Scalet pegaba grandes zancadas que resonaban en el suelo al dirigirse hacia los aposentos de los jóvenes. Elfman había pasado la noche junto a sus hermanas para prevenir que nada les pasara después de la borrachera, el hombre dormía plácidamente cuando un grito de la pelirroja proveniente del exterior lo despertó.

—¡VOY A MATARLES! ¡VOY A MATARLES! —repetía la joven sin cesar como si le hubieran dado cuerda.

El albino miró a sus hermanas adormilado y de golpe, recordó el motivo de su presencia en el cuarto de las jóvenes. «Maldita Titania gritona ¿a quién querrá matar ahora?» pensó el joven malhumorado por la falta de sueño. Lissana se sentó en la cama aún con los ojos a medio abrir y se los frotó con una mano, una Mira durmiente gruñó en sueños ante la interrupción de la calma de su descanso por los chillidos de la pelirroja retumbando en las paredes.

—¡Elf! ¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó Lisanna desorientada. Mira se removió en su cama y Elfman le hizo un gesto con el dedo mandando silencio.

—¡Shh! La vas a despertar. —miró seriamente a su hermana pequeña— Nee-san ¿desde cuándo bebes? Anoche lo pasé mal cuidándolas, menos mal que soy todo un hombre que protege a sus hermanitas.

Lisanna se tapó la boca, de pronto recordó el momento en el que las chicas empezaron a beber incitadas por Cana y a realizar confesiones demasiado privadas. La noche danzaba en su memoria como un lienzo a medio hacer, entre borrones y bocetos de lo sucedido. Entonces, un vago recuerdo apareció en su cabeza... vio a Natsu tirado en el suelo con la camisa alzada, rodeado de personas y suplicando la liberación... «¡Oh, no! No podré mirarle a la cara nunca más» pensó la muchacha. Si las paredes de la habitación fueran coloradas, perfectamente podría haberse camuflado entre ellas debido al rubor de sus mejillas. Inconscientemente, gritó... y despertó a Mira.

—CALLAOS. —la mayor de los Strauss había golpeado la pared malhumorada y una brecha surgió desde el punto del golpe hasta el techo.

Mirajane sentía un agudo dolor en su sien, un malestar por todo su cuerpo como si no hubiera parado en toda la noche y una sensación extraña por dentro. Se percató de la presencia de su hermano, sorprendida y algo más despierta, calmó el demonio enfurecido de su interior y adoptó su característica sonrisa.

—¡Qué sorpresa hermano! ¿Qué haces aquí?

Elfman suspiró,era obvio que el alcohol provocaba amnesia a sus hermanas. Con pocas ganas, procedió a relatarles lo sucedido la noche anterior...

Wendy y Charle habían salido corriendo de la cama para ir tras Erza y frenar su enfado, a la vez que una resacosa Cana las seguía a paso lento. La niña no paraba de llamar a la pelirroja, pero la ira de Scarlet era tan intensa que le ensordecía el entorno. De una patada destrozó la puerta de la habitación, chillando las maneras en las que iba a castigarlos. Erza ya no iba bebida, pero la confusión parecía permanecer en la sangre de sus venas, ya que la puerta que acababa de romper no era la de la habitación de sus amigos, sino la de un matrimonio de mediana edad que pasaba su aniversario en el balneario. Los dos individuos la miraban horrorizados, con los cuerpos sumidos en un tembleque incesante.

—L-lo siento. Me he equivocado de puerta. —dijo avergonzada la pelirroja con un intento de sonrisa agradable, que en realidad más que simpática parecía una psicópata, al tiempo que colocaba de nuevo la puerta en su sitio intentando que se mantuviera intacta. Salió lo más rápido de allí y se chocó con Wendy.

—Erza, escucha ellos no...

—¡Calla, Wendy! No intentes salvarles el culo. —la interrumpió deshaciéndose de la mano de la niña que intentaba pararla— ¡Es ese! —señaló hacia una habitación con la puerta entre abierta que había al final del pasillo.

En esta ocasión, Titania acertó en su objetivo, Wendy intentó sujetarla, pero Erza frenó en seco justo antes de adentrarse en el cuarto al contemplar la escena de su interior estupefacta. «¿Qué es esto? ¿Una bacanal? ¿Qué hacen Lucy y Juvia aquí? Y... puaj Ichiya..», pensó la chica entre asqueada y curiosa.

