—De verdad que me preocupa bastante que no haya dormido en su cuarto. —dijo la rubia con el ceño fruncido. Levy no era de esa clase de chicas que desaparecía sin avisar, y mucho menos, que se quedara a pasar la noche con alguien a quien a penas conocía— Aunque... bien es cierto que Lily ha dicho que Gajeel tampoco ha aparecido, y tanto él como Happy han afirmado que vieron al camarero marcharse mientras que Levy y Gajeel se quedaron discutiendo.

—Si Gajeel estaba con ella dudo mucho que les haya pasado algo, puede que al final se hayan decidido a salir juntos. —respondió la albina esperanzada.

—En todo caso, el día libre se finalizó ayer. Si están esperando que os regale otro día, lo llevan claro. ¡A partir de ahora ni todos los pasteles de fresa del mundo me convencerán para que os dé otro respiro! ¡Tenemos que trabajar duro para dejar este centro como si fuera el día de su inauguración antes de reunirnos con Laxus y los demás e ir a buscar al maestro! —reprochó la pelirroja con el brazo derecho en alto como si capitaneara una multitud de soldados.

El trío de hadas se dirigían hacia la sala de la limpieza, pues cada mañana le tocaba a un grupito de ellos ir a por los materiales para seguir con las tareas. A penas llevaban un par de días organizándose para remediar el lío que habían montado días atrás, y a pesar de las múltiples rencillas que se producían a diario, lo cierto es que el grupo iba muy avanzado en las reformas del establecimiento.

Debido a las condiciones deplorables en las que habían dejado al centro de Blue Pegasus, temporalmente el gremio de Bob había tenido que suspender la acogida de clientes, por lo que el grupo de Fairy Tail tenía la intención de acabar con el estropicio lo más pronto posible para que Blue Pegasus no perdiera mucho dinero. Por ello, Erza se esforzaba por poner orden al grupo para así acabar lo antes posible y liquidar la deuda con Bob, aunque en el fondo, la pelirroja se lamentaba ahora de haberse dejado manipular por un camarero especialista en pasteles de fresa, puesto que al haber perdido un día de trabajo temía no llegar a la meta de conseguir restablecer el orden en el local en tiempo límite. Razón por la cual, Scarlet estaba malhumorada con todo el mundo aquella mañana por haberse dejado engañar por un puñado de «deliciosos pastelitos de fresa que le hubiera encantado compartir con Jellal».

La cuestión es que las chicas se dirigían hacia donde Gajeel y Levy habían pasado la noche sin conocer el paradero de ambos, con una charla animada iban adentrándose en el pasillo donde se ubicaban las diversas salas de almacenamiento de productos de limpieza y construcción. Una charla tan animada que las voces de sus conocidas amigas llegaron a los oídos del dragón slayer; primero, confundiéndolo de tal modo que empezó a creer que estaba soñando con sus amigas, para luego, darse cuenta de que las palabras de aquel trío de mujeres eran tan cercanas que empezaba a sospechar que realmente las tenía al lado.

Y entonces, abrió los ojos.

Se topó con el pelo de Levy acariciándole la cara.

Sintió una escoba impregnarse en su espalda como si ésta buscara desesperadamente a Max y se estremeció. No por la amenaza de la escoba, obviamente aquel palo de madera estaba lo suficientemente alejado de su preciado trasero, sino por caer de bruces contra la realidad.

De pronto, recordó lo sucedido la noche anterior y todo lo que podría haber ocurrido si «el dichoso par de borrachos no nos hubiera interrumpido». Se sonrojó por un instante al recobrar la imagen de su enana con la piel de porcelana casi al desnudo para él, pero recobró rápidamente la compostura cuando las voces de sus amigas se aproximaron cada vez más acechándoles.

Tenían que escapar de allí antes de que fueran descubiertos por aquel grupo de mujeres cotillas.

Si Gajeel fuera un chico dulce y cuidadoso, hubiera despertado a su pequeña hada con susurros de amor en el oído. Pero, pedir peras al olmo era una exigencia demasiado grande para un chico poco acostumbrado al trato amoroso de las parejas. Por ello, su método especial no fue otro que zarandear a la muchacha hasta que ésta abrió los ojos, eso sí, lo cierto es que la zarandeaba con un cuidado inusual en el joven.

