Mientras caminaban con paso dubitativo por delante de la supervisión de los guardias, tanto Levy como Gajeel mantenían la mirada fija en el horizonte, sin meditar palabra ni dedicarse mirada alguna. Como dos autómatas seguían el rumbo marcado intentando no trasmitir ningún tipo de emoción en el rostro, como si lo que acababa de suceder no fuera con ellos. Como si no hubiesen estado a punto de besarse, como si no hubiera sucedido absolutamente nada.

En cada paso del trayecto, a Levy le temblaban las piernas. Ella era el tipo de chica que en el pasado dicho temblor se produciría por estar bajo arresto debido a la infracción de la ley. Como un terremoto nacido desde su vientre, las vibraciones le recorrerían de la cabeza a los pies sólo de pensar la fulminante mirada de Erza cuando se enterara de lo sucedido. El corazón le palpitaría tan fuerte que creería que en cualquier momento se le escaparía del pecho, por el miedo que le despertaba la visión de un brillante futuro quebrado por un pequeño antecedente penal que pudiera manchar su impoluto expediente.

Pero, a la Levy de ahora nada de eso le importaba, pues la razón que despertaba el temblor de sus piernas no era el miedo, sino la emoción de aquel casi beso. A su alrededor, no veía a los adultos que la juzgaban por andar esposada junto a unos guardias, tampoco sentía las gotas de lluvia acariciando su piel, en su mente sólo vivía una y otra vez la imagen de los labios de Gajeel respirando tan cerca de los suyos como si de una película a cámara lenta se tratase. Sin embargo, lo miraba de reojo y su porte serio la devolvía a la realidad como un jarro de agua fría. «No seas tonta, Levy. Han sido alucinaciones tuyas, Gajeel no tiene el mínimo interés en ti, de ser así no estaría tan frío ahora mismo», se decía la joven una y otra vez.

Lo cierto es, que Gajeel no podía mirar a su enana ni si quiera por el rabillo del ojo, tal y como hacía ella. Puesto que, se sentía abochornado por su apasionado comportamiento y no quería ni imaginarse lo que debía de estar pasando por la mente de ella, mucho menos cuando ni siquiera él mismo sabía qué pensar y cómo comportarse. Por un error, ahora Levy se encontraba en un aprieto, ya que su expediente podía verse afectado por aquella «estúpida ocurrencia de salir por patas con la compra». Intentaba no mirarle a los ojos, no sólo por ser la causa que ensuciaría su carrera como maga, también porque no era capaz de mirarla sin ruborizarse tras aquel intento de beso. Por ello, mantenía sus esferas rubí al frente tratando de no expresar emoción alguna y apretando la mandíbula con tanta fuerza que todo su rostro dibujaba una imagen de antipatía pura.

Cuando menos se lo esperaban, llegaron a un edificio blanco donde los guardia les indicaron la entrada, la cual traspasaron rápidamente hasta llegar a un pasillo con varias celdas a cada uno de los lados. Caminando alrededor de las celdas, pudieron divisar que en su interior habían algunos individuos de aspecto nada agradable, uno de ellos silbó cuando Levy pasó por su lado a lo que Gajeel respondió inconscientemente con un gruñido amenazador, cosa que la despertó de sus pensamientos y buscó una mirada cómplice del chico, pero al no encontrar nada volvió a agachar la cabeza decepcionada. Cuando llegaron hasta la última de las celdas el guardia les quitó las esposas y les hizo una seña para que entraran.

—Esperaréis aquí mientras nos ponemos en contacto con el responsable de vuestro gremio en ausencia de vuestro maestro. Así, certificaremos vuestra identidad para asegurarnos de que sois quien afirmáis ser.

Tragaron saliva al imaginarse el momento en el que la ira de Titania cayera sobre ellos. Entraron en silencio y se sentaron cada uno a un extremo sin mantener contacto visual, afortunadamente no tenían que compartir la celda con ningún desconocido que pudiera aumentar la incomodidad. «Aunque, afortunadamente no sería el término adecuado cuando Gajeel actúa como si no existiera...», meditó la joven. El habitáculo era pequeño, frío y pobre en elementos que lo hicieran a la vista más agradable, pues su interior sólo contenía un banquillo que posiblemente antaño fuera blanco, aunque en la actualidad mostraba un aspecto mugriento que no invitaría ni a un exhausto caminante a aposentar su cansado trasero.