—No importa... ¡OS VOY A MATAR!

Volvió a su grito de guerra, la dragón slayer del cielo la agarró entre sus brazos, pero Erza era demasiado potente para la fuerza de la niña. Velozmente, se abalanzó hacia los chicos y sin dudarlo, comenzó a dar golpes a diestro y siniestro. Cana llegaba en ese momento tras los pasos de sus amigas, con una sonrisa divertida abrió una cerveza, al tiempo que Wendy y Charle se desvivían por hacer entrar en razón a su amiga, los golpes volaban, la situación se desmadraba y las chicas se habían despertado completamente perdidas ante la situación.

—Creo que empieza el espectáculo. —dijo la tarotista divertida mientras pegaba un sorbo a su bebida.

Mientras todo esto sucedía, en el comedor Levy intentaba aclarar la situación y convencer a Bob para que los perdonara. El maestro de Blue Pegasus tenía la mirada plagada de decepción, pero les dejó hablar por los años de alianza con el gremio de Fairy Tail.

—Si han sido ellas, podrían arreglarlo ellas también. Son fuertes. —afirmó un Happy con la cabeza llena de chichones de los golpes que Gajeel había arremetido contra él.

—Siendo francos Gajeel, en realidad tú también has roto la puerta y deberías comprometerte a arreglarla. —le recriminó Levy a su amigo.

—¡Eh! Fueron estos imbéciles que se lanzaron a mi cuarto, a mí no me culpes. Para una vez que no la lío...

—Bueno, bueno. No me importa quién haya sido. La cuestión es que quiero que os reunáis y lo solucionéis. Y por favor, no destrocéis nada más... ¡ah! Y llevarme hacia donde esta Ichiya.

Los jóvenes tragaron saliva, no sabían si en las condiciones en las que se encontraba el pelirrojo de Blue Pegasus eran las adecuadas para que lo viera su maestro, pero al fin y al cabo no podían desobedecerle.

—¡Aye sir! —contestaron el cuarteto al unísono, adelantándose a la contestación de Happy con tal de imitarle y hacerlo rabiar.

Así, se dispusieron a encaminarse al cuarto de los chicos cuando una llamada sonó dentro del escote del maestro, pues Bob, como dueño del establecimiento, llevaba siempre que entraba un teléfono para comunicarse con los guardias si algún incidente sucedía. Lo que no sabía el maestro, es que los guardias pasaban la mayoría de su tiempo durmiendo y solamente acudían cuando se les llamaba, aunque hay que admitir que prácticamente esta era su primera vez, ya que se trataba de un local muy tranquilo donde nunca pasaba nada.

—¡Maestro Bob! Hemos recibido una llamada de un matrimonio que dice haber sido atacado por una loca pelirroja. Y en efecto, nos dirigimos hacia el ala este donde se escucha mucho barullo. Algo nos dice que necesitaremos refuerzos.

—¡ERZA! —gritaron los jóvenes horrorizados. Parecía que todo iba de mal en peor.

Bob les clavó una mirada de desaprobación y enfado muy impropia en él, les hizo un gesto para que le siguieran y se dirigieron con paso acelerado hacia el problema. Tenía muy claro que esta vez, el gremio de las hadas iba a pagar con algo más que los gastos.

Lucy y Juvia habían intentado salir de la bola de lucha que se había creado entre Titania y los chicos, no sin antes recibir algunos puñetazos de la pelirroja. La joven del agua, se empeñaba en ir a rescatar a su Gray-sama, pero la rubia sujetaba a su amiga para que no saliera más malherida de lo que ya estaba. Wendy miraba desesperada, la habitación era una isla derruyéndose entre fuego, hielo, destrozos y el agua de las lágrimas de la sofocada Juvia. Los chicos no sabían el por qué del ataque, pero nunca rechazaban un buenos días entre peleas. Ichiya, por su parte miraba atemorizado las condiciones en las que estaban quedando su adorado establecimiento «Tengo que hacer algo, meeeeeeeeeeeeeeeeeeen», pensó.

—Erza, cariñooooo. Si paras ahora te invitaré a cenar a un sitio precioso.