Levy abrió los ojos sobresaltada, pues se hallaba en un sueño profundo donde ella y Gajeel compartían una vida en común en un futuro no muy lejano siendo padres de un par de gemelos, y al despertar con el azabache enfrente suya, por un momento creyó que de verdad estaba viviendo aquel entrañable sueño. Aunque, todo ese mundo idílico que había creado su mente se desbarató en el momento en que visualizó el romántico escenario en el que se hallaban, unido a las reconocidas voces de sus amigas tras la puerta que les separaba.

Clac

La manilla de la puerta emitió un ruido que los informaba de que estaba a punto de ser abierta, recién levantados y con el cuerpo atrofiado por dormir en una posición incómoda en una diminuta sala de almacenamiento, la pareja no pudo reaccionar más allá que taparse con las manos como si se trataran de niños pequeños o animalillos con el típico pensamiento de si no me muevo, no me ven.

Una luz prolongada desde el exterior los cegó y obligó a entornar los ojos, desacostumbrados a un choque tan intenso de luz, tras pasar toda una noche en la penumbra. Sus corazones bombeaban al unísono formando una intensa melodía que delataba su miedo interno. Iban a descubrirles, deducirían de inmediato que algo entre los dos había pasado y no cesarían de armar barullo a su alrededor interrogándolos. Tras a penas asimilar lo que había pasado la noche anterior y sin conocer qué tipo de relación iban a tener ahora, lo que menos necesitaban era un grupo de hadas alteradas que los acosaran a preguntas.

Un par de ojos marrones se abrieron tanto que parecía que iban a salírsele de las cuencas. La dueña de esos ojos, cerró la puerta de golpe y se dirigió a sus amigas con una cara que las preocupó al instante.

—Lucy, ¿te encuentras bien? —preguntó la albina con un tono dulce muy propio de ella.

La rubia reaccionó y asimiló lo que acababa de ver. «Vale, Lucy. Tranquilízate», se dijo a sí misma, «No tienes de qué preocuparte, tus dudas se han disuelto. Levy y Gajeel han pasado la noche en el cuartito de la limpieza. Es raro, sí, pero cada uno tiene unos gustos a la hora de... de ¿tener una cita? No, espera. Supongo que tendrá otra explicación que Levy muy gustosamente me explicará en cuanto pueda. Hablando de Levy... juraría que ha colocado su dedo índice sobre sus labios pidiéndome silencio. Significa eso que... ¡Soy una cómplice! ¿Y qué hago ahora? ¡Oh, no! Erza y Mira me están mirando estupefactas, tengo que hacer algo rápido antes de que sospechen más o...».

—Creo que la hemos perdido. —afirmó la pelirroja.

Mira pasaba la palma de su mano consecutivamente sobre el rostro de la rubia para aclamar su atención, pero Lucy permanecía tan ensimismada con sus pensamientos que no era consciente de que sus amigas empezaban a preocuparse por el estado de shock de la maga de espíritus celestiales. Durante unos breves segundos, Lucy había cambiado de expresión de manera intermitente al tiempo que mantenía una activa conversación con su subconsciente dentro de su cráneo. Las chicas le habían preguntado la razón de sus actos, pero en lugar de contestar la rubia incrementaba sus gestos raros, inquietando aún más a las magas.

Mientras tanto, una pareja de prófugos oyentes se encogía aterrorizada por lo que pudiera pasar a continuación...

Por fortuna para ellos, la maga celestial tenía un malévolo plan para desviar la atención de aquella puerta plateada que albergaba un gran secreto en su interior. La rubia dibujo una sonrisa maliciosa en su rostro justo en el momento idóneo, pues las chicas iban a abrir la puerta para comprobar la razón del comportamiento de su amiga.

—Natsu ayer se llevó las escobas para seguir con la lucha que inició con Gray el otro día, pensé que era una amenaza falsa, pero al abrir la puerta he visto que decía la verdad. —disimuladamente, Lucy tragó saliva esperando que aquel par se lo tragara y tras la puerta, la parejita también tenía un nudo en la garganta.

