Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, solo la trama es mía.
-Capítulo 24-
Setiembre de 1969
La gira de Inequals terminó la segunda semana de septiembre, por lo que cuando regresamos a casa lo único que me apetecía hacer era descansar y desconectar un poco de mis compañeros. Marcus nos dio un par de semanas libres a todos, pero de todas formas Alice trabajaba, así que aproveché ese tiempo libre para retocar la letra de alguna de mis últimas canciones y para ponerme al día con algunas lecturas que tenía a medias. Mientras nosotros estábamos de gira, Alice había trabado amistad con Bella aprovechando que ambas estaban solas, así que se dedicaron a salir juntas y a conocerse, y al final habían terminado congeniando muy bien. Incluso de vez en cuando habían incluido a Kate en sus planes y habían salido las tres como verdaderas amigas.
Por eso, el sábado 20 de septiembre habíamos quedado todos para cenar en mi casa y hacer una especie de reunión entre amigos aprovechando los pocos días de vacaciones que nos quedaban. Iban a venir Bella, Edward, Kate, Garrett y Emmett, que para no estar desparejado se iba a traer a una de sus últimas "amistades" a pesar de que a mí no me hacía ninguna gracia que trajera a una desconocida a mi apartamento. Sin embargo, estábamos dispuestos a divertirnos, por lo que no iba a empezar la noche mosqueado.
Al mediodía Alice recibió una llamada de Eleazar y este casi le suplicó si podía pasarse unas horas por la revista para cubrir una manifestación que se estaba llevando a cabo en el Bronx, por lo que Alice se marchó pidiéndome que me ocupara yo de adecentar un poco el apartamento y de preparar, al menos, la mesa. Me pasé la tarde limpiando y ordenando, y sobre las seis escuché que llamaban al timbre. Me extrañó porque Alice tenía llaves y solía llevarlas siempre en el bolso, por lo que cuando abrí la puerta y me encontré de frente con el rostro serio de mi hermana por poco se me salió el corazón el pecho.
— ¿Rosalie?
—Vaya, por lo menos te acuerdas de cómo me llamo —comentó cruzándose de brazos.
La miré de arriba abajo y me fijé en que en el suelo, a su lado, había una maleta de cuero marrón. Había cambiado mucho desde que la vi por última vez hacía… unos dos o tres años. Era vergonzoso, pero hacía años que no regresaba a Nueva Jersey a pesar de que solía hablar a menudo con mi familia por teléfono, pero últimamente había tenido tantas cosas en la cabeza que se me había olvidado.
— ¿Qué haces aquí? —pregunté estupefacto.
— ¿Me vas a tener todo el día aquí fuera?
—No, claro, perdona. Pasa.
Me hice a un lado y dejé que entrara en mi apartamento que, por lo menos, en aquel instante estaba casi reluciente.
—Menuda vidorra te estás dando, hermano —dijo dando una vuelta sobre sí misma, admirando los grandes ventanales del apartamento.
Vestía una camisa blanca de botones y una falda de color lila ceñida de arriba y vaporosa en el final que le llegaba por encima de las rodillas, acompañada por unas sandalias blancas. Su cabello rubio, del mismo tono que el mío y más largo de lo que lo recordaba, le caía suelto en ondas hasta la mitad de la espalda.
—No me puedo quejar. Oye… ¿puedes decirme qué haces aquí?
— ¿Tanto te molesta mi presencia?
—No es eso, Rose, pero no te esperaba. Aún no me creo que estés frente a mí.
—Por eso no me has abrazado siquiera al verme.
Puse los ojos en blanco y acto seguido di los pocos pasos que nos separaban para rodearla con fuerza con mis brazos y estrecharla contra mí. No era mucho más alta que Alice, pero por lo menos le sacaba quince centímetros. Mi hermana me devolvió el abrazo y permanecimos unidos durante unos segundos, yo haciéndome a la idea de que realmente estaba Rosalie en mi casa.
—Estás muy guapa —la alabé después de darle un beso en la coronilla.
—Eso siempre ha sido así.
—Y veo que tu modestia continúa intacta.
Ella sonrió, coqueta, y tirando de mi mano me instó a caminar hasta el sofá más cercano. Se sentó en él olvidando su maleta en el vestíbulo y después clavó sus ojos azules en mí.
—He venido porque eres un idiota.
—Gracias, ahora ya lo entiendo todo —le respondí de manera sarcástica.