—Fuera de mi camino. —dijo la pelirroja con una mirada oscura apuntando con una espada al hombre, quien decidió dedicarse a intentar controlar a Natsu y Gray, ya que Titania era indomable para él.

—Juvia... —la rubia miró a su amiga con aquel sexy camisón que llevaba y recordó el momento de la noche en el que bajo el influjo de la bebida, la de cabellos como el mar se había quitado su modesto pijama para colocarse el ceñido camisón que ahora llevaba y conquistar a Gray. «¿Qué hemos hecho? Es todo muy confuso, tengo imágenes desordenadas en la cabeza y recuerdo cosas que... espero que nunca hayan pasado".

—¡Kyaaa! —Juvia se percató de su indumentaria y se tapó como pudo— Juvia está medio desnuda. ¡Gray-sama ayuda a Juvia a taparse entre sus brazos o desvístela del todo! —dijo con la cara enrojecida mientras meneaba el trasero como un perrito feliz, mientras Lucy la miraba incrédula.

En ese momento llegaron dos guardias con pistolas de descargas eléctricas a detener la pelea, aunque los chicos ni se percataron de la presencia de éstos y fueron esquivados como si no existieran.

—Oigan, les exijo que paren esto o...

¡PLAF!

La pelirroja le dio un manotazo, borracha de ira como estaba actuaba sin pensar y sólo había cabida en su mente para castigar a sus amigos. El guardia cayó al suelo abatido y su amigo temió intervenir, por lo que se arrinconó en el suelo junto a Cana a la espera de que el jefe llegara y pusiera orden a la situación, la morena divertida le ofreció su cerveza y el guardia la ingirió de un golpe.

—Menudos guardias... —musitó Charle con desprecio.

Todos siguieron con la pelea, Wendy ideaba un plan con las chicas en ese instante cuando fueron interrumpidas por una voz que reconocían muy bien y que a diferencia de otras veces, ahora sonaba amenazadora.

—¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAALTO! —todos dejaron lo que estaban haciendo, incluso Erza que sujetaba a Natsu a punto de darle un golpe. Bob los miraba con el ceño fruncido a punto de explotar.

En ese momento, los hermanos Strauss se aproximaban con paso ligero hacia el cuarto al ver a sus amigos en la puerta junto a el maestro de Blue Pegasus. Mirajane se apresuró a sus hermanos arrepentida, pues veía en el maestro el enfado y deseaba responsabilizarse de sus actos.

—Maestro Bob, Erza y yo... —la joven se silenció al visionar el estropicio que sus amigos habían ocasionado en la habitación.

Podían verse espadas clavadas en la pared, la cortina estaba en llamas, el suelo se llenaba de humedad y resbalaba debido a algunos charcos, así como trozos de hielo incrustados en el techo como si de una cueva glacial se tratase. Y si la habitación presentaba un mal aspecto, la imagen de sus amigos magullados y con los ropajes destrozados no mejoraba la situación...

—Ya sé que anoche tú y la señorita Scarlet destrozasteis el ala oeste. —dijo Bob con la voz más calmada ante los ojos suplicantes de la joven.— Pero, ahora me encuentro con que el ala este también está en las mismas condiciones y de nuevo, Scarlet está implicada...

—¿QUÉ? —gritó Erza desorientada, miró a su amiga albina y ésta asintió con la cabeza.

—Gremio de Fairy Tail, —anunció con solemnidad Bob.— como Makarov no os acompaña, me veo en la obligación de ejercer como vuestro tutor debido a mi condición de maestro e implantaros un castigo proporcionado a vuestros actos bandálicos. Desayunad para coger fuerzas, ducharos, vestiros y lo que haga falta. En dos horas os quiero en recepción. —Miró al integrante de su gremi,o— Ichiya, querido. Tápate tus vergüenzas, tengo una labor para ti también. —el maestro salió por la puerta junto a Ichiya y se marcharon, ante la mirada entre deprimida, avergonzada y agotada de las hadas.

—Ayyy... va a echarnos de aquí. —dijo Lucy tirándose en el suelo totalmente deprimida.

El gato azul se fijó en ella y con una carcajada de dijo:

—Así que Natsu es guapo, ehhhh.

