El sol expandía desde lo alto del cielo los primeros rayos que anunciaban la llegada de un nuevo día.
El último día antes de partir.
Por suerte para los componentes del gremio más bullicioso de todos los tiempos, ya no era necesario madrugar, puesto que las reformas del establecimiento se dieron por finalizadas. Razón por la cual, todos habían trasnochado gran parte de la noche para disfrutar de juegos de mesa, karaoke o peleas sin ningún tipo de fundamento. Eso sí, por una vez en sus vidas fueron precavidos y el despilfarre lo vivieron en el centro del pueblo con tal de evitar nuevos destrozos.
En realidad, formaban una gran familia muy vinculada a las fiestas y la diversión, las cuales no siempre acababan a buen recaudo. Pero, la de aquella noche fue particularmente especial. Pronto iban a reencontrarse con parte de sus compañeros de gremio —el equipo Raijinshuu— y encaminarse hacia donde se encontraba su amado maestro para traerlo de vuelta. No era una misión sencilla, pues se exponían a los designios del destino. Aunque no lo demostraran, no contar con la seguridad que les aportaba la figura de Makarov desestabilizaba sus energías y los hacía ver tan vulnerables como los pequeños niños que eran sin su gran padre. O ese era el pensamiento en común de muchos de ellos. Lo que desconocían, era que precisamente si el viejo Dreyar les observara en aquel momento, nunca atisbaría ni un indicio de temor en la mirada de sus pequeños; por el contrario, se sentiría orgulloso de los logros, la madurez y la fortaleza adquirida a lo largo de los años. Incluso, con sus actos destructivos siempre presentes allá por donde pisaran sus alborotadores pies...
Levy respiró hondo y percibió una mano caliente sobre su vientre, también los pelillos de una cola le rozaban el brazo. Abrió los ojos sin darse cuenta y sonrió. Si existía una definición para explicar la sensación que aporta la paz, debía de ser justo aquel momento de felicidad extrema. Se había acostumbrado a pasar las noches junto al dragón de hierro y el exceed, y ya no concebía un mundo donde sus noches no fueran arropadas por la calidez de sus cuerpos. Tan acostumbrada estaba ya a aquella extensión de su propia piel, que se sobresaltó al encontrarse con el resto de sus amigos rodeándola.
«Cierto... trajimos los colchones a la habitación grande de las chicas para dormir todos juntos por una noche», reflexionó observando con cariño a sus compañeros.
Su pecho se llenó por completo cuando sus ojos se posaron en cada uno de ellos. Era realmente feliz, mucho más de lo que había sido en el resto de su vida. El movimiento de uno de sus compañeros llamó su atención, vislumbró en la penumbra el atisbo de una pareja que deseaba que pronto se afianzara, pues Gray pasó la noche con la mujer del agua pegada a él tal y como siempre acostumbraba a hacer. Sin embargo, no fue este pequeño detalle lo que captó su interés. Mientras la maga elemental dormía cual bebé agazapada contra el pecho desnudo de su gélido amor, el chico, ignorando la presencia de Levy, contemplaba con candidez el rostro de la hermosa mujer que tenía a su lado. Con cuidado, posó sus dedos sobre sus mejillas acariciando con sutileza su pálida piel con una embelesada sonrisa en los labios. La maga de la escritura sólida no pudo evitar emocionarse ante tal gesto de amor del tsundere por excelencia del gremio hacia la dulce Juvia.
«Creo que después de su ayuda, yo también le debo una a ella. Tendremos que iniciar un plan para impulsar a Gray a aceptar sus sentimientos y decidirse de una vez por todas.», meditó.
Desvió la mirada hacia su derecha, topándose con los hermanos Strauss acurrucados entre ellos, formando un pequeño círculo de amor fraternal. Pensó que quizás, ahora que su relación con Gajeel era pública, Elfman y Ever podían dejar de fingir su animadversión y declarar a los cuatro vientos lo que todos en el gremio sabían de sobra, ya que disimular no era lo mejor que se le daba a aquella pareja. Por un instante, se colocó en la piel de Mirajane y se cuestionó si regresaría aquel brillo de antaño en sus ojos, cuando se retaba con Laxus a base de miradas desafiantes cargadas de tensión. La mayor de los albinos siempre estaba dispuesta a brindar una mano para los demás, pero la coraza con la que se cubría y su eterna sonrisa impedían mostrar sus emociones reales y Levy estaba convencida de que los sentimientos de Mira por el rubio no se basaban en una simple amistad. Además, a ella también se lo debía...
Aunque, no era la única que colaboró en afianzar su relación. Entre los brazos de la pequeña Wendy, una pelirroja dormitaba mostrando el más apacible de sus gestos. Ella era sin duda el caso más difícil de complacer, puesto que la mitad que completaba el corazón de Titania era un fugitivo de la ley que rara vez podía coincidir con ella en público. No obstante, la maga peliazul comprendía que los ojos almendrados de la chica se habían apagado paulatinamente, cuya única razón era la distancia que la separaba de su amado...
Inconscientemente sus ojos color miel se posaron en su mejor amiga. Lucy descansaba a pierna suelta con el exceed azulado entre sus brazos. Si algo la alentó, fue el hecho de que el pelirrosa dormía en el suelo a los pies de la cama de la rubia y si bien sus cuerpos no se tocaban, sus dedos rodeaban el camisón de la chica que colgaba por el lado de cama, aferrado a él como si se tratara de un tesoro tan preciado como su famosa bufanda.
Sí, definitivamente tenía una gran familia a la que amaba con todo su ser...
Deseaba que aquel momento se congelara en el tiempo y viviera por siempre, que sus recuerdos fueran perennes y se grabaran con tinta en su alma donde nadie pudiera usurparlos, donde nadie pudiera quebrarlos.
Arropada por la ternura y el amor que cargaba el ambiente, volvió a dormirse en los brazos de Gajeel para adentrarse en el mundo de los sueños donde ningún mal podía arruinar el regalo que la vida le había brindado.
•••
—¡Eh Luce, vayamos a montarnos a esa atracción tan alta! —Natsu no dejaba de gritar eufórico y emocionado arrastrando de la mano a la rubia de un lado para otro, quien llevaba puesta la camiseta deshilachada que el dragón slayer y el exceed le confeccionaron con sus propias manos.
—Llamitas estúpido, ¿quieres subirte a un sitio para marearte? Yo puedo darte la misma sensación de nauseas sólo con mis puños. —replicó Fullbuster buscando la provocación del pelirrosa.— ¡Auch! —Scarlet apareció por detrás y le propinó un manotazo en la cabeza al azabache.
—Déjalo en paz, por una vez que no está destrozando nada y sólo molesta a Lucy. —reprochó la pelirroja.— ¡¿Me habéis oído todos?! No quiero que nadie rompa nada, ni provoque ningún escándalo.
—¡Aye sir! —gritaron Natsu y Happy con una Lucy agotada colgada cual saco de los hombros del pelirrosa. «¿Cuándo he llegado a estar en esta posición?» se cuestionó la rubia pensativa.
—¡Juvia quiere subir a la noria y ver el paisaje junto a Gray-sama!
La muchacha aprovechó el despiste del joven para achucharlo entre sus brazos, Gray estuvo a punto de declinar la oferta, pero entonces recordó las palabras de Levy antes de que partieran hacia la feria. Gray quiero que sepas que he visto como mirabas y acariciabas el rostro de Juvia, será mejor que empieces a corresponderla un poco más si no quieres que acabé contándoles a todos la verdadera cara del tsundere Fullbuster. «Maldita McGarden, parece mucho menos peligrosa de lo que realmente es», se maldijo el moreno, tragó saliva y dio unos golpecitos en la espalda de Juvia, tratando de desviar la mirada hacia otro lugar para obviar su propia vergüenza.
—C-claro, v-va-vamos a la noria. —la cara de la peliazul se iluminó y lo abrazó con mayor ímpetu.
