*¡Atención! Lemon en este capítulo. Almas puras huid de aquí xD
Sus ojos deberían de estar cerrados. Pero en su lugar, Levy los abría pasmada observando al peliazabache que la besaba apasionadamente con el rubí de su mirada oculto bajo los párpados. Gajeel pudo introducir su suave lengua en la boca de la chica, gracias a que ella se había quedado boca abierta ante el repentino ataque de pasión del joven. Cosa que el chico interpretó como una puerta abierta para dar suelta a la pasión que crecía en su interior desde el mismo instante en el que se había decidido a lanzarse a la piscina. O nadaría en la piel de Levy o se ahogaría. Pero, al menos ninguna voz de su interior le reprocharía su cobardía.
Aunque, la chica tardó en reaccionar. Le costaba entender lo que acababa de suceder, su lógica siempre factible estaba hueca dentro de su cabeza. Habían discutido acaloradamente e —igual de acalorados— ahora sus cuerpos estaban pegados mientras un Gajeel desinhibido tanteaba el terreno buscando la lengua de su enana. Una lengua que no encontraba, una lengua que no reaccionaba, una lengua muerta.
Gajeel captó la indirecta y se dispuso a distanciarse de ella. Levy lo intuyó y despertó de su ensueño. Lo que estaba sucediendo en aquel rincón era real, nada sacado de su imaginación. Gajeel la estaba besando y se iba a separar de ella al sentir su rechazo.
Nada más lejos de la realidad.
Por primera vez en su vida, Levy mandó la lógica a la mierda y antes de que el moreno se separara, le rodeó el cuello con sus brazos y le devolvió el beso con fuerza. Un nuevo escalofrío de energía recorrió el cuerpo del azabache, su Levy ya no le evitaba, ahora jugueteaba con su lengua con torpeza. Y para ser sinceros, Gajeel tampoco mostraba mucha experiencia. Sí, había estado con mujeres, pero llevaba desde que entró en el gremio sin practicar en el arte de los besos y aunque se mostraba seguro, por dentro el alma le temblaba como un flan recién cocinado y dispuesto a ser devorado. Sobretodo, a ser devorado por un hada de menuda estatura que recorría los gruesos labios del joven con su juguetona lengua.
A Gajeel comenzaba a dolerle el cuello y la espalda de estar agachado, así que la sujetó de los muslos y la alzó instándola a que le rodeara el cuerpo con las piernas para sujetarse en él. Levy recordó de pronto, que el vestido se alzaría en aquella posición y que podría verse su ropa interior, avergonzada trató de informar al dragón slayer, pero la mirada de él la silenció.
Sus ojos rojos la contemplaban tan fijamente que Levy deseó apartar su rostro ruborizada, sin embargo, el joven parecía embrujarla de tal manera que no podía evitar mantenerle la mirada a pesar de la vergüenza. Gajeel sentía su pecho temblar ante el contacto de sus cuerpos, acariciaba los muslos desnudos y suaves de la muchacha mientras la sujetaba, sonriendo en sus adentros por lo poco que pesaba y lo manejable que era su enana. No sabía cuánto tiempo dedicó a mirar su precioso rostro, pero era consciente de que solía estropear los mejores momentos con sus palabras, por lo que decidió deleitarse con la cara enrojecida de la chica sin decir nada, absorto en la belleza de su pequeña dama. Aquella a quien sentía que amaba y...
Deseaba.
Los ojos del dragón slayer cambiaron, se dilataron sus pupilas, su mirada se volvió felina. La necesitaba.
Sus instintos de animal despertaron al dragón que vivía dentro de su interior. Dejó de pensar qué era correcto y qué no. Sólo la tenía a ella en mente, a su rostro angelical, a sus hipnotizantes curvas comprimidas en metro y medio de estatura, a su melodiosa voz que buscaba escuchar entre la multitud, a esos labios que lo llamaban para ser mordisqueados, a esos ojos que lo atrapaban.
Rugió, la apretó contra su cuerpo y la beso, esta vez con más fuerza y fuego del que pensaba que tenía. Levy se sorprendió de la fuerza y fiereza de su dulce lengua, pero para su sorpresa, le gustó ese tipo de beso más salvaje. Sin percatarse de sus movimientos y como si unas cuerdas invisibles la dominaran cual titiritero, Levy buscó el contacto de la piel de Gajeel. Comenzó por su cabello, acariciando los mechones negros que le caían sobre el rostro para apartarlos tras las orejas, continuó por sus mejillas hasta pasar por su robusto cuello varonil donde se paró y agarró fuerza separándose por un segundo de él. Quería acariciarle, conocer más de la anatomía que muchas veces se había quedado mirando desde la lejanía, deseaba saber cómo era el tacto de aquellos músculos de acero que se entreveían en la camisa de tirantes negra del chico.
