NdA: Perdón. He tenido problemas con este capítulo y por eso tengo que subirlo de nuevo. Prometo que no tengo fijación con hacer spam! jajajaja
Capítulo 3
-Fuego-
Si no estuvieran en el cuarto de las escobas, Hermione no estaría tan tensa. Pero lo están. Y no ayuda mucho que delante de ella se encuentren todas esas escobas mágicas, alineadas en fila, con los mangos tan tiesos como Hermione siente todo su cuerpo. Intenta distraerse, despejar su mente pensando en otra cosa, y por eso llega a la conclusión de que Madam Hooch hace un buen trabajo. Se esmera por mantener limpio ese cuarto en el que tantas parejas se han juntado a lo largo de los años. Hermione puede imaginar la urgencia de alguna de ellas. Hay marcas de besos en las paredes, casi puede verlas. Abrazos rotos y gemidos que se estrellaron contra el suelo. Alguna discusión que otra habrá desembocado en portazo, haciendo temblar las bisagras, astillando la madera o quebrando el marco quizá. Hermione se esfuerza en pensar en estos pequeños detalles cuando siente una mano helada acariciando su mejilla.
-¿A qué viene esa cara? –escucha que le pregunta Pansy, devolviéndole a la realidad, al cuarto de las escobas, que más que nunca parece envuelto en una bruma. En la niebla con la que se recuerdan los sueños, que a veces son tan perturbadores que Hermione no tiene muy claro cuál de ellos está viviendo en ese preciso momento. Tirita sólo de imaginarlo.
-¿Tienes frío, Granger? -Pansy se acerca, se acerca tanto que es capaz de sentir el calor de su aliento en la mejilla que antes ha acariciado. –¿Cómo puedo calentarte? –y antes de que acabe la frase Hermione se encuentra pegada a su cuerpo, a menos de un Flitwick de distancia.
Sus ojos se encuentran por primera vez con los de Pansy y bajan por el tabique de su nariz, para reparar en su sonrisa displicente, controladora, casi lunática. Se empeña en sonreír como si lo controlara todo, aunque en realidad sólo significa que le excita verla nerviosa. Lo que Pansy no sabe es que Hermione tiene un as en la manga, una jugada perfecta que consiste en coger la palma helada de Pansy y colocarla en la porción de piel donde la espalda pierde el nombre.
-Ahora ya no –responde Hermione complacida. Porque esta vez ha ganado. Porque ha desarmado tanto a la Slytherin que nada ni nadie va a poder impedir que se besen.
Y lo hacen. Durante un buen rato. Si las paredes del cuarto de las escobas hablasen, nos contarían cómo las túnicas cayeron al suelo y qué botón de qué camisa se desabrochó primero. Nos contarían que las manos se vuelven temblorosas cuando eres una Gryffindor e intentas deshacer el nudo de la corbata de una Slytherin. Te dirían que el león ruge si tiene que ser el primero en desnudarse y que la serpiente se retuerce, muerde y envenena los besos cuando las manos se pierden por debajo su falda. Pero, sobre todo, nos contarían que cuando el león y la serpiente se juntan, se enciende una hoguera tan alta que es imposible no advertir su presencia.
-¿Has oído eso, Albus?
La voz se escucha tan tenue que habría pasado desapercibida de no ser por los reflejos de Pansy, que rápidamente se ha colocado detrás de Hermione para taparle la boca con su mano derecha. "Tenía que ser la maldita Gryffindor la que gimiera como si no hubiera un mañana", piensa Pansy… pero sólo porque no es consciente de que cuando está con esa Gryffindor en concreto ella gime como si pasado mañana se acabara el calendario. Admitirlo sería demasiado.
El caso es que permanecen así un buen rato. Inmóviles. Deseando que pase el peligro, sea quien sea quien está detrás de la puerta. Hermione juraría haber escuchado un "Albus" justo antes de que Pansy le tapara la boca. Y eso sería motivo más que suficiente para despertar su histeria, de no ser porque acaba de notar el cosquilleo que le producen sus propias medias enredadas en sus tobillos (tan intenso que no puede reprimir una sonrisa que queda oculta tras la mano de Pansy). Pero le dura poco. La sonrisa se rompe justo cuando la inconfundible voz de Minerva McGonagall se cuela de nuevo por debajo de la puerta.
-¿Seguro que no has escuchado nada? Me ha parecido oír un gimoteo. ¿Habrá alguien herido?
Hermione tiene todos los sentidos alerta, desea escuchar la repuesta que dará el director (ahora está segura de que la palabra que escuchó durante el segundo en el que los labios de Pansy bajaron desde su clavícula hasta su escote era "Albus"), y lo habría hecho de no ser porque ahora algo muy diferente a sus medias cosquillea el lóbulo de su oreja.
-Pansy, ¡ahora NO! –le reprende en un susurro, la voz demasiado suave para conseguir que la Slytherin acate sus órdenes y deje de lamerle para tentarle.
-¿Te quedas más tranquila si lo comprobamos? –escuchan la voz de Dumbledore, amortiguada por la madera de la puerta.
Él y McGonagall están a tan sólo veinte centímetros de caoba de ellas, pero, por alguna extraña razón, los besos de Pansy, que baje la mano y que sus dedos se pierdan por donde antes habían estado las medias, resultan mucho más excitantes que antes. Y parece que les da igual la respuesta de McGonagall, porque ninguna se ha preocupado de realizar un fermaportas. Es más, cuando los dos profesores se alejan del cuarto de las escobas, ni Pansy ni Hermione son capaces de escucharlos. Sus cuerpos están demasiado enredados. Sus pieles se abrasan al calor de la hoguera que han creado dos de los animales más poderosos de esta tierra: la serpiente y el león que, por extraño que parezca, a veces no luchan a muerte; a veces tan sólo hay fuego entre ellos dos.
NaA: He estado TAN liada estos últimos meses que casi me había olvidado de la existencia de esta historia. La verdad es que últimamente carezco de tiempo y, en consecuencia, no puedo escribir todo lo que me gustaría ni pararme a actualizar, contestar reviews a tiempo y esas cosas... Pero supongo que es bueno reaparecer de vez en cuando, aunque sea con cuentagotas. Lamento mucho la espera. A ver si hay suerte y consigo que el próximo capítulo no tarde tanto. Un abrazo!