Justo en el lado de Gajeel, a sus pies, había un montón de harapos que seguramente hacían función de manta para los presos que esperaban su veredicto antes de ser trasladados a la prisión nacional. Gajeel concentró con disimulo la mirada hacia Levy, evitando a toda costa encontrarse con su rostro. Pudo divisar parte de sus descubiertas piernas hasta el final de sus minúsculos pies atados a aquellas veraniegas sandalias de color madera, en sus blancos muslos aún podían apreciarse las gotas de la lluvia a medio secar que habían calado en su cuerpo, tenía la piel de gallina debido al contraste con el airea condicionado de la sala. Gajeel devolvió la mirada a los harapos del suelo, que aunque anti estéticos, parecían calentitos. Como una pelota revotando en la pared, alternaba la mirada entre los harapos y las humedecidas piernas de Levy, una y otra vez, intentando tomar una decisión mientras de fondo escuchaba sin pretenderlo la conversación de los guardias, que animados parecían comentar la aparición de un mago peligroso por los alrededores como se habla del asesino de las películas de terror cuando sólo es un mero rumor. Finalmente y acompañado de su mal carácter, agarró de mala gana los harapos del suelo y con un gruñido los lanzó hacia Levy, por supuesto sin mirarle a la cara. Los depresivos pensamientos de la muchacha fueron interrumpidos al instante y giró su rostro asombrada hacia el perfil serio de Gajeel, con un creciente rubor en las mejillas dibujó una pequeña sonrisa en el rostro.

—Gr-gracias

¡Bang!

En cuestión de un par de segundos, los dos guardias que los custodiaban yacían en el suelo inmovilizados debido a la magia emergente de un individuo que se encontraba sentado sobre la espalda de uno de los guardias que estaban en el suelo. Gajeel y Levy tenían la mirada clavada en el hombre en posición de alerta, dispuestos a hacerle frente sólo como los magos de Fairy Tail saben hacerlo. El azabache reconoció a la perfección al hombre que los miraba desafiante e intensificó la tensión de sus músculos. «Ese es el imbécil que ha silbado a Levy antes».

—Resulta gracioso escuchar como comentáis la existencia de un peligro sin ni si quiera cercioraros de su presencia. Es lo que tiene la gente corriente como vosotros, que no sois capaces de oler la magia en la distancia. —sus ojos se clavaron en la joven— Hola preciosa, en cuanto te he visto sabía que te tendría en mis manos. —Gajeel apretó la mandíbula y Levy le mantuvo la mirada con valentía— Digamos que me gustan las chicas menudas son más... —la chica comenzó a sentir una presión en su pecho y le costaba respirar, razón por la cual sus rodillas se doblaron y cayó al suelo— manejables.

El hombre rompió a reír sin cesar sintiendo un poder descomunal tal y como experimentaba siempre que tenía a una pobre chica a su merced, pues el individuo en realidad era un conocido criminal que se dedicaba a dejar inconsciente a jovencitas con su magia con la que había logrado escapar en más de una ocasión de la prisión. Aunque, antes de que pudiera abrir la boca para pronunciar palabra, Gajeel ya había arrancado los barrotes de la celda abalanzándose contra él asestándole una incesante oleada de golpes con sus puños de hierro.

—¡NO TE ATREVAS A TOCARLA! —gritó el dragón slayer encolerizado.

Levy recuperó la compostura, aunque por poco tiempo, pues en cuanto observó al joven enloquecido dejándose llevar por la ira no pudo evitar quedarse boquiabierta, tal y como los anonadados guardias se mostraban en aquel momento, pues no sabían si intervenir para evitar que Gajeel matara aquel hombre o no inmiscuirse en sus asuntos debido al respeto que despertaba la furia del azabache.