Gajeel aprovechó la separación de Levy para cambiar de destino y centrarse en el fino cuello de la chica, y ella se decidió a pasar los dedos por el torso del joven, acariciando de arriba a abajo, notando sus duros abdominales y pasando también las manos por la tonificada espalda del azabache. A pesar de llevar la ropa puesta, Levy podía notar la dureza de su cuerpo. Gajeel se separó de su cuello y le dedicó una pícara sonrisa. Agarró las manos de Levy con suavidad, temblaban, pero poco a poco se fueron calmando con el contacto de sus propias manos. Alzó parte de su camisa negra e introdujo las pequeñas manos de la joven en su interior, para que la chica se deleitara de su anatomía sin ningún trozo de tela que le impidiera disfrutarla. Levy gimió aliviada cuando acarició el cuerpo del joven con total libertad, pasando sus dedos por cada rincón, sintiendo la dureza en las partes cicatrizadas, mordiéndose el labio de placer al sentir la calidez de ese cuerpo hecho para el pecado. Gajeel la observaba complacido mientras acariciaba el rostro de la chica, pasó un dedo por los labios de ella mostrando sus ganas de volver a besarlos, cuando ella inconscientemente cerró los ojos y lamió sensualmente uno de los dedos juguetones de Gajeel, dejándose llevar por la lujuria creciente que le nublaba por completo la razón. El acto provocó una oleada caliente en la entrepierna de Gajeel que con un rugido bramó:
—Fin del turno. Me toca a mí.
Levy salió del embrujo del placer por un instante y abrió los ojos desconcertada. Antes de que pudiera pensar qué era lo que planeaba Gajeel, el joven ya había lanzado un cachete en el trasero de ella a modo de castigo y se embaló hacía la pared sujetándola fuertemente de los glúteos, más para su deleite que para asegurarse de que no se fuera. Rápidamente, hizo aparecer en la pared barras de hierro con la forma y la altura perfecta para sentar a su enana, donde la colocó con cuidado. Ella pegó un bote al sentir el contacto del frío hierro con su trasero, medio descubierto por lo desbaratado que llevaba el vestido.
—¿Frío? —Levy asintió con la cabeza, pues no había pronunciado palabra desde el primer beso. Gajeel sonrió con una nada disimulada lujuria, se arrimó más a ella provocado la apertura de las piernas de su enana, quedando él en medio de sus bonitas piernas.— Yo te calentaré enana...
Gajeel pegó su cuerpo al de ella haciendo presión, la había colocado a una altura pensada premeditadamente donde la entrepierna de la muchacha quedaba perfectamente a la misma medida que la pelvis de él. La besó con pasión, pero no fue el húmedo beso lo que despertó un gemido en los labios de la joven, sino la presión del miembro de Gajeel sobre su propio sexo. Una vara de hierro dura y firme que amenazaba con desprenderse del pantalón hasta atravesarla. Él comenzó a lamer su cuello con una suavidad que se entremezclaba con una cierta rudeza que lo convertía en un acto totalmente salvaje. Salvaje y sexy, pensó la muchacha. Al tiempo que su lengua recorría el cuello de ella hasta llegar a morderle con suavidad el lóbulo de la oreja, Gajeel presionaba con sus caderas suavemente la entrepierna de la chica, Levy sentía humedecerse cada vez más y la vergüenza la empujaba a separarse levemente, pero el chico mostró su tozudez pegándose más a ella y siendo ahora él quien recorría con sus manos la figura femenina de la maga. Compaginaba las caricias en sus muslos con los arrebatos de pasión donde los apretaba con ganas, sus manos fueron subiendo por sus caderas, maravillado por su fina cintura y excitado por el contorno de sus pechos amasados por sus ágiles dedos. Levy suspiró de placer y también trató de apartar las manos del muchacho, no porque no disfrutara, sino por el fantasma de los complejos asomaba sus maliciosas ideas por su cabeza. Gajeel rugió, le acarició la barbilla a la chica y le alzó el mentón para que lo mirara.
—No seas mala, enana. Te he dejado tocar todo lo que has querido de mi cuerpo, incluso... puedes tocar más de mí si lo deseas... —sus ojos rojos brillaron lujuriosos— ahora me toca a mi disfrutar de tu belleza y complacerte con mis caricias...
Levy quería hablar, pero se sentía muda y no le salían las palabras. Estaba mojada, acalorada y deseosa de que su azabache la tocara. Pero, tenía miedo de no gustarle hasta el punto que se separara de ella y se marchara. Para siempre. Se había sentido demasiado tiempo como una chica inferior al resto como para sentirse segura con su propio cuerpo. Gajeel le plantó un dulce beso en los labios muy diferente a los anteriores, un beso que en el fondo hablaba de la comprensión más allá de lo que su enana pensaba. Él también era juzgado por su aspecto, él también tenía inseguridades. Pero, no quería que ese estigma estropeara el clima de pasión que se había creado entre ambos. Decidido se quitó la camiseta y los pantalones de un sólo acto, dejando su cuerpo al descubierto para asombro —y disfrute— de Levy.
—Mira enana. Estoy lleno de cicatrices y marcas, no tengo un cuerpo perfecto. Pero... creo que te gusta ¿no? Aunque, ahora llevo una indumentaria al estilo de Gray, Gee hee.
Levy esbozó una sonrisa y Gajeel agarró de nuevo las manos de ella para que lo tocara como había hecho antes, pero esta vez sin ninguna prenda que le dificultara la acción. Levy volvió a suspirar y no pudo evitar fijarse en el bulto que asomaba por los bóxers del chico, un bulto que empezaba a asustarle. Gajeel echó la cabeza hacia atrás sintiendo las sensaciones que le proporcionaban las manos de su enana paseando por toda su piel, sentía vibrar a su amiguito allá abajo a cada caricia de la chica.
No lo soportó más, cada vez perdía más la paciencia y el fuego lo llamaba a actuar.
Se tragó las ganas de ser demasiado rudo, mordió su labio y a punto estuvo de hacerse sangre a sí mismo mientras observaba a Levy con los ojos cerrados de placer recorriendo su espalda con la yema de sus dedos. Aún así, finalmente actúo como había deseado desde un principio.
Introdujo las manos bajo la falda del vestido por sus caderas y antes de que Levy pudiera decir nada, comenzó a subir la tela lentamente. Ella le miró a los ojos ruborizada, pero se dejó llevar mientras Gajeel le desprendía poco a poco de aquella molesta prenda que le cubría el cuerpo. Lo hizo con delicadeza, disfrutando de cada momento y a paso lento, como si fuera un ritual. Hasta que al fin, le arrebató el vestido celeste hasta dejarla tan sólo con unas braguitas lisas de color rosa palo que tenían un poco de encaje a cada lateral, pues para su sorpresa, Levy no llevaba sostén.
La chica agachó la mirada sonrojada y se tapó los pequeños pechos antes de que Gajeel pudiera verlos, maldiciendo a Lucy, quien le había aconsejado que con vestidos con la espalda al aire era mejor no llevar nada. No quería mirar a Gajeel porque temía ver la decepción en su mirada. No había estado más equivocada en toda su vida.
El joven se quedó sin habla y contuvo el aliento. La blanca piel de Levy relucía atrayendo sus ojos hacía aquellas bonitas y finas curvas de la joven. Instintivamente, acarició las manos de ella que se encargaban en aquel momento de tapar sus senos, invitándole a separarlas de sus pechos. Ella acabó cediendo y, paulatinamente, Gajeel pudo observar aquellas dos pequeñas esferas que centraban su atención. Eran los pechos más perfectos y bonitos que había observado jamás, donde la perfección de su forma se acompañaba de la palidez contrastada con los dos rosados botones que lo apuntaban erectos y duros, deseosos de ser lamidos, mordidos y relamidos, pensó. Levy no podía mirarle de la vergüenza que sentía, el cuerpo paralizado de Gajeel le hacía creer que el joven estaba consternado debido a su infantil cuerpo. Cerró los ojos y le entraron ganas de llorar, hasta que Gajeel rompió en silencio, convencido de que sus palabras estaban sólo en su cabeza, acabó musitando en voz alta:
—Eres lo más hermoso que he visto en mi vida...