— ¿Sabes cuánto tiempo hace que no sabemos nada de ti? MESES. La última vez que te dignaste a llamar a casa fue hace tres meses.
— ¿Tanto?
—Sí. Debería darte vergüenza. Mamá ha estado que se subía por las paredes y papá ni te cuento. Menos mal que eres famoso y sales en muchas revistas, porque si no ni nos acordaríamos de tu horrible cara.
Fruncí el ceño, sintiéndome atacado.
—Bueno, ahora estás viendo mi horrible cara en directo y ya ves que estoy bien. Además, tenéis mi número, podríais haberme llamado vosotros.
—Qué egoísta eres, Jazz.
Resoplé y me crucé de brazos.
—Así que has venido a insultarme.
—No, he venido a pasar aquí unos días. ¿Puedo?
—No me dejas muchas más opciones, hermanita. Ya estás aquí.
—Y como eres tan buen hermano no me vas a dejar en la calle, ¿verdad? ¡Ah por cierto! —exclamó sobresaltándome—. Hay algo de lo que tenemos que hablar muy seriamente porque ni siquiera para eso te has dignado a llamar a tu familia. Así que tienes novia formal.
—Sí.
—Desde hace meses.
—La conocí en mayo, pero estamos juntos formalmente desde julio.
Rosalie me miró fijamente y supe al instante que se avecinaba tormenta.
—Leí la primicia que disteis y pensé que estabas loco. Ahora me he dado cuenta de que solo eres imbécil.
—Bueno, ¿quieres dejar de insultarme? Quiero a Alice, ¿de acuerdo? Y estoy harto de que todo el mundo me diga lo que debo hacer. Nuestra relación es cosa nuestra, de nadie más, ni siquiera tuya, Rose.
—Vaya, al menos parece que tienes algo claro. Pero no nos dijiste nada. Tuvimos que enterarnos por una revista.
—Ahí sí que debo disculparme. He estado muy ocupado, y Alice y yo pasamos unas semanas terribles…
—Pero somos tu familia. Seguimos siéndolo.
—Ya lo sé, y de veras que me sabe fatal. Mañana llamaré a mamá sin falta, ¿de acuerdo?
—Más te vale —Rosalie volvió a pasear su mirada por mi apartamento—. Bueno, ¿y dónde está tu Alice?
—Trabajando. No tardará en venir.
— ¿Ya vivís juntos?
—Más o menos. No de manera oficial, pero ella duerme aquí casi todas las noches.
—En ese caso me buscaré alguna pensión o algo…
—No, nada de eso. Tengo una habitación libre y puedes quedarte el tiempo que quieras… —fruncí el ceño—. Por cierto, ¿no tienes trabajo?
—Sí, pero me han dado unos días de vacaciones en los grandes almacenes. Y pensé, ¿por qué no te vas con tu hermano a la gran ciudad?
—Claro, lo pensaste pero ni se te pasó por la cabeza avisarme.
—Pensé que así sería más divertido.
En ese momento recordé que la última vez que hablé con ella me comentó algo de que estaba saliendo con un tipo que trabajaba en la sección de ropa de caballero del centro comercial en el que trabajaba.
— ¿Aún te ves con aquel tío…? ¿Aquel que trabaja contigo?
—Ah, ¿con Royce? No. Es un inmaduro y un niño de papá. No duramos más de dos semanas.
—Vaya —recordé entonces que aquella noche iba a tener visita—. Por cierto, Rose, esta noche van a venir unos amigos a cenar.
— ¿Ah, sí? Parece que he venido el día justo, entonces. ¿Quiénes son?
—Bueno, a Edward, a Bella y a Emmett ya los conoces —le expliqué, pues prácticamente habíamos crecido juntos—. Y después vendrán Kate y Garrett, amigos de Alice, y una tal… Irina, acompañante de Emmett.
— ¿Su novia?
—Creo que no.
—Claro que no. Si sigue tan imbécil como antes dudo que vaya a sentar nunca la cabeza.
Recordé en aquel momento que mi hermana y Emmett jamás se habían llevado bien, nunca supe por qué, pero desde pequeños no hacían más que molestarse mutuamente.
—Podrás comprobarlo por ti misma esta noche.
El sonido de la puerta abriéndose y cerrándose nos hizo voltearnos.
—Ya estoy aquí —anunció la voz cantarina de Alice—. ¿Y esta maleta? —preguntó haciendo acto de presencia. Se quedó muda al ver a mi hermana en el sofá y después sonrió—. Anda, hola.
Rosalie se puso en pie y se acercó a ella tendiéndole la mano.