—¡Dices que las personas corrientes no son capaces de percibir tu poder, pero no será tan grande tu magia cuando los de Fairy Tail no podemos sentirla! —le asestó un golpe en el estómago que arrancó una arcada sangrienta en la garganta del enemigo, éste intentó deshacerse de la rabia de Gajeel para contraatacar en la distancia a Levy, pero el chico de hierro tenía todos los sentidos centrados en protegerla, anticipándose a sus actos Gajeel lo cogió del cuello y antes del golpe final que dejaría al malhechor inconsciente le susurró con voz amenazante al oído— Te he dicho que no puedes tocar a MI enana.

El criminal cayó en el suelo completamente abatido ante la incrédula mirada de los guardias que yacían paralizados. Sin duda, no habían mentido. Era evidente que ellos formaban parte de Fairy Tail. Rápidamente, procedieron a buscar una celda adecuada para frenar la magia a la espera de que el Consejo decidiera actuar con aquel criminal. Entonces, Levy y Gajeel volvían a encontrarse a solas. Por un instante, se miraron y apartaron la vista tan rápido como la habían alzado. Levy se sentía mediocre, de nuevo había sido un estorbo ante un problema que ni si quiera había sido posible de solventar. Se sentía una carga para los demás, quienes siempre tenían que estar alerta para protegerla de cualquier peligro. «¿Cómo va a querer Gajeel a alguien como yo?». Cada latido de su corazón le pesaba más, cada tic-tac de su interior le recordaba que jamás sería una maga respetable y poderosa. «Jamás estaré a la altura de Gajeel».

—Me estás costando de criar ¡eh, enana!

Él le dedicaba una sonrisa ladeada, como sólo él podía hacerla. Ese tipo de sonrisa que la hacía suspirar cuando navegaba el recuerdo por su memoria. Ella sentía que lo había defraudado y que la frialdad todavía lo envolvería más. Y sin embargo, Gajeel había dejado apartada la seriedad de minutos antes para acariciarla con aquella seductora sonrisa que lo caracterizada. Levy se la devolvió y dio unos pasos hacia él hasta colocarse a su lado. En aquel momento entraba por la puerta un hombre de mediana edad que parecía ser el jefe, pues caminaba por delante de los guardias que los tenían en vigilancia.

—¿Así qué tú eres el joven que ha aturdido al Asaltante Sigiloso? —Gajeel supuso que se trataba del individuo y asintió con una medio mueca— ¿Y también eres el joven que ha huido con materiales de una tienda? —en esta ocasión fue Levy la que asintió con el rostro serio.— Bien... bien... he revisado vuestro historial y a parte de pertenecer al gremio de Fairy Tail, en este último año habéis ofrecido un buen servicio al gobierno. La señorita McGarden tiene un expediente impoluto y el señorito Redfox... bueno. —Gajeel bufó y alzó los ojos al techo a desgana— En fin, lo que quiero decir es que después del servicio ofrecido por nuestros pequeños delincuentes... creo.. creo que lo justo es que pidan disculpas a la tienda, paguen los materiales y queden libres de los cargos. No es necesario llamar al Consejo Mágico, ni hace falta que conozcan vuestro pequeño "hurto" ni que sepan que nosotros no mantuvimos las pautas necesarias para un preso con categoría de mago. Lo dejaremos en que todos cometemos pequeños errores que no tienen por qué salir a la luz.

Levy se disponía a recriminarle su comportamiento poco responsable, cuando Gajeel le propició un pequeño codazo para que se callara y evitar más problemas. Con la aprobación del inspector se dispusieron a marcharse antes de que anocheciera, justo en el momento en el que un torbellino pelirrojo irrumpía en la sala con el rostro endemoniado.

—¡CABRONEEEES! —Erza no dudó en asestar un golpe en el cráneo de Gajeel— ¡OS MANDO IR A COMPRAR Y NO SÓLO OS PASÁIS TODO EL DÍA POR AHÍ HUYENDO DE VUESTRAS RESPONSABILIDADES, SINO QUE ADEMÁS NO TENÉIS OTRA COSA QUE HACER QUE ROBAR!

