cuerno.

—Haz lo que quieras —gruñó. Como no me había dicho que no me senté a su lado y al respirar sentí el olor y el gusto a tabaco en el aire—. Si has venido para sermonearme sobre el amor libre y las parejas modernas puedes ahorrártelo.

—No he venido a eso, solo quiero hablar con usted. Alice le quiere mucho y le duele que estén enfadados.

—Pues que empiece a madurar de una vez y deje de comportarse como una niña.

Fruncí el ceño.

— ¿Cree que por salir conmigo se está comportando de forma inmadura?

—Mira, hijo, no es por ofender —se giró para mirarme y después lanzó al suelo la colilla del cigarro antes de aplastarla con el pie—. Pero no sé qué tipo de futuro esperáis tener siendo tú un cantante que se pasa la mayor parte del tiempo grabando y de gira.

—Pero eso no es incompatible con tener pareja —le expliqué—. Es cierto que hay días que solo nos vemos por la mañana y por la noche, o solo por la noche, e incluso hemos pasado más de una semana separados, pero nos queremos. Nos queremos de verdad.

—Ni siquiera sabéis de qué habláis cuando decís que os queréis "de verdad" —dibujó las comillas con sus dedos y yo respiré hondo. ¿Por qué se le hacía tan difícil comprenderlo?

—Señor Brandon, creo en el amor, y creo en él gracias a Alice, porque ha sido ella quien me ha mostrado lo que es… amar a una persona.

—Apenas os conocéis. Eso por no hablar de esas fotos que se publicaron en todas las revistas… No sé cómo no se os cae la cara de vergüenza.

—Siento que vea las cosas de ese modo. Y sí, puede que haga poco que Alice y yo nos conocemos, pero realmente nos queremos. Supongo que con el tiempo terminará dándose cuenta de ello —decreté, resignado, poniéndome en pie.

—Muchacho —me llamó él, y yo me volteé justo a tiempo para verle levantarse del banco—. No estoy muy conforme con vuestra relación, pero si es verdad que os queréis y todo eso, terminaréis haciendo las cosas bien.

No comprendí sus palabras, pero aun así respondí:

—Que ahora no estemos pensando en casarnos no significa que no vayamos a hacerlo más adelante. Yo quiero pasar con Alice toda mi vida, jamás la he considerado una relación pasajera. Eso fue lo que me hizo darme cuenta de que realmente estoy enamorado de ella.

Los ojos de Michael escrutaron los míos con detenimiento, buscando en ellos el indicio de una mentira.

—Ella parece sentir lo mismo por ti.

—Sí.

Respiró hondo y después sacó otro cigarro del bolsillo de sus pantalones.

—En ese caso, espero que la hagas feliz, porque si me entero de lo contrario…

—Descuide, ni se me pasaría por la cabeza.

Asintió en silencio y después volvió a sentarse en el banco, dando por finalizada aquella conversación. Cuando entré de nuevo en el salón las tres mujeres que allí había me miraron fijamente y yo fingí no haberme percatado de su escrutinio sentándome al lado de Alice.

— ¿Has hablado con mi padre? —me preguntó en voz baja a pesar de que tanto su hermana como su madre nos estaban escuchando.

—Solo le he aclarado un par de cosas. No te preocupes —continuó mirándome, nerviosa—. No he sido grosero con él, si es eso lo que te da miedo.

—Ya me imagino que no lo has sido, pero…

—Alice, tranquila, ¿de acuerdo?

No se relajó, simplemente devolvió la mirada a la televisión y fingió que la miraba, pero yo sabía que no lo estaba haciendo. Justo antes de cenar Cynthia me dio sus álbumes para que se los firmara a pesar de que Alice la fulminó con la mirada varias veces. Pero lo cierto era que no me molestaba, además, Cynthia era una jovencita muy simpática y con mucha personalidad, y me cayó bien desde el primer momento.

—Gracias, Jasper —me agradeció ella cuando le entregué el último álbum firmado—. Mis amigas no se lo van a creer.

—No vayas aireando nada, Cythia —la reprendió Alice con el ceño fruncido.

—Pero si todo el mundo sabe que estáis juntos, disteis la primicia a aquella revista neoyorquina.

—Sí, pero ese no es motivo para andar diciéndoles a tus amigas que Jasper ha estado en tu casa. Si lo haces, no podremos volver porque todos los vecinos se aglomerarán en la puerta para verle la próxima vez.

Me reí entre dientes ante el rostro serio de Alice y la cara de mofa de su hermana.

—Exagerada.

Alice le sacó la lengua, y justo después la señora Brandon nos avisó de que la cena estaba lista. Michael estaba ya sentado a la mesa, y le dedicó a su hija mayor una mirada que ninguno de nosotros entendió. Empezamos a cenar en silencio a pesar de que Cynthia no lo soportó demasiado y comenzó a explicarnos los planes que tenía para después del verano. Durante los postres, Michael me miró durante un segundo y después clavó su mirada en Alice.

—Hija —la llamó, y cuando tuvo no solo su atención, sino la de todos los demás, prosiguió—: No quiero que estemos enfadados. Solemos discutir porque en el fondo somos iguales, un par de cabezotas. Y a pesar de que sigo pensando que os equivocáis, estaré encantado de que me demostréis que el equivocado soy yo.

Alice sonrió levemente y asintió, respirando hondo después. Al parecer la conversación que había tenido antes con él le había hecho reflexionar.

—Te lo demostraremos.

—Solo quiero que seas feliz —le aclaró mirando atentamente la mandarina que estaba pelando.

—Lo soy con él —le aseguró Alice antes de dedicarme una sonrisa de agradecimiento.

—En ese caso… no hay mucho más que yo pueda decir.

La señora Brandon le acarició el brazo a su marido de manera cariñosa y Cynthia me guiñó un ojo, dándome a entender que al final me había ganado a su padre.

—Eso sí, como estáis en mi casa, esta noche vais a dormir separados. No me importa lo que hagáis en Nueva York, pero en esta casa no dormiréis juntos hasta que os caséis —decretó Michael con tranquilidad.

Tuve que aguantarme la risa cuando vi que Alice ponía los ojos en blanco, pero no rebatió la decisión de su padre. Más valía no tentar a la suerte.

—Estaré encantado de dormir en ese sofá tan… duro —comenté, consiguiendo que Alice soltara una risita y me diera un beso en la mejilla.

Al día siguiente regresamos a Nueva York, Alice feliz de que en el fondo su familia no se hubiera tomado tan mal nuestra decisión de estar juntos y yo aliviado de que todo hubiera salido bien. Sin embargo, no teníamos ni idea de lo que todavía nos quedaba por vivir.


¡Holaaa! ¿Cómo vais? Espero que muy bien y que hayáis disfrutado del capítulo un montón. He de decir que adoro a Cynthia porque básicamente es como yo; si tuviera a Jasper delante le estaría pidiendo autógrafos cada dos por tres xD

Y nada, que espero que os esté gustando mucho la historia y que me lo digáis en los comentarios :3 ¡Hasta el martes! Xo

PD: ¡Ya hemos llegado (y sobrepasado) a los 100 reviews y no sabéis lo feliz que eso me hace! ¡MILLONES DE GRACIAS!