Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, solo la trama es mía.
-Capítulo 30-
Diciembre de 1970
Alice, tan emocionada como yo, alzó la cabeza y me besó la mejilla antes de hacer lo mismo con Liam, que dormía plácidamente acurrucado en los brazos de su madre.
—Dile hola a papá, peque —susurró ella haciéndome reír.
—Enhorabuena —nos felicitó el doctor, satisfecho con el buen trabajo que acababa de hacer—. Es un niño muy sano, pero para asegurarnos debemos hacerle unas pruebas. Solo serán unos minutos.
— ¿Se lo tienen que llevar? —preguntó Alice con el ceño fruncido, claramente contrariada.
—Necesitamos pesarlo y medirlo, además de limpiarlo bien. No será más de media hora, señora.
Una enfermera se llevó a Liam dejándonos a mí y a Alice confusos pero felices, y minutos después se llevaron a mi esposa a una habitación para que terminara de recuperarse. Yo salí para darles la buena noticia a mis amigos, que se mostraron muy alegres y aliviados al saber que Liam había nacido bien, y después les dije que podían marcharse a descansar pues eran las dos y media de la madrugada. Acto seguido regresé junto a mi mujer, que estaba medio dormida.
— ¿Cómo te encuentras, mi vida? —le pregunté sentándome a su lado justo antes de darle un beso en los labios.
—Muy cansada, pero muy feliz —me respondió con los ojos brillantes otra vez—. Quiero que lo traigan ya, apenas hemos podido disfrutar de él.
—Tranquila, solo se están asegurando de que está perfectamente. Ha nacido con dos semanas de adelanto.
Alice se mordió el labio inferior, enroscó su brazo alrededor del mío y apoyó su cabeza en mi hombro, como si quisiera evitar mi mirada. La conocía demasiado bien.
— ¿Qué ha sucedido en la fiesta? —le pregunté, necesitando saber la verdad.
—Nada.
—Rose dice que ha sido culpa de María. He visto que estaba hablando contigo, pero…
—Olvídalo, Jazz.
—No quiero. Si esa mujer ha tenido algo que ver con que se te haya adelantado el parto no lo voy a dejar pasar. Podría haber puesto en peligro la vida de Liam y también la tuya —insistí al ver que permanecía en silencio.
—Solo me he puesto nerviosa, nada más.
— ¿Por algo que ella te ha dicho?
—No me ha dicho más que estupideces propias de una mujer celosa.
No podía dar crédito a lo que escuchaba. Así que finalmente había sido culpa de María.
—Quiero oírlas. Alice, por favor, sabes que puedes contármelo todo.
Tras suspirar y acomodarse en la cama con una mueca de dolor en el rostro me miró, insegura.
—Me ha dicho que si no está contigo es porque yo estoy en medio, que me quedé embarazada solo para mantenerte a mi lado, que Liam no es hijo tuyo y que tú crees que sí, porque de lo contrario ya no estarías conmigo. Me ha recalcado que no soy una mujer digna de ti.
— ¿Qué gilipolleces son esas? —exclamé poniéndome en pie enrabiado. ¿Cómo era posible que María fuera tan retorcida?—. Dime que no has creído ni una de sus palabras.
—No lo he hecho, pero aun así duele que alguien te diga esas cosas a la cara, Jasper.
—Son tonterías.
—Ya lo sé. Pero… ya sabes cómo he estado últimamente de ánimos y su maldad solo ha conseguido ponerme nerviosa hasta que se me ha adelantado el parto. Ya sé que me quieres y por supuesto que Liam es tu hijo, pero de todas formas…
—Alice, te amo más que a mi vida —la interrumpí necesitando que le quedara claro—. No me cansaré de repetírtelo nunca, y si no estuviera contigo sé por encima de todas las cosas que tampoco estaría con ella.
—Eso no puedes saberlo.
—Cariño, tengo mejor gusto en mujeres. Esa arpía no tiene nada que hacer contra ti.