—¡Kyaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! ¡Gray-sama, Juvia no puede creer lo que oye! ¡Juvia es la mujer más afortunada del mundo! —la muchacha lo miró ruborizada— Gray-sama, ¿cuándo se ha quitado la ropa? ¿Q-quiere de-decir qué Gray-s-sama qui-quiere ir a más con Juvia en la n-noria?
—¡¿QUÉ?! ¡D-deja de inventarte cosas y vamos! —la agarró de la mano involuntariamente y tiró de ella para sorpresa de todos, en especial de Juvia, él la miró con el ceño fruncido instándola a caminar hasta que su expresión cambio radicalmente y se acaloró— Ju-juvia, ¿qué haces desvistiéndote?
Gray sujetó su mano y se dirigió a la noria con la peliazul evadiendo cualquier posible respuesta de la extravagante chica que había robado por completo su corazón.
Levy y Gajeel se miraron complacidos, trasmitiéndose con la mirada el orgullo de sentir que las cosas iban como la pareja había planeado. «Nalu y Gruvia superado, vayamos a por los siguientes» se dijeron con su telepatía cada vez más desarrollada.
Mientras las parejas desaparecían, el resto del grupo se entretenía con juegos típicos de la feria, donde casualmente Titania destacaba por ser la más habilidosa, hecho que atrajo el interés de la albina, quien quiso reanudar su antigua competitividad con la pelirroja retándola a superarla en los juegos. Todo ello, derivó en un montón de premios absurdos que acabaron acumulando en un rincón, mientras la gente se arrimaba hasta ellas incitados por el espectáculo que ofrecían a los espectadores dejándose arrastrar por el instinto letal de ambas.
Levy empezaba a temer que pudieran desencadenar un incidente en la feria antes de que sus planes se efectuaran, Gajeel trataba de tranquilizarla con bromas y animándola a participar en las actividades que se ofrecían. Por su parte, los hermanos Strauss se separaron de la mayor, conscientes de que su hermana necesitaba desahogarse de aquel modo —cosa que en el fondo les preocupaba—, por ello, se aproximaron a una de las paradas que aclamó la atención del albino, deseando éste realizar una demostración de su fuerza varonil en un aparato que supuestamente media la potencia física. Lisanna aplaudía cual animadora apoyando a su hermano mayor, Elfman sostuvo con firmeza el mazo y agarró impulso.
—Si lo haces así, perderás el equilibrio, sólo conseguirás caerte y hacer el ridículo delante de todos. ¿Cuántas veces te he dicho que en la vida no todo es fuerza bruta?
Elfman se tambaleó al escuchar aquella melódica voz después de tanto tiempo. A nada estuvo de caerse tal y como ella había afirmado, pero no por la pose, sino por la sorpresa. Se giró de golpe, allí estaba ella, con su larga melena castaña, su mirada burlona con esos preciosos ojos escondidos tras las gafas, con un top verde y una falda vaquera que remarcaban su voluptuosa anatomía que tanto le encantaba, pero aún más adoraba aquella particular forma que sólo ella tenía de provocarlo, fuera como fuera, siempre acababan discutiendo por cualquier memez. Dejó caer el mazo al suelo y justo cuando ella iba a reprocharle su abrupto silencio, se sorprendió cuando el albino la abrazó con fuerza.
—No hay día que no te haya echado de menos, Ever. —a pesar de su esfuerzo una lágrima se derramó por su mejilla varonil— ¡Hombre! ¡Hombre! —comenzó a repetirse en voz alta para auto convencerse de su nada discutible hombría. Evergreen tampoco pudo reprimir las lágrimas y comenzó a sollozar golpeándolo.
—¡Idiota! ¡Por tu culpa se me correrá el rímel y pareceré un payaso en vez de una hermosa hada! —mientras le pegaba con una mano, con la otra seguía abrazando su fornido cuerpo, ya que en el fondo la reina de las hadas irradiaba felicidad al lado de su hombre y no le apetecía volver a separarse de él.
Tal era la alegría de la parejita, que ni si quiera Elfman se percato de la llegada de Freed y Bickslow, quienes saludaban con entusiasmo a la pequeña de los hermanos albinos, especialmente el alocado y estrafalario mago de cabello azulado, quien removía con esmero el pelo de Lisanna.
A sólo unos metros más de ellos, las dos magas de clase S proseguían con la competición. En esta ocasión, ambas portaban unas escopetas de juguete y se desvivían por alcanzar el mayor número de patitos de goma que se movían en una cinta mecánica. Evidentemente, la agresiva actitud de las chicas acabó por asustar al feriante, por lo que éste les cedió tantas oportunidades como quisieran. Más vale perder dinero que la vida, o eso era lo que el pobre hombre pensó atemorizado por las dos fieras. En uno de los turnos, Mirajane superó a Erza en el número de aciertos. De la alegría, la albina alzó su puño vanagloriándose por sus logros, alcanzando por desgracia el mentón de un joven rubio que la observaba divertido, impresionado por la implicación de las jóvenes en el juego, quienes ni si quiera advirtieron su presencia. Cuando Mira fue a socorrer a su víctima, el corazón le dio un vuelco.
—Joder, Mira. Sigues engañando a todo el mundo con tu dulce apariencia, demonio. —dijo Laxus frotándose el mentón desde el suelo a donde la albina lo había lanzado con el golpe.
—Pero.. ¿qué haces aquí? —la muchacha lo ayudaba a levantarse.
—Gajeel nos dijo que pasaríais un día de descanso en la feria antes de ir a por el viejo y despertó nuestra envidia.
Mira miró desconfiada a Levy y Gajeel, «¿qué se supone que traman este par?». Levy les dedicó una sonrisa muy forzada que evidenció más las intenciones de la pequeña maga. La albina era una chica astuta, pero también era un ser humano y por mucho que reforzara su máscara, no podía negar la felicidad que experimentó al reencontrarse con Laxus después de un año. Aunque, admitirlo no significaba demostrarlo de cara a los demás. Eso era algo que la maga de la escritura sólida había comprendido en las últimas semanas, por lo que por ahora reunir a ambos magos en un mismo lugar y forzarlos a pasar tiempo juntos aunque fuera en compañía del resto, ya era un gran avance.
Con tal de huir de la furia de la mayor de los Strauss, Gajeel y Levy se distanciaron del grupo para acudir a una de las paradas y comprarse un tentempié. Hasta el momento, sus planes surtían efecto y las parejas se estaban reencontrando. Sin embargo, aún quedaba la más complicada de todas...
—¿Crees qué lo de la otra noche funcionó? —preguntó la peliazul nerviosa, Gajeel entrelazó sus dedos a los de la maga y le besó la mano con ternura.
—No lo sé enana, pero no podíamos hacer nada más.
•••
Gran parte del gremio se hallaba reunido en una plaza, armando alboroto mientras compartían anécdotas del año vivido por separado. Reían y peleaban por igual, como si el tiempo transcurrido nunca hubiera existido y simplemente fuera un día más.
La sonrisa de Erza escondía una sensación contradictoria que la perturbaba. La experiencia de volver a estar la familia reunida era satisfactoria, sí, pero por dentro no podía acallar las voces de la envidia al visionar las parejas que la rodeaban. Contaba con innumerables amigos a su lado que darían su vida por protegerla y nunca dejaría de agradecer que el destino la premiara con aquella compañía. Pero, dentro de su piel la soledad era un peso incomparable a ninguna de las tediosas armaduras que portaba. La ausencia de Jellal creaba un vacío en su interior que le impedía conciliar el sueño por las noches y alargaba su tormento hasta la madrugada, momento en el que derramaba lágrimas cuando nadie más la observaba. Las mismas lágrimas que estaban a punto de florecer en ese justo momento...
Se creía egoísta por permitirse tales pensamientos cuando permanecía rodeada de personas que la amaban. Y se castigaba por ello...
Con la excusa del hambre se levantó y abandonó a sus amigos para comprar algo que llevarse a la boca. Mirajane la contempló con preocupación, pero Erza insistió en reclamar su soledad. No deseaba que nadie la viera en aquellas condiciones y necesitaba recomponerse lo antes posible.
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Acudió al pequeño restaurante donde Gajeel y Levy estuvieron hacían unas semanas, puesto que el camarero la conocía y preparaba unos pasteles de fresa exquisitos. Cuando llegó, el simpático gemelo le explicó que ya no le quedaban puesto que se habían agotado. «Ni con pasteles puedo calmar mi malestar.», pensó abatida. Salió del local, caminó enfurruñada, golpeando todo lo que se cruzaba por su camino.
—¡Maldigo al imbécil que se ha llevado todos los pasteles de fresa! —exclamó malhumorada.
Entonces, a punto estuvo de tropezar con una bolsa que se topó a sus pies. Su olfato se agudizó, el olor de aquellos pastelitos de fresa la perseguían como en un plácido sueño. «Debo de estar delirando... Espera», sujetó la bolsa que para su sorpresa rebosaba pasteles de fresa. Buscó en su alrededor al culpable, pensando que debía de tratarse de alguna broma pesada de sus estúpidos amigos a los que iba a matar a patadas. Sin embargo, la presencia que intuyó no era la de ninguno de ellos. Sobre uno de los tejados, el peliazul de sus sueños se reía de ella sin reparos.
—¿Incluso si ese imbécil lo ha hecho para qué nadie más que Erza Scarlet coma pasteles de fresa? —susurró con su sensual voz.
Fingiendo ofensa, la pelirroja saltó al tejado de un brinco, se abalanzó al joven con tanta fuerza que lo derribó y ambos cayeron rodando hasta el suelo de un callejón.
El mismo callejón que fue testigo del casi primer beso de Levy y Gajeel la vez que huían de las autoridades.
Ambos se acariciaron con la mirada por una eternidad que pareció simples segundos perdidos en el tiempo. Erza no podía creer que el chico se presentara ante ella en un pueblo tan concurrido como aquel y mucho menos sin ocultar su rostro. Por mucho que intentara disimular, no podía frenar el temblor de sus piernas al estar tumbada junto a él en el suelo, tal y como sucedió aquella vez en la orilla del mar. Aún con el pecho agitado, ella palpó las facciones de él intentando asimilar que su presencia era real y no una mera ilusión nacida de sus más perversos deseos.
—¿C-c-cómo has s-sabido que estaríamos a-aquí? —preguntó indecisa, temía que de pronto Jellal se desvaneciera cual espejismo. Él le dedicó una enigmática sonrisa.
—Supongo que el destino así lo ha querido. —Erza le pellizcó los mofletes exigiendo la verdad— Valeeeee, no ha sido azar por completo. Pero, pienso que de no ser por el destino, nunca nos hubiéramos encontrado en este lugar.
El peliazul le relató cómo hacía unas noches se encontraba deleitándose con la belleza de las estrellas como muchas otras veces, cuando una lluvia de fuegos artificiales interrumpió su calma. Creyó, que no era más que la celebración de algún tipo de festividad, pero entonces algunos de los colores que adornaban el cielo se transformaron en palabras creando la frase:
Mystogan, Scarlet desea pasteles de fresa el domingo en la feria
—Cuando lo leí, te juro que pensé que estaba delirando. Luego, recordé que la magia de la escritura muchas veces se subestima su amplio poder.
Titania no daba crédito a las palabras de Jellal. Se había sentido sola durante en las últimas semanas a pesar del cariño que le rodeaba, pero se esforzaba por no mostrar sus debilidades a los demás para así mantenerse como el punto de apoyo de todos los miembros de su familia. Como líder, esa era su responsabilidad. Jamás imaginó que su estado interior fuera revelado a sus compañeros hasta el punto que movieran ficha para hacerle feliz.
Olvidó sus preocupaciones y aprovechó la soledad que le brindraba aquel callejón para disfrutar de la compañía del peliazul mientras compartían los pasteles de fresa. A cada bocado que daban, se llenaba en su interior algo más que el estómago: la esperanza de poder vivir algún día una situación similar sin la clandestinidad presente. Sus dedos se rozaron al agarrar el mismo pastelito por inercia, remarcando el rubor de sus mejillas. Tras una disputa infantil sobre quién era el dueño de aquel pastel, acabaron dividiéndolo y a su vez, compartiendo algo más apetecible que el dulce de fresa...
•••
El atardecer teñía de tonos anaranjados la plaza donde descansaban los integrantes de Fairy Tail, los últimos reflejos del sol iluminaban los pequeños espacios que se habían constituido a lo largo del círculo que formaba la llamativa y numerosa familia de las hadas. Cada uno disfrutaba de su libertad a su manera, ya fuera peleando aprovechando la ausencia de la pelirroja o bebiéndose hasta el aire.
Una pareja en particular se contentaba con su mera compañía, sentados junto a Lily mientras escuchaban animados las experiencias del minino a lo largo de la tarde junto al resto de los exceeds. Para Gajeel era imposible no sentirse dichoso, el plan que elaboró con su enana había surtido más efecto del esperado, su hermano felino les acompañaba en la agradable velada exponiendo con ilusión en la mirada —por mucho que su rostro maduro siempre mostrara seriedad— sus experiencias de la que podría ser la última de las tardes juntos. Aquel pensamiento no podía evaporarse de su mente por mucho que la felicidad llamara a su puerta. Nunca valoró el precio de la vida, hasta que logró tener a personas a su lado que le importaban más que su propia existencia. Era ahora cuando el temor se pegaba a su pecho hasta asfixiarle. Entonces, escuchaba los gritos del cerilla comportándose como un imbécil, oía el cantar de su hermana Juvia cada vez que aclamaba la atención del exhibicionista de Gray, percibía el bienestar de su exceed siempre arrastrado por las locuras del gato azul y sentía calidez rodeado de aquella dispar familia que aportaba seguridad y calma al dragón slayer de hierro.
Pero, sobre todo, su corazón vibraba a cada gesto que Levy le regalaba y se completaba cubriendo los vacíos de la soledad vivida antaño. Ella era la pieza que daba forma y sentido a toda una existencia de decadencia, ella era el impulso que lo incitaba a levantarse en cada batalla y seguir luchando por permanecer con vida. Porque lo que más deseaba en el mundo era un futuro junto a su enana, llenar la mente de recuerdos imborrables, construir su propio hogar a base de esfuerzo y apoyo mutuo, una familia, una historia que contarle a sus nietos y una vejez compartida...
Deslizó sus dedos por los mechones que le caían sobre el rostro y la contempló con devoción, analizando cada rincón de su piel para atesorar las imágenes en su memoria y pedirle al destino que nada ni nadie se las pudiera arrebatar. Ella mostró sus dientes en una resplandeciente sonrisa, se aproximó hasta él para brindarle un suave beso en los labios. Embelesado, él sonrío con plenitud, como si fuera la primera vez que lo hacía en su vida e inconsciente musitó en voz alta su más preciado pensamiento:
—Nunca te separes de mi lado, enana. Seamos un juntos para siempre.
N/A: ¡Muchísimas gracias a todo el mundo por dar apoyo y leer este fic! Especialmente a aquellos que dejan review ya que siempre anima mucho a los escritores escuchar vuestras bonitas palabras 3
Siempre había creado historias, pero nunca me había atrevido a mostrarlas al mundo y este fue mi segundo fic y el segundo que acabo y me da mucha pena T_T
Pero, siempre seguiré con otras. Mi intención es actualizar La Faraona también pronto, pero como son capítulos largos no sé si me dará tiempo :P De cualquier modo, si el lunes no la he publicado, pues ya tendré que actualizar a partir del 20.
De nuevo mil gracias 3 3