Ambas magas se quedaron en silencio provocando en la mentirosa un pequeño temblor en sus piernas a penas palpable, Mira mostraba unos ojos de desconfianza inusuales en ella, por alguna razón, sospechaba que la rubia les ocultaba algo, pero no atinaba a descifrar el qué. La pelirroja comenzó a sentir un tic en su ojo hasta que finalmente explotó.

—¡AHHHH! ¿PERO EN QUÉ PIENSAN ESE PAR DE IDIOTAS?

Antes de que Mira pudiera detenerla, Erza ya se dirigía a toda prisa hacia donde se encontraban el resto de sus compañeros. La albina lanzó una mirada de desaprobación hacia Lucy, que heló la sangre de la rubia, para después encaminarse tras los pasos de Erza para enfocar su ira hacia acciones más productivas. «Como aceptar sus sentimientos hacia cierto peliazul, para ver si calma sus humos de una vez», pensó la mayor de los Strauss.

Aún en el interior de la sala, la pareja suspiró de alivio a la vez que Lucy, quien se giró para reabrir la puerta y encontrarse con sus amigos con los ojos de la rubia brillando de la emoción. «Parece que no nos libraremos de la coneja», reflexionó Gajeel. Ellos trataban de levantarse del suelo, aún con los músculos entumecidos de pasar tantas horas en la misma postura. Lucy abrazó a su amiga con dos pequeñas lagrimitas en sus ojos.

—¡Estaba preocupada Levy-chan! —la pequeña maga sintió empatía por su amiga y la achuchó entre sus brazos— ¿Qué hacíais aquí? —preguntó mirando a ambos con el ceño fruncido.

—Emmm... —Levy miró a Gajeel confundida sin saber muy bien qué decir. El dragón slayer tenía los ojos muy abiertos y la verdad es que él tampoco sabía cómo contestar a aquella pregunta.— Discutíamos en privado y... —un escalofrío recorrió su espalda al recobrar la imagen de Gajeel medio desnudo ante ella. La chica se mordió el labio inconscientemente, Gajeel abrió aún más sus ojos y le dio un codazo, mientras Lucy la observaba desorientada.

—Apareció Cana con Bacchus para hacer guarradas y tuvimos que escondernos aquí toooda la noche. Hasta que nos quedamos dormidos... —continúo Gajeel intentando aparentar una imagen despreocupada. Las dos chicas abrían la boca tanto que parecía que iban a desencajar su mandíbula, en especial Levy, quien era conocedora de la verdad oculta de Gajeel.

Tenía claro que podía confiar en la coneja si se lo pedían, pero no estaba preparado aún para dar el paso de admitir lo que sentía por Levy ante los demás. Así que decidió ser honesto en parte y esperó que Levy comprendiera la razón de su mentira. Se sentía bien a su lado, pero no quería que el resto de integrantes del gremio estropeara la magia que se había creado entre ambos antes de que pudiera apagarse. Deseaba disfrutar al máximo de su enana, y si para ello era necesario el engaño, así lo haría.

Aunque, Levy no sabía muy bien cómo interpretar la mentira de Gajeel. «¿Acaso no soy lo suficiente para él y por eso trata de ocultar lo que ha pasado entre ambos?», apartó aquellos pensamientos de su cabeza y se mantuvo fiel al plan de Gajeel.

—¡¿Cana y Bacchus?! —de pronto, la rubia reaccionó— ¡Yo le dejé un bikini! ¡Esa borracha me lo ha mancillado! —gritó indignada.

—¡Shhhhhh! —la silenció el azabache— Te agradecemos que nos hayas encubierto, pero si Cana se entera de que estábamos aquí, empezará a molestar a Levy con sus típicas bromas. Necesitamos que hagas de cómplice con nosotros y finjas que no sabes nada de nada. ¿De acuerdo coneja? —Lucy hinchó sus mejillas enfurruñada por la pérdida de su bikini, pero finalmente aceptó y selló el trato con un apretón de manos con el dragón slayer.