Alice sonrió un poco y me tendió la mano para que volviera a sentarme con ella. Lo hice y después le acaricié la mejilla antes de darle un intenso beso en los labios que se vio interrumpido por la puerta de la habitación abriéndose. Se trataba de una enfermera que traía en sus brazos a un lloroso Liam.
—Aquí les traigo a su bebé.
Me puse en pie, nervioso, cuando vi que la enfermera tenía intenciones de dármelo a mí.
—Aún no lo has tenido en brazos —me recordó Alice con una sonrisa cuando me vio dudar.
—Solo tenga cuidado con la cabecita y asegúrese de que lo tiene firmemente sujeto —La enfermera me enseñó a poner los brazos para que el niño estuviera en una postura cómoda y, tras sujetarle el cuerpo y la cabeza con cuidado, coloqué mi otro brazo debajo y dejé mi mano en su pañal, asegurándome de que ambos estábamos bien.
— ¿Cómo está? —le preguntó Alice, nerviosa.
—Perfectamente. Aunque ha nacido prematuro, su peso y sus medidas son ideales, pero deberá pasar unas horas en la incubadora solo por si acaso. Le hemos dado de comer y lo hemos limpiado, así que en un par de horas volveré para enseñarle a darle el pecho. Disfruten de su bebé.
La enfermera nos dejó solos de nuevo y yo me senté otra vez junto a Alice para que los dos pudiéramos contemplarlo. Era tan bonito con su piel rosada, su cabello tan fino que apenas se le notaba, su naricita respingona y sus dedos diminutos. Iba a ser muy guapo.
—Dios, mira lo que hemos hecho juntos —murmuró Alice sin dejar de acariciarle la cabeza, completamente enamorada.
—Sí. Es impresionante.
Alice apoyó la frente en mi mejilla y permanecimos mirando a nuestro bebé largo rato, percatándonos de que ya éramos una familia.
Por la mañana la enfermera dejó que nuestros amigos visitaran a Alice y al bebé a pesar de que muchos de ellos tuvieron que turnarse para entrar. Los primeros en llegar fueron Emmett, Rosalie, Edward y Bella, que le trajeron un regalo al chiquitín y flores para su madre. Fue Emmett el encargado de darle el presente a Liam, y me eché a reír sin poder evitarlo cuando le colocó con cuidado un gorrito de lana diminuto con el logo de Inequals bordado.
—Para que sea un roquero como Dios manda desde la cuna —decretó Emmett con una amplia sonrisa, recibiendo un beso de parte de Alice y un abrazo de la mía.
Más tarde vinieron Kate y Garret, Marcus y su esposa, y el doctor Cullen y Esme, todos cargados de regalos y de flores para el recién nacido y su madre. Alice permaneció solo dos días más en el hospital, pero no por ella, sino por Liam, porque el doctor que le había ayudado a nacer quería asegurarse de que estaba perfectamente sano y de que cogía peso, pero como a nuestro hijo le encantaba comer y lo hacía de maravilla, en cuarenta y ocho horas ambos tuvieron permiso para marcharse.
La llegada a casa del bebé fue todo un acontecimiento, pues tanto mi familia como la de Alice se desplazaron hasta Nueva York para conocer a Liam, y como quedaban apenas tres días para Navidad decidimos hacer una fiesta conjunta. Para fin de año nos habían invitado a los Inequals a una celebración en Times Square, pero yo decliné la oferta porque prefería quedarme en casa con mi esposa y mi hijo. El tiempo de las fiestas estaba llegando a su fin.
Sin embargo, aún tenía un asunto pendiente, por lo que una tarde en la que Alice invitó a Kate a casa, me marché con la excusa de que así las dejaba solas para que charlaran de lo que quisieran y me pusieran a parir si les apetecía. No obstante, había quedado con Marcus para que me diera el número de teléfono personal de María de Santiago. No me iba a quedar tranquilo hasta que hablara con ella, pero sabía que había regresado a Los Ángeles unos días atrás y yo no me iba a recorrer el país casi de punta a punta para enfrentarla. A pesar de todo, con lo que tenía para decirle se le iban a quitar las ganas de ser tan destructiva.
Marcus me recibió en su despacho con una palmada en el hombro y una sonrisa.
— ¿Cómo va la vida de padre? —me preguntó antes de sentarse en su silla de cuero y de señalarme que me sentara frente a él.
—Muy bien, Alice y yo estamos muy felices. Apenas dormimos, pero son los gajes del oficio.
Marcus se rio.
—Eso me temo. ¿Y el pequeño?
—Cada día más grande y despierto. Tiene los ojos de su madre —le expliqué sonriendo ampliamente como el padre orgulloso que era.
— ¿Sí? Espero que se parezca a ella, porque si se parece a su padre… pobrecito —bromeó Marcus consiguiendo que le fulminara con la mirada para después echarse a reír.
—Gracias.
—No hay de qué. Por cierto, antes de que te dé lo que has venido a buscar, déjame que te diga que el último álbum de Inequals se sigue vendiendo muy bien en Europa.
— ¿De verdad? —hacía cuatro meses que había salido al mercado y todavía se vendía como si fuera nuevo, lo que era extraño y gratificante a la vez.
—Sí. La acogida que ha tenido ha sido brutal.
—Me alegro mucho.
—Bueno —suspiró Marcus mirándome con intensidad—. ¿Seguro que quieres hacer esto?
—Marcus, esa mujer puso en peligro la vida de mi hijo, incluso la de Alice. Por su culpa Liam nació con dos semanas de adelanto.
Mi mánager suspiró y se pasó una mano por el cabello.
— ¿Estás seguro de que fue cosa de ella? Tal vez solo estaba hablando con Alice cuando de repente se sintió mal…
—No es eso lo que dice Alice. Y la creo.
Marcus me miró con detenimiento y volvió a suspirar.
—Claro. Solo espero que sepas lo que vas a hacer.
—Voy a ponerle los puntos sobre las íes a esa mujer.
Dedicándome una última mirada de advertencia Marcus me pasó un papel en el que había un número teléfono escrito y acto seguido se puso en pie.
—Puedes llamar desde aquí, tengo una reunión en cinco minutos, así que no volveré hasta dentro de un rato.
—Gracias, Marcus.
Él volvió a palmearme el hombro antes de salir del despacho. Una vez estuve solo me senté en su silla de cuero y, sujetando el teléfono con una mano, marqué el número que se me indicaba en el papel con la otra. Esperé pacientemente hasta que en el tercer timbrazo la persona que había al otro lado descolgó y dijo:
— ¿Diga?
—Buenas tardes, ¿puedo hablar con María de Santiago, por favor?
—Soy yo. ¿Quién me busca?
No había reconocido su voz, pero cuando me confirmó que era ella no pude evitar poner los ojos en blanco.
—No es que la esté buscando, solo necesito unos minutos para aclararle varias cosas.
María permaneció unos cuantos minutos en silencio, como si no entendiera nada.
— ¿Quién es?
—Soy Jasper Whitlock, supongo que me recuerda. Hace unas semanas estuvo hablando con mi esposa… o quizá debería decir humillando.
—No sé de qué me habla.
—No tengo pruebas tangibles contra usted, pero creo en la palabra de mi mujer y sé que por su culpa mi hijo nació con dos semanas de antelación.
—No tengo por qué estar escuchando sus estupideces, señor Whitlock.
—Es cierto, no tiene por qué, pero si me cuelga me dará usted a entender todavía más lo perversa y retorcida que es. Ni siquiera le importó poner en peligro la vida de un bebé, ¿verdad?
La escuché resoplar y maldecir por lo bajo.
—Diga lo que quiera. Yo no tengo la culpa de que su esposa sea tan endeble.
—Veo que es de insulto fácil. Pues déjeme que le diga que Alice es la mujer más fuerte que he conocido en la vida y que no necesitó casarse conmigo ni quedarse embarazada para mantenerme a su lado porque el amor que siento por ella es más que suficiente. La amo como dudo que nadie llegue a amarla nunca a usted. ¿Y sabe qué es lo más divertido de todo? Que aunque Alice no se hubiera "interpuesto en su camino", como le dijo, yo jamás me habría fijado en usted. Prefiero la belleza sutil de mi esposa, no su belleza ordinaria.
