Capítulo 4
-Agua-
Se miran.
Se miran porque ya saben lo mal que acabará aquello. Los Gryffindor habitaban una torre, los Slytherin una mazmorra. En esto Hermione tiene ventaja, lo aprendió hace muchos años, cuando todavía era una simple Muggle y todavía creía en la Física. Ella sabe que la gravedad es el único pegamento capaz de aguantar el peso de juntar la tierra y el cielo, la torre y la mazmorra. Cuando se trata de leones y serpientes, la unión siempre viene precedida por una dolorosa caída y no todos consiguen reponerse del golpe.
Aún así, se miran. Se observan detenidamente como si haciéndolo pudieran evitar el puchero de una o el ceño fruncido de la otra; las pupilas humedecidas, la garganta tensa en el nudo traidor en el que a menudo tropiezan las palabras.
-Pasa tú.
-No, tú primero.
Pero siempre es Hermione la que espera y Pansy la que se va. Se queda con la espalda apoyada en la puerta y escucha sus pasos alejarse con el mismo compás marcial con el que suelen acercarse. Hay muchas especulaciones en Hogwarts para descubrir cómo lo hace. Suelen ser complejas teorías que tratan de encontrar el origen de la imperturbable seguridad de Pansy. "No tiene corazón", dicen. "Nació sin él", comentan. Pero Hermione lo ha oído palpitar alto y fuerte. Y a veces, en los días buenos, sospecha que ella es la propietaria de las baquetas que lo hacen sonar.
Lo que en realidad ocurre es que Hogwarts es un teatro y Pansy la mejor de sus actrices. Ella disimula todo lo que puede. Se dice que es fuerte, se engaña al repetirse que tiene la situación controlada. Y sin embargo, cada vez que se despiden, su corazón se hunde a la misma velocidad con la que sus pasos descienden hasta la casa de Slytherin.
Mientras camina, no puede evitar pensar en lo interesante que le ha parecido la conversación de Hermione, cuando acabaron de abrocharse el último botón. Cuando los escudos de sus jerseys les recordaron que el cuarto de las escobas es su Suiza y que aquello es una guerra en la que nadie es neutral. Porque, ¿quién iba a imaginarlo? Eso ni Draco ni Goyle se lo pueden recriminar. No es culpa suya que la Sabelotodo además de follar también sepa hablar.
Decide darse una ducha, que ya es algo mecánico, una rutina que comenzó la primera vez que quiso librarse de los restos de la Sangre Sucia. Pero Pansy está cansada de que no dé resultado. Da igual lo mucho que frote. Cuando acaba, se mira en el espejo esperando encontrar a la Pansy de siempre, pero lo único que le devuelve su reflejo es una lágrima en caída libre por su mejilla. Solamente entonces lo entiende. Porque el agua es un elemento purificador, pero hay una cosa que nunca será capaz de limpiar: el amor.
