Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, solo la trama es mía.


-Capítulo 26-

Junio 1970

Los meses siguientes los pasamos consolidando nuestra relación, dándonos cuenta realmente de que ambos queríamos permanecer el uno junto al otro para siempre, aunque eso ya lo sabíamos. Alice venía a casi todos nuestros conciertos (siempre que su trabajo se lo permitiera, claro) y finalmente se mudó a mi piso de manera oficial a pesar de que continuó manteniendo el suyo para cuando necesitara encerrarse a trabajar como una loca. Poco a poco aprendimos a lidiar con los paparazzi y los periodistas como la pareja formal que éramos y nos dedicamos a vivir nuestro día a día disfrutando al máximo de nuestra compañía mutua.

Pasamos las Navidades juntos con nuestras respectivas familias, que se conocieron en esa ocasión, y el fin de año con nuestros amigos. Los padres de Alice dejaron que Cynthia se quedara esa noche en Nueva York y mi hermana decidió hacer lo propio, así que fue una noche inolvidable a pesar de que Rosalie continuaba con su acritud hacia Emmett, quien se tomaba su mal humor con diversión, como siempre.

En mayo de 1970 me llevé a Alice a hacer un pequeño tour por Italia para celebrar nuestro primer aniversario, y terminó enamorándose del país hasta el punto que casi tuve que llevármela a rastras. Sin embargo, nada nos preparó para lo que la vida nos tenía dispuesto en apenas unas semanas. A principios de junio Alice empezó a encontrarse mal cada día, sintiéndose muy cansada y teniendo fiebre de forma intermitente. Insistí mil veces para que fuera al médico, y como era tan testaruda y no quería hacerme caso, terminé pidiéndole cita con mi médico de confianza. Para que no pudiera negarse ni escabullirse le pedí al doctor Cullen que viniera a mi apartamento para hacerle las pruebas, así también nos ahorrábamos los cotilleos y las elucubraciones que supondrían que alguien viera a Alice en una consulta médica.

Quedamos con el doctor la mañana de un martes, por lo que llamé personalmente a Kate y le pedí que le dijera a Eleazar que Alice entraría un par de horas más tarde a la revista a pesar de que mi novia se enfurruñó conmigo por ello.

—No me voy a quedar tranquilo hasta que te vea el doctor, así que puedes enfadarte todo lo que quieras —decreté mientras desayunaba, mirando el reloj del salón. Faltaban veinte minutos para que llegara el doctor Cullen.

—No será nada, estoy fuerte como un roble —se cruzó Alice de brazos mientras palidecía al ver la leche y las tostadas que tenía delante.

—Más vale prevenir que curar.

En cuestión de segundos se puso en pie y, corriendo, se encerró en el cuarto de baño. Acto seguido la escuché vomitar y tras suspirar, preocupado, me levanté para asegurarme de que estaba bien. La encontré inclinada sobre la taza del váter rodeándose el estómago con un brazo y aguantando la postura con el otro. Me coloqué tras ella y le puse una mano en la frente para evitar que se hiciera daño a causa de las arcadas, y con la otra le acaricié la espalda intentando relajarla. Poco después tiró de la cadena y se sentó en el suelo, agotada y temblorosa.

—Estarás fuerte como un roble, pero da la sensación de que lo que tienes te está comiendo por dentro —le dije sentándome frente a ella y colocando mis manos en sus mejillas. Volvía a tener fiebre, y una punzada de temor se instaló en mi interior.

—Será solo un virus —me respondió con la voz rasposa y los ojos llenos de lágrimas a causa de las náuseas.

—Ojalá. Vamos, el doctor tiene que estar al venir.

Me puse en pie y le tendí la mano, ayudándola a levantarse. Me dijo que se iba a lavar los dientes y a adecentarse un poco, por lo que salí del cuarto de baño y me terminé el desayuno a pesar de que los nervios me atenazaban el estómago. El doctor Cullen llegó puntual, tan eficiente y atento como siempre y, tras presentarse a Alice, le pidió que lo acompañara a la habitación donde podría hacerle las pruebas con más comodidad. Casi me ordenó que esperara fuera, y aunque no me parecía bien le hice caso porque no quería retrasar más el diagnóstico de Alice. Tardaron más o menos un cuarto de hora que se me hizo eterno, y cuando ambos salieron de la habitación Alice había palidecido aún más que antes e incluso parecía que evitaba mirarme. Aquello solo consiguió preocuparme más.