El silencio volvió a invadirnos y supe que estaba pensando en todo lo que acababa de decirle.
—Espero que se sienta mejor después de haberme humillado por teléfono.
—La gente que se siente humillada tiene dignidad. Yo creo que usted la perdió hace mucho tiempo, señora de Santiago. Gracias por su atención y que tenga una buena tarde.
Colgué sin dejar que me respondiera, sintiéndome en parte aliviado. No me gustaba tratar de ese modo a nadie, y menos a una mujer, pero consideraba que María se lo tenía más que merecido. Por lo menos ya le había dicho todo lo que debía y me había quedado tranquilo.
Cuando regresé a casa me encontré a Alice sentada en el sofá con un Liam adormilado en sus brazos. Me acerqué sonriente para darle un beso a mi esposa y después hice lo propio con mi hijo, que olía a leche y a polvos de talco, por lo que supuse que estaba recién comido y limpio.
— ¿Y Kate? —pregunté en voz baja al no verla por ninguna parte.
—Eleazar la ha llamado y se ha tenido que ir corriendo —me respondió Alice del mismo modo mientras mecía a nuestro hijo con suavidad—. Pero ha sido una tarde muy fructífera.
—Qué bien.
— ¿Y a ti cómo te ha ido?
—Bien. He ido a hablar con Marcus —no le conté nada sobre María porque quería olvidar y que Alice olvidara ese episodio cuanto antes—. Y después iba a pasar un rato por el estudio para ver a los chicos pero he preferido venirme a casa para estar con vosotros.
Alice me dedicó una mirada preocupada.
—Si tienes que hacer cosas con Inequals hazlas, Jazz.
—Las haré, pero hoy quiero estar aquí con vosotros. ¿O no puedo?
—Claro que sí, solo… no quiero que cambies tu estilo de vida por nosotros.
—Alice, mi estilo de vida ya ha cambiado, y sois mi familia. Para mí sois lo primero, tanto tú como Liam. ¿O es que nosotros no lo somos para ti?
—Por supuesto. Pero ya entiendes a qué me refiero. Tus fans se enfadarán si dejas al grupo de lado.
—No lo voy a dejar de lado, solo me estoy tomando la tarde libre. Te lo prometo.
Alice sonrió y suspiró antes de darle un beso a Liam en la frente, que finalmente se había quedado dormido. Lo colocó en su capazo, al lado del sofá, y después se acercó hasta que pudo apoyar su cabeza en mi hombro, postura que aproveché para rodearla con mis brazos. Después me di cuenta de que se habían formado unas ojeras enormes bajo sus ojos y suspiré.
—Tendrías que descansar un poco, Alice.
—Lo sé, pero tengo muchas cosas que hacer.
— ¿Cómo qué?
—Pues… atender a Liam, amamantarle, cambiarle el pañal…
—Se acaba de dormir y hasta dentro de un par de horas no creo que se despierte. ¿Por qué no vas a acostarte un rato, aunque sea una hora?
— ¿Y si se despierta?
—Si se despierta lo atenderé yo, que para eso soy su padre. No puedo amamantarle, pero si resulta que tiene hambre te lo llevaré a la habitación.
Pareció pensárselo durante unos segundos y después alzó la cabeza para mirarme.
— ¿Te echas conmigo un rato? No soy la única que tiene que descansar.
— ¿Y Liam? No lo vamos a dejar aquí.
—No, nos llevamos el capazo a la habitación. Así si llora nos enteraremos los dos.
Sonreí justo antes de darle un intenso beso en los labios a mi esposa y me puse en pie tendiéndole la mano. La tomó y, tras coger el capazo de Liam, nos dirigimos a nuestra habitación a descansar. En aquel instante todo estaba como debía estar.
Hello! ¿Cómo estáis? ¿Qué os ha parecido el capítulo? Espero que os haya gustado mucho y que os vayais preparando para el inminente final que está a la vuelta de la esquina. Y, desde luego, espero que me contéis vuestras opiniones en los reviews :3
¡Nos leemos el sábado! Xo
