Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, solo la trama es mía.
-Capítulo 27-
Verano de 2013
— ¿La abuela no quería tener al bebé? —me preguntó Ben mientras me ayudaba a preparar la última cena que íbamos a tomar juntos después de aquellos días.
—No lo tenía claro. Fueron unos días difíciles para ambos.
— ¿Discutisteis mucho?
—Creo que fue peor que eso. No nos hablamos durante unos cuantos días.
—Pero… quizá se habría solucionado antes si hubierais hablado.
—Tal vez sí, pero en esos momentos no teníamos nada que decirnos.
Ben frunció los labios y estuvo varios segundos en silencio, pensativo.
— ¿Ese bebé era papá?
Sonreí y asentí en silencio mientras llevaba los platos a la mesa.
—Sí.
— ¿Cómo decidisteis tenerlo?
—Al final fue cosa de tu abuela. Yo tenía claro que quería tenerlo, pero a ella le costó un poco más darse cuenta.
—Y… si hubiera decidido abortar, ¿hubieras continuado con ella?
Respiré hondo y me sacudí las manos en los pantalones mientras meditaba mi respuesta.
— ¿Sabes? Me he hecho esa pregunta a lo largo de los años y nunca he sabido responderla. Amaba a tu abuela… la sigo amando, y si hubiera decidido deshacerse del bebé jamás la habría perdonado, eso lo sé. Pero también es cierto que si me hubiera separado de ella la habría echado terriblemente de menos a la larga. Sin embargo, no sé si habría podido vivir con alguien que se hubiera deshecho del bebé de ambos por mucho que lo amara. Son esas pruebas que nos presenta la vida de vez en cuando.
—Es muy difícil —meditó Ben mientras se sentaba a la mesa.
—Lo es. Pero gracias al cielo no tuve que plantearme esa situación porque vino todo solo.
Sonreí recordando aquel domingo, aquel momento en el que Alice me notificó que no iba a ser capaz de deshacerse de nuestro bebé.
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Junio 1970
Era de madrugada y me encontraba de costado en la cama dándole la espalda a Alice. Ella se había acostado en la misma postura pero a la inversa, por lo que nuestras espaldas casi se tocaban. Hacía casi cuatro días que apenas nos hablábamos, y aunque era consciente de que así no solucionaríamos nada, tampoco me veía con ánimos de hablarle. Y sabía que ella se encontraba en la misma tesitura que yo.
Me dolía su actitud porque para mí era demasiado fácil tomar la decisión. Íbamos a tener un bebé que a la larga nos alegraría la vida, pero me daba la sensación de que para Alice solo era un estorbo. Claro que había pensado en Inequals y en lo que supondría tener que cuidar de un bebé, pero me veía capaz de hacerlo igual que todos los padres del mundo compaginaban el cuidado de sus hijos con su trabajo. Tendríamos que hacer esfuerzos y sacrificios, sí, pero estaba seguro de que todo se vería compensado cuando al fin tuviera a mi hijo en brazos. No obstante, si Alice se cerraba en banda y decidía abortar… no solo perdería a mi hijo, sino también a ella, y saberlo con tanta certeza me aterraba.
Resoplé, cansado, y miré el reloj alzando un poco la cabeza. Las tres y veinte. Estaba claro que aquella noche tampoco pegaría ojo, igual que las tres noches anteriores. Me sobresalté cuando noté que Alice se movía intranquila a mi lado y se sentaba en la cama de golpe, por lo que me di la vuelta y me incorporé después de encender la luz con rapidez.
— ¿Qué sucede? —le pregunté con el ceño fruncido al verla respirando de manera agitada con las manos en su abdomen. Hizo una mueca extraña y después me miró de una forma que no supe entender. Preocupado miré sus manos, temeroso de encontrar sangre en la cama o algo por el estilo, pero no vi nada—. ¿Te duele?
—No. Yo… —parpadeó seguidamente y después se me detuvo el corazón cuando vi cómo en su rostro se formaba una lenta sonrisa—. He sentido algo.
Solté el aire que había estado conteniendo cuando la vi acariciarse el vientre con suavidad, como si finalmente se estuviera creando un vínculo invisible entre ella y el bebé.
— ¿Qué has sentido?
—No sabría explicarlo, ha sido como un… aleteo. Quizá es una tontería, y quizá es aún muy pronto para sentir nada, pero me ha parecido que se movía. Mira.
Me cogió la mano y la llevó a su abdomen, presionándola contra su piel. Dejé de respirar al instante, deseando con todas mis fuerzas llegar a notar lo que ella había notado. Me dio la sensación de que algo se movía en su interior, pero no estaba seguro de si así era realmente o si solo se trataba de mi mente jugándome malas pasadas. Sin embargo, no me pudo importar menos. Alice me sonrió y entrelazó sus dedos con los míos sin dejar de presionar nuestras manos juntas contra su abdomen.
—Sí. Ahí está —susurré emocionado y nervioso a la vez.
—Creo que la decisión está tomada, entonces —rompió Alice el silencio unos segundos más tarde—. No creo que haya nada que pensar.
— ¿Entonces…?
—Jamás podría deshacerme de él. Solo un monstruo sería capaz de hacerlo, y más después de haberlo sentido —decretó con seguridad, pero después su rostro volvió a enternecerse—. Nunca había sentido nada tan bonito.
Respiré hondo, con tranquilidad, cuando comprendí que finalmente todo se había puesto en su lugar. Me acerqué a Alice y la abracé, rodeándola con firmeza entre mis brazos y sintiendo los suyos a mi alrededor, feliz de volver a tenerla. Al cabo de unos segundos noté que sus hombros se sacudían y me preocupé cuando me di cuenta de que estaba llorando. Intenté alejarla de mi cuerpo para poder mirarla, pero se mantuvo inmóvil contra mí mientras lloraba desconsoladamente.
— ¿Qué pasa, Alice?
—No sé cómo pude siquiera pensar en abortar —sollozó.
Le acaricié la espalda con suavidad, intentando tranquilizarla.
—Olvídate de eso. Vamos a tener a nuestro bebé y eso es lo único que importa.
—Seguro que en estos días habrás pensado que soy una persona horrible e incluso has llegado a odiarme, y…
—Alice, basta ya —le pedí sujetándola por los hombros y consiguiendo que me mirara—. Jamás podría odiarte, ¿entiendes? Sí que he pensado que estabas equivocándote, pero al final tú misma te has dado cuenta de lo que realmente deseas. Y por eso solo te amo más.
Vi cómo le temblaban los labios al mismo tiempo que intentaba serenarse, por lo que volví a atraerla hasta mi cuerpo y le besé la frente sin dejar de abrazarla.
—Lo siento. Creo que son las hormonas —musitó haciéndome reír entre dientes.
—Pues menuda fiesta vamos a tener estos meses, ¿eh?
Conseguí que se riera al fin, por lo que suspiré y nos tumbé a los dos en la cama sin dejar de perder el contacto con ella. Coloqué mi mano bajo su pijama, en su abdomen, y ella puso la suya encima de la mía.
—No me va a ser tan fácil olvidar lo que he estado pensando en estos días —susurró ladeando la cabeza para mirarme, y yo le acaricié la mejilla intentando confortarla.
—Una cosa es lo que piensas y otra lo que haces. Y tú has tomado la decisión correcta, así que olvídate de esos pensamientos porque a partir de ahora podrás crear nuevos. A finales de año tendremos a nuestro bebé en brazos y le veremos crecer, aprender a hablar y a andar. Vamos a ser una familia.
Alice asintió en silencio.
—Aun así tengo miedo.
—Yo también lo tengo —admití—. Pero lo superaremos juntos, ya lo verás. Solo tenemos que acostumbrarnos a la situación.
—Y decírselo a todo el mundo. Dios mío —dijo exaltada—, mi padre nos va a matar.
En ningún momento había pensado en la reacción de nadie al saber la noticia porque primero quería asegurarme de que íbamos a tener al bebé, pero ahora que era una certeza no pude evitar encogerme en la cama al darme cuenta de que Alice tenía razón.
—Bueno… tendríamos que decirle la verdad, quizá así lo comprenda —quise creer antes de empezar a entrar en pánico.
—Me he quedado embarazada sin estar casada —apostilló Alice—. Me parece que cuando se entere comprará billetes simplemente para venir a Nueva York a cortarte lo justo y necesario para evitar que vuelvas a reproducirte.
Fruncí el ceño ante sus palabras y me encogí todavía más. No quería ni pensarlo.
—Oye, que ha sido cosa de los dos. A ver si ahora el único culpable voy a ser yo.
Alice se echó a reír y, rodando por la cama, se colocó sobre mí.
—Yo te defenderé de él, no te preocupes.
—Ahora mismo eso no me tranquiliza —sin embargo, se me encendió una bombillita y sin ni siquiera pensar en las consecuencias musité—: Siempre podemos casarnos.
Alice alzó la cabeza como si de un muelle se tratase y me miró fijamente, no supe si sorprendida o aterrada.
— ¿En serio?
—A ver, si queremos que tu padre piense que te has quedado embarazada dentro del matrimonio tendríamos que casarnos en un mes, más o menos…
—Pero no colaría. Ya estoy de dos meses, Jasper. Si nos casáramos en julio y me quedara embarazada en agosto, nuestro bebé tendría que nacer en mayo del año que viene, no en diciembre de este año.
Me pasé una mano por el rostro, cansado, y suspiré.
—Entonces vamos a tener que aguantar la ira de tu padre.
—O… podemos casarnos de todas formas —meditó apoyando sus manos planas en mi pecho y su barbilla en ellas—. Creo que si le decimos primero que nos vamos a casar y después que estoy embarazada no se lo tomará tan mal.
—Así creerá que nos casamos solo porque estás embarazada.
— ¿Y no es así?
—No —le aclaré con rotundidad—. Yo querría casarme contigo aunque no estuvieras embarazada.
— ¿Pero tan pronto?
—Me daría igual. Me da igual casarme contigo mañana, pasado, en un mes o en veinte años siempre y cuando tenga la certeza de que nos vamos a casar.
Alice volvió a sonreír con lentitud.
—En eso somos iguales. Ahora con lo del bebé me da la sensación de que todo se ha desbordado un poco… Así que creo que lo mejor que podemos hacer es casarnos. ¿Crees que en dos meses se puede planear una boda?
—Bueno… yo no sé mucho de bodas, pero…
—Es que me gustaría casarme en verano, y como el mes que viene lo veo demasiado justo, ¿qué mejor que en agosto?
—Me encantaría poder ofrecerte una boda por todo lo alto, pero me temo que si lo hacemos tan deprisa… No será posible.
—Jazz, quiero una ceremonia sencilla e íntima con nuestros más allegados, no el evento del año —me aclaró con una sonrisa cariñosa—. Además, contigo me casaría incluso en pijama.
Me eché a reír ante aquella ocurrencia y alcé la cabeza para darle un beso en los labios.
—En ese caso, señorita Brandon, ¿le gustaría casarse conmigo en dos meses? Prometo serle fiel, amarla durante todos los días de mi vida y entregarle mi corazón por entero, aunque lo tiene desde la primera vez que la vi.
Alice sonrió con los ojos húmedos y, tras morderse el labio inferior, dijo:
—Señor Whitlock, me casaré con usted en dos meses. Y prometo que le seré fiel, le amaré durante todos los días de mi vida y le entregaré mi corazón para que lo cuide, aunque es suyo desde que nos conocimos.
Sellamos aquel pacto con un beso al que le siguieron muchos otros acompañados de incontables caricias, y con la promesa de que en apenas dos meses nos convertiríamos en marido y mujer.
Nuestros amigos se quedaron estupefactos cuando se enteraron de las dos noticias que les dimos en los siguientes días, pues decidimos notificar el embarazo de Alice y nuestra boda a la vez. Según me contó mi prometida, Kate se echó casi a llorar de felicidad, y Emmett, Edward y Marcus se pasaron la semana siguiente felicitándome y burlándose de mí porque al final iba a ser el primero en casarme y en ser padre. Mi familia recibió las noticias con muchísima felicidad, por lo que Rosalie me comentó que volvería a hacer las maletas para instalarse esos meses en la ciudad y así poder ayudar a Alice y a las chicas con los preparativos de la boda. La familia de Alice, al menos su madre y su hermana, se puso contentísima al enterarse de su embarazo y de nuestro enlace inminente, pero a su padre le costó más aceptar que su niña iba a ser madre y a contraer matrimonio. Sin embargo no me dio ningún motivo para temer cuando casi le exigió a Alice que me pusiera al teléfono para hablar conmigo. Se limitó a felicitarme y a recordarme que tratara bien a su hija y a su futuro nieto si no quería tener problemas, por lo que consideré esa prueba aprobada con nota.
No tardé demasiado en comprarle a Alice un anillo de compromiso propio, pues ya que habíamos tomado la decisión de casarnos un poco a lo loco, lo más natural era continuar haciendo las cosas correctamente. Como sabía que ella no quería nada demasiado ostentoso le regalé un anillo de oro blanco muy fino con una pequeña piedra en forma de corazón incrustada en el centro rodeada de pequeñas gemas. Se lo entregué una noche de sábado en la intimidad de nuestro apartamento justo después de cenar, y se echó a llorar de tal manera que me preocupé, pero ella lo achacó simplemente a las hormonas. No obstante, no solo la hacían llorar cada dos por tres, sino que por las noches la embargaban de un deseo casi explosivo, por lo que apenas me dejaba dormir. Y no me quejaba en absoluto, claro que no, pero me encontraba entre anonadado y extasiado con esa nueva faceta de Alice.
Lo que quedaba de junio y todo el mes de julio fue una especie de torbellino dedicado única y exclusivamente a nuestro enlace. Fue mi hermana quien se ocupó de buscarme un esmoquin y de obligarme a probármelo, por lo que la dejé hacer y yo me encargué, junto a Alice, de buscar el lugar perfecto en el que casarnos. Mi prometida se pasó esas semanas muy atareada con su vestido, con los preparativos y preocupándose de que todo estuviera perfecto, a pesar de que yo intentaba calmarla asegurándole que todo saldría maravillosamente bien.
La noche anterior a la boda, las mujeres (incluidas mi madre y la de Alice), casi me echaron del apartamento alegando que, ya que aquella iba a ser la última noche de soltera de Alice, era necesario que celebraran una especie de fiesta de pijamas (algo así como una despedida de soltera), así que me tocó irme a un hotel acompañado de Emmett, Edward y Garret. Antes de marcharme le di a Alice un sentido beso, siendo consciente de que no volvería a verla hasta el día siguiente en el que finalmente nos convertiríamos en marido y mujer.
—No me destrocéis el apartamento, por favor —le pedí medio en broma medio en serio.
—Descuida, nos portaremos muy bien, ¿verdad, chicas?
Todas las mujeres que había allí dentro gritaron y levantaron las botellas de vino y champán que habían llevado, por lo que en parte agradecí no tener que soportarlas.
—Nada de alcohol, ¿eh? —le recordé con seriedad, y ella se limitó a rodar los ojos.
—Sé cómo ser una buena madre, Jazz.
Sonreí y me acerqué para darle un beso en la frente.
—Nos vemos mañana, futura esposa.
—Quizá me lo repienso y me escapo antes de llegar al altar —bromeó ella guiñándome un ojo, haciéndome fruncir el ceño.
— ¡Lárgate ya, pesado! —me gritó mi hermana acercándose a la puerta y fulminándome con la mirada—. Deja que Alice disfrute de su última noche de soltera.
—Qué mala influencia eres, Rose.
—Que te calles —me dio un empujón para que saliera del piso y por el rabillo del ojo vi que Alice me soplaba un beso mientras sonreía con diversión—. Adiós, hermanito.
Me cerró la puerta en las narices y en ese instante escuché un montón de ruido dentro del apartamento como si acabara de escaparse de la selva una jauría de animales furiosos. Agradecí no tener que lidiar con nada de aquello y me di la vuelta, deseando que llegara pronto el día siguiente para poder decir con total seguridad que, finalmente, Alice era mi esposa.
...Y eso significa que la semana que viene... ¡Nos vamos de boda! Jajajaja, así que espero que os pongáis vuestras mejores galas porque estáis todas/os invitadas/os :D
Ya sé que hoy no me tocaba subir capítulo, pero mañana no voy a estar en casa en todo el día y he decidido adelantároslo. Espero que os haya gustado mucho y que me lo contéis en vuestros reviews, que ya sabéis lo feliz que me hacen aunque me da la sensación de que últimamente han disminuido bastante :(
¡Hasta el martes! Xo