La pelirroja golpeaba sin cesar a un Gajeel que cada vez se enfurecía más e intentaba responder a los golpes, al tiempo que Levy lo bloqueaba como podía y el inspector y los guardias intentaban paliar la situación. Tras Erza, un grupito formado por Natsu, Lucy, Happy y Lily apareció por la puerta, los exceed se divertían ante la escena, Lucy miraba preocupada y el pelirrosado se decidió a intervenir en la pelea, aunque no precisamente para ponerle fin.

—Enana suéltame, esta loca merece morir. —Gajeel se dirigió hacia Natsu— Y tú ¿qué cojones haces aquí?

—Cállate imbécil, para una vez que no soy yo quien se mete en líos. —contestó el pelirrosa con tono burlón.

—¿Así qué os habéis escapado para tener una cita? —con el alboroto, Happy se aproximó a la peliazul para incomodarla con sus preguntas, ante su reacción le susurró a Lily con una voz lo suficientemente alta como para que lo escuchara Levy— Te lo dije, se gusssssstan.

—¿Qué dices? ¿Es eso cierto Levy-chan? —insistió la rubia con los ojos como platos de la emoción, la muchacha trataba de negar con las manos y la cabeza, aunque acabó sonrojada al rememorar el momento en el que el azabache por poco la besa.

—¡QUÉ OS CALLÉIS TOOOODOS! —Erza comenzó a propinar golpes a diestro y siniestro hasta que el inspector llamó su atención con el sonido de un silbato.

—¡BAAAAAAAAAAAAASTA! —todos se quedaron paralizados tal y como estaban como si fueran estatuas y lo miraron. Cuando se aseguró de ser el centro de atención, prosiguió con una voz mucho más sosegada— Supongo que usted debe de ser la señorita Erza Scarlet, lamento mucho que haya tenido que acudir hasta aquí consternada. Debo de decirle que la información que ha recibido es errónea, puesto que los dos magos que hemos apresado no son delincuentes sino héroes que han colaborado para la estabilidad del bien común. Le ruego que nos disculpe, pueden llevarse los materiales y volver hacia donde se hospedan sin ningún problema.

Erza se disculpó por el comportamiento de sus compañeros, evitando en cierta medida acarrearse parte de la culpa de lo que acababa de suceder, con una mirada fulminante dio la orden de que abandonaran el establecimiento para regresar. Los guardias y el inspector no pudieron evitar seguirles con la mirada entre asustados, divertidos y sorprendidos. Sin duda alguna, Fairy Tail tenía una fama merecida, las experiencias vividas con ellos nunca dejaban indiferente a nadie.

La pelirroja estuvo durante todo el camino soltando regañinas y sermones que más bien eran una especie de monólogos sin fin donde les explicaba a sus amigos las pautas de comportamiento que debían de tener en la sociedad, todo ello olvidando que ella no era precisamente una especialista en comportamiento ejemplar. Durante el camino, Levy y Gajeel tuvieron que soportar las continuas indirectas del minino azul, unidas a las mirada cotilla de Lucy, a quien la peliazul había aprovechado un despiste para susurrarle al oído lo sucedido en el callejón, razón por la cual la rubia estaba deseando secuestrar a su amiga para que le contara cada pequeño detalle de la experiencia. Todo, claro está, mientras se imaginaba cómo se sentiría ella si se encontrara en una situación similar con Natsu, o más que imaginándosela, deseando experimentar la misma vivencia que su menuda amiga.

A las puertas del establecimiento, y tras un pesado trayecto en el que a punto estuvieron de pelearse un millón de veces los dos dragones slayers, las incesantes regañinas de Erza, la pesadez de Happy o la insistencia de Lucy, todos suspiraron de alivio al dar por finalizada la jornada al tiempo que la Luna empezaba a recobrar el poder en los cielos. A punto de entrar por la puerta, una llamada interrumpió los pasos del grupo.

—¡Levy-swaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaan!