—Quiere ser ella quien te dé su diagnóstico —me informó el doctor Cullen entregándome unos papeles que acordaban una cita en ginecología para el día siguiente y una receta de vitaminas—. Sin embargo, es preciso que tome las vitaminas que le he recetado.

No le había prescrito ni antibióticos ni medicamentos extraños, por lo que supuse que lo que tenía Alice no era tan grave después de todo.

—De acuerdo, pero… ¿está todo bien? —quise asegurarme, nervioso, y el doctor sonrió con amabilidad en un intento por tranquilizarme.

—Todo bien. Enhorabuena —me tendió la mano, dejándome más confundido que antes, y después se giró para mirar a Alice—. Cuídese, señorita Brandon, y no descuide su cita de mañana.

—No se preocupe. Gracias, doctor —le respondió ella en voz baja antes de acompañarle a la puerta.

—Que tengan un buen día.

Cuando nos quedamos solos el silencio nos invadió, y yo comencé a ponerme más nervioso todavía porque no estaba entendiendo nada.

—Bueno, ¿qué sucede? ¿Por qué tanto secretismo? —pregunté acercándome a Alice, que se había quedado inmóvil en el vestíbulo—. Alice, puedes contármelo. ¿Y por qué tienes que ir mañana al ginecólogo?

—No estoy enferma, no es ningún virus ni ninguna enfermedad.

—Pero eso es genial, aunque… si no estás enferma ¿a qué se deben esos vómitos y la fiebre?

Alice me miró fijamente y con algo de temor, como si no supiera qué esperar de mi reacción cuando dijo:

—A que estoy embarazada.

Al principio no fui del todo consciente de lo que acababa de decirme, pero una vez entendí el significado de sus palabras sentí que un sudor frío me recorría la columna y me atenazaba el cuerpo entero.

— ¿Embarazada?

Alice se pasó una mano por el rostro y se dirigió al salón pasando por mi lado sin apenas mirarme. Se sentó en el sofá con la mirada perdida y cuando reaccioné la seguí, colocándome a su lado.

—Todo encaja. No sé cómo no pude darme cuenta antes de los síntomas. Dios.

Abrí la boca para decir algo pero la tenía seca, por lo que la volví a cerrar al instante sintiéndome imbécil. Sin embargo, algo importante me cruzó por la mente en apenas un segundo.

—Pero estás tomando la píldora. Quiero decir que se supone que no tendría que haber sucedido.

Había empezado a tomarla a finales del año pasado para que se le regulara el período y para que no tuviéramos que estar preocupándonos siempre por los preservativos. Sin embargo, no había sido suficiente.

—Eso le he dicho al doctor, pero me ha explicado que las anticonceptivas no son cien por cien efectivas. Lo siento —murmuró ella todavía con la mirada perdida y más pálida que antes, si cabía.

Fruncí el ceño.

— ¿Por qué?

—Porque no habíamos planeado nada de esto.

No lo habíamos planeado, jamás habíamos hablado de tener hijos, ni siquiera de casarnos. Éramos conscientes de que todo llegaría a su debido tiempo pero nunca pensamos que sucedería tan deprisa. No obstante no era culpa de Alice, sino de los dos. O, en todo caso, de la no total efectividad de la píldora.

—No lo habíamos hecho pero… ahora es una realidad. Vamos a tener un bebé—decreté comprendiendo en ese momento la enormidad de mis palabras.

Entonces Alice me miró y me fijé en que tenía los ojos llenos de lágrimas, pero no parecían de felicidad.

— ¿Quieres tenerlo? —me preguntó con un hilo de voz—. Un bebé no es un juguete, es una personita. Es mucha responsabilidad y no sé si… estamos preparados para afrontarla.

Algo de razón tenía, pero yo no quería ni siquiera pensar en la palabra aborto. Alice no se había quedado embarazada por un descuido, no habíamos sido irresponsables, sino que las probabilidades se habían puesto en nuestra contra, nada más. El bebé que crecía en su interior no tenía culpa de nada y aunque todavía me encontrara estupefacto con la noticia, una parte de mí estaba llena de alegría porque iba a convertirme en padre.

—Alice, no seremos los primeros padres que pasan por esto. Los padres primerizos siempre tienen miedo, y…

—No me refiero a eso —me interrumpió—. Inequals está a punto de sacar su próximo álbum y yo estoy inmersa en mi trabajo. No vamos a poder cuidar de un bebé… O en todo caso, si decidimos tenerlo, tendremos que renunciar a muchas de las cosas que queremos para cuidarle.