Una vez todo aclarado, emprendieron el camino hacia donde se encontraban el resto de integrantes del gremio. Caminaron acompañados de una conversación banal, aunque Levy no estaba muy metida realmente en el tema, pues su mente corría hacía una misma dirección no pudiendo desprenderse del asunto principal que la devoraba por dentro. Gajeel había mostrado una parte de él totalmente desconocida, la había besado, acariciado y camelado con el comportamiento de la noche anterior. Sin embargo, ahora a penas la miraba mientras parloteaba con su rubia amiga y negaba todo lo que habían experimentado juntos. Intentó silenciar las voces de su cabeza que le recriminaban lo estúpida que había sido por creer que podía llegar a gustar al dragón slayer, pero no pudo bajar el volumen de sus voces y cada vez creía más que todo había sido un error.

Un enorme y estúpido error...

Llegaron hasta la sala principal donde Natsu intentaba golpear a una enfurecida Erza, al tiempo que Mira se metía en medio para separarles y Elfman quería intervenir para demostrar lo hombre que era.

—¡Creo que ha llegado el momento de parar esta pelea! —dijo divertida la rubia. «Te lo mereces, Natsu. Por quemar mi camisa favorita anoche, te la debía», meditó enfadada la chica, sin saber que en realidad el pelirrosado ya estaba planeando trabajar en sus horas libres de cualquier cosa para poder comprarle una nueva camisa a Lucy y recompensarla.— ¡Eh, Erza! Hemos encontrado las escobas por el camino, resulta que un trabajador las había cambiado de sitio. ¡Siento la confusión! —afirmó con una fingida sonrisa de disculpa.

—¡Levy, Gajeel! —manifestó con alegría Mira.— Sabía que estabais bien. —Se dirigió a la rubia con un tono acusador— Que bien que los hayas encontrado... es curioso que casualmente aparezcan justo cuando has encontrado las escobas en otra parte y llegáis todos a la vez... —era evidente que la albina desconfiaba mucho de la situación, por suerte para los sospechosos, Erza regresó a su modo de disciplina y trabajo activado.

—Basta de chácharas. Lo importante aquí es que este imbécil —agarró de la oreja a Natsu— no ha hecho de las suyas. Han aparecido las escobas, todos estamos bien y no falta nadie. Así que vamos, ¡a trabajar se ha dicho! Y no quiero ni un reproche ni medio, o os sacudiré con mi ira.

Mientras todos se ponían a la marcha obedeciendo a regañadientes a la temida Titania, la pareja de fugitivos había permanecido algo alejada del grupito, sin decir palabra y ocultando el brillo del renacer de las lágrimas, Levy se alejó poco a poco de Gajeel. Éste, percató el aura de tristeza en los movimientos corporales de su enana, por lo que antes de que pudieran darse cuenta los demás, la agarró de la mano y tiró de ella hasta colocarse en un rincón del pasillo que daba a la sala principal, alejados de ojos cotillas que pudieran molestarles.

Ella trató de evitarle y agachó la mirada para que no viera sus ojos vidriosos. Tarde, pues el dragón slayer ya había atisbado las dos perlas que veía florecer en el extremo de sus ojos. Se armó de valor recordándose que ya no quería ser el chico rudo que se tragaba sus emociones, cogió aire y se preparó para hablar, pero Levy se le adelantó.

—Si te avergüenzas de lo que pasó, sólo dímelo y lo olvidaré. —su voz sonaba rota y dolorida. Gajeel experimentó una punzada de dolor al escucharla.

—Eh, enana... no es eso. —se acercó hasta ella y con sus pulgares limpió las saladas lágrimas que se derramaban de sus brillantes ojos.— Levy tú... —«Me gustas»— me caes bien. Yo... tú... eres.. —«eres la mujer a la que amo»— eres muy especial para mí. Recuerda que me aceptaste sin dudar cuando entré en el gremio después de todo lo que hice —dijo en un tono más alegre para quitar hierro al asunto, la muchacha esbozó una tímida sonrisa que cautivó al joven y a punto estuvo de gritar a los cuatro vientos lo mucho que la amaba.— Lo que pasa es que yo... nunca he sabido relacionarme y si todos empiezan a enterarse de lo nuestro me agobiaré y no quiero cagarla.

Levy abrió la boca asombrada y Gajeel se reprimió las ganas de besarla, él no le había rechazado, simplemente aún no sabía cómo encajar lo que había ocurrido entre ambos. Él estaba tan confuso como ella, pero se había referido a ambos con un nosotros, había afirmado que no quería cagarla, por lo que él realmente se preocupaba por ella.

—Entiendo... —contestó la joven— Deduzco con eso que no te arrepientes de lo que hiciste y que lo que pasa es que no quieres que se enteren para que no te agobien y puedas asimilarlo. No estás acostumbrado a este tipo de cosas y estás confundido. ¿Es eso?

—Casi. En realidad, no sólo no me arrepiento de anoche, sino que quiero repetirlo. —confirmó con unos ojos cargados de lujuria que despertaron en el vientre de Levy un ardor que la estremecía. El azabache se olvidó por un momento del resto del mundo y embrujado se arrimó a ella, colocando sus grandes manos sobre la cintura de la chica y aproximándose y agachándose hasta susurrarle al oído—Muchas veces. Quiero repetir todas las veces que me lo permitas.

El aliento del dragón slayer acariciaba el contorno de la oreja de Levy, las palabras que acababa de pronunciar no salían de la boca de Gajeel. Sino de un demonio lujurioso que se apoderaba de él y le susurraba con la misma voz embriagadora que la hechizó la noche anterior. Sus piernas se tambalearon y sintió con vergüenza como su entre pierna se humedecía y calentaba en su interior. Aproximó sus labios a los del chico y lo miró con ganas de ser arrestada por aquel azabache de enigmáticos ojos rubí.

Coff-coff.

Los jóvenes se separaron de golpe acongojados, el calor de sus cuerpos se evaporó y fue sustituido por un frío helado que recorrió cada vértebra de sus columnas.

Un minino de mejillas sonrojadas y la mirada puesta en sus patas los esperaba avergonzado.

—Estaba preocupado por ti, Gajeel. En cuanto me han dicho que habías vuelto, me he dirigido hacía afuera para ver si estabas por aquí. —relató Pantherlily colorado por pillar in fraganti a sus amigos.

Levy se agarró el corazón al comprobar de quien se trataba. «Menos mal que no es Happy», reflexionó.

Gajeel suspiró aliviado. No quería contarle aún a su mejor amigo lo sucedido, pero visto lo visto, no le quedaba más remedio que confiar en él, pues no existía la excusa perfecta como para negar lo que realmente acababa de contemplar el minino. «Supongo, que entonces lo justo es que Levy también pueda contárselo a la coneja, ya que ella nos ha ayudado y yo voy a tener aquí un confidente», meditó el chico, «se lo diré luego más tarde».

Entonces,una bombillita brilló en su cabeza en la zona de las ideas creativas, aquel lugar recóndito de su mente que muy de vez en cuando se iluminaba. Tener un par de cómplices confidentes no estaba del todo mal, y que Bob le debiera un favor tampoco. Aquellas dos premisas tan aparentemente sin nada en común, eran en realidad la base de lo que empezaba a tramar el dragón slayer. Una sonrisa triunfante se dibujó en su rostro dejando de lado toda preocupación preexistente.

Definitivamente, iba a intentar regalarle a Levy la mejor noche de su vida y para ello, necesitaría la ayuda de Lucy y Lily para planearlo todo y el consentimiento del maestro de Blue Pegasus.

N/A: ¡Gracias por leer! ¿Qué estará tramando Gajeel? e.e ¡Se sabrá en el próximo capítulo! :D

Esta semana siguiente intentaré actualizar La Faraona y cerrar ya el pasado de Jellal e.e y tras esto, pasaré un tiempo sin actualizar por un especial que quiero hacer para principios de mayo, pero no diré el tema del especial. Lo único que adelanto es... que la pareja principal es Lami o Miraxus y que la otra pareja será el *redoble de tambores* ¡Jerza! :D

¡Qué paséis una muy buena semana! n_n