«No, no, no, no, no, no y ¡no!», pensó Gajeel apretando los puños y tensando la mandíbula. Todos se giraron sorprendidos y curiosos, en especial Levy, quien se asombró de tener ante ella a uno de los gemelos del restaurante. La chica hizo un gesto con la mano para que sus amigos entraran dentro y les dieran algo de intimidad para conocer la razón de su visita, un poco a regañadientes se fueron adentrando en el interior del hostal, alargando los pasos y estirando la cabeza, en especial Lucy, para intentar descubrir la identidad de aquel joven. Todos fueron abandonándolos a excepción de los exceed y Gajeel, que miraban desde la puerta a la pareja que se había distanciado un poco de la entrada para hablar a solas.

—¿Puedes escuchar lo qué dicen? —susurró Happy con la boca torcida al azabache, éste negó con la cabeza.— Si quieres, puedo acercarme un poquito para oírlos. Ya sabes, soy un gato. Ese chico no sospechará de mí.

Gajeel gruñó, más por la escena de su enana con aquel joven, que por los comentarios del minino. Observaba sin poder apartar la mirada de ambos, asqueado de los intentos de «ese estúpido camarero» de aclamar su atención. Por un instante, percibió que el chico se aproximaba más de la cuenta y sin darse cuenta, se adelantó un paso al frente con la intención de derribarle si se atrevía a propasarse con su enana. Entonces, vio como el chico le acariciaba la mano que segundos después besó, afortunadamente para después marcharse mientras zarandeaba la mano a modo de despedida. Ella hizo lo mismo y se encaminó hacia la puerta donde se encontraban Gajeel y los exceed con la mirada expectante, el chico intentó fijarse en cada pequeño detalle de la expresión de Levy, la cual para su tranquilidad parecía más confundida que emocionada. Cuando la muchacha pasó por su lado, les deseó las buenas noches algo acelerada con la intención de salir de sus vistas cuanto antes. Con el cuerpo más tenso que los barrotes de hierro que era capaz de crear, Gajeel se armó de valor y pronunció la pregunta que tanto le angustiaba por dentro:

—¿Qué quería enana?

—Emm... me ha pedido que vaya a cenar con él mañana. —le contestó mirando al suelo, aunque notaba la presión de Gajeel igualmente— L-l-le he dicho que vale.

Levy se marchó antes de tener que responder a más preguntas y evitar los comentarios del siempre cansino Happy. Gajeel no podía moverse, trataba de asimilar lo que la enana acababa de decirle sin comprender muy bien el significado de las palabras, como si de pronto su capacidad de entendimiento fuera nula o hablara una lengua totalmente desconocida para él. Sentía rabia, ganas de golpearlo todo y necesitaba chillar. Pero, no podía moverse. Porque sabía que si se movía, se desplomaría del dolor. Sin saber los efectos que tendría, Happy rompió la frialdad del ambiente con una alocada ocurrencia.

—Tienes que ir, Gajeel. Tienes que perseguirlos mañana, será una misión de ninjas en la que nosotros te acompañaremos. Vigilaremos a Levy en la distancia para asegurarnos de que no le pasa nada. —Happy empezó a hacer movimientos de ninja imaginándose la situación y totalmente metido en el papel.

—¿Pero qué dices? —contestó Lily sorprendido por las locas ideas de su amigo.— Gajeel no va a invertir su tiempo en espiar a una ami..

—Es una gran idea. —Lily fue interrumpido por la afirmación de Gajeel, ninguno de los exceed daba crédito a las palabras del azabache.— Sí, sí... Happy, tienes razón. Levy necesita vigilancia, no podemos fiarnos de un desconocido. Definitivamente, mañana la perseguiremos sin que se percaten para asegurarnos de su bienestar.

*Nota de autora: Gracias por leer ^^

¿Qué pasará en el siguiente capítulo? ¿Levy los descubrirá? ¿Conseguirá el camarero conquistarle? ¿Serán unos buenos ninjas? Chan- chaaaan, lo descubriremos en el próximo capítulo xD