—Soy Rosalie, la hermana de Jasper.
— ¡Oh! Me alegro mucho de conocerte al fin. Yo soy Alice, su novia —le dijo estrechando su mano—. Pero no sabía que ibas a venir.
—Yo tampoco —intervine sonriendo divertido.
—Sí… decidí venir de improviso. Pero si molesto puedo buscarme otro sitio donde quedarme.
—No, no, ni pensarlo. Puedes quedarte aquí sin problema —le aseguró Alice—. Me va a gustar conocerte.
—A mí también. Le estaba echando la bronca a mi hermano por no haber llamado a casa en tres meses.
Alice me fulminó con la mirada y yo me rasqué la cabeza, nervioso.
—Ya le he dicho a Rose que mañana llamaré a nuestra madre.
—Deberías hacerlo ahora mismo en vez de alargar el momento —decretó Alice cruzándose de brazos, haciendo sonreír a mi hermana.
Yo achiqué los ojos y, tras hundir los hombros, arrastré los pies hasta nuestra habitación como un niño escarmentado. Llamé a mi madre, que me tuvo como media hora al teléfono (regañándome también, claro) y que intentó hacerme hablar con mi padre, pero él no estaba por la labor de hacerle caso a su esposa. Me dolió que no quisiera hablar conmigo, pero también comprendía que yo no había sido un hijo ejemplar últimamente. Colgué asegurándole a mi madre que Rose estaba bien, prometiéndole que no tardaría tanto en llamarla y que incluso Alice y yo pasaríamos a verles pronto para que finalmente la conocieran en persona.
A eso de las ocho y media ya estaban todos nuestros amigos en casa. Los primeros en llegar fueron Kate y Garret, que trajeron un par de botellas de vino y que se mostraron la mar de simpáticos con mi hermana. Diez minutos después llegaron los que faltaban, y yo me alegré en silencio cuando Emmett se disculpó porque su cita al final no había podido asistir a la cena. No me apetecía tener a una extraña en mi apartamento. Después mi hermana saludó a Bella y a mis compañeros de grupo, a uno con más alegría que al otro.
—Hacía mucho que no nos veíamos, Rose —la saludó Emmett con una amplia sonrisa intentando acercarse para abrazarla como había hecho Edward, pero ella se mantuvo alejada y se limitó a tenderle la mano.
— ¿Sí? Ni siquiera recordaba tu existencia —mintió descaradamente, dejándome anonadado.
Todos los presentes nos quedamos en silencio, de repente interesados en ese intercambio verbal.
—Por lo visto no se te han bajado los humos en estos años —respondió él estrechando su mano algo desencantado.
—Por lo visto, no.
Al ver que nadie más decía nada sonreí notando una gran tensión emanando de mi hermana. ¿Qué le pasaba?
—Bueno, ¿tenéis hambre? La cena ya está lista.
Nuestros amigos asintieron y, entre risas, nos sentamos a la mesa. Cenamos hablando del futuro de Inequals, de la revista donde trabajaban Alice y Kate, del trabajo que Bella había encontrado en una farmacia y de la vida de Rose en Nueva Jersey.
— ¿Sabes? —Empezó a hablar Emmett—. Yo te tenía ya por una mujer casada y con hijos.
Mi hermana le dedicó una mirada fulminante.
—Eso demuestra lo poco que me conoces.
—Bueno, estabas saliendo con aquel tal Royce —intervine yo.
—Royce era un inmaduro. No pienso dedicar mi vida a alguien así.
—Por desgracia muchos hombres son así hoy en día —comentó Kate de manera despreocupada.
—Oye, ¿no lo dirás por mí? —preguntó Garrett con el ceño fruncido.
—No lo digo por ti individualmente, pero es verdad que cuando os juntáis unos cuantos amigotes os ponéis insoportables.
— ¿Tú también lo piensas? —le pregunté a Alice, a lo que ella se encogió de hombros con una sonrisita culpable en el rostro.
—De vez en cuando.
Le di un golpecito con el hombro y ella sonrió sacándome la lengua.
—Venga ya, como que las mujeres no os ponéis a hablar y a cotorrear en cuanto se os presenta la ocasión —se indignó Emmett.
—Pero lo hacemos de forma madura, no como vosotros, que os lo tomáis todo a risa —contestó Rosalie—. Y tú seguro que más, siendo el batería de un grupo famoso, que estás soltero y que no te importa salir en las revistas cada día con una mujer distinta.
Parpadeé, sorprendido. Sabía que mi hermana le tenía una especie de tirria crónica a Emmett, pero no imaginaba que fuera tan grande y ni siquiera sabía por qué.
— ¿Así que has seguido mi vida amorosa estos últimos años, eh?
Rose puso los ojos en blanco.
—Por desgracia formas parte del mismo grupo que mi hermano, si leo esas estúpidas revistas es por él, no por ti.
—Ya. Sigues siendo muy transparente, Rose.
Ella volvió a fulminarle con la mirada pero continuó cenando en silencio, dejando que la conversación regresara a los temas banales y sin importancia de antes. A eso de las dos y media nuestros amigos empezaron a irse, pues al final habíamos terminado con las reservas de vino y alcohol que tenía guardadas. Rosalie se despidió de todos excepto de Emmett y después se encerró en la habitación de invitados alegando que estaba muy cansada por el viaje.
Una vez mi apartamento volvió a quedarse vacío a excepción de nosotros tres, fui al cuarto de baño y después me metí en la cama. Alice se acostó cinco minutos después y se acurrucó a mi lado, abrazándome y apoyando su cabeza en mi pecho.
— ¿Te ha molestado encontrarte aquí a mi hermana? —le pregunté mientras le acariciaba el hombro de manera distraída.
—Claro que no. ¿Por qué iba a hacerlo?
—Como ha venido así de improviso…
—Tú tampoco sabías que vendría.
—Ya, por eso lo digo.
—Pero claro que no me ha molestado; al contrario. Me ha caído muy bien.
— ¿De verdad? Ya has visto el humor tan especial que tiene.
—A mí me ha parecido muy simpática con todos menos con Emmett.
No era el único que se había dado cuenta, al parecer.
—Sí… no sé por qué siempre se han llevado mal.
— ¿No te has fijado?
— ¿En qué? —inquirí con el ceño fruncido.
—En cómo la miraba Emmett.
—No me digas que ya le ha echado el ojo.
—Parece ser que sí —respondió Alice con una risita.
—Pues no va a conseguir nada. Rose le odia.
—No sé yo qué decirte.
— ¿No la has visto? En la cena le ha dicho de todo menos guapo.
—A mí me ha parecido que su hostilidad hacia él no ha sido a causa de que le odie. Más bien al contrario.
— ¿Me estás diciendo que a mi hermana le gusta Emmett? —me reí, incrédulo.
—No sé. Me da la sensación de que sí.
Miré a Alice achicando los ojos.
— ¿Esto tiene que ver con ese sexto sentido que tenéis las mujeres para detectar si otra mujer está enamorada?
—Tiene que ver con que tengo ojos en la cara.
—Bueno, yo también los tengo.
—Pero visto está que no los sabes usar —me pinchó ella con una sonrisa, y yo le arreé un pellizco en el trasero que la hizo gritar.
— ¡Ay! —me dio un manotazo en la mano para después echarse a reír—. Ha dolido.
—Eso por decirme que estoy ciego.
—La próxima vez fíjate más.
— ¿Pero de verdad crees que a mi hermana le gusta Emmett?
—A ver, no sé qué ha pasado entre ellos, pero me ha dado la sensación de que Rosalie está tan enfadada con él por algo. Entiendo que de niños se molestaran, pero ahora son adultos, y una persona racional y madura no trata así a otra sin motivo.
Me quedé pensativo durante unos segundos y después respiré hondo.
—Tienes razón. Pero Rosalie no me va a decir nada sobre el tema. Quizá a ti sí.
—Jazz, apenas me conoce. ¿Realmente crees que va a querer hablar conmigo sobre Emmett?
—La verdad es que no.
—Lo mejor será que dejemos que hagan las cosas a su manera. Si tiene que pasar algo entre ellos, pasará.
—No sé si esa idea me gusta demasiado.
Alice se rio y se acurrucó más a mi lado, dándome un beso en el hombro.
—Hermanito sobre protector.
—No te haces una idea.
Le dediqué una sonrisa justo antes de besarle la frente, y después la abracé cerrando los ojos, dejando que el sueño me venciera.
¡Hola, hola! Ya tenemos al grupo completo y parece que Rosalie le va a dar caña de la buena a Emmett ;P Espero que os haya gustado verla aparecer así de sopetón y que os haya gustado mucho el cap de hoy. Desde luego espero que me dejéis vuestras opiniones/sensaciones/sugerencias en los reviews :D
¡Hasta el sábado! Xo