La rubia lo miró desconcertada «No me jodas que anoche dije eso», el gato ante el desconocimiento de la chica le hizo un gesto con la pata señalando su mejilla mientras meneaba la cola divertido. La muchacha se acercó a un trozo de cristal de espejo que había caído cerca de ella y se miró la mejilla. Emitió un grito al ver la frase que tenía retratada en su cara y se dirigió al cuarto de baño corriendo para borrarla, mientras Happy rodaba por el suelo muriéndose de risa.

—Al final, todo el esfuerzo ha servido en vano. —dijo Levy entristecida. Se había acostumbrado a su estancia en aquel lugar y le agradaba estar allí todos juntos, le daba la sensación de que experimentaban una especie de vacaciones, a pesar de que sabía que todo formaba parte de una misión.

Gajeel se percató de la tristeza de la chica, con tal de animarla a su manera rodeó su brazo por el cuello de ésta y estrujó su cabeza contra su pecho.

—Venga enana, encontraremos otro sitio guay donde quedarnos hasta que llegue el día de rescatar al viejo.

—¡Ayyyy! Gajeeeel, me aplastas la cabeza. —dijo la chica separándose un poco del cuerpo del joven, pero lo justo como para mantenerse pegada a él. En el fondo, le agradaba esos intentos rudos del joven por hacerla reír. Happy se les acercó intentando ser disimulado y los miró con picardía, antes de que pronunciara palabra ambos jóvenes le chillaron al mismo tiempo que se callara.

—Sí, sí... pero seguís abrazaditos. —murmuró el minino en un tono casi inaudible.

Todo el gremio se dispuso a obedecer las órdenes del maestro y se dirigieron a organizarse el tiempo que les quedaba por la mañana, antes de abandonar su estancia.

El gremio de Fairy Tail mostraba una imagen que perfectamente podría haberse confundido con los típicos discursos que se dan en el ejército cuando un superior instruye a sus cadetes. Cada uno de ellos, se ubicaba mirando al frente formando una fila, mientras Bob procedía a darles una serie de órdenes.

—Debido a los años de amistad y alianza con vuestro gremio, he decidido que no voy a expulsaros de mi establecimiento.

—Guay, nos vemos luego entonces. —se apresuró a decir Natsu, quien parecía no comprender la gravedad de los hechos. Titania le impidió su marcha agarrándole del brazo y casi sin despegar la boca de los labios le susurró:

—Tú no te mueves de mi lado.

—Bien, —tras la interrupción, Bob siguió con su explicación— como es evidente, no puedo dejaros ir de rositas, ya que os hemos acogido gratuitamente en un hotel que proporciona mucho dinero a nuestro gremio y no puedo permitir que permanezca en estas condiciones. Así pues, he decidido que todos vosotros vais a realizar la rehabilitación de mi centro. Como castigo, no sólo arreglareis aquello que habéis destrozado, sino que también vais a remodelar algunas zonas para mejorarlo. Tenéis dos semanas e Ichiya será el encargado de supervisar vuestro trabajo. ¡Ah! Y nada de usar magia, lo arreglareis con vuestras manos.

Todos asintieron un poco a desgana, pero agradecidos por haber sido en cierta manera perdonados. Bob se acercó a las chicas que no habían sido participes de los destrozos y con su particular dulzura a la hora de hablar añadió:

—Sé que vosotras no habéis sido responsables de este embrollo, pero esto os beneficiará para desarrollar un trabajo en equipo más efectivo. No me falléis, queridas. —lanzó un beso al aire a modo de despedida y se marchó.

Ichiya comenzó a dar órdenes para que todos se organizaran y nombró a Erza capitana con tal de que la pelirroja le ayudara a evitar el caos, hizo hincapié en la necesidad de no malgastar el material con el que contaban, ya que de ser así tendrían que ir al pueblo a por más, pues iban escasos de pintura, escobas, herramientas y demás. Y, dividió a los jóvenes para que cada uno realizara un trabajo por grupos.

Mientras, las conversaciones hacían más ameno el ambiente. Los hermanos Strauss estaban colocando la puerta de la habitación de Gajeel, cuando el joven reprochaba a sus hermanas el comportamiento de la noche anterior.

—¡Nee-san! Eres muy joven para interesarte por chicos. ¡Nii-san! No... no es cierto que ya has estado con un hombre ¿verdad? —las chicas miraban con desaprobación la actitud de su hermano mediano.

—Pues... bueno, ya sabes que de adolescentes salí con Freed un tiempo y... pues surgió —el joven se paralizó congelado, deseaba no haber escuchado la confesión de su dulce hermanita y se juró que golpearía a ese idiota cuando lo viera.

—¡Pero Elf! No puedes prohibirnos que estemos con hombres, somos mujeres y crecemos... — reprochó Lisanna y bajando la voz como para sus adentros murmuró— Además, como si tú y Ever nunca hubierais hecho nada...

El albino se sonrojó al recobrar la imagen de su último encuentro con la dama de la mirada de piedra, toda estirada sobre la cama con aquel conjunto de encaje y las medias hasta los muslos, mirándole con ojos suplicantes y labios ansiosos que exigían su compañía. Bramó un grito intentando apartar el recuerdo de su mente y empezó a golpear con el martillo los tonillos en la puerta incesantemente.

—¡EEEEELF! Romperás la puerta. —gritaron sus hermanas.

Por otro lado, las chicas debían de dedicarse a pintar las paredes y mientras esperaban que los chicos les trajeran rodillos para llegar a los lugares más altos, pintaban como podían con unas pequeñas brochas al tiempo que conversaban.

—Lu-chan tengo que contarte algo. —susurró despacito Levy a su amiga. Tenía ganas de compartir con ella la experiencia de haber dormido abrazada a Gajeel, pero no se sentía preparada para que el resto de chicas lo supieran.

—Yo también tengo que contarte cotilleos jugosos. —la rubia se arrimó a Levy para relatarle algunas de las cosas que había descubierto la noche anterior sobre sus amigas— ¿Sabes? Erza y Jellal lo hicieron en la orilla del mar un día al atardecer y desde entonces, no deja de pensar en él y siempre que pueden se envían cartas y...

—¿Qué estáis diciendo sobre mí? —la pelirroja, que había ido a acompañar a los chicos acababa de llegar y les miraba cual perra rabiosa dispuesta a morder en cualquier momento. Las chicas negaron hablar sobre ella y por una vez la pelirroja les perdonó, quizá porque no era cuestión de acarrear más destrozos...

Levy se quedó sin rodillo para pintar la pared y empezó a dar saltitos con la brocha para llegar a las partes más altas. Gajeel que la observaba se río de su amiga, y de pronto la chica se vio alzada en el aire, pues el dragón slayer de hierro la tenía cogida de la cintura desde atrás y la elevaba para que pudiera pintar.

—Enana, te hacen falta unos centímetros más para esta tarea. ¡Gehe! —la chica sentía sonrojar sus mejillas al estar sujetada por Gajeel y le pidió que le bajara, pero el chico se negó al tener una buena vista de su trasero que quedaba cerca de su cara.

—¡Dáme eso! —gritó Gray quitándole una escoba que tenía Natsu.

—¿Qué coño quieres exhibicionista? Tú tienes que picar el hielo, barrer ahora me toca a mí.

Los dos jóvenes peleando por una escoba acabaron tropezando y provocando una caída efecto dominó, ya que Gajeel estampó en lo alto a Levy contra la pared y el rostro del chico quedó pegado a los glúteos de la joven, por lo que ella emitió un ruidito de vergüenza. Intentándose separar del trasero de la muchacha, se apartó hacia atrás bruscamente al tiempo que la agarraba con un brazo su cintura para no lastimarla, justo en el instante en el que Cana entraba por allí con un gracioso gorrito que había ido a comprar, gracias al cual podía continuar bebiendo sin necesidad de usar las manos, ya que el gorro contenía un soporte para colocar latas y una pajita incorporada que le llegaba hasta la boca. La joven iba tan feliz de hallar una solución a su vicio, que entraba canturreando con los ojos cerrados, razón por la cual no vio a los jóvenes caer sobre ella. Gajeel había perdido el equilibrio y para sujetarse lanzó una de sus manos en busca de un soporte seguro, con la mala suerte de ir a parar sus dedos al bikini de la borracha, evitando la caída inconscientemente se agarró a la tela que cubría los senos de la morena, pero su bikini no aguantó el peso de Gajeel y Levy abalanzándose sobre la muchacha, en cuestión de segundos los dos habían caído sobre Cana de espaldas, quien había perdido la parte superior de su indumentaria y sus pechos eran censurados por la larga melena del dragón azabache.

Del impulso, Gajeel había colocado a Levy sobre él y sin pretenderlo estrujaba con su mano uno de sus pechos. La peliazul reaccionó rápido, golpeó al joven enrojeciendo aún más su cara y se levantó del suelo acudiendo muerta de vergüenza a abrazar a su rubia amiga, intentando ocultar la cabeza en ella. Gajeel, más rojo que un tomate fulminó con la mirada a los dos que habían acarreado su vergüenza.

—¡JAJAJAJA! —Cana no paraba de reír en el suelo— Iba a decirte que te habías equivocado de tetas al quitarme el bikini, pero veo que has aprovechado la situación muy bien, eeeh pillín.

—¡CÁLLATE Y VÍSTETE! —gritaron Levy y Gajeel a la vez.

El moreno se lanzó a golpear a Natsu y Gray, quienes ahora en vez de luchar por una escoba estaban en el suelo muriéndose de risa.

—¡CABRONES! Por vuestra culpa he tocado eso —dijo Gajeel rompiendo la escoba en la cabeza del pelirosado.

Levy esta vez estaba roja de furia, otra vez ese necio de Gajeel volvía a insultar su pequeña anatomía, aunque en realidad el joven hablaba sin pensar y se estaba refiriendo a los pechos de Cana. La muchacha del pelo azul agarró su brocha, la lleno de pintura y sin pensárselo dos veces la lanzó en dirección al dragón slayer de hierro, el joven sintió como algo le giraba la cara. Sin duda, la chica tenía puntería pues Gajeel había recibido su primer guantazo a través de una brocha de pintura lanzada en la distancia. Los chicos se reían de él, Levy le quitó a Lucy su rodillo y se dispuso a continuar con su ataque mientras Gajeel no entendía nada.

—Enana.. ¿qué... —la chica le estampó el rodillo en la cara.

—¡Deja de meterte conmigo! ¡Estúpido! —Gajeel se lo intentó quitar, pero era difícil puesto que ella no paraba de golpearle y cuando él la agarró en volandas intentó huir pataleando en el cuerpo del chico.

En una de esas patadas acabaron por liarla por completo...

En ese momento, Erza e Ichiya entraban por la puerta, después de haber ido a visitar a los hermanos albinos para llevarles más materiales. Se encontraron con todos sus amigos haciendo de todo menos trabajar, Natsu y Gray ahora peleaban con la mitad de una escoba cada uno, la disputa entre Levy y Gajeel se encontraba en ese justo momento paralizada, puesto que habían derramado el bote más grande de pintura y todo el suelo se bañaba de blanco, e incluso los jóvenes se habían manchado la ropa y salpicado en sus cuerpos. Ambos miraban horrorizados a la pelirroja, cuya mirada podría haber sido perfectamente la viva imagen de uno de los demonios de Zeref.

—¡¿QUÉ COJONES ESTÁIS HACIENDO MALDITOOOS?! —la pelirroja empezó a golpear adiestro y siniestro— VOSOTROS —señaló a Natsu y Gray— VAIS A ESTAR TODO EL DÍA BAJO MI SUPERVISIÓN, NI SE OS OCURRA SEPARAROS DE MÍ, CABRONES. Y VOSOTROS DOS —señaló a Levy y Gajeel— ID INMEDIATAMENTE AL PUEBLO A COMPRAR MÁS PINTURA Y MATERIALES. AHORA MISMO.

—Pe-pero.. vamos llenos de pintura ¿no podemos cambiarn... —intentó replicar Levy.

—¡QUÉ VAYÁIS, HE DICHO!

Levy miró mal a Gajeel y con el gesto enfurruñado, ambos jóvenes abandonaron la sala mientras caminaban pegados el uno junto al otro y discutían en voz baja para que Erza no les escuchara. Los dos machos Exceed los miraban marcharse cuando Happy se acercó a su amigo felino y le susurró en tono divertido.

—Al final, esos dos se han quedado solos. Podría decirse que acaba de empezar su primera cita —dijo el gato azul mientras veía a la pareja abandonarla sala. No cabía duda, de que podían discutir todo lo que quisieran y aún así, era evidente que ese par se gustaba. El gato se lamentó de no poder espiarlos en su viaje, pero se complació al pensar que cuando volviera podría atormentarlos con sus bromas.