Volví a fruncir el ceño y pensé muy cuidadosamente en mis próximas palabras. Claro que en nuestra situación actual íbamos a tener que renunciar a algunas cosas, pero ser padre implicaba justamente anteponer las necesidades de tu hijo a las tuyas propias. Así que respiré hondo, tomé sus manos, ahora heladas, entre las mías y la miré fijamente.

—Te quiero. Sabes que te quiero muchísimo y sé que tú me quieres a mí. Precisamente porque te quiero deseo pasar todo lo que me queda de vida a tu lado, y eso me lleva a pensar que lo más probable es que en unos años te hubiera pedido matrimonio, y después de eso habríamos planeado tener hijos. Ahora estás embarazada, y aunque aún estoy sorprendido con la noticia, también estoy muy feliz. Eres la persona que más quiero en el mundo, y que lleves dentro un hijo mío solo puede ser motivo de felicidad para mí a pesar de que haya sucedido tan deprisa. Así que sí, quiero tenerlo. Y quiero tenerlo contigo, que tú también seas feliz con la noticia.

Alice desvió su mirada de la mía y respiró hondo.

—Tengo que pensarlo, Jasper. Yo también quiero formar una familia contigo y pasar toda mi vida a tu lado, pero esto es… demasiado repentino. Necesito pensar en muchas cosas y tengo que ir a trabajar.

Sin decir nada más se puso en pie y, secándose los ojos con el antebrazo, se dirigió a nuestra habitación. La seguí porque yo también tenía que ir al estudio con los chicos y nos vestimos en silencio.

Temía su decisión, porque si al final decidía que no quería tener al bebé las cosas cambiarían mucho entre nosotros. Sin querer darle vueltas al tema hasta que no supiera lo que Alice realmente quería, la llevé a la revista y yo me dirigí al estudio en silencio y meditabundo.

A la mañana siguiente me desperté cuando rodé por la cama y no me topé con el cuerpo de Alice como solía pasar cada día. Entreabrí los ojos y la busqué por la habitación pero no la encontré. Me desperecé y me estiré hasta que estuve satisfecho, y tras ir al cuarto de baño entré en el salón, encontrándome a Alice sentada de costado en una silla al lado de una ventana y mirando con rostro ausente el exterior. Aún llevaba puesto su pijama, una de mis camisetas de Inequals blanca, de manga corta y que le llegaba un poco por encima de las rodillas. Aquella visión se me hizo tan interesante que lo único que pude hacer fue, intentando no hacer ruido, coger la cámara que le había regalado el año anterior y tomarle una fotografía. Se sobresaltó con el ruido que profirió la máquina y ladeó la cabeza para mirarme con el ceño fruncido.

—No he podido evitar fotografiarte.

— ¿Por qué?

—No lo sé. Solo… he sentido que tenía que hacerlo.

Alice sonrió levemente y se puso en pie poco a poco para después acercarse a mí. Sin que lo viera venir rodeó mi cintura con sus brazos y hundió el rostro en mi pecho, abrazándome con fuerza. Sorprendido ante ese gesto dejé la cámara de fotos sobre la mesa y la abracé, dándole un beso en la coronilla.

—Tengo mucho miedo, Jasper —admitió con la voz entrecortada y amortiguada por mi cuerpo—. Miedo de no hacer lo correcto, de hacerlo y no saber cómo lidiar con ello. De que algo salga mal, de que le suceda algo al bebé…

La separé un poco de mi cuerpo para poder mirarla y sonreírle.

—Alice, estamos juntos en esto. Tomaremos la decisión juntos.

Sorbió por la nariz y clavó sus brillantes ojos en los míos.

—Pero si tomo una decisión con la que no estés conforme te haré tanto daño que jamás querrás volver a verme.

Sabía a qué se refería porque tenía el mismo temor que ella, pero me negaba a pensar en esa posibilidad. Acariciándole la mejilla húmeda le sonreí intentando infundirle ánimos.

—Escucha, vayamos al ginecólogo y cuando salgamos hablaremos con tranquilidad de esto, ¿de acuerdo?

Ella asintió en silencio y poniéndose de puntillas me besó con intensidad, como si tuviera miedo de que aquel fuera nuestro último beso. Pero no permitiría que fuera así.

Salimos para la consulta del ginecólogo una hora más tarde, y una vez allí fui capaz de notar cómo le temblaban las manos a Alice mientras esperábamos en la sala de espera. Aquel día no me iba a quedar fuera, por lo que cuando la doctora llamó a Alice me puse en pie casi más deprisa que ella. La doctora me miró sorprendida cuando me reconoció como el vocalista de Inequals pero no dijo nada, como la profesional que era, y nos hizo pasar dentro de la consulta. Una vez allí le pidió a Alice que se tumbara en una camilla y le alzó la blusa, dejando al descubierto su vientre todavía plano. Le hizo unas cuantas preguntas, le palpó el abdomen y con un aparato que jamás había visto le hizo algo parecido a una ecografía. Observó detenidamente una pequeña pantalla situada a su lado, y en ese instante me pidió que me acercara, pues me había mantenido al margen en todo momento para no estorbarla.

—Todavía no se ve claramente, por supuesto, pero aquí está su hijo —nos comentó señalando con su dedo meñique una parte de color blanca sobre un fondo negro muy pequeña y poco definida—. Calculo que está usted de ocho semanas, más o menos.

—De dos meses —susurré sin apartar la mirada del monitor, entusiasmado a pesar de que no era capaz de distinguir nada parecido a un bebé, sino que solo veía una mancha.

—Así es. Si todo va bien a finales de año tendrán un gran regalo de Navidad —bromeó la doctora con una sonrisita—. El latido del corazón es más que correcto, y por el momento todo parece estar perfecto; no tienen de qué preocuparse.

Miré a Alice, quien también observaba casi sin parpadear el apenas visible movimiento que se veía en la pantalla, y entrelacé mis dedos con los suyos. Nuestro bebé crecía sano en su interior, no era posible que quisiera… deshacerse de él después de estar viéndolo en ese mismo instante.

Salimos de la consulta de la ginecóloga en silencio, caminando el uno junto al otro como si fuésemos dos extraños. Al subirnos al coche me dirigí a la revista de Alice, pues de nuevo había pedido un par de horas libres que al final tendría que recuperar. Eso sin contar que tanto Kate como Eleazar estaban preocupados por sus faltas al trabajo, pero tarde o temprano terminaríamos explicándoles el motivo. Miré de reojo a mi acompañante y la vi contemplándose las manos entrelazadas en el regazo con mucha atención.

—Alice, es nuestro bebé —murmuré al darme cuenta de que no tenía intención de abrir la boca—. Está vivo, le late el corazón.

—Lo sé.

—Estamos en una posición difícil, y entiendo que lo que yo pueda querer no es lo mismo que puedas querer tú, pero ahora ya no somos solo dos personas. Hay alguien entre ambos…

—Jasper, por favor —me pidió con la voz entrecortada—. Dame algo de tiempo. Solo te pido eso.

— ¿De verdad necesitas tiempo para saber si quieres que nuestro hijo viva? —alcé la voz sin poder evitarlo, consiguiendo que Alice levantara la cabeza y me mirara fijamente.

—No es tan sencillo.

—Para mí sí lo es. Te has quedado embarazada sin que lo hubiéramos planeado, y sí, quizá a mí también me habría gustado esperar para tener hijos, pero no ha sido así. Creo que debemos afrontar lo que venga y ya encontraremos la manera de amoldarnos, yo con el grupo y tú con la revista —al ver que se limitaba a no responderme maldije en silencio—. Dios santo, Alice, acabamos de verle. ¿De verdad vas a poder deshacerte de él?

— ¿Ahora hablas en singular? —me reprochó—. Antes me has dicho que estaríamos juntos en esto, que tomaríamos la decisión juntos.

Me humedecí los labios resecos y aparqué frente a la Sunset Magazine, pensando muy bien mis siguientes palabras porque tranquilamente podrían ser el motivo de nuestra ruptura.

—Si decides abortar no tomaré parte en ello, Alice. No podría volver a dormir tranquilo por las noches.

Asintiendo en silencio tomó su bolso y salió del coche sin decir nada, cerrando la puerta con suavidad. Supe entonces que las cosas no serían tan sencillas entre nosotros.


Tan tan taaaaaaaaaaaaaaaaan... ¿Os lo esperabais? Imagino que sí porque sabemos cómo terminó su historia, pero ¿os imaginabais que fuera tan pronto? Decidme que no aunque sea mentira xD No, en serio, espero que os haya gustado mucho este capítulo y que me contéis vuestras sensaciones en los reviews.

¡Nos leemos el sábado! Xo