Levy abrió los ojos y lo miró sorprendida y con el corazón bombeando felicidad.« ¿De verdad he oído lo que acabo de escuchar?». No podía creer que Gajeel fuera capaz de expresar algo como aquello y menos refiriéndose a ella. Él le acarició el rostro con sumo cuidado, ella susurró su nombre con dulzura y justo cuando él iba a unir sus labios a los de ella...
Se escuchó el ruido de unas risas, acompañado de unos pasos que se aproximaban y un barullo enorme. Alguien se acercaba, y ese alguien era un conocido por ellos. Muy conocido. Al menos una de ellos. O quizá la palabra correcta era conocida.
Moviéndose con torpeza, acojonados, estresados y todavía calientes, empezaron a recoger sus prendas a toda prisa y a colocárselas como buenamente podían. Se dirigieron hacia uno de los pasillos que daban a aquel rincón y se metieron en la primera puerta que encontraron sin percatarse de dónde se habían metido hasta que Gajeel introdujo su pie en un cubo de la fregona y a Levy se le cayó un bote de fregasuelos en la cabeza. Se percataron de que la puerta tenía una rejilla en la parte superior y se agacharon hasta acurrucarse de malas maneras en el suelo para que nadie pudiera verlos. Tenían poco hueco libre para moverse y sus cuerpos quedaban de nuevo muy pegados, aunque a ninguno de los dos les quedaba ninguna chispa de fuego en el cuerpo tras el susto de haber estado a punto de ser descubiertos. Se miraron acongojados, hasta que les entró la risa nerviosa y tuvieron que taparse la boca para no hacer ruidos.
Afuera, dos voces parloteaban escandalosamente y reían sin parar, razón por la cual Gajeel y Levy pudieron escuchar toda su conversación. Sus voces eran inconfundibles, especialmente la de ella que la tenían a menudo oída.« Cana y Bacchus», se dijeron entre miradas telepáticas.
—¡Ey! Mira esto, nos han puesto un asiento y todo jaja —río divertido el joven.
—Oye... esto no parece que sea del edificio, me pregunto si Gajeel habrá estado por aquí.. —dentro de la sala de objetos de limpieza un azabache golpeaba su frente por el despiste— Creo que mañana ya tendré algo nuevo para picar a Levy, jajaja. —una menuda hada de pelo azulado apretaba los dientes y se tapaba la cara sólo de imaginar la tortura de la castaña.
—¿No decías que aquí nunca viene nadie? A ver si nos van a encontrar. —cuestionó el mago. Se escucharon unos pasos que Levy y Gajeel supusieron que eran de Cana arrimándose a Bacchus.
—¿Acaso te da miedo el riesgo?
—Ven aquí borrachuza, voy a enseñarte yo lo que es el riesgo.
La castaña río para después cambiar sus carcajadas por suspiros y gemidos que acompañaron durante horas a Levy y Gajeel, quienes se miraban horrorizados por los fuertes sonidos y golpes de la pareja retozando en el exterior contra las paredes. Especialmente, cuando las manos de Cana y Bacchus asomaron entrelazadas presionadas sobre la rejilla de la puerta donde estaban Levy y Gajeel. Ambos, trataron de taparse los oídos y relajarse para huir del sonoro festival erótico que los borrachos tenían afuera. Gajeel la miraba divertido y la rodeó con uno de sus brazos a la espera de que la pareja parara y pudieran salir, Levy se acomodó en el regazo del chico y sujetó una de sus manos acariciando con suavidad sus dedos.
Sonrieron, se hallaban incómodos en el suelo entre material de limpieza, sin ingerir alimento desde hacía horas, a oscuras y sin poder salir de allí. Sin embargo, nunca habían estado tan a gusto él uno junto al otro. Gajeel le besó la frente antes de quedarse dormido y ella apretaba su mano hasta que hizo lo mismo y se dejó abrazar por Morfeo.
N/A: No soy muy experta en lemon, es la tercera vez que escribo erótico y todavía me siento inexperta, y eso que aún no han consumado el acto xD Así que lo siento si no os gusta TT_TT
He de dar un aviso que me cuesta darlo, pero he de hacerlo. Este fic está llegando a su recta final, puesto que la relación ya ha pegado un gran paso :P
No os preocupéis que por lo menos para unos tres capítulos aún le queda, pero aviso que le queda poquito ya que prefiero no estirarla. ¡PERO! Después de este, continuaré con mis otros dos fics y empezaré uno nuevo multi pairing centrado en el Zervis